Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  José Manuel Zapata, tenor: «Subirse al escenario siempre es una remontada»
Cultura

José Manuel Zapata, tenor: «Subirse al escenario siempre es una remontada»

agosto 1, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

El tenor José Manuel Zapata avanza por el Ambigú del Teatro de la Zarzuela . Rossiniano y belcantista, alegre y generoso, Zapata responde a estas y aquellas preguntas con una sonrisa en el rostro. Ha actuado en algunos de los principales escenarios del mundo, entre ellos el Metropolitan Opera de Nueva York, el Teatro Real, el Gran Teatre del Liceu y el Rossini Opera Festival , lo cual no le impide llevar adelante una intensa labor divulgativa para acercar la música clásica a nuevos públicos mediante conferencias, espectáculos, radio y televisión. Desde libros como ‘Música para la vida’ hasta formar parte del jurado del programa ‘Aria, locos por la ópera’, de RTVE, para José Manuel Zapata la música está en todas partes y a ella dedica todo su talento y sus esfuerzos, día tras día. Ha sido todos los hombres de Rossini, Apolo con Monteverdi y hasta la bruja de ‘Hänsel und Gretel’ de Humperdinck. Si alguien conoce muy bien el esfuerzo de levantar el telón, ese es Zapata. Es, pues, el entrevistado de esta semana en ‘El verano de nuestra remontada’.—¿Qué significa para usted una remontada en el mundo de la lírica?—Subirse al escenario siempre es una remontada, tanto de lo muy bueno como de lo no tan bueno que ocurrió antes. Buscar hoy lo bueno que tuviste ayer es empezar de nuevo. Cada vez que te subes a un escenario tienes que dar el máximo y estar preparado para ello. Es una presión continua, pero también hermosa, porque al final el escenario es una especie de droga que te lleva a dejar un pedazo de tu alma para la gente. Sí, para mí sabe completamente a remontada.—¿La voz también remonta?—Es el instrumento más complicado del mundo. Cuando cantas no ves cómo funciona: son unas cuerdas diminutas que vibran gracias al aire que impulsa el aparato respiratorio. Tener un control absoluto es dificilísimo. Además, hay un factor aún más complejo: la voz es profundamente emocional. Es el espejo del alma. No puedes dejarla guardada en un cajón; está siempre contigo y todas las emociones la afectan.—¿Se reinventa entonces la voz?—Prácticamente todos los cantantes evolucionan. Hay excepciones extraordinarias, como Alfredo Kraus, que siempre interpretó el repertorio para el que estaba diseñado su instrumento y nunca salió de él. Pero el noventa y nueve por ciento de los cantantes de ópera tiene que adaptarse porque la voz cambia. Eso obliga a reconstruirse continuamente, porque la voz está viva igual que tú. No tienes la misma fuerza ni la misma agilidad a los treinta que a los sesenta.—¿Hasta qué punto distrae al cantante todo lo que sucede en la sala?—El mayor enemigo no son los caramelos, las toses ni los teléfonos. El mayor enemigo eres tú mismo. La verdadera lucha es contra tu propia autoexigencia.—¿Hay escenarios cuya historia pese especialmente?—Sí. Cuando cantas en el Metropolitan Opera piensas que hace apenas unos años, en esas mismas tablas, estaba Pavarotti recibiendo veinte minutos de aplausos después de ‘La bohème’. Estar ahí impresiona muchísimo. Además, sabes que el público es extremadamente exigente. Siempre están quienes desean escuchar exactamente lo mismo que escucharon hace sesenta años. El peso de esa tradición es enorme y recuperarte emocionalmente después de una actuación en esos escenarios resulta difícil.—Usted siempre ha defendido sacar la ópera de sus espacios tradicionales.