Ya se han proyectado las dos primeras películas de la competición, la japonesa ‘Nagi Notes’, de Kôji Fukada , y la francesa ‘La vie d’une femme’, de Charline Bougeois-Tacquet , muy centradas ambas en la mujer y sin que ninguna de ellas diera la impresión de dejar una huella capaz de resistir el pisoteo de todos los títulos que vendrán a continuación. Y fuera de la competición, en una sesión especial, se proyectó una película dirigida por el actor mexicano Diego Luna , titulada ‘ Ceniza en la boca ‘ y rodada en buena parte en Madrid y Barcelona.Como las dos películas en competición no nos aprietan con el interés de sus lazos argumentales, eminentemente femeninos, paramos antes en la película mexicana, coproducida con España y que cuenta una historia de inmigración, familiar, de juventud y de adaptación. Esta basada en una novela de la escritora mexicana Brenda Navarro y la protagonista es Lucila, una joven veinteañera que viaja a Madrid junto a su hermano adolescente para reunirse con su madre, que huyó literalmente ocho años atrás de un matrimonio ‘complicado’. Diego Luna no entra apenas en esos detalles, aunque arranca su película con esa escena de huida del marido y abandono provisional de sus hijos.Con el argumento instalado en España, la historia se centra en las relaciones de Lucila con su madre y su hermano y sus intentos laborales y de adaptación a su nueva vida. La actriz Anna Díaz interpreta con naturalidad al personaje y trasmite bien sus inquietudes y dramas, igual que la madre (Adriana Paz), y ambas sobrepasadas por las dificultades de integración del hijo pequeño. ‘Ceniza en la boca’ no trae grandes nuevas sobre los asuntos que trata , todos ya muy peinados por el cine, pero resulta creíble y seria en su acercamiento cultural y lingüísticamente vistosa con la cháchara y modismos mexicanos.’La vida de una mujer’La francesa en competición, cuyo título traducido sería ‘La vida de una mujer’, es en realidad la vida de miles o millones de mujeres, y nos la cuenta la directora Charline Bourgeois-Tacquet como si realmente le ocurriera a su personaje algo excepcional y digno de pasmo. Ella es Gabrielle, una cirujana en la cincuentena que se parte el lomo en su hospital, que tiene un marido cómodo y, digamos, transparente, y una madre que avanza hacia la demencia senil. A esta mujer que no para de hablar y trabajar se acerca otra mujer, más joven, una escritora que pretende observarla en su actividad de cirujana para la escritura de una novela. Hasta aquí no tiene gran importancia, y hacia donde se dirige a partir de aquí, pues tampoco. El descubrimiento de las luces de la pasión, del tiempo libre y compartido, y todo ello contado como en capítulos que, francamente, podrían ahorrarse la numeración. La pareja de actrices, muy populares y solventes, Léa Drucker y Mélanie Thierry, hacen un ben trabajo, aunque no pueden evitar lo adocenado del asunto. Tiene gracia el personaje masculino, el marido, que interpreta Charles Berling ; la gracia de ser como una lámpara sin enchufar.El equipo de ‘Nagi Notes’ en Cannes AFP’Nagi Notes’En cuanto a la japonesa, ‘Nagi Notes’, es un día a día (con caída de hoja de calendario) de la estancia de una mujer recién separada en casa de su ex cuñada, escultora que vive en esa zona rural llamada Nagi. El director, Kôji Fukada, filma todo con enorme gusto y sensibilidad, y entra con su cámara fácilmente en los sentimientos y los personajes de esa pequeña comunidad, un par de adolescentes aficionados a la pintura, el padre de uno de ellos, viudo y serio, y un montón de rescoldos del pasado que los unen unos a otros. La delicadeza de la película y la franqueza de rostros de sus actores te animan un poco a acercarte a la historia, pero la verdad es que hay pepinos en un puesto de hortalizas que te interesan más . Habrá que esperar a la próxima tanda. Ya