Teatro y filosofía no suelen ir de la mano. No son disciplinas que tengan, en cuanto a formas, mucho en común. Aquél es un arte vivo, corporal y temporal, mientras que éste es discursivo; en la escena se muestra, en la filosofía se trata de demostrar y argumentar. Luis Luque , director teatral, y Javier Gomá , filósofo, han querido sin embargo unirlos en un espectáculo, ‘ Filosofía mundana ‘, que se estrena hoy en la Nave 10 Matadero . La adaptación del libro de Gomá la ha hecho el propio Luque, que dirige a cuatro actores: Jorge Calvo, Marta Larralde, Pepe Ocio y Laura Pamplona , con la colaboración de Covadonga Villamil . Todo comenzó cuando Javier Gomá, que ha velado armas en el teatro en varias ocasiones, le envió a Luis Luque, director de la Nave 10 de Matadero, un texto, ‘ Las lágrimas de Jerjes’ , «con la expectativa de que le intrigara -relata Gomá-. Luis me llamó por teléfono y me citó. Me dijo que había leído el texto, pero que había leído también otro libro mío, ‘Filosofía mundana’, y que quería convertirlo en un hecho escénico. Y así empezó todo».«Me vi a mí mismo reflejado en el libro -explica Luque-; los textos son de una humanidad conmovedora y yo, que soy un hombre también de cincuenta años, vi reflejado muchísimos aspectos de mi propia vida, de mis propios cuestionamientos. Y pensé que si me estaba pasando esto a mí, le pasaría seguramente a mucha gente con las que comparto inquietudes, temores, alegrías… Descubrí una filosofía intensamente mundana, una filosofía tres veces mundana, como se dice en el libro: para el mundo, con el mundo, y sobre la gente del mundo . Esa humanidad estaba atravesada en los textos por un gran sentido del humor, un vehículo que nos ayuda a seguir interrogándonos sobre el misterio de la existencia».’Filosofía mundana’ es un libro que incluye más de sesenta microensayos, de los que Gomá y Luque han elegido veintiuno. «En ellos, dice el director, se habla de la muerte, de la belleza, del sexo, de la amistad, de la dignidad, de reconciliarnos con nuestras imperfecciones, de la vanidad… Hay un material muy rico en cuanto a humanidad . La dramaturgia -en la que Javier ha estado muy presente- ha viajado por muchos lugares hasta que descubrimos un poco dónde estaba la esencia: cuatro voces que enseñen esa idea del pequeño mundo; los cuatro actores dicen que son Javier Gomá, la voz del autor se reparte y se multiplica en cuatro cuerpos, en cuatro voces, dos hombres y dos mujeres, a los que se suma Covadonga Villamil para darle un sentido a la puesta en escena».Marta Larralde, Pepe Ocio y Luis Luque con Javier Gomá Geraldine LeloutreJavier Gomá presume de haber «hecho un acto de inteligencia dando un paso atrás; yo no soy un hombre de teatro, Luis sí lo es. Y yo quería que hubiera un hecho teatral, un acto de conversión, no una transposición de ensayos en el papel a la escena. El acto creativo que representa el pasar de un texto escrito a un texto vivo, incluso si haces Hamlet o haces Antígona, es un giro acrobático, de la letra muerta a la escena viva. En este caso es mucho mayor, porque el libro tiene el carácter discursivo de algo destinado a ser leído. Hay obras sobre filósofos; hay obras de teatro escritas por filósofos, pero ¿hay muchas obras de teatro basadas en un texto filosófico? Luis la ha creado, y no haciendo una transposición del pensamiento , sino una obra teatral en la que se va a demostrar que hay una manera de hacer una filosofía que embellece la vivencia. La idea fundamental es que todo hombre y toda mujer que vive es filósofo; cuando hablamos de filosofía mundana, es porque es de la gente. Estoy en contra de pensar que filosofía es lo que hacen determinadas personas que son escritores de libros de filosofía. Para mí, esto es una filosofía del segundo o de tercer grado. La filosofía inicial es la de cualquier persona que mientras vive no puede dejar de pensar sobre lo que le pasa. Y la puesta en escena lo refleja de modo divertido y emocionante; el público se reconocerá a sí mismo. Y esa realización dramática para mí es una obra de arte que ha hecho Luis, los actores y los equipos técnico y artístico. El teatro y la filosofía no son compañeros de viaje, pero no son enemigos».