—En ese sentido soy un rara avis. He sido jurado de un talent televisivo y recuerdo haber animado a jóvenes cantantes a presentarse a un casting. Muchos me respondían que no querían salir en televisión porque consideraban que era un medio que desprestigiaba la ópera. Yo siempre les decía lo contrario: nuestro mundo tiene que darse a conocer. Cuando los Tres Tenores cantaron en Caracalla en 1990 abrieron la música lírica al mundo. Aquello no era una representación de ópera, claro que no, pero emocionó a millones de personas. ¿Por qué renunciar a eso? A veces el público más entendido es también el que menos disfruta. Llega al teatro después de haber escuchado cuarenta versiones distintas de la misma ópera y entra con todas esas voces resonando en la cabeza. Es un público muy difícil de satisfacer. Ahora bien, cuando vive una de esas noches mágicas —con artistas como Nadine Sierra o Javier Camarena en estado de gracia— son las personas más felices del mundo. Lo que ocurre es que alcanzar esa excelencia no sucede todos los días.—Hoy la imagen también condiciona el oficio, y mucho.—A estas alturas es irrenunciable. Yo llegué a pesar ciento cincuenta kilos y me operé, no para conseguir determinados papeles, porque nunca iba a interpretar a un galán y tampoco pretendía hacerlo, sino por salud. No quería morirme. Hay ejemplos admirables, como el de Lisette Oropesa, que transformó completamente su físico con deporte y dieta. Solo puedo decir: olé. Primero por salud y, segundo, porque el aspecto también ayuda a construir un personaje.—«El mayor enemigo no son los caramelos, las toses ni los teléfonos. El mayor enemigo eres tú mismo. La verdadera lucha es contra tu propia autoexigencia». TANIA SIEIRA—¿Cuál ha sido la gran remontada de su carrera?—Ocurrió en Valencia. Llegué a la Escuela Superior de Canto de Madrid con toda la ilusión del mundo. Era muy joven, quería aprender y me encontré con un entorno que funcionaba a otra velocidad y con otros intereses. Poco a poco fui perdiendo la confianza. No me lesioné las cuerdas vocales; lo que se deterioró fue mi seguridad. La remontada llegó gracias a Ana Luisa Chova. Me puso una mano sobre el hombro y me dijo: «Espera. Vamos despacio. Eres muy joven. Tienes toda la vida por delante». Aquellas palabras me devolvieron la calma. Al final, no se trataba solo de recuperar la voz, sino de recuperar a la persona. Necesitaba a alguien que me tranquilizara, me transmitiera paz y me ayudara a volver a confiar. Esa fue la gran diferencia y el verdadero punto de inflexión de mi carrera.—¿Cuál ha sido el mejor consejo que ha recibido?—Me lo dio el tenor Pedro Lavirgen cuando yo empezaba. Fui a recibir unas clases con él y me dijo una frase que no he olvidado nunca: «Autovalórate correctamente». Tienes que saber cuál es tu talento, cuál es tu voz y qué puedes ofrecer con ella. Nadie puede descubrir eso por ti. Yo intento aplicar ese principio a toda mi vida. Cuando descubras cuál es realmente tu talento y tu propósito, entrégate por completo. Trabaja sin descanso, insiste una y otra vez. Pero también hay que ser honesto. Si quieres cantar ópera y la naturaleza no te ha dado la voz necesaria, hay que aceptarlo. He visto personas invertir años y muchísimo dinero en estudios sin tener realmente ese instrumento. A veces uno mismo es el primero que debe escucharse con sinceridad y entender que quizá su camino está en otro lugar. No pasa nada por descubrirlo a tiempo.—Si piensa en el verano, ¿qué compositor le viene inmediatamente a la cabeza?