Cuando Jorge Cadaval se transforma en Antonia, cualquier cosa, por surrealista que nos parezca, puede hacerse realidad. Por ejemplo, verla convertida en candidata a las elecciones generales. Es la idea de su nuevo show, ‘Bota Antonia’, en plena gira : «El eslogan es ‘sentido común’, pero no en el sentido que la ultraderecha nos intentó copiar, sino en el de que se aplique la igualdad, la justicia, el derecho a una vivienda, a que todos lleguen con dignidad a fin de mes o a que los mayores tengan su pensión a salvo. La Sanidad y la Educación deben ser intocables. Antonia da la cara y da un buen repaso a todos los políticos. Para ella, los extremos no son buenos» «Ahora hay mucha crispación y han aparecido movimientos populistas que no deben conducirnos a repetir errores del pasado. Muchos jóvenes no saben qué es luchar por sus derechos. pero a mí nadie va a tocármelos, ni va a quitarme libertades, porque no lo voy a consentir. Antes me tienen que matar», ha añadido.Jorge sabe que el humor es algo muy serio: «Mi hermano César y yo nos lo curramos en cada espectáculo. A mucha gente le sorprendería saber que la compañía está compuesta por 28 personas , pero es un equipo engrasado y cada uno sabe cómo hacer su trabajo lo mejor posible. Antonia no se rinde nunca. Y menos cuando la gente necesita desconectar, no pensar en sus problemas, reír a gusto.» Los Cadaval conocen la receta que pide el público en estos momentos: «Somos un clan, vamos todos a una, lo tenemos claro».A pesar de tanto bolo, Jorge se hace sus escapadas junto a su marido, Ken, con el que lleva casi dos décadas de amor y aventuras por el mundo: «Somos buenos compañeros de viaje, no podemos pegas, negociamos fácilmente e intentamos verlo todo. Para eso somos pareja, aunque tenemos la suerte de coincidir en gustos. No solo nos llama la atención los mismo destinos, también somos de combinar las actividades, lo mismo vamos a ver un museo o un monumento que nos apuntamos a un curso de buceo o visitamos un parque con tirolinas. Lo único que buscamos es divertirnos . Con él estoy a gusto, disfruto mucho.» Pase lo que pase, Jorge sabe que no puede faltar su cita navideña en Detroit, Michigan, con la familia de Ken: «Es una tradición más. Me encanta compartir esas fechas con ellos».«Prefiero mimetizarme, ser uno más y mezclarme con la gente»Después de tantos años juntos, la química entre la pareja se aprecia también en el humor que demuestran en sus redes sociales, en las que comparten breves, pero muy divertidos ‘sketches’ que graban mientras desayunan en el hotel o aprovechan un descanso en una excursión. Eso sí, Jorge reconoce una costumbre que le ha acompañado desde joven : «Cuando viajo, me gusta hacerlo para darme el gusto, así que elijo hoteles para dormir bien, restaurantes para comer bien… No viajo para sufrir, sino para disfrutar. También me gusta adaptarme a las costumbres locales, no soy de esos que creen que lo suyo es lo mejor, para nada, cada sitio tiene sus encantos y me gusta apreciarlo».En Sevilla tiene su casa en Triana, cerca del mercado, siempre lleno de extranjeros. Piensa en ellos cuando no está en España: «No me quiero sentir un turista, como ellos, prefiero mimetizarme, ser uno más y mezclarme con la gente. Me gusta visitar los mercados por ese motivo, me pierdo entre los que están comprando en los puestos. Descubro la vecindad, veo las cosas con los ojos de quienes las viven».Hay lugares que le han dejado desconcertado, como la India: «No llego a entender el sistema de castas, es tremendamente injusto», y otros que le han fascinado, como Argentina: «Me impresionó Ushuaia y descubrir el fin del mundo, pero nada como ver de cerca un cóndor, es majestuoso», o Tanzania: «Había visto documentales y los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, pero cuando vi de cerca el Serengeti, esa pradera volcánica que realmente es un paraíso, me eché a llorar de la emoción. Recuerdo que mi impulso fue besar la tierra cuando bajé del coche en el Parque Nacional alrededor del Ngorongoro». Esas son las experiencias que merecen la pena, las que nadie nos puede arrebatar.Jorge Cadaval y su marido, Ken Appledorn. CedidaGUIA DE VIAJEPrimer viaje en solitario : A los 17 años me fui a Ámsterdam en busca de la libertad. No iba de mochilero, pero fue una aventura. Recuerdo que merendaba bizcocho con marihuana en un ‘coffee shop’ y me ponía vacilón.Un lugar al que volver: A Tanzania, al cráter Ngorongoro. Además, en el volcán hay una reserva natural que me