se han proyectado las dos primeras películas de la competición, la japonesa ‘Nagi Notes’, de Kôji Fukada , y la francesa ‘La vie d’une femme’, de Charline Bougeois-Tacquet , muy centradas ambas en la mujer y sin que ninguna de ellas diera la impresión de dejar una huella capaz de resistir el pisoteo de todos los títulos que vendrán a continuación. Y fuera de la competición, en una sesión especial, se proyectó una película dirigida por el actor mexicano Diego Luna , titulada ‘ Ceniza en la boca ‘ y rodada en buena parte en Madrid y Barcelona.Como las dos películas en competición no nos aprietan con el interés de sus lazos argumentales, eminentemente femeninos, paramos antes en la película mexicana, coproducida con España y que cuenta una historia de inmigración, familiar, de juventud y de adaptación. Esta basada en una novela de la escritora mexicana Brenda Navarro y la protagonista es Lucila, una joven veinteañera que viaja a Madrid junto a su hermano adolescente para reunirse con su madre, que huyó literalmente ocho años atrás de un matrimonio ‘complicado’. Diego Luna no entra apenas en esos detalles, aunque arranca su película con esa escena de huida del marido y abandono provisional de sus hijos.Con el argumento instalado en España, la historia se centra en las relaciones de Lucila con su madre y su hermano y sus intentos laborales y de adaptación a su nueva vida. La actriz Anna Díaz interpreta con naturalidad al personaje y trasmite bien sus inquietudes y dramas, igual que la madre (Adriana Paz), y ambas sobrepasadas por las dificultades de integración del hijo pequeño. ‘Ceniza en la boca’ no trae grandes nuevas sobre los asuntos que trata , todos ya muy peinados por el cine, pero resulta creíble y seria en su acercamiento cultural y lingüísticamente vistosa con la cháchara y modismos mexicanos.’La vida de una mujer’La francesa en competición, cuyo título traducido sería ‘La vida de una mujer’, es en realidad la vida de miles o millones de mujeres, y nos la cuenta la directora Charline Bourgeois-Tacquet como si realmente le ocurriera a su personaje algo excepcional y digno de pasmo. Ella es Gabrielle, una cirujana en la cincuentena que se parte el lomo en su hospital, que tiene un marido cómodo y, digamos, transparente, y una madre que avanza hacia la demencia senil. A esta mujer que no para de hablar y trabajar se acerca otra mujer, más joven, una escritora que pretende observarla en su actividad de cirujana para la escritura de una novela. Hasta aquí no tiene gran importancia, y hacia donde se dirige a partir de aquí, pues tampoco. El descubrimiento de las luces de la pasión, del tiempo libre y compartido, y todo ello contado como en capítulos que, francamente, podrían ahorrarse la numeración. La pareja de actrices, muy populares y solventes, Léa Drucker y Mélanie Thierry, hacen un ben trabajo, aunque no pueden evitar lo adocenado del asunto. Tiene gracia el personaje masculino, el marido, que interpreta Charles Berling ; la gracia de ser como una lámpara sin enchufar.El equipo de ‘Nagi Notes’ en Cannes AFP’Nagi Notes’En cuanto a la japonesa, ‘Nagi Notes’, es un día a día (con caída de hoja de calendario) de la estancia de una mujer recién separada en casa de su ex cuñada, escultora que vive en esa zona rural llamada Nagi. El director, Kôji Fukada, filma todo con enorme gusto y sensibilidad, y entra con su cámara fácilmente en los sentimientos y los personajes de esa pequeña comunidad, un par de adolescentes aficionados a la pintura, el padre de uno de ellos, viudo y serio, y un montón de rescoldos del pasado que los unen unos a otros. La delicadeza de la película y la franqueza de rostros de sus actores te animan un poco a acercarte a la historia, pero la verdad es que hay pepinos en un puesto de hortalizas que te interesan más . Habrá que esperar a la próxima tanda.