—Rossini. Todo el repertorio rossiniano transmite frescura y alegría de vivir. He tenido la suerte de interpretar ‘La pietra del paragone’. Recuerdo especialmente una producción de Pier Luigi Pizzi en el Teatro Real ambientada alrededor de una piscina, donde los propios cantantes terminaban bañándose durante la representación. Era una propuesta llena de vitalidad. Además, he ido muchas veces al Festival de Pésaro y he cantado con frecuencia en Italia, en el Rossini Opera Festival. Para mí Rossini representa exactamente eso: el verano y la alegría de vivir. El tenor José Manuel Zapata avanza por el Ambigú del Teatro de la Zarzuela . Rossiniano y belcantista, alegre y generoso, Zapata responde a estas y aquellas preguntas con una sonrisa en el rostro. Ha actuado en algunos de los principales escenarios del mundo, entre ellos el Metropolitan Opera de Nueva York, el Teatro Real, el Gran Teatre del Liceu y el Rossini Opera Festival , lo cual no le impide llevar adelante una intensa labor divulgativa para acercar la música clásica a nuevos públicos mediante conferencias, espectáculos, radio y televisión. Desde libros como ‘Música para la vida’ hasta formar parte del jurado del programa ‘Aria, locos por la ópera’, de RTVE, para José Manuel Zapata la música está en todas partes y a ella dedica todo su talento y sus esfuerzos, día tras día. Ha sido todos los hombres de Rossini, Apolo con Monteverdi y hasta la bruja de ‘Hänsel und Gretel’ de Humperdinck. Si alguien conoce muy bien el esfuerzo de levantar el telón, ese es Zapata. Es, pues, el entrevistado de esta semana en ‘El verano de nuestra remontada’.—¿Qué significa para usted una remontada en el mundo de la lírica?—Subirse al escenario siempre es una remontada, tanto de lo muy bueno como de lo no tan bueno que ocurrió antes. Buscar hoy lo bueno que tuviste ayer es empezar de nuevo. Cada vez que te subes a un escenario tienes que dar el máximo y estar preparado para ello. Es una presión continua, pero también hermosa, porque al final el escenario es una especie de droga que te lleva a dejar un pedazo de tu alma para la gente. Sí, para mí sabe completamente a remontada.—¿La voz también remonta?—Es el instrumento más complicado del mundo. Cuando cantas no ves cómo funciona: son unas cuerdas diminutas que vibran gracias al aire que impulsa el aparato respiratorio. Tener un control absoluto es dificilísimo. Además, hay un factor aún más complejo: la voz es profundamente emocional. Es el espejo del alma. No puedes dejarla guardada en un cajón; está siempre contigo y todas las emociones la afectan.—¿Se reinventa entonces la voz?—Prácticamente todos los cantantes evolucionan. Hay excepciones extraordinarias, como Alfredo Kraus, que siempre interpretó el repertorio para el que estaba diseñado su instrumento y nunca salió de él. Pero el noventa y nueve por ciento de los cantantes de ópera tiene que adaptarse porque la voz cambia. Eso obliga a reconstruirse continuamente, porque la voz está viva igual que tú. No tienes la misma fuerza ni la misma agilidad a los treinta que a los sesenta.—¿Hasta qué punto distrae al cantante todo lo que sucede en la sala?—El mayor enemigo no son los caramelos, las toses ni los teléfonos. El mayor enemigo eres tú mismo. La verdadera lucha es contra tu propia autoexigencia.—¿Hay escenarios cuya historia pese especialmente?—Sí. Cuando cantas en el Metropolitan Opera piensas que hace apenas unos años, en esas mismas tablas, estaba Pavarotti recibiendo veinte minutos de aplausos después de ‘La bohème’. Estar ahí impresiona muchísimo. Además, sabes que el público es extremadamente exigente. Siempre están quienes desean escuchar exactamente lo mismo que escucharon hace sesenta años. El peso de esa tradición es enorme y recuperarte emocionalmente después de una actuación en esos escenarios resulta difícil.—Usted siempre ha defendido sacar la ópera de sus espacios tradicionales.