«El teatro y la filosofía no son compañeros de viaje, pero no son enemigos»Luis Luque suele teñir sus espectáculos de poesía. También éste. «Mi afán siempre es sublimar lo real y llevarlo a un lugar que tiene que ver con los sentidos, y aquí he tratado de transformar el pensamiento en acción y emoción. Es un texto muy rico, y yo sabía que con este material podía vivenciar, para poder sufrir, para poder cuestionarse. No me interesa llevar el ruido de la calle al escenario o hacer un ‘teatro de la actualidad’ porque tiene una vigencia muy corta. Me interesa ese teatro que sublima lo real y que lo lleva hacia un lugar poético y lleno de humanidad ».«Puedes tener un dolor muy agudo -interviene el filósofo-, y acudes al médico para saber qué te pasa; o puedes sentirte muy contento y le dices a tu pareja que no sabes por qué, pero estás contentísimo. Queremos razones. Necesitamos razones. Queremos razones. En una de las piezas de la función, se compara al filósofo con un portero; en los carteles de ‘Se vende’ o ‘Se alquila’ suele acompañar la frase ‘ Razón, Portería ‘. Imagínese que una pareja que va por la calle se encuentra un cartel que ponga: ‘Se vive’ ‘Se envejece’, ‘Se sufre’, ‘Se ama’, ‘Se muere’… Razón, Portería… Todo el mundo iría al portero para pedir explicaciones. Todos somos dolientes y todos somos a veces gozosos y queremos saber por qué».Ingenuidad aprendidaPero el conocimiento no da la felicidad, dice Javier Gomá. «Yo soy partidario de la llamada ‘ingenuidad aprendida’; hay un exceso de lucidez que paraliza, que te convierte en estatua de sal, pero esa ingenuidad aprendida -y elegida- es una ingenuidad a la que se llega después de conocer la realidad del mundo. No te engañas. Y en la obra se ven momentos en que nadie se engaña sobre lo que nos espera. No hay una ensoñación o una estilización . La vida es dura, pero precisamente porque la vida va en serio, como dice el poeta, necesitamos, estamos ansiosos por esa segunda naturaleza que es la poesía, que es la cultura, donde encontramos un mundo más acorde a nuestra propia dignidad. Es cierto que un exceso de lucidez paraliza, que es necesaria una cierta ingenuidad; que no sea tontería, candidez, ignorancia…, sino la ingenuidad de quien conoce de qué va, pero decide vivir con entusiasmo. La función tiene un final bellísimo, y termina con una frase que yo digo a veces: vive de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta; vivir de tal manera que, a tu muerte, todo el mundo piense: esto es un empobrecimiento estúpido».Luis Luque ha dividido su dramaturgia en bloques. «No está separado en bloques, pero si se habla de la belleza, del sentido de la vida… Lo que engarza los textos es la acción, la construcción en escena: vemos a un grupo de hombres y mujeres construyendo un jardín, aunque no lo descubrimos hasta casi al final. Ha sido una liberación poder descubrir que a partir de la acción humana se va construyendo lo que llamamos la historia o la velada. Según Javier, ésta es una obra un poco revolucionaria y creo que lo revolucionario es parar. Ahora lo subversivo no es gritar aún más fuerte que el otro, sino parar, escuchar y callar . Y estas son las tres invitaciones que también hacemos con la filosofía. Hay que convencer al espectador de que venga porque no va a ver una cosa muy sesuda, con referencias a los grandes filósofos que no hemos leído, ni algo muy erudito y elevado, inaccesible. Los textos de Javier están muy llenos de humanidad. Está lleno de anécdotas que ilustran situaciones que hemos vivido todos. Muchas veces el punto de partida es una anécdota, muchas veces humorística y que, de pronto, va adquiriendo un sentido».Noticia Relacionada estandar Si Javier Gomá: «Que el Cervantes y la RAE se peleen es una rareza, a mí me divierte» Sergi Doria El director de la Fundación March rememora en el Círculo del Liceo setenta años de una entidad que «no invita a políticos»La obra habla de vivencias contadas, dice Gomá, «en nombre de todos, no solamente en nombre propio». «Javier no hace autoficción -acota Luque-. Su ‘yo’ es muy universal. Todo está basado en la propia experiencia de la vida, por supuestísimo, pero no alecciona desde lo que le ha pasado a él, sino como lo que nos pasa a todos. No es un trabajo con el dedo hacia adentro, sino con el dedo hacia afuera». Teatro