fascina. Me encantan los animales, de hecho, yo habría sido veterinario de no haber empezado en el humor.Un lugar al que no volver: A ningún destino en el que no me sienta seguro. Me gusta pasear tranquilamente sin tener que estar mirando atrás para comprobar que no me siguen.Un lugar soñado: Alaska, estamos locos por ir, porque nos gusta el frío. Iremos sus paisajes, pero sobre todo para ver osos polares.Un amor de verano: En Ibiza, con un canadiense que trabajaba como trapecista. Tenía 22 años.Un famoso con el que ir al fin del mundo: Con Jesús Vázquez. Cuando nos conocimos, conectamos de inmediato. Le quiero mucho, somos como hermanos.Lo que no falta en su maleta: Mi cepillo de dientes. Lo reconozco, soy un maniático de la higiene bucal. Y mi almohada, para poder dormirme.Lo que se olvida meter en la maleta: Las cosas más sencillas y tontas, como los calcetines.Pasó miedo en: ¿Cómo voy a pasar miedo en ningún sitio si crecí en un barrio en el que me acosaban y tuve que aprender a llevar una coraza! Soy valiente, pero también soy consciente de los sitios que debo evitar por precaución.Terminó en hospital/consulado/comisaría en: Nada, ninguno. Ahora bien, he hecho carreras por los aeropuertos como para ganar una medalla.La foto: En Japón tuvimos, seguramente, el mayor ‘shock’ cultural. La arquitectura, la tecnología, la educación de la gente, la limpieza, los baños, sobre todo los baños, con tantos botones, mandos y ese chorrito que le saca brillo a las entrañas. Es otro mundo. Cuando Jorge Cadaval se transforma en Antonia, cualquier cosa, por surrealista que nos parezca, puede hacerse realidad. Por ejemplo, verla convertida en candidata a las elecciones generales. Es la idea de su nuevo show, ‘Bota Antonia’, en plena gira : «El eslogan es ‘sentido común’, pero no en el sentido que la ultraderecha nos intentó copiar, sino en el de que se aplique la igualdad, la justicia, el derecho a una vivienda, a que todos lleguen con dignidad a fin de mes o a que los mayores tengan su pensión a salvo. La Sanidad y la Educación deben ser intocables. Antonia da la cara y da un buen repaso a todos los políticos. Para ella, los extremos no son buenos» «Ahora hay mucha crispación y han aparecido movimientos populistas que no deben conducirnos a repetir errores del pasado. Muchos jóvenes no saben qué es luchar por sus derechos. pero a mí nadie va a tocármelos, ni va a quitarme libertades, porque no lo voy a consentir. Antes me tienen que matar», ha añadido.Jorge sabe que el humor es algo muy serio: «Mi hermano César y yo nos lo curramos en cada espectáculo. A mucha gente le sorprendería saber que la compañía está compuesta por 28 personas , pero es un equipo engrasado y cada uno sabe cómo hacer su trabajo lo mejor posible. Antonia no se rinde nunca. Y menos cuando la gente necesita desconectar, no pensar en sus problemas, reír a gusto.» Los Cadaval conocen la receta que pide el público en estos momentos: «Somos un clan, vamos todos a una, lo tenemos claro».A pesar de tanto bolo, Jorge se hace sus escapadas junto a su marido, Ken, con el que lleva casi dos décadas de amor y aventuras por el mundo: «Somos buenos compañeros de viaje, no podemos pegas, negociamos fácilmente e intentamos verlo todo. Para eso somos pareja, aunque tenemos la suerte de coincidir en gustos. No solo nos llama la atención los mismo destinos, también somos de combinar las actividades, lo mismo vamos a ver un museo o un monumento que nos apuntamos a un curso de buceo o visitamos un parque con tirolinas. Lo único que buscamos es divertirnos . Con él estoy a gusto, disfruto mucho.» Pase lo que pase, Jorge sabe que no puede faltar su cita navideña en Detroit, Michigan, con la familia de Ken: «Es una tradición más. Me encanta compartir esas fechas con ellos».«Prefiero mimetizarme, ser uno más y mezclarme con la gente»Después de tantos años juntos, la química entre la pareja se aprecia también en el humor que demuestran en sus redes sociales, en las que comparten breves, pero muy divertidos ‘sketches’ que graban mientras desayunan en el hotel o aprovechan un descanso en una excursión. Eso sí, Jorge reconoce una costumbre que le ha acompañado desde joven : «Cuando viajo, me gusta hacerlo para darme el gusto, así que elijo hoteles para dormir bien, restaurantes para comer bien… No viajo para sufrir, sino para disfrutar. También me gusta adaptarme a las costumbres locales, no soy de esos que creen que lo suyo es lo mejor, para nada, cada sitio tiene sus encantos y me gusta