—En ese sentido soy un rara avis. He sido jurado de un talent televisivo y recuerdo haber animado a jóvenes cantantes a presentarse a un casting. Muchos me respondían que no querían salir en televisión porque consideraban que era un medio que desprestigiaba la ópera. Yo siempre les decía lo contrario: nuestro mundo tiene que darse a conocer. Cuando los Tres Tenores cantaron en Caracalla en 1990 abrieron la música lírica al mundo. Aquello no era una representación de ópera, claro que no, pero emocionó a millones de personas. ¿Por qué renunciar a eso? A veces el público más entendido es también el que menos disfruta. Llega al teatro después de haber escuchado cuarenta versiones distintas de la misma ópera y entra con todas esas voces resonando en la cabeza. Es un público muy difícil de satisfacer. Ahora bien, cuando vive una de esas noches mágicas —con artistas como Nadine Sierra o Javier Camarena en estado de gracia— son las personas más felices del mundo. Lo que ocurre es que alcanzar esa excelencia no sucede todos los días.—Hoy la imagen también condiciona el oficio, y mucho.—A estas alturas es irrenunciable. Yo llegué a pesar ciento cincuenta kilos y me operé, no para conseguir determinados papeles, porque nunca iba a interpretar a un galán y tampoco pretendía hacerlo, sino por salud. No quería morirme. Hay ejemplos admirables, como el de Lisette Oropesa, que transformó completamente su físico con deporte y dieta. Solo puedo decir: olé. Primero por salud y, segundo, porque el aspecto también ayuda a construir un personaje.—«El mayor enemigo no son los caramelos, las toses ni los teléfonos. El mayor enemigo eres tú mismo. La verdadera lucha es contra tu propia autoexigencia». TANIA SIEIRA—¿Cuál ha sido la gran remontada de su carrera?—Ocurrió en Valencia. Llegué a la Escuela Superior de Canto de Madrid con toda la ilusión del mundo. Era muy joven, quería aprender y me encontré con un entorno que funcionaba a otra velocidad y con otros intereses. Poco a poco fui perdiendo la confianza. No me lesioné las cuerdas vocales; lo que se deterioró fue mi seguridad. La remontada llegó gracias a Ana Luisa Chova. Me puso una mano sobre el hombro y me dijo: «Espera. Vamos despacio. Eres muy joven. Tienes toda la vida por delante». Aquellas palabras me devolvieron la calma. Al final, no se trataba solo de recuperar la voz, sino de recuperar a la persona. Necesitaba a alguien que me tranquilizara, me transmitiera paz y me ayudara a volver a confiar. Esa fue la gran diferencia y el verdadero punto de inflexión de mi carrera.—¿Cuál ha sido el mejor consejo que ha recibido?—Me lo dio el tenor Pedro Lavirgen cuando yo empezaba. Fui a recibir unas clases con él y me dijo una frase que no he olvidado nunca: «Autovalórate correctamente». Tienes que saber cuál es tu talento, cuál es tu voz y qué puedes ofrecer con ella. Nadie puede descubrir eso por ti. Yo intento aplicar ese principio a toda mi vida. Cuando descubras cuál es realmente tu talento y tu propósito, entrégate por completo. Trabaja sin descanso, insiste una y otra vez. Pero también hay que ser honesto. Si quieres cantar ópera y la naturaleza no te ha dado la voz necesaria, hay que aceptarlo. He visto personas invertir años y muchísimo dinero en estudios sin tener realmente ese instrumento. A veces uno mismo es el primero que debe escucharse con sinceridad y entender que quizá su camino está en otro lugar. No pasa nada por descubrirlo a tiempo.—Si piensa en el verano, ¿qué compositor le viene inmediatamente a la cabeza?—Rossini. Todo el repertorio rossiniano transmite frescura y alegría de vivir. He tenido la suerte de interpretar ‘La pietra del paragone’. Recuerdo especialmente una producción de Pier Luigi Pizzi en el Teatro Real ambientada alrededor de una piscina, donde los propios cantantes terminaban bañándose durante la representación. Era una propuesta llena de vitalidad. Además, he ido muchas veces al Festival de Pésaro y he cantado con frecuencia en Italia, en el Rossini Opera Festival. Para mí Rossini representa exactamente eso: el verano y la alegría de vivir.  