y filosofía no suelen ir de la mano. No son disciplinas que tengan, en cuanto a formas, mucho en común. Aquél es un arte vivo, corporal y temporal, mientras que éste es discursivo; en la escena se muestra, en la filosofía se trata de demostrar y argumentar. Luis Luque , director teatral, y Javier Gomá , filósofo, han querido sin embargo unirlos en un espectáculo, ‘ Filosofía mundana ‘, que se estrena hoy en la Nave 10 Matadero . La adaptación del libro de Gomá la ha hecho el propio Luque, que dirige a cuatro actores: Jorge Calvo, Marta Larralde, Pepe Ocio y Laura Pamplona , con la colaboración de Covadonga Villamil . Todo comenzó cuando Javier Gomá, que ha velado armas en el teatro en varias ocasiones, le envió a Luis Luque, director de la Nave 10 de Matadero, un texto, ‘ Las lágrimas de Jerjes’ , «con la expectativa de que le intrigara -relata Gomá-. Luis me llamó por teléfono y me citó. Me dijo que había leído el texto, pero que había leído también otro libro mío, ‘Filosofía mundana’, y que quería convertirlo en un hecho escénico. Y así empezó todo».«Me vi a mí mismo reflejado en el libro -explica Luque-; los textos son de una humanidad conmovedora y yo, que soy un hombre también de cincuenta años, vi reflejado muchísimos aspectos de mi propia vida, de mis propios cuestionamientos. Y pensé que si me estaba pasando esto a mí, le pasaría seguramente a mucha gente con las que comparto inquietudes, temores, alegrías… Descubrí una filosofía intensamente mundana, una filosofía tres veces mundana, como se dice en el libro: para el mundo, con el mundo, y sobre la gente del mundo . Esa humanidad estaba atravesada en los textos por un gran sentido del humor, un vehículo que nos ayuda a seguir interrogándonos sobre el misterio de la existencia».’Filosofía mundana’ es un libro que incluye más de sesenta microensayos, de los que Gomá y Luque han elegido veintiuno. «En ellos, dice el director, se habla de la muerte, de la belleza, del sexo, de la amistad, de la dignidad, de reconciliarnos con nuestras imperfecciones, de la vanidad… Hay un material muy rico en cuanto a humanidad . La dramaturgia -en la que Javier ha estado muy presente- ha viajado por muchos lugares hasta que descubrimos un poco dónde estaba la esencia: cuatro voces que enseñen esa idea del pequeño mundo; los cuatro actores dicen que son Javier Gomá, la voz del autor se reparte y se multiplica en cuatro cuerpos, en cuatro voces, dos hombres y dos mujeres, a los que se suma Covadonga Villamil para darle un sentido a la puesta en escena».Marta Larralde, Pepe Ocio y Luis Luque con Javier Gomá Geraldine LeloutreJavier Gomá presume de haber «hecho un acto de inteligencia dando un paso atrás; yo no soy un hombre de teatro, Luis sí lo es. Y yo quería que hubiera un hecho teatral, un acto de conversión, no una transposición de ensayos en el papel a la escena. El acto creativo que representa el pasar de un texto escrito a un texto vivo, incluso si haces Hamlet o haces Antígona, es un giro acrobático, de la letra muerta a la escena viva. En este caso es mucho mayor, porque el libro tiene el carácter discursivo de algo destinado a ser leído. Hay obras sobre filósofos; hay obras de teatro escritas por filósofos, pero ¿hay muchas obras de teatro basadas en un texto filosófico? Luis la ha creado, y no haciendo una transposición del pensamiento , sino una obra teatral en la que se va a demostrar que hay una manera de hacer una filosofía que embellece la vivencia. La idea fundamental es que todo hombre y toda mujer que vive es filósofo; cuando hablamos de filosofía mundana, es porque es de la gente. Estoy en contra de pensar que filosofía es lo que hacen determinadas personas que son escritores de libros de filosofía. Para mí, esto es una filosofía del segundo o de tercer grado. La filosofía inicial es la de cualquier persona que mientras vive no puede dejar de pensar sobre lo que le pasa. Y la puesta en escena lo refleja de modo divertido y emocionante; el público se reconocerá a sí mismo. Y esa realización dramática para mí es una obra de arte que ha hecho Luis, los actores y los equipos técnico y artístico. El teatro y la filosofía no son compañeros de viaje, pero no son enemigos».«El teatro y la filosofía no son compañeros de viaje, pero no son enemigos»Luis Luque suele teñir sus espectáculos de poesía. También éste. «Mi afán siempre es sublimar lo real y llevarlo a un lugar que tiene que ver con los sentidos, y aquí he tratado de transformar el pensamiento en acción y emoción. Es un texto muy rico, y yo sabía que con este material podía vivenciar, para poder sufrir, para poder cuestionarse. No me interesa llevar el ruido de la calle al escenario o hacer un ‘teatro de la actualidad’ porque tiene una vigencia muy corta. Me interesa ese teatro que sublima lo real y que lo lleva hacia un lugar poético y lleno de humanidad ».«Puedes tener un dolor muy agudo -interviene el filósofo-, y acudes al médico para saber qué te pasa; o puedes sentirte muy contento y le dices a tu pareja que no sabes por qué, pero estás contentísimo. Queremos razones. Necesitamos razones. Queremos razones. En una de las piezas de la función, se compara al filósofo con un portero; en los carteles de ‘Se vende’ o ‘Se alquila’ suele acompañar la frase ‘ Razón, Portería ‘. Imagínese que una pareja que va por la calle se encuentra un cartel que ponga: ‘Se vive’ ‘Se envejece’, ‘Se sufre’, ‘Se ama’, ‘Se muere’… Razón, Portería… Todo el mundo iría al portero para pedir explicaciones. Todos somos dolientes y todos somos a veces gozosos y queremos saber por qué».Ingenuidad aprendidaPero el conocimiento no da la felicidad, dice Javier Gomá. «Yo soy partidario de la llamada ‘ingenuidad aprendida’; hay un exceso de lucidez que paraliza, que te convierte en estatua de sal, pero esa ingenuidad aprendida -y elegida- es una ingenuidad a la que se llega después de conocer la realidad del mundo. No te engañas. Y en la obra se ven momentos en que nadie se engaña sobre lo que nos espera. No hay una ensoñación o una estilización . La vida es dura, pero precisamente porque la vida va en serio, como dice el poeta, necesitamos, estamos ansiosos por esa segunda naturaleza que es la poesía, que es la cultura, donde encontramos un mundo más acorde a nuestra propia dignidad. Es cierto que un exceso de lucidez paraliza, que es necesaria una cierta ingenuidad; que no sea tontería, candidez, ignorancia…, sino la ingenuidad de quien conoce de qué va, pero decide vivir con entusiasmo. La función tiene un final bellísimo, y termina con una frase que yo digo a veces: vive de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta; vivir de tal manera que, a tu muerte, todo el mundo piense: esto es un empobrecimiento estúpido».Luis Luque ha dividido su dramaturgia en bloques. «No está separado en bloques, pero si se habla de la belleza, del sentido de la vida… Lo que engarza los textos es la acción, la construcción en escena: vemos a un grupo de hombres y mujeres construyendo un jardín, aunque no lo descubrimos hasta casi al final. Ha sido una liberación poder descubrir que a partir de la acción humana se va construyendo lo que llamamos la historia o la velada. Según Javier, ésta es una obra un poco revolucionaria y creo que lo revolucionario es parar. Ahora lo subversivo no es gritar aún más fuerte que el otro, sino parar, escuchar y callar . Y estas son las tres invitaciones que también hacemos con la filosofía. Hay que convencer al espectador de que venga porque no va a ver una cosa muy sesuda, con referencias a los grandes filósofos que no hemos leído, ni algo muy erudito y elevado, inaccesible. Los textos de Javier están muy llenos de humanidad. Está lleno de anécdotas que ilustran situaciones que hemos vivido todos. Muchas veces el punto de partida es una anécdota, muchas veces humorística y que, de pronto, va adquiriendo un sentido».Noticia Relacionada estandar Si Javier Gomá: «Que el Cervantes y la RAE se peleen es una rareza, a mí me divierte» Sergi Doria El director de la Fundación March rememora en el Círculo del Liceo setenta años de una entidad que «no invita a políticos»La obra habla de vivencias contadas, dice Gomá, «en nombre de todos, no solamente en nombre propio». «Javier no hace autoficción -acota Luque-. Su ‘yo’ es muy universal. Todo está basado en la propia experiencia de la vida, por supuestísimo, pero no alecciona desde lo que le ha pasado a él, sino como lo que nos pasa a todos. No es un trabajo con el dedo hacia adentro, sino con el dedo hacia afuera».