apreciarlo».En Sevilla tiene su casa en Triana, cerca del mercado, siempre lleno de extranjeros. Piensa en ellos cuando no está en España: «No me quiero sentir un turista, como ellos, prefiero mimetizarme, ser uno más y mezclarme con la gente. Me gusta visitar los mercados por ese motivo, me pierdo entre los que están comprando en los puestos. Descubro la vecindad, veo las cosas con los ojos de quienes las viven».Hay lugares que le han dejado desconcertado, como la India: «No llego a entender el sistema de castas, es tremendamente injusto», y otros que le han fascinado, como Argentina: «Me impresionó Ushuaia y descubrir el fin del mundo, pero nada como ver de cerca un cóndor, es majestuoso», o Tanzania: «Había visto documentales y los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, pero cuando vi de cerca el Serengeti, esa pradera volcánica que realmente es un paraíso, me eché a llorar de la emoción. Recuerdo que mi impulso fue besar la tierra cuando bajé del coche en el Parque Nacional alrededor del Ngorongoro». Esas son las experiencias que merecen la pena, las que nadie nos puede arrebatar.Jorge Cadaval y su marido, Ken Appledorn. CedidaGUIA DE VIAJEPrimer viaje en solitario : A los 17 años me fui a Ámsterdam en busca de la libertad. No iba de mochilero, pero fue una aventura. Recuerdo que merendaba bizcocho con marihuana en un ‘coffee shop’ y me ponía vacilón.Un lugar al que volver: A Tanzania, al cráter Ngorongoro. Además, en el volcán hay una reserva natural que me fascina. Me encantan los animales, de hecho, yo habría sido veterinario de no haber empezado en el humor.Un lugar al que no volver: A ningún destino en el que no me sienta seguro. Me gusta pasear tranquilamente sin tener que estar mirando atrás para comprobar que no me siguen.Un lugar soñado: Alaska, estamos locos por ir, porque nos gusta el frío. Iremos sus paisajes, pero sobre todo para ver osos polares.Un amor de verano: En Ibiza, con un canadiense que trabajaba como trapecista. Tenía 22 años.Un famoso con el que ir al fin del mundo: Con Jesús Vázquez. Cuando nos conocimos, conectamos de inmediato. Le quiero mucho, somos como hermanos.Lo que no falta en su maleta: Mi cepillo de dientes. Lo reconozco, soy un maniático de la higiene bucal. Y mi almohada, para poder dormirme.Lo que se olvida meter en la maleta: Las cosas más sencillas y tontas, como los calcetines.Pasó miedo en: ¿Cómo voy a pasar miedo en ningún sitio si crecí en un barrio en el que me acosaban y tuve que aprender a llevar una coraza! Soy valiente, pero también soy consciente de los sitios que debo evitar por precaución.Terminó en hospital/consulado/comisaría en: Nada, ninguno. Ahora bien, he hecho carreras por los aeropuertos como para ganar una medalla.La foto: En Japón tuvimos, seguramente, el mayor ‘shock’ cultural. La arquitectura, la tecnología, la educación de la gente, la limpieza, los baños, sobre todo los baños, con tantos botones, mandos y ese chorrito que le saca brillo a las entrañas. Es otro mundo.
Cuando Jorge Cadaval se transforma en Antonia, cualquier cosa, por surrealista que nos parezca, puede hacerse realidad. Por ejemplo, verla convertida en candidata a las elecciones generales. Es la idea de su nuevo show, ‘Bota Antonia’, en plena gira: «El eslogan es ‘sentido común’, … pero no en el sentido que la ultraderecha nos intentó copiar, sino en el de que se aplique la igualdad, la justicia, el derecho a una vivienda, a que todos lleguen con dignidad a fin de mes o a que los mayores tengan su pensión a salvo. La Sanidad y la Educación deben ser intocables. Antonia da la cara y da un buen repaso a todos los políticos. Para ella, los extremos no son buenos»
«Ahora hay mucha crispación y han aparecido movimientos populistas que no deben conducirnos a repetir errores del pasado. Muchos jóvenes no saben qué es luchar por sus derechos. pero a mí nadie va a tocármelos, ni va a quitarme libertades, porque no lo voy a consentir. Antes me tienen que matar», ha añadido.
Jorge sabe que el humor es algo muy serio: «Mi hermano César y yo nos lo curramos en cada espectáculo. A mucha gente le sorprendería saber que la compañía está compuesta por 28 personas, pero es un equipo engrasado y cada uno sabe cómo hacer su trabajo lo mejor posible. Antonia no se rinde nunca. Y menos cuando la gente necesita desconectar, no pensar en sus problemas, reír a gusto.» Los Cadaval conocen la receta que pide el público en estos momentos: «Somos un clan, vamos todos a una, lo tenemos claro».