El tenor José Manuel Zapata avanza por el Ambigú del Teatro de la Zarzuela. Rossiniano y belcantista, alegre y generoso, Zapata responde a estas y aquellas preguntas con una sonrisa en el rostro. Ha actuado en algunos de los principales escenarios del mundo, entre … ellos el Metropolitan Opera de Nueva York, el Teatro Real, el Gran Teatre del Liceu y el Rossini Opera Festival, lo cual no le impide llevar adelante una intensa labor divulgativa para acercar la música clásica a nuevos públicos mediante conferencias, espectáculos, radio y televisión. Desde libros como ‘Música para la vida’ hasta formar parte del jurado del programa ‘Aria, locos por la ópera’, de RTVE, para José Manuel Zapata la música está en todas partes y a ella dedica todo su talento y sus esfuerzos, día tras día. Ha sido todos los hombres de Rossini, Apolo con Monteverdi y hasta la bruja de ‘Hänsel und Gretel’ de Humperdinck. Si alguien conoce muy bien el esfuerzo de levantar el telón, ese es Zapata. Es, pues, el entrevistado de esta semana en ‘El verano de nuestra remontada’.

—¿Qué significa para usted una remontada en el mundo de la lírica?

—Subirse al escenario siempre es una remontada, tanto de lo muy bueno como de lo no tan bueno que ocurrió antes. Buscar hoy lo bueno que tuviste ayer es empezar de nuevo. Cada vez que te subes a un escenario tienes que dar el máximo y estar preparado para ello. Es una presión continua, pero también hermosa, porque al final el escenario es una especie de droga que te lleva a dejar un pedazo de tu alma para la gente. Sí, para mí sabe completamente a remontada.

—¿La voz también remonta?

—Es el instrumento más complicado del mundo. Cuando cantas no ves cómo funciona: son unas cuerdas diminutas que vibran gracias al aire que impulsa el aparato respiratorio. Tener un control absoluto es dificilísimo. Además, hay un factor aún más complejo: la voz es profundamente emocional. Es el espejo del alma. No puedes dejarla guardada en un cajón; está siempre contigo y todas las emociones la afectan.

—¿Se reinventa entonces la voz?

Newsletter

—Prácticamente todos los cantantes evolucionan. Hay excepciones extraordinarias, como Alfredo Kraus, que siempre interpretó el repertorio para el que estaba diseñado su instrumento y nunca salió de él. Pero el noventa y nueve por ciento de los cantantes de ópera tiene que adaptarse porque la voz cambia. Eso obliga a reconstruirse continuamente, porque la voz está viva igual que tú. No tienes la misma fuerza ni la misma agilidad a los treinta que a los sesenta.

—¿Hasta qué punto distrae al cantante todo lo que sucede en la sala?

—El mayor enemigo no son los caramelos, las toses ni los teléfonos. El mayor enemigo eres tú mismo. La verdadera lucha es contra tu propia autoexigencia.

—¿Hay escenarios cuya historia pese especialmente?

—Sí. Cuando cantas en el Metropolitan Opera piensas que hace apenas unos años, en esas mismas tablas, estaba Pavarotti recibiendo veinte minutos de aplausos después de ‘La bohème’. Estar ahí impresiona muchísimo. Además, sabes que el público es extremadamente exigente. Siempre están quienes desean escuchar exactamente lo mismo que escucharon hace sesenta años. El peso de esa tradición es enorme y recuperarte emocionalmente después de una actuación en esos escenarios resulta difícil.

Noticias relacionadas


  • Borja Sémper: «La enfermedad me enseñó que lo extraordinario es un vaso de agua»

    Más noticias

    Adiós a Manolo Solo, el hombre bueno de ‘Río Bravo’

    julio 30, 2026

    Vacaciones de nada

    julio 21, 2026

    Chihuahua y Tomochic: un destino, un viaje, un libro

    julio 22, 2026

    El Festival de Sitges se llena de niños perversos y poderes mentales

    julio 21, 2026

    EL VERANO DE NUESTRA REMONTADA


    • Borja Sémper: «La enfermedad me enseñó que lo extraordinario es un vaso de agua»

    Karina Sainz Borgo


  • Carolina Marín: «La vida no es un camino de rosas para nadie»

    EL VERANO DE NUESTRA REMONTADA


    • Carolina Marín: «La vida no es un camino de rosas para nadie»

    Karina Sainz Borgo

—Usted siempre ha defendido sacar la ópera de sus espacios tradicionales.

—En ese sentido soy un rara avis. He sido jurado de un talent televisivo y recuerdo haber animado a jóvenes cantantes a presentarse a un casting. Muchos me respondían que no querían salir en televisión porque consideraban que era un medio que desprestigiaba la ópera. Yo siempre les decía lo contrario: nuestro mundo tiene que darse a conocer. Cuando los Tres Tenores cantaron en Caracalla en 1990 abrieron la música lírica al mundo. Aquello no era una representación de ópera, claro que no, pero emocionó a millones de personas. ¿Por qué renunciar a eso?

A veces el público más entendido es también el que menos disfruta. Llega al teatro después de haber escuchado cuarenta versiones distintas de la misma ópera y entra con todas esas voces resonando en la cabeza. Es un público muy difícil de satisfacer. Ahora bien, cuando vive una de esas noches mágicas —con artistas como Nadine Sierra o Javier Camarena en estado de gracia— son las personas más felices del mundo. Lo que ocurre es que alcanzar esa excelencia no sucede todos los días.

—Hoy la imagen también condiciona el oficio, y mucho.