Teatro y filosofía no suelen ir de la mano. No son disciplinas que tengan, en cuanto a formas, mucho en común. Aquél es un arte vivo, corporal y temporal, mientras que éste es discursivo; en la escena se muestra, en la filosofía se trata de … demostrar y argumentar. Luis Luque, director teatral, y Javier Gomá, filósofo, han querido sin embargo unirlos en un espectáculo, ‘Filosofía mundana‘, que se estrena hoy en la Nave 10 Matadero. La adaptación del libro de Gomá la ha hecho el propio Luque, que dirige a cuatro actores: Jorge Calvo, Marta Larralde, Pepe Ocio y Laura Pamplona, con la colaboración de Covadonga Villamil.
Todo comenzó cuando Javier Gomá, que ha velado armas en el teatro en varias ocasiones, le envió a Luis Luque, director de la Nave 10 de Matadero, un texto, ‘Las lágrimas de Jerjes’, «con la expectativa de que le intrigara -relata Gomá-. Luis me llamó por teléfono y me citó. Me dijo que había leído el texto, pero que había leído también otro libro mío, ‘Filosofía mundana’, y que quería convertirlo en un hecho escénico. Y así empezó todo».
«Me vi a mí mismo reflejado en el libro -explica Luque-; los textos son de una humanidad conmovedora y yo, que soy un hombre también de cincuenta años, vi reflejado muchísimos aspectos de mi propia vida, de mis propios cuestionamientos. Y pensé que si me estaba pasando esto a mí, le pasaría seguramente a mucha gente con las que comparto inquietudes, temores, alegrías… Descubrí una filosofía intensamente mundana, una filosofía tres veces mundana, como se dice en el libro: para el mundo, con el mundo, y sobre la gente del mundo. Esa humanidad estaba atravesada en los textos por un gran sentido del humor, un vehículo que nos ayuda a seguir interrogándonos sobre el misterio de la existencia».
‘Filosofía mundana’ es un libro que incluye más de sesenta microensayos, de los que Gomá y Luque han elegido veintiuno. «En ellos, dice el director, se habla de la muerte, de la belleza, del sexo, de la amistad, de la dignidad, de reconciliarnos con nuestras imperfecciones, de la vanidad… Hay un material muy rico en cuanto a humanidad. La dramaturgia -en la que Javier ha estado muy presente- ha viajado por muchos lugares hasta que descubrimos un poco dónde estaba la esencia: cuatro voces que enseñen esa idea del pequeño mundo; los cuatro actores dicen que son Javier Gomá, la voz del autor se reparte y se multiplica en cuatro cuerpos, en cuatro voces, dos hombres y dos mujeres, a los que se suma Covadonga Villamil para darle un sentido a la puesta en escena».



Geraldine Leloutre
Javier Gomá presume de haber «hecho un acto de inteligencia dando un paso atrás; yo no soy un hombre de teatro, Luis sí lo es. Y yo quería que hubiera un hecho teatral, un acto de conversión, no una transposición de ensayos en el papel a la escena. El acto creativo que representa el pasar de un texto escrito a un texto vivo, incluso si haces Hamlet o haces Antígona, es un giro acrobático, de la letra muerta a la escena viva. En este caso es mucho mayor, porque el libro tiene el carácter discursivo de algo destinado a ser leído. Hay obras sobre filósofos; hay obras de teatro escritas por filósofos, pero ¿hay muchas obras de teatro basadas en un texto filosófico? Luis la ha creado, y no haciendo una transposición del pensamiento, sino una obra teatral en la que se va a demostrar que hay una manera de hacer una filosofía que embellece la vivencia. La idea fundamental es que todo hombre y toda mujer que vive es filósofo; cuando hablamos de filosofía mundana, es porque es de la gente. Estoy en contra de pensar que filosofía es lo que hacen determinadas personas que son escritores de libros de filosofía. Para mí, esto es una filosofía del segundo o de tercer grado. La filosofía inicial es la de cualquier persona que mientras vive no puede dejar de pensar sobre lo que le pasa. Y la puesta en escena lo refleja de modo divertido y emocionante; el público se reconocerá a sí mismo. Y esa realización dramática para mí es una obra de arte que ha hecho Luis, los actores y los equipos técnico y artístico. El teatro y la filosofía no son compañeros de viaje, pero no son enemigos».
«El teatro y la filosofía no son compañeros de viaje, pero no son enemigos»
Luis Luque suele teñir sus espectáculos de poesía. También éste. «Mi afán siempre es sublimar lo real y llevarlo a un lugar que tiene que ver con los sentidos, y aquí he tratado de transformar el pensamiento en acción y emoción. Es un texto muy rico, y yo sabía que con este material podía vivenciar, para poder sufrir, para poder cuestionarse. No me interesa llevar el ruido de la calle al escenario o hacer un ‘teatro de la actualidad’ porque tiene una vigencia muy corta. Me interesa ese teatro que sublima lo real y que lo lleva hacia un lugar poético y lleno de humanidad».
«Puedes tener un dolor muy agudo -interviene el filósofo-, y acudes al médico para saber qué te pasa; o puedes sentirte muy contento y le dices a tu pareja que no sabes por qué, pero estás contentísimo. Queremos razones. Necesitamos razones. Queremos razones. En una de las piezas de la función, se compara al filósofo con un portero; en los carteles de ‘Se vende’ o ‘Se alquila’ suele acompañar la frase ‘Razón, Portería‘. Imagínese que una pareja que va por la calle se encuentra un cartel que ponga: ‘Se vive’ ‘Se envejece’, ‘Se sufre’, ‘Se ama’, ‘Se muere’… Razón, Portería… Todo el mundo iría al portero para pedir explicaciones. Todos somos dolientes y todos somos a veces gozosos y queremos saber por qué».
Ingenuidad aprendida
Pero el conocimiento no da la felicidad, dice Javier Gomá. «Yo soy partidario de la llamada ‘ingenuidad aprendida’; hay un exceso de lucidez que paraliza, que te convierte en estatua de sal, pero esa ingenuidad aprendida -y elegida- es una ingenuidad a la que se llega después de conocer la realidad del mundo. No te engañas. Y en la obra se ven momentos en que nadie se engaña sobre lo que nos espera. No hay una ensoñación o una estilización. La vida es dura, pero precisamente porque la vida va en serio, como dice el poeta, necesitamos, estamos ansiosos por esa segunda naturaleza que es la poesía, que es la cultura, donde encontramos un mundo más acorde a nuestra propia dignidad. Es cierto que un exceso de lucidez paraliza, que es necesaria una cierta ingenuidad; que no sea tontería, candidez, ignorancia…, sino la ingenuidad de quien conoce de qué va, pero decide vivir con entusiasmo. La función tiene un final bellísimo, y termina con una frase que yo digo a veces: vive de tal manera que tu muerte sea escandalosamente injusta; vivir de tal manera que, a tu muerte, todo el mundo piense: esto es un empobrecimiento estúpido».
Luis Luque ha dividido su dramaturgia en bloques. «No está separado en bloques, pero si se habla de la belleza, del sentido de la vida… Lo que engarza los textos es la acción, la construcción en escena: vemos a un grupo de hombres y mujeres construyendo un jardín, aunque no lo descubrimos hasta casi al final. Ha sido una liberación poder descubrir que a partir de la acción humana se va construyendo lo que llamamos la historia o la velada. Según Javier, ésta es una obra un poco revolucionaria y creo que lo revolucionario es parar. Ahora lo subversivo no es gritar aún más fuerte que el otro, sino parar, escuchar y callar. Y estas son las tres invitaciones que también hacemos con la filosofía. Hay que convencer al espectador de que venga porque no va a ver una cosa muy sesuda, con referencias a los grandes filósofos que no hemos leído, ni algo muy erudito y elevado, inaccesible. Los textos de Javier están muy llenos de humanidad. Está lleno de anécdotas que ilustran situaciones que hemos vivido todos. Muchas veces el punto de partida es una anécdota, muchas veces humorística y que, de pronto, va adquiriendo un sentido».
La obra habla de vivencias contadas, dice Gomá, «en nombre de todos, no solamente en nombre propio». «Javier no hace autoficción -acota Luque-. Su ‘yo’ es muy universal. Todo está basado en la propia experiencia de la vida, por supuestísimo, pero no alecciona desde lo que le ha pasado a él, sino como lo que nos pasa a todos. No es un trabajo con el dedo hacia adentro, sino con el dedo hacia afuera».
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