“Cuando tengas que elegir entre dos decisiones y una te parezca cómoda y la otra difícil, elige siempre la difícil”. Cuenta el periodista Luis Herrero en su libro Los que le llamábamos Adolfo que eso fue lo que le recomendó Adolfo Suárez. La reflexión resume la forma de actuar durante la Transición del presidente que optó por los caminos más arriesgados en el proceso para alumbrar la democracia. Alberto Núñez Feijóo afronta ahora una encrucijada en la que debe decidir si elige quedarse en el carril conservador, o si hace caso a Suárez y toma el camino complicado. Está en juego si puede propiciar la caída del presidente socialista o contribuir a su final o, en cambio, si en su momento más difícil le permite ganar tiempo. Los dos caminos tienen riesgos.
Hay dirigentes que creen que quedará como un “blandengue” si no sigue a quienes fuerzan la máquina mientras otros avisan del peligro de dar oxígeno a Sánchez, cohesionando su mayoría
“Cuando tengas que elegir entre dos decisiones y una te parezca cómoda y la otra difícil, elige siempre la difícil”. Cuenta el periodista Luis Herrero en su libro Los que le llamábamos Adolfo que eso fue lo que le recomendó Adolfo Suárez. La reflexión resume la forma de actuar durante la Transición del presidente que optó por los caminos más arriesgados en el proceso para alumbrar la democracia. Alberto Núñez Feijóo afronta ahora una encrucijada en la que debe decidir si elige quedarse en el carril conservador, o si hace caso a Suárez y toma el camino complicado. Está en juego si puede propiciar la caída del presidente socialista o contribuir a su final o, en cambio, si en su momento más difícil le permite ganar tiempo. Los dos caminos tienen riesgos.
El líder del PP es un político poco dado a los movimientos bruscos que se enfrenta a su némesis, Pedro Sánchez. Al contrario que él, el líder socialista es de apuestas arriesgadas. En la primera gran batalla entre ambos, las elecciones generales de 2023, el arrojo de Sánchez le hurtó la victoria en el último momento, cuando pensaba que tenía garantizada su llegada a La Moncloa. El PP todavía no se ha recuperado de ese trance. Tres años después, en el momento más débil del presidente socialista, acorralado por los escándalos y con algunos de sus socios reclamando elecciones, la pregunta que recorre estos días el PP es sencilla de formular, pero muy difícil de responder: ¿Debe Feijóo atreverse a presentar una moción de censura contra Sánchez, incluso aunque no le den los números? ¿O debe limitarse a esperar a que el Gobierno caiga ―o no― por sí solo en las próximas elecciones generales, para las que todavía queda más de un año?
El PP bulle en un debate interno sobre el dilema de Feijóo, que ha respondido a la presión avisando que está dispuesto a “todo” para desalojar al Gobierno progresista del poder. “Todo es todo”, ha remarcado esta semana, consciente de la repercusión que tendrían esas palabras, escritas con la misma melodía de “El que pueda hacer que haga” de José María Aznar.
En el entorno más directo del líder del PP explican que ese “todo es todo” ―que, por otro lado, ha dado munición al Gobierno progresista, que precisamente acusa a la derecha de haber lanzado una operación no democrática para derribarle―, se refería al instrumento que está a su alcance, la moción de censura contra Sánchez. Feijóo dice estar dispuesto a presentarla si los socios ―PNV y Junts― quieren apoyarla. Pero la discusión en el PP le empuja también a considerarla, aunque los números, en estos momentos, no den.
“Algo hay que hacer”, resumen dirigentes populares de distintos niveles y sectores. “Todo el mundo está forzando la máquina y, si no les sigue, se interpretará que es un blandengue: es el peor de los escenarios”, avisa un dirigente nacional sobre el momento que afronta el líder del PP.
La audacia: no confiar solo en el desgaste
Feijóo está atrapado entre dos pulsiones contradictorias. La primera es la audacia. La idea es que un líder de la oposición no puede limitarse a esperar el desgaste del adversario cuando considera que el Gobierno y el país atraviesan una crisis sin precedentes, según su relato. Si Sánchez está realmente acorralado, como sostiene, una parte del PP cree que la obligación política consiste en actuar y no en contemplar desde la barrera.