—A estas alturas es irrenunciable. Yo llegué a pesar ciento cincuenta kilos y me operé, no para conseguir determinados papeles, porque nunca iba a interpretar a un galán y tampoco pretendía hacerlo, sino por salud. No quería morirme. Hay ejemplos admirables, como el de Lisette Oropesa, que transformó completamente su físico con deporte y dieta. Solo puedo decir: olé. Primero por salud y, segundo, porque el aspecto también ayuda a construir un personaje.

—«El mayor enemigo no son los caramelos, las toses ni los teléfonos. El mayor enemigo eres tú mismo. La verdadera lucha es contra tu propia autoexigencia»..
(TANIA SIEIRA)

—¿Cuál ha sido la gran remontada de su carrera?

—Ocurrió en Valencia. Llegué a la Escuela Superior de Canto de Madrid con toda la ilusión del mundo. Era muy joven, quería aprender y me encontré con un entorno que funcionaba a otra velocidad y con otros intereses. Poco a poco fui perdiendo la confianza. No me lesioné las cuerdas vocales; lo que se deterioró fue mi seguridad. La remontada llegó gracias a Ana Luisa Chova. Me puso una mano sobre el hombro y me dijo: «Espera. Vamos despacio. Eres muy joven. Tienes toda la vida por delante». Aquellas palabras me devolvieron la calma. Al final, no se trataba solo de recuperar la voz, sino de recuperar a la persona. Necesitaba a alguien que me tranquilizara, me transmitiera paz y me ayudara a volver a confiar. Esa fue la gran diferencia y el verdadero punto de inflexión de mi carrera.

—¿Cuál ha sido el mejor consejo que ha recibido?

—Me lo dio el tenor Pedro Lavirgen cuando yo empezaba. Fui a recibir unas clases con él y me dijo una frase que no he olvidado nunca: «Autovalórate correctamente». Tienes que saber cuál es tu talento, cuál es tu voz y qué puedes ofrecer con ella. Nadie puede descubrir eso por ti. Yo intento aplicar ese principio a toda mi vida. Cuando descubras cuál es realmente tu talento y tu propósito, entrégate por completo. Trabaja sin descanso, insiste una y otra vez. Pero también hay que ser honesto. Si quieres cantar ópera y la naturaleza no te ha dado la voz necesaria, hay que aceptarlo. He visto personas invertir años y muchísimo dinero en estudios sin tener realmente ese instrumento. A veces uno mismo es el primero que debe escucharse con sinceridad y entender que quizá su camino está en otro lugar. No pasa nada por descubrirlo a tiempo.

—Si piensa en el verano, ¿qué compositor le viene inmediatamente a la cabeza?

—Rossini. Todo el repertorio rossiniano transmite frescura y alegría de vivir. He tenido la suerte de interpretar ‘La pietra del paragone’. Recuerdo especialmente una producción de Pier Luigi Pizzi en el Teatro Real ambientada alrededor de una piscina, donde los propios cantantes terminaban bañándose durante la representación. Era una propuesta llena de vitalidad. Además, he ido muchas veces al Festival de Pésaro y he cantado con frecuencia en Italia, en el Rossini Opera Festival. Para mí Rossini representa exactamente eso: el verano y la alegría de vivir.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
En febrero es verano en Harare
Un megaincendio económico para un Gobierno carbonizado
Leer también
Economía

¡20.000!

agosto 3, 2026
Cultura

Deliciosa faena de Pablo Aguado, poseído por el dios de la naturalidad

agosto 2, 2026
Economía

Guerra por el contrato del siglo del agua en Barcelona

agosto 2, 2026
Economía

Empujones (nudges) que pueden ser fatales

agosto 2, 2026
Cultura

Andrés Trapiello se incorpora a las firmas de ABC

agosto 2, 2026
Economía

El Gobierno, obligado a rectificar su política energética a falta de Almaraz

agosto 2, 2026
Cargar más
Novedades

¡20.000!

agosto 3, 2026

Deliciosa faena de Pablo Aguado, poseído por el dios de la naturalidad

agosto 2, 2026

Guerra por el contrato del siglo del agua en Barcelona

agosto 2, 2026

Empujones (nudges) que pueden ser fatales

agosto 2, 2026

Andrés Trapiello se incorpora a las firmas de ABC

agosto 2, 2026

El Gobierno, obligado a rectificar su política energética a falta de Almaraz

agosto 2, 2026

Iberdrola y