Cuando Íñigo Vicente debutó en El Sardinero con el Racing de Santander el 14 de agosto de 2022 ante el Villareal B, lo hizo con el 10 a la espalda. “Presión, ¿verdad? Me gusta sentirme así, salir al campo contrario y que me piten, si no, el fútbol no tiene gracia”, dice. Muy pronto los entonces responsables del club cántabro le dejaron bien claro qué esperaban de aquel joven de 24 años: liderar la ofensiva del equipo hasta Primera División. Hoy, cuatro temporadas después, cierra el círculo. Será titular en el partido del regreso a la máxima categoría después de 14 años. También contra el Villarreal, este domingo (17:00, Dazn).
El extremo y mediapunta del equipo santanderino, considerado el año pasado como el mejor jugador de Segunda, ha sido el revulsivo creativo para subir de categoría con un fútbol, dice él, alegre
Cuando Íñigo Vicente debutó en El Sardinero con el Racing de Santander el 14 de agosto de 2022 ante el Villareal B, lo hizo con el 10 a la espalda. “Presión, ¿verdad? Me gusta sentirme así, salir al campo contrario y que me piten, si no, el fútbol no tiene gracia”, dice. Muy pronto los entonces responsables del club cántabro le dejaron bien claro qué esperaban de aquel joven de 23 años: liderar la ofensiva del equipo hasta Primera División. Hoy, cinco años después, cierra el círculo. Será titular en el partido del regreso a la máxima categoría después de 14 años. También contra el Villarreal, este domingo (17.00, Dazn).
Y es que la mayor parte de la afición sabe que debe una gran porción del ascenso a Íñigo Vicente. El mago de Derio, lo llaman. “No fui muy buen estudiante en el colegio. Estaba deseando que pasara el tiempo para salir al patio y luego regresaba todo sudao a clase”. Pero algo se le debieron quedar entre las nociones de geometría. Porque el futbolista sabe sacar como nadie partido a las medidas del campo. Parece que tuviera un compás, escuadra y cartabón en los pies. También psicología, fisiología y dotes de observación para saber incluso mejor que nadie hasta dónde pueden llegar sus compañeros cara a responder a la audacia imprevisible de sus pases: “A veces saco de quicio a mis compañeros, arriesgo muchos pases que generan peligro en los que también me precipito y me lo reprochan. Pero es un ADN y, hasta que me retire, creo que voy a seguir con ello”.
El riesgo valió la pena la pasada campaña si tenemos en cuenta que resultó el jugador más decisivo del equipo para armar ocasiones. Un total de 20 asistencias y nueve goles lo certifican. La calidad de todos ellos hizo, además, que se le considerara para muchos el mejor de la categoría.
Desde su posición habitual como extremo izquierdo o mediapunta, Íñigo Vicente desarrolla su juego principalmente por dentro. Es pícaro, visionario y anda siempre enchufado al juego ofensivo sin perder de vista el compromiso con la defensa. Da gusto verle moverse entre líneas y establecer conexiones con sus compañeros. Para la grada es un titán sin ínfulas pero con gran capacidad de sacrificio que no necesita dotarse de gran físico, sino de una cabeza proverbial para sorprender constantemente. Un David con ganas de comerse a unos cuantos Goliats sin darse demasiada importancia por ello.
Por eso ahora está deseando demostrar su valía en Primera, ante los mejores sin renunciar a la capacidad competitiva de un equipo que ha seducido a la afición por su frescura y dotes descaradas de diversión: “Es la ilusión máxima de cualquier jugador desde niño. Me gustaría ver evolucionar lo que hemos formado estos cuatro años junto al míster, pero contra jugadores de máximo nivel. Es decir, más rápidos, más fuertes, los que han estado jugando el Mundial en varias formaciones y han llegado lejos, a la cumbre”.