Ya se han proyectado las dos primeras películas de la competición, la japonesa ‘Nagi Notes’, de Kôji Fukada, y la francesa ‘La vie d’une femme’, de Charline Bougeois-Tacquet, muy centradas ambas en la mujer y sin que ninguna de … ellas diera la impresión de dejar una huella capaz de resistir el pisoteo de todos los títulos que vendrán a continuación. Y fuera de la competición, en una sesión especial, se proyectó una película dirigida por el actor mexicano Diego Luna, titulada ‘Ceniza en la boca‘ y rodada en buena parte en Madrid y Barcelona.
Como las dos películas en competición no nos aprietan con el interés de sus lazos argumentales, eminentemente femeninos, paramos antes en la película mexicana, coproducida con España y que cuenta una historia de inmigración, familiar, de juventud y de adaptación. Esta basada en una novela de la escritora mexicana Brenda Navarro y la protagonista es Lucila, una joven veinteañera que viaja a Madrid junto a su hermano adolescente para reunirse con su madre, que huyó literalmente ocho años atrás de un matrimonio ‘complicado’. Diego Luna no entra apenas en esos detalles, aunque arranca su película con esa escena de huida del marido y abandono provisional de sus hijos.
Con el argumento instalado en España, la historia se centra en las relaciones de Lucila con su madre y su hermano y sus intentos laborales y de adaptación a su nueva vida. La actriz Anna Díaz interpreta con naturalidad al personaje y trasmite bien sus inquietudes y dramas, igual que la madre (Adriana Paz), y ambas sobrepasadas por las dificultades de integración del hijo pequeño. ‘Ceniza en la boca’ no trae grandes nuevas sobre los asuntos que trata, todos ya muy peinados por el cine, pero resulta creíble y seria en su acercamiento cultural y lingüísticamente vistosa con la cháchara y modismos mexicanos.
‘La vida de una mujer’
La francesa en competición, cuyo título traducido sería ‘La vida de una mujer’, es en realidad la vida de miles o millones de mujeres, y nos la cuenta la directora Charline Bourgeois-Tacquet como si realmente le ocurriera a su personaje algo excepcional y digno de pasmo. Ella es Gabrielle, una cirujana en la cincuentena que se parte el lomo en su hospital, que tiene un marido cómodo y, digamos, transparente, y una madre que avanza hacia la demencia senil. A esta mujer que no para de hablar y trabajar se acerca otra mujer, más joven, una escritora que pretende observarla en su actividad de cirujana para la escritura de una novela. Hasta aquí no tiene gran importancia, y hacia donde se dirige a partir de aquí, pues tampoco.
El descubrimiento de las luces de la pasión, del tiempo libre y compartido, y todo ello contado como en capítulos que, francamente, podrían ahorrarse la numeración. La pareja de actrices, muy populares y solventes, Léa Drucker y Mélanie Thierry, hacen un ben trabajo, aunque no pueden evitar lo adocenado del asunto. Tiene gracia el personaje masculino, el marido, que interpreta Charles Berling; la gracia de ser como una lámpara sin enchufar.

(AFP)
‘Nagi Notes’
En cuanto a la japonesa, ‘Nagi Notes’, es un día a día (con caída de hoja de calendario) de la estancia de una mujer recién separada en casa de su ex cuñada, escultora que vive en esa zona rural llamada Nagi. El director, Kôji Fukada, filma todo con enorme gusto y sensibilidad, y entra con su cámara fácilmente en los sentimientos y los personajes de esa pequeña comunidad, un par de adolescentes aficionados a la pintura, el padre de uno de ellos, viudo y serio, y un montón de rescoldos del pasado que los unen unos a otros.
La delicadeza de la película y la franqueza de rostros de sus actores te animan un poco a acercarte a la historia, pero la verdad es que hay pepinos en un puesto de hortalizas que te interesan más. Habrá que esperar a la próxima tanda.
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