“Feijóo”, defiende un dirigente veterano del PP, hoy partidario de presentar la moción de censura, “llegó a Madrid porque se le llamó para arreglar la crisis primero de Mariano Rajoy, aunque al final prefirió esperar; y después la de Pablo Casado, cuando vino; pero se quedó a las puertas del poder y no culminó su mandato. Ahora ha llegado la misión de Feijóo. Arreglar una crisis democrática que han provocado los sucesivos casos de corrupción”.
El ala dura del PP presiona para que Feijóo dé pasos. Ahí están las palabras de Aznar pidiendo que el que pueda hacer, que haga; mientras, Isabel Díaz Ayuso reclama a Sánchez que se someta a una cuestión de confianza. La presidenta de Madrid no va tan lejos como para instar a Feijóo a una moción de censura, pero sí da un paso más que Génova, que de momento solo pide elecciones. En esa tesis también están los votantes del PP: según una encuesta de GESOP, el 76% del electorado popular apoya que Feijóo impulse una moción contra Sánchez.
Los partidarios de la acción ponen encima de la mesa la posibilidad de registrar una moción a sabiendas de que no prosperaría, como hizo Felipe González contra Suárez en 1980, de la que el socialista salió reforzado. Se trata de presentar una alternativa al país, defienden. Claro que también hay ejemplos de lo contrario, como el fracaso de Antonio Hernández Mancha en 1987 contra González, o las mociones fallidas de Vox contra Sánchez, la última, en 2023, con Ramón Tamames de candidato. De las seis que se han presentado en democracia, solo prosperó la de Sánchez contra Mariano Rajoy en 2018.
La segunda opción es la prudencia. Los que apuestan por esta tesis recuerdan que los socios del Gobierno PNV y Junts no quieren investir a Feijóo, como han reafirmado esta semana, aunque sea con el mandato pactado de antemano de convocar elecciones, como ha sugerido el líder del PP que estaría dispuesto a ofrecerles. Y que si presenta la moción y fracasa, Sánchez podrá reivindicar que sigue conservando la mayoría de la Cámara y ganar oxígeno. “Junts no se va a meter en esto porque Puigdemont todavía no ha podido volver a España, y el PNV tampoco, porque cogobierna con el PSE en Euskadi”, analiza un dirigente popular, que advierte de que la operación también tiene mucho riesgo incluso aunque la moción prosperara. “Ir a elecciones después de haber pactado con los que han roto España también es una debilidad electoral y Vox lo aprovecharía”, alerta.
El peligro de no hacer nada es otro. Que la sensación de impotencia se instale en su propio electorado, y que Vox capitalice la indignación de una parte de la derecha acusando al líder popular de tibieza (en el último CIS, los de Santiago Abascal han recuperado un punto y medio de intención de voto después de dos oleadas de caídas).
¿Qué hará Feijóo? “Yo cuando vi que en la sesión de control le decían al PNV que está más cerca de Otegi que de Gregorio Ordóñez pensé: aquí no va a pasar nada”, resume un dirigente de Vox . “Creo que hay algo de inseguridad sobre la tesis de que Feijóo no puede salir victorioso en un debate parlamentario ante Sánchez. En muchas sesiones de control, con la que tiene encima, el Gobierno les pinta la cara”.
El escenario de promover una moción, aunque no den los números, está encima de la mesa, según fuentes de la dirección del PP, pero no hay un caldo de cultivo de momento para hacerlo, precisan en la cúpula. El núcleo duro espera más acontecimientos, como la posibilidad de que Sánchez sea citado como testigo en el caso Leire. En el entorno más directo de Feijóo piden un voto de confianza para el líder. Hace un año, recuerdan, cuando el exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán fue encarcelado, Feijóo decidió esperar ante las mismas voces que le pedían un paso al frente. Y el tiempo, subrayan, le ha dado la razón, porque la situación de Sánchez es hoy todavía más difícil que entonces.