Lo hará con José Alberto como entrenador, el técnico que consiguió la piña necesaria para ascender la temporada pasada al Racing como campeón de Segunda desde que se incorporó en diciembre de 2022, pero con bajas en la alineación que ha llegado al objetivo y este año han salido. En la delantera, de Vicente se espera una potente nueva alianza con el regreso de Sergio Canales al equipo de su ciudad y que conserve la complicidad de otro de los magos del Racing: Andrés Martín. Pero también el entendimiento con Juan Carlos Arana o Asier Villalibre, con quien coincidió en el pasado en el Athletic.
Ambos fueron descartados, pero encontraron en Santander el lugar que los ha catapultado como futbolistas a tener en cuenta. Sobre todo, a Vicente. La desilusión por no cuajar en Bilbao dolió. Allí se formó desde alevín pese a que no quiso hacer la prueba para no dejar de jugar con sus amigos de toda la vida en el equipo de su pueblo. Lo obligaron sus padres, entonces, un empleado de empresa y una limpiadora, hoy jubilados. “Menos mal, pero yo ni en sueños hubiese aspirado entonces a entrar en el primer equipo”.
De Bilbao salió triste por no haber debutado en San Mamés con gente. “Lo hice en pleno covid y jugué a ratos contados”. Tres partidos, nada más, durante aquella temporada del 2020-2021. Pero esa frustración no le impidió seguir hasta transformar cierta amargura en entusiasmo para liderar como revulsivo, con una visión superdotada para el ataque, al equipo cántabro. En Santander, recuperó pronto la motivación por completo: “He madurado y aprendido a controlar la rabia en el campo para convertirla en alegría”.
Así se ve: “Intento jugar como en la plaza de niño, divertirme y hacer que la gente se divierta con un futbol diferente, vistoso. Esa es mi seña de identidad…”. Sin renunciar a la franqueza, una clave que ha sido fundamental para unir al equipo, sobre todo en los momentos más duros de las campañas pasadas. Recuerda una en especial, que dio la vuelta a una dinámica nada halagüeña: la derrota por 6-2 en Andorra después de empezar ganando por dos goles a favor. “Al coger el autobús de vuelta nos dijimos de todo. Pero estoy seguro de que muy probablemente, de no haber sufrido esa derrota en ese momento, no habríamos ascendido”.
Hoy son, como bien dice, “la cenicienta de Primera”. ¿Por qué? “Porque queremos seguir manteniendo nuestra seña, pero sacrificándonos mucho más para ello. Corriendo el doble”. Misma impronta, más velocidad. Es el plan marcado para sorprender en Primera por parte de José Alberto, el vestuario y una directiva liderada por Manuel Higuera como presidente, con Sebastián Ceria de propietario desde 2023, que han apoyado sin un ápice de duda al técnico y la plantilla.
El Sardinero disfrutará de su jugador referente al menos hasta 2030, cuando termina su actual contrato firmado. Vicente se mantiene fiel a ese compromiso. No ha querido salir de un club donde ha podido demostrar quién es. Aparte de un jugador preparado para la élite, un tipo sencillo: “Muy tranquilo, tímido. Me gusta estar en casa con mi perro, sacarlo de paseo por la playa, salir a la compra y cocinar con mi novia, ir al cine o quedar a merendar con los amigos —a menudo con varios del equipo, con los que hemos hecho amistad— y estar con mi familia. Cuando me retire, mi sueño es hacerme una casa en Derio para estar con ellos, nada más”.
Y quizás entrenar, una preparación para la que se ha sacado ya tres grados con vistas al día que cuelgue las botas. En ese futuro aún para él lejano no se ve fuera del fútbol. “Hay que prepararse para eso. Pero yo tengo un entorno de gente normal, de los que saben cuánto cuesta ganar dinero con el trabajo. No me gustan los coches caros y estoy muy tranquilo y confiado gracias, entre otras cosas, a mi hermana, que me lleva todo, o mi familia y mi novia, que se ocupan de que no se me vaya la cabeza”.
Feed MRSS-S Noticias
