Crítica de teatro ‘Honestedat’ Autoría y dirección Francesc Cuéllar Escenografía Lola Belles Iluminación Sylvia Kuchinow Sonido Guillem Rodríguez Vestuario Nídia Tusal Intérpretes Míriam Iscla, Dafnis Balduz Lugar Teatre Akadèmia, Barcelona 4«El sí te compromete, pero el no te define», dice Lola Sánchez. La actriz, ya en la madurez, se ha sentado con Marc, el director de la película que está rodando. Le comunica que no interpretará la escena de desnudo que pactaron en un principio. Entre ambos, vestidos de negro, la larga mesa de blanco reverberante actúa como un tablero de ajedrez donde deslizar cada pieza dialéctica. Una palabra, ‘honestidad’, a modo de pistoletazo de salida. Marc ha dedicado el filme a la madre que se vio humillada como mujer por un padre machista. El director desea que esa cinta, tan honesta, alcance la máxima celebridad en taquillas y festivales. La actriz le advierte de que sus propósitos -honestidad y celebridad- no están bien avenidos. Le viene a la memoria ‘El odio’, la película de Mathieu Kassovitz sobre tres jóvenes marginados de la ‘banlieu’ parisina. Recuerda el comentario de uno de los actores, Vincent Cassel : es contradictorio hacer cine denuncia en blanco y negro y luego pasearse con las fans, champán en mano, por el festival de Cannes. Francesc Cuéllar tituló con una frase de ‘El odio’ la primera versión cinematográfica de lo que ahora es la obra teatral ‘Honestidad’: «Por el momento todo va bien», murmura un hombre que está cayendo desde la cima de un rascacielos. Para Marc, el director de ‘Honestidad’, todo va bien mientras se disfraza de buenas intenciones: en su caso, resarcir la memoria de la madre; lo malo es el aterrizaje moral al que le someterá Lola al transcurrir de la contienda. Cuéllar ha escrito y dirigido una pieza modélica de teatro de ideas. Deja al público en perfecta disposición para seguir debatiendo una vez acabada la representación. Míriam Iscla y Dafnis Balduz -sobresalientes- cartografían en cada gesto, en cada expresión, en la vocalización de cada palabra, los meandros dialécticos que, como los ríos, van a dar a esa mar que es la verdad sin afeites. Ya sin flotadores retóricos zozobran las ‘buenas intenciones’ que servían de coartada moral a ese director que solo persigue el reconocimiento gremial. Hasta ese momento todo iba bien hasta que alguien dijo no… Y el teatro sale ganando. Crítica de teatro ‘Honestedat’ Autoría y dirección Francesc Cuéllar Escenografía Lola Belles Iluminación Sylvia Kuchinow Sonido Guillem Rodríguez Vestuario Nídia Tusal Intérpretes Míriam Iscla, Dafnis Balduz Lugar Teatre Akadèmia, Barcelona 4«El sí te compromete, pero el no te define», dice Lola Sánchez. La actriz, ya en la madurez, se ha sentado con Marc, el director de la película que está rodando. Le comunica que no interpretará la escena de desnudo que pactaron en un principio. Entre ambos, vestidos de negro, la larga mesa de blanco reverberante actúa como un tablero de ajedrez donde deslizar cada pieza dialéctica. Una palabra, ‘honestidad’, a modo de pistoletazo de salida. Marc ha dedicado el filme a la madre que se vio humillada como mujer por un padre machista. El director desea que esa cinta, tan honesta, alcance la máxima celebridad en taquillas y festivales. La actriz le advierte de que sus propósitos -honestidad y celebridad- no están bien avenidos. Le viene a la memoria ‘El odio’, la película de Mathieu Kassovitz sobre tres jóvenes marginados de la ‘banlieu’ parisina. Recuerda el comentario de uno de los actores, Vincent Cassel : es contradictorio hacer cine denuncia en blanco y negro y luego pasearse con las fans, champán en mano, por el festival de Cannes. Francesc Cuéllar tituló con una frase de ‘El odio’ la primera versión cinematográfica de lo que ahora es la obra teatral ‘Honestidad’: «Por el momento todo va bien», murmura un hombre que está cayendo desde la cima de un rascacielos. Para Marc, el director de ‘Honestidad’, todo va bien mientras se disfraza de buenas intenciones: en su caso, resarcir la memoria de la madre; lo malo es el aterrizaje moral al que le someterá Lola al transcurrir de la contienda. Cuéllar ha escrito y dirigido una pieza modélica de teatro de ideas. Deja al público en perfecta disposición para seguir debatiendo una vez acabada la representación. Míriam Iscla y Dafnis Balduz -sobresalientes- cartografían en cada gesto, en cada expresión, en la vocalización de cada palabra, los meandros dialécticos que, como los ríos, van a dar a esa mar que es la verdad sin afeites. Ya sin flotadores retóricos zozobran las ‘buenas intenciones’ que servían de coartada moral a ese director que solo persigue el reconocimiento gremial. Hasta ese momento todo iba bien hasta que alguien dijo no… Y el teatro sale ganando.
Crítica de teatro
Cuéllar ha escrito y dirigido una pieza modélica de teatro de ideas. Deja al público en perfecta disposición para seguir debatiendo una vez acabada la representación
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