A la humanidad le interesa bastante que las personas que tienen la vida económicamente solucionada —porque han heredado, porque montaron un negocio de éxito o porque les tocó la lotería— dediquen su tiempo libre a hacer el bien. Primero, porque disponen de muchas horas para pensar; después, porque tienen el presupuesto necesario para poner en marcha proyectos y, tercero —y más importante—, porque la alternativa —hacer el mal— es mucho peor.
Dionisio de la Huerta fue un personaje clave en el tenis y el piragüismo español
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Dionisio de la Huerta fue un personaje clave en el tenis y el piragüismo español
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A la humanidad le interesa bastante que las personas que tienen la vida económicamente solucionada —porque han heredado, porque montaron un negocio de éxito o porque les tocó la lotería— dediquen su tiempo libre a hacer el bien. Primero, porque disponen de muchas horas para pensar; después, porque tienen el presupuesto necesario para poner en marcha proyectos y, tercero —y más importante—, porque la alternativa —hacer el mal— es mucho peor.
La historia de Dionisio de la Huerta (1899-1995), catalán de nacimiento y asturiano de sentimiento —pasaba allí los veranos, en la tierra de su padre—, es un buen reflejo de todo lo que se puede aportar a la sociedad desde una posición acomodada. Nacido en una familia que consideraba fundamentales la cultura y el aprendizaje, recibió una formación humanista en la que el deporte tenía mucho peso. Fue llamado a filas durante la Guerra del Rif y presenció los combates en el monte Gurugú. Quiso empezar la carrera diplomática, empezó a trabajar como fiscal y luego dejó el trabajo y se dedicó a tiempo completo a fomentar el deporte, la empatía y la alegría.
Raquetas y Palas (Asociación de Amigos de Dionisio de la Huerta) es el libro en el que María Collado Martínez, doctora en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, analiza el papel de De la Huerta en la historia del tenis y del piragüismo español. El catalán fue secretario del Real Club de Tenis del Turó, una institución singular que tuvo un camello como mascota y que celebró su centenario en 1944, 61 años antes de la fecha real, “por la imposibilidad de que muchos socios, por edad, alcanzaran a celebrarlo en el año 2005”. Ocupó el mismo cargo en la Federación Española de Tenis.
El mayor legado de De la Huerta se gestó en Asturias en 1929. Allí, subido a una piragua que había visto en un escaparate barcelonés de camino a la estación de tren, empezó una pequeña aventura cotidiana que culminaría en el Descenso Internacional del Sella, multitudinaria celebración folclórica, deportiva y social que camina hacia su primer centenario y que es un reflejo de la forma en la que De la Huerta entendía la vida y el deporte: como vehículos para hacer felices a las personas.
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