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A pesar de tanto bolo, Jorge se hace sus escapadas junto a su marido, Ken, con el que lleva casi dos décadas de amor y aventuras por el mundo: «Somos buenos compañeros de viaje, no podemos pegas, negociamos fácilmente e intentamos verlo todo. Para eso somos pareja, aunque tenemos la suerte de coincidir en gustos. No solo nos llama la atención los mismo destinos, también somos de combinar las actividades, lo mismo vamos a ver un museo o un monumento que nos apuntamos a un curso de buceo o visitamos un parque con tirolinas. Lo único que buscamos es divertirnos. Con él estoy a gusto, disfruto mucho.» Pase lo que pase, Jorge sabe que no puede faltar su cita navideña en Detroit, Michigan, con la familia de Ken: «Es una tradición más. Me encanta compartir esas fechas con ellos».
«Prefiero mimetizarme, ser uno más y mezclarme con la gente»
Después de tantos años juntos, la química entre la pareja se aprecia también en el humor que demuestran en sus redes sociales, en las que comparten breves, pero muy divertidos ‘sketches’ que graban mientras desayunan en el hotel o aprovechan un descanso en una excursión. Eso sí, Jorge reconoce una costumbre que le ha acompañado desde joven: «Cuando viajo, me gusta hacerlo para darme el gusto, así que elijo hoteles para dormir bien, restaurantes para comer bien… No viajo para sufrir, sino para disfrutar. También me gusta adaptarme a las costumbres locales, no soy de esos que creen que lo suyo es lo mejor, para nada, cada sitio tiene sus encantos y me gusta apreciarlo».
En Sevilla tiene su casa en Triana, cerca del mercado, siempre lleno de extranjeros. Piensa en ellos cuando no está en España: «No me quiero sentir un turista, como ellos, prefiero mimetizarme, ser uno más y mezclarme con la gente. Me gusta visitar los mercados por ese motivo, me pierdo entre los que están comprando en los puestos. Descubro la vecindad, veo las cosas con los ojos de quienes las viven».
Hay lugares que le han dejado desconcertado, como la India: «No llego a entender el sistema de castas, es tremendamente injusto», y otros que le han fascinado, como Argentina: «Me impresionó Ushuaia y descubrir el fin del mundo, pero nada como ver de cerca un cóndor, es majestuoso», o Tanzania: «Había visto documentales y los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, pero cuando vi de cerca el Serengeti, esa pradera volcánica que realmente es un paraíso, me eché a llorar de la emoción. Recuerdo que mi impulso fue besar la tierra cuando bajé del coche en el Parque Nacional alrededor del Ngorongoro». Esas son las experiencias que merecen la pena, las que nadie nos puede arrebatar.

(Cedida)
GUIA DE VIAJE
Primer viaje en solitario: A los 17 años me fui a Ámsterdam en busca de la libertad. No iba de mochilero, pero fue una aventura. Recuerdo que merendaba bizcocho con marihuana en un ‘coffee shop’ y me ponía vacilón.
Un lugar al que volver: A Tanzania, al cráter Ngorongoro. Además, en el volcán hay una reserva natural que me fascina. Me encantan los animales, de hecho, yo habría sido veterinario de no haber empezado en el humor.
Un lugar al que no volver: A ningún destino en el que no me sienta seguro. Me gusta pasear tranquilamente sin tener que estar mirando atrás para comprobar que no me siguen.
Un lugar soñado: Alaska, estamos locos por ir, porque nos gusta el frío. Iremos sus paisajes, pero sobre todo para ver osos polares.
Un amor de verano: En Ibiza, con un canadiense que trabajaba como trapecista. Tenía 22 años.
Un famoso con el que ir al fin del mundo: Con Jesús Vázquez. Cuando nos conocimos, conectamos de inmediato. Le quiero mucho, somos como hermanos.
Lo que no falta en su maleta: Mi cepillo de dientes. Lo reconozco, soy un maniático de la higiene bucal. Y mi almohada, para poder dormirme.
Lo que se olvida meter en la maleta: Las cosas más sencillas y tontas, como los calcetines.
Pasó miedo en: ¿Cómo voy a pasar miedo en ningún sitio si crecí en un barrio en el que me acosaban y tuve que aprender a llevar una coraza! Soy valiente, pero también soy consciente de los sitios que debo evitar por precaución.
Terminó en hospital/consulado/comisaría en: Nada, ninguno. Ahora bien, he hecho carreras por los aeropuertos como para ganar una medalla.
La foto: En Japón tuvimos, seguramente, el mayor ‘shock’ cultural. La arquitectura, la tecnología, la educación de la gente, la limpieza, los baños, sobre todo los baños, con tantos botones, mandos y ese chorrito que le saca brillo a las entrañas. Es otro mundo.
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