Jordi Cruz se ha labrado una brillante carrera en la alta cocina española. Además de dirigir el restaurante ABaC de Barcelona desde 2010, galardonado con tres estrellas Michelin, también es parte del jurado del popular programa ‘MasterChef’, lo que le ha convertido en uno de los rostros más conocidos del sector.Pero detrás de este mediático cocinero hay una biografía más íntima, marcada por una relación con su padre que ha moldeó su carácter para hacerle una persona, según confiesa él mismo, tenaz e independiente.El profesional de 47 años habla de su progenitor sin rencor, desde la comprensión y el aprendizaje que le ha aportado esta experiencia vital. Gracias a ella, afirma, sabe qué busca en la vida y qué tipo de relación quiere construir con sus propios hijos.Noticia relacionada general No No Preguntan a Jordi Cruz cuál es el punto de la carne perfecto Francisco J. JuradoLa decisión que marcó el rumbo de vida: «Jamás le pedí dinero»En la íntima entrevista que concede al podcast B3tter, el chef español recuerda una anécdota que supuso un punto de inflexión en su vínculo con su padre: «Cuando le pedí dinero una vez, me respondió tan mal y me dio tanto asco que jamás le pedí dinero».Aquel episodio fue tan determinante que le llevó a tomar decisiones extremas: «Me molestaba pedirle dinero, me molestó que me pagase el colegio y lo dejé y me puse a currar muy jovencito», añade. Una postura tan firme que se mantuvo incluso tras el fallecimiento de su padre: «Cuando murió, no quise su dinero tampoco».Aun así, Cruz evitó caer en el odio y utilizó esta lección para forjarse un futuro sólido: «Nunca me ha dado rabia mi padre. Con él aprendí que, si quería algo, tenía que valerme por mí mismo y de mis herramientas para lograrlo».Otro suceso revelador fue cuando descubrió un maletín lleno de recortes de prensa sobre su carrera y le escuchó presumir ante sus amigos, refiriéndose a él como «mi hijo, el Michelín». Un reconocimiento que, sin embargo, nunca llegó en privado.«¿Por qué nunca me lo dijo a mí?», se pregunta, aunque, una vez más, sin juzgarlo. «No podía, no puedes echar en cara a alguien el no hacer algo que no sabe hacer, que no lo ha aprendido, que no tiene ni idea», zanja.Una lección muy valiosa: «Estoy encantado de que haber aprendido a ganarme la vida»Pese a todo, asegura guardar «un buen recuerdo» de su padre por el aprendizaje que le ha proporcionado: «Siempre le he querido, le he tenido. No me ha gustado su forma de ser, no la comparto, pero la he entendido porque era así».«Prefiero haber aprendido de las cosas malas y ser una persona que se sabe buscar la vida y que de jovencito ya ha aprendido a pelearla y que es un tío tenaz porque le gusta lucharla, que no ser un blandurrio que no ha aprendido nada, que se lo han dado arreglado todo. Estoy encantado de que haber aprendido a ganarme la vida».Eso sí, esto no quita que ahora evite seguir sus pasos: «Yo quiero disfrutar la vida. No es que no quiera ser como mi padre porque le tengo manía, no. Entendiendo sus circunstancias, pero no las quiero repetir. Quiero que las mías sean mejores y no quiero caer en lo que él cayó porque yo podría caer también».Lo único que busca, concluye, es conseguir dos metas: «Una ya la tengo, que es sentirme realizado, y la otra es llegar a disfrutar de esa realización y ser feliz y pasarlo bien».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Jordi Cruz, chef: «Si tienes patatas verdes, ponlas al lado de las cebollas para acelerar su maduración» noticia No Jordi Cruz, chef: «El arroz es un gran alimento, pero una vez cocido puede ser un enemigo peligroso»En cuanto a sus hijos, busca darles una buena educación sin restarles personalidad: «Tengo dos chavales que están hechos de cartón piedra, una cosa maravillosa, están hechos como por encargo: guapos, simpáticos, divertidos y listos. Mi objetivo es no cargarme eso que ya traen de base. Solo pues para que no se la peguen y sean conscientes de que cuando salen a la calle hay peligros y hay gente de todo». Jordi Cruz se ha labrado una brillante carrera en la alta cocina española. Además de dirigir el restaurante ABaC de Barcelona desde 2010, galardonado con tres estrellas Michelin, también es parte del jurado del popular programa ‘MasterChef’, lo que le ha convertido en uno de los rostros más conocidos del sector.Pero detrás de este mediático cocinero hay una biografía más íntima, marcada por una relación con su padre que ha moldeó su carácter para hacerle una persona, según confiesa él mismo, tenaz e independiente.El profesional de 47 años habla de su progenitor sin rencor, desde la comprensión y el aprendizaje que le ha aportado esta experiencia vital. Gracias a ella, afirma, sabe qué busca en la vida y qué tipo de relación quiere construir con sus propios hijos.Noticia relacionada general No No Preguntan a Jordi Cruz cuál es el punto de la carne perfecto Francisco J. JuradoLa decisión que marcó el rumbo de vida: «Jamás le pedí dinero»En la íntima entrevista que concede al podcast B3tter, el chef español recuerda una anécdota que supuso un punto de inflexión en su vínculo con su padre: «Cuando le pedí dinero una vez, me respondió tan mal y me dio tanto asco que jamás le pedí dinero».Aquel episodio fue tan determinante que le llevó a tomar decisiones extremas: «Me molestaba pedirle dinero, me molestó que me pagase el colegio y lo dejé y me puse a currar muy jovencito», añade. Una postura tan firme que se mantuvo incluso tras el fallecimiento de su padre: «Cuando murió, no quise su dinero tampoco».Aun así, Cruz evitó caer en el odio y utilizó esta lección para forjarse un futuro sólido: «Nunca me ha dado rabia mi padre. Con él aprendí que, si quería algo, tenía que valerme por mí mismo y de mis herramientas para lograrlo».Otro suceso revelador fue cuando descubrió un maletín lleno de recortes de prensa sobre su carrera y le escuchó presumir ante sus amigos, refiriéndose a él como «mi hijo, el Michelín». Un reconocimiento que, sin embargo, nunca llegó en privado.«¿Por qué nunca me lo dijo a mí?», se pregunta, aunque, una vez más, sin juzgarlo. «No podía, no puedes echar en cara a alguien el no hacer algo que no sabe hacer, que no lo ha aprendido, que no tiene ni idea», zanja.Una lección muy valiosa: «Estoy encantado de que haber aprendido a ganarme la vida»Pese a todo, asegura guardar «un buen recuerdo» de su padre por el aprendizaje que le ha proporcionado: «Siempre le he querido, le he tenido. No me ha gustado su forma de ser, no la comparto, pero la he entendido porque era así».«Prefiero haber aprendido de las cosas malas y ser una persona que se sabe buscar la vida y que de jovencito ya ha aprendido a pelearla y que es un tío tenaz porque le gusta lucharla, que no ser un blandurrio que no ha aprendido nada, que se lo han dado arreglado todo. Estoy encantado de que haber aprendido a ganarme la vida».Eso sí, esto no quita que ahora evite seguir sus pasos: «Yo quiero disfrutar la vida. No es que no quiera ser como mi padre porque le tengo manía, no. Entendiendo sus circunstancias, pero no las quiero repetir. Quiero que las mías sean mejores y no quiero caer en lo que él cayó porque yo podría caer también».Lo único que busca, concluye, es conseguir dos metas: «Una ya la tengo, que es sentirme realizado, y la otra es llegar a disfrutar de esa realización y ser feliz y pasarlo bien».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Jordi Cruz, chef: «Si tienes patatas verdes, ponlas al lado de las cebollas para acelerar su maduración» noticia No Jordi Cruz, chef: «El arroz es un gran alimento, pero una vez cocido puede ser un enemigo peligroso»En cuanto a sus hijos, busca darles una buena educación sin restarles personalidad: «Tengo dos chavales que están hechos de cartón piedra, una cosa maravillosa, están hechos como por encargo: guapos, simpáticos, divertidos y listos. Mi objetivo es no cargarme eso que ya traen de base. Solo pues para que no se la peguen y sean conscientes de que cuando salen a la calle hay peligros y hay gente de todo».
Jordi Cruz se ha labrado una brillante carrera en la alta cocina española. Además de dirigir el restaurante ABaC de Barcelona desde 2010, galardonado con tres estrellas Michelin, también es parte del jurado del popular programa ‘MasterChef’, lo que le ha convertido en uno de … los rostros más conocidos del sector.
Pero detrás de este mediático cocinero hay una biografía más íntima, marcada por una relación con su padre que ha moldeó su carácter para hacerle una persona, según confiesa él mismo, tenaz e independiente.
El profesional de 47 años habla de su progenitor sin rencor, desde la comprensión y el aprendizaje que le ha aportado esta experiencia vital. Gracias a ella, afirma, sabe qué busca en la vida y qué tipo de relación quiere construir con sus propios hijos.
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Francisco J. Jurado
La decisión que marcó el rumbo de vida: «Jamás le pedí dinero»
En la íntima entrevista que concede al podcast B3tter, el chef español recuerda una anécdota que supuso un punto de inflexión en su vínculo con su padre: «Cuando le pedí dinero una vez, me respondió tan mal y me dio tanto asco que jamás le pedí dinero».
Aquel episodio fue tan determinante que le llevó a tomar decisiones extremas: «Me molestaba pedirle dinero, me molestó que me pagase el colegio y lo dejé y me puse a currar muy jovencito», añade. Una postura tan firme que se mantuvo incluso tras el fallecimiento de su padre: «Cuando murió, no quise su dinero tampoco».
Aun así, Cruz evitó caer en el odio y utilizó esta lección para forjarse un futuro sólido: «Nunca me ha dado rabia mi padre. Con él aprendí que, si quería algo, tenía que valerme por mí mismo y de mis herramientas para lograrlo».
Otro suceso revelador fue cuando descubrió un maletín lleno de recortes de prensa sobre su carrera y le escuchó presumir ante sus amigos, refiriéndose a él como «mi hijo, el Michelín». Un reconocimiento que, sin embargo, nunca llegó en privado.
«¿Por qué nunca me lo dijo a mí?», se pregunta, aunque, una vez más, sin juzgarlo. «No podía, no puedes echar en cara a alguien el no hacer algo que no sabe hacer, que no lo ha aprendido, que no tiene ni idea», zanja.
Una lección muy valiosa: «Estoy encantado de que haber aprendido a ganarme la vida»
Pese a todo, asegura guardar «un buen recuerdo» de su padre por el aprendizaje que le ha proporcionado: «Siempre le he querido, le he tenido. No me ha gustado su forma de ser, no la comparto, pero la he entendido porque era así».
«Prefiero haber aprendido de las cosas malas y ser una persona que se sabe buscar la vida y que de jovencito ya ha aprendido a pelearla y que es un tío tenaz porque le gusta lucharla, que no ser un blandurrio que no ha aprendido nada, que se lo han dado arreglado todo. Estoy encantado de que haber aprendido a ganarme la vida».
Eso sí, esto no quita que ahora evite seguir sus pasos: «Yo quiero disfrutar la vida. No es que no quiera ser como mi padre porque le tengo manía, no. Entendiendo sus circunstancias, pero no las quiero repetir. Quiero que las mías sean mejores y no quiero caer en lo que él cayó porque yo podría caer también».
Lo único que busca, concluye, es conseguir dos metas: «Una ya la tengo, que es sentirme realizado, y la otra es llegar a disfrutar de esa realización y ser feliz y pasarlo bien».
En cuanto a sus hijos, busca darles una buena educación sin restarles personalidad: «Tengo dos chavales que están hechos de cartón piedra, una cosa maravillosa, están hechos como por encargo: guapos, simpáticos, divertidos y listos. Mi objetivo es no cargarme eso que ya traen de base. Solo pues para que no se la peguen y sean conscientes de que cuando salen a la calle hay peligros y hay gente de todo».
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