Ignacio Urquizu (Teruel, 1978) lleva veinte años acumulando encuestas en su ordenador. Sociólogo –es consultor de Metroscopia, fue diputado del PSOE–, ha extraído de todos esos datos el retrato de una generación que ha crecido bajo la sombra del mito del 15-M. En ‘Generación 15-M’ (Debate) describe cómo, en estos 15 años, los jóvenes de entre 18 y 34 años se han derechizado como nunca antes. Nos encontramos en la Puerta del Sol, ocupada desde hace dos semanas por tiendas de campaña. —¿Qué diferencias ve entre estas protestas y las de 2011?—Tengo alumnos que han participado y estaban ilusionados porque el tema de la vivienda afecta a todos y, por primera vez, había una movilización. Nunca como ahora tanta gente lo había mencionado como el principal problema del país. Poco a poco, el campamento ha ido creciendo. Han aparecido muchas más causas: hay carteles de Palestina, hay gente de la Asamblea de la Educación Pública… El 15-M fue más improvisado, nadie lo había planificado. Había asambleas a todas horas, era interesante escuchar. Ahora es un campamento: esto está más planificado por el Sindicato de Inquilinas.—¿Le va a funcionar a Sánchez monopolizar la campaña con la vivienda?—Es un tema complicado de gestionar porque hay una delgada línea entre la movilización y la decepción. La vivienda te permite un relato: los oligarcas, los fondos buitre, los malísimos propietarios… Te permite ese discurso polarizador que, además, empieza a calar. Pero también permite preguntar: «Muy bien, ¿y usted qué ha hecho?». Solo el 30 por ciento de los votantes del PSOE piensan que es el mejor partido para gestionar la vivienda. Los de la acampada de Sol critican a los propietarios y a los fondos buitre, pero también al Gobierno. —¿España está dejando de ser un país de izquierdas?—No, sigue siendo más de izquierdas que de derechas, pero el bloque de la derecha ha ganado terreno y se han reducido las diferencias. Lo que ha desaparecido es la gente sin ideología –eran en torno al 20 por ciento– y han aumentado los extremos. La extrema izquierda ha pasado del 10 por ciento a más del 20 por ciento. La extrema derecha, del 3 por ciento a casi el 10 por ciento.’Generación 15-M’ Autor Ignacio Urquizu Editorial Debate Número de páginas 112 Precio 13,90 euros—¿Y entre los jóvenes?—Entre los menores de 35 años, la derecha empata e incluso a veces supera a la izquierda. Estamos ante la generación de jóvenes más conservadora de la democracia española. Casi el 38 por ciento rechazan pagar impuestos, casi el 80 por ciento creen que el Estado no funciona, el 20 por ciento creen que un sistema autoritario podría ser bueno en determinadas circunstancias y el catolicismo ha aumentado 14 puntos. —¿Qué ha ocurrido para que se produzca este cambio?—En estos 15 años el país se ha paralizado. Estamos sin presupuestos, no se han tomado medidas en vivienda, en educación, en pensiones… Los que protagonizaron el 15-M, que ahora tienen entre 35 y 50 años, están defraudados con la política. Y los que han venido después han visto que la política no es útil para ellos y que tienen los mismos problemas, o más, que las generaciones anteriores. Son más pragmáticos y tienen unos valores muy distintos. Es el fruto de 15 años de inacción, en los que la vida material de las personas no ha mejorado en muchos aspectos. —Lo que llamamos el mundo de la cultura, que no deja de ser un arma de propaganda muy potente para algunos partidos, es de izquierdas. ¿No hay un choque entre estos artistas y sus nuevos públicos?—Lo que la gente entiende por cultura está muy alejado de lo que entendemos de forma tradicional. Un joven ve TikTok e ‘influencers’. Los intelectuales asumieron desde el siglo XIX un papel de denuncia con el caso Dreyfus y el ‘Yo acuso’, y se generó toda una tradición. Pero hoy en día la gente joven ya no se mira en ellos. Los que generaban opinión están siendo sustituidos por otro tipo de ‘influencers’. No generan conocimiento o cultura como antes, sino un contenido muy determinado, basado en el humor y en otros elementos.«Lo que la gente entiende por cultura está muy alejado de lo que entendemos de forma tradicional. Un joven ve TikTok e ‘influencers’»—¿Gente como Inés Hernand o Samantha Hudson, que han estado en la acampada de Sol, no son referentes?—Para una parte sí, sobre todo ideológicamente, pero no de forma mayoritaria. Creo que la gente joven está en otros espacios. El consumo cultural también se ha polarizado. Luis Miller observa en sus encuestas que se está produciendo una gran diferenciación en el consumo cultural. Cada vez más, por ejemplo, la gente de Vox se identifica con la caza y los toros. Y la gente de izquierdas se identifica cada vez más con los museos y el cine. El consumo cultural se está polarizando. —En su libro avisa de que el porvenir no es bueno para los partidos de izquierdas.—No, porque viene una ola conservadora, que ya existe en el mundo, pero que aquí tiene unas características muy determinadas entre la gente joven. Y es raro que la gente cambie de ideología a lo largo de la vida. Van a ir haciéndose mayores y sus ideas van a seguir ahí, van a educar a sus hijos en esos valores. La izquierda ya no va a convivir en un espacio de tanta comodidad como ha tenido hasta ahora. —¿Cuál es su apuesta para las elecciones?—Todas las encuestas dicen que el bloque ideológico de la derecha puede alcanzar una cifra récord que roza el 50 por ciento, algo que nunca había sucedido antes. Parece que PP y Vox van a tener una mayoría desconocida. En parte se debe seguramente a cosas que han sucedido estos ocho años, en las dos legislaturas, pero también a la gente joven, que, si va a votar, lo hará mayoritariamente a la derecha. Ignacio Urquizu (Teruel, 1978) lleva veinte años acumulando encuestas en su ordenador. Sociólogo –es consultor de Metroscopia, fue diputado del PSOE–, ha extraído de todos esos datos el retrato de una generación que ha crecido bajo la sombra del mito del 15-M. En ‘Generación 15-M’ (Debate) describe cómo, en estos 15 años, los jóvenes de entre 18 y 34 años se han derechizado como nunca antes. Nos encontramos en la Puerta del Sol, ocupada desde hace dos semanas por tiendas de campaña. —¿Qué diferencias ve entre estas protestas y las de 2011?—Tengo alumnos que han participado y estaban ilusionados porque el tema de la vivienda afecta a todos y, por primera vez, había una movilización. Nunca como ahora tanta gente lo había mencionado como el principal problema del país. Poco a poco, el campamento ha ido creciendo. Han aparecido muchas más causas: hay carteles de Palestina, hay gente de la Asamblea de la Educación Pública… El 15-M fue más improvisado, nadie lo había planificado. Había asambleas a todas horas, era interesante escuchar. Ahora es un campamento: esto está más planificado por el Sindicato de Inquilinas.—¿Le va a funcionar a Sánchez monopolizar la campaña con la vivienda?—Es un tema complicado de gestionar porque hay una delgada línea entre la movilización y la decepción. La vivienda te permite un relato: los oligarcas, los fondos buitre, los malísimos propietarios… Te permite ese discurso polarizador que, además, empieza a calar. Pero también permite preguntar: «Muy bien, ¿y usted qué ha hecho?». Solo el 30 por ciento de los votantes del PSOE piensan que es el mejor partido para gestionar la vivienda. Los de la acampada de Sol critican a los propietarios y a los fondos buitre, pero también al Gobierno. —¿España está dejando de ser un país de izquierdas?—No, sigue siendo más de izquierdas que de derechas, pero el bloque de la derecha ha ganado terreno y se han reducido las diferencias. Lo que ha desaparecido es la gente sin ideología –eran en torno al 20 por ciento– y han aumentado los extremos. La extrema izquierda ha pasado del 10 por ciento a más del 20 por ciento. La extrema derecha, del 3 por ciento a casi el 10 por ciento.’Generación 15-M’ Autor Ignacio Urquizu Editorial Debate Número de páginas 112 Precio 13,90 euros—¿Y entre los jóvenes?—Entre los menores de 35 años, la derecha empata e incluso a veces supera a la izquierda. Estamos ante la generación de jóvenes más conservadora de la democracia española. Casi el 38 por ciento rechazan pagar impuestos, casi el 80 por ciento creen que el Estado no funciona, el 20 por ciento creen que un sistema autoritario podría ser bueno en determinadas circunstancias y el catolicismo ha aumentado 14 puntos. —¿Qué ha ocurrido para que se produzca este cambio?—En estos 15 años el país se ha paralizado. Estamos sin presupuestos, no se han tomado medidas en vivienda, en educación, en pensiones… Los que protagonizaron el 15-M, que ahora tienen entre 35 y 50 años, están defraudados con la política. Y los que han venido después han visto que la política no es útil para ellos y que tienen los mismos problemas, o más, que las generaciones anteriores. Son más pragmáticos y tienen unos valores muy distintos. Es el fruto de 15 años de inacción, en los que la vida material de las personas no ha mejorado en muchos aspectos. —Lo que llamamos el mundo de la cultura, que no deja de ser un arma de propaganda muy potente para algunos partidos, es de izquierdas. ¿No hay un choque entre estos artistas y sus nuevos públicos?—Lo que la gente entiende por cultura está muy alejado de lo que entendemos de forma tradicional. Un joven ve TikTok e ‘influencers’. Los intelectuales asumieron desde el siglo XIX un papel de denuncia con el caso Dreyfus y el ‘Yo acuso’, y se generó toda una tradición. Pero hoy en día la gente joven ya no se mira en ellos. Los que generaban opinión están siendo sustituidos por otro tipo de ‘influencers’. No generan conocimiento o cultura como antes, sino un contenido muy determinado, basado en el humor y en otros elementos.«Lo que la gente entiende por cultura está muy alejado de lo que entendemos de forma tradicional. Un joven ve TikTok e ‘influencers’»—¿Gente como Inés Hernand o Samantha Hudson, que han estado en la acampada de Sol, no son referentes?—Para una parte sí, sobre todo ideológicamente, pero no de forma mayoritaria. Creo que la gente joven está en otros espacios. El consumo cultural también se ha polarizado. Luis Miller observa en sus encuestas que se está produciendo una gran diferenciación en el consumo cultural. Cada vez más, por ejemplo, la gente de Vox se identifica con la caza y los toros. Y la gente de izquierdas se identifica cada vez más con los museos y el cine. El consumo cultural se está polarizando. —En su libro avisa de que el porvenir no es bueno para los partidos de izquierdas.—No, porque viene una ola conservadora, que ya existe en el mundo, pero que aquí tiene unas características muy determinadas entre la gente joven. Y es raro que la gente cambie de ideología a lo largo de la vida. Van a ir haciéndose mayores y sus ideas van a seguir ahí, van a educar a sus hijos en esos valores. La izquierda ya no va a convivir en un espacio de tanta comodidad como ha tenido hasta ahora. —¿Cuál es su apuesta para las elecciones?—Todas las encuestas dicen que el bloque ideológico de la derecha puede alcanzar una cifra récord que roza el 50 por ciento, algo que nunca había sucedido antes. Parece que PP y Vox van a tener una mayoría desconocida. En parte se debe seguramente a cosas que han sucedido estos ocho años, en las dos legislaturas, pero también a la gente joven, que, si va a votar, lo hará mayoritariamente a la derecha.
Ignacio Urquizu (Teruel, 1978) lleva veinte años acumulando encuestas en su ordenador. Sociólogo –es consultor de Metroscopia, fue diputado del PSOE–, ha extraído de todos esos datos el retrato de una generación que ha crecido bajo la sombra del mito del 15-M. En ‘ … Generación 15-M’ (Debate) describe cómo, en estos 15 años, los jóvenes de entre 18 y 34 años se han derechizado como nunca antes. Nos encontramos en la Puerta del Sol, ocupada desde hace dos semanas por tiendas de campaña.
—¿Qué diferencias ve entre estas protestas y las de 2011?
—Tengo alumnos que han participado y estaban ilusionados porque el tema de la vivienda afecta a todos y, por primera vez, había una movilización. Nunca como ahora tanta gente lo había mencionado como el principal problema del país. Poco a poco, el campamento ha ido creciendo. Han aparecido muchas más causas: hay carteles de Palestina, hay gente de la Asamblea de la Educación Pública… El 15-M fue más improvisado, nadie lo había planificado. Había asambleas a todas horas, era interesante escuchar. Ahora es un campamento: esto está más planificado por el Sindicato de Inquilinas.
—¿Le va a funcionar a Sánchez monopolizar la campaña con la vivienda?
—Es un tema complicado de gestionar porque hay una delgada línea entre la movilización y la decepción. La vivienda te permite un relato: los oligarcas, los fondos buitre, los malísimos propietarios… Te permite ese discurso polarizador que, además, empieza a calar. Pero también permite preguntar: «Muy bien, ¿y usted qué ha hecho?». Solo el 30 por ciento de los votantes del PSOE piensan que es el mejor partido para gestionar la vivienda. Los de la acampada de Sol critican a los propietarios y a los fondos buitre, pero también al Gobierno.
—¿España está dejando de ser un país de izquierdas?
—No, sigue siendo más de izquierdas que de derechas, pero el bloque de la derecha ha ganado terreno y se han reducido las diferencias. Lo que ha desaparecido es la gente sin ideología –eran en torno al 20 por ciento– y han aumentado los extremos. La extrema izquierda ha pasado del 10 por ciento a más del 20 por ciento. La extrema derecha, del 3 por ciento a casi el 10 por ciento.
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‘Generación 15-M’

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Autor
Ignacio Urquizu
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—¿Y entre los jóvenes?
—Entre los menores de 35 años, la derecha empata e incluso a veces supera a la izquierda. Estamos ante la generación de jóvenes más conservadora de la democracia española. Casi el 38 por ciento rechazan pagar impuestos, casi el 80 por ciento creen que el Estado no funciona, el 20 por ciento creen que un sistema autoritario podría ser bueno en determinadas circunstancias y el catolicismo ha aumentado 14 puntos.
—¿Qué ha ocurrido para que se produzca este cambio?
—En estos 15 años el país se ha paralizado. Estamos sin presupuestos, no se han tomado medidas en vivienda, en educación, en pensiones… Los que protagonizaron el 15-M, que ahora tienen entre 35 y 50 años, están defraudados con la política. Y los que han venido después han visto que la política no es útil para ellos y que tienen los mismos problemas, o más, que las generaciones anteriores. Son más pragmáticos y tienen unos valores muy distintos. Es el fruto de 15 años de inacción, en los que la vida material de las personas no ha mejorado en muchos aspectos.
—Lo que llamamos el mundo de la cultura, que no deja de ser un arma de propaganda muy potente para algunos partidos, es de izquierdas. ¿No hay un choque entre estos artistas y sus nuevos públicos?
—Lo que la gente entiende por cultura está muy alejado de lo que entendemos de forma tradicional. Un joven ve TikTok e ‘influencers’. Los intelectuales asumieron desde el siglo XIX un papel de denuncia con el caso Dreyfus y el ‘Yo acuso’, y se generó toda una tradición. Pero hoy en día la gente joven ya no se mira en ellos. Los que generaban opinión están siendo sustituidos por otro tipo de ‘influencers’. No generan conocimiento o cultura como antes, sino un contenido muy determinado, basado en el humor y en otros elementos.
«Lo que la gente entiende por cultura está muy alejado de lo que entendemos de forma tradicional. Un joven ve TikTok e ‘influencers’»
—¿Gente como Inés Hernand o Samantha Hudson, que han estado en la acampada de Sol, no son referentes?
—Para una parte sí, sobre todo ideológicamente, pero no de forma mayoritaria. Creo que la gente joven está en otros espacios. El consumo cultural también se ha polarizado. Luis Miller observa en sus encuestas que se está produciendo una gran diferenciación en el consumo cultural. Cada vez más, por ejemplo, la gente de Vox se identifica con la caza y los toros. Y la gente de izquierdas se identifica cada vez más con los museos y el cine. El consumo cultural se está polarizando.
—En su libro avisa de que el porvenir no es bueno para los partidos de izquierdas.
—No, porque viene una ola conservadora, que ya existe en el mundo, pero que aquí tiene unas características muy determinadas entre la gente joven. Y es raro que la gente cambie de ideología a lo largo de la vida. Van a ir haciéndose mayores y sus ideas van a seguir ahí, van a educar a sus hijos en esos valores. La izquierda ya no va a convivir en un espacio de tanta comodidad como ha tenido hasta ahora.
—¿Cuál es su apuesta para las elecciones?
—Todas las encuestas dicen que el bloque ideológico de la derecha puede alcanzar una cifra récord que roza el 50 por ciento, algo que nunca había sucedido antes. Parece que PP y Vox van a tener una mayoría desconocida. En parte se debe seguramente a cosas que han sucedido estos ocho años, en las dos legislaturas, pero también a la gente joven, que, si va a votar, lo hará mayoritariamente a la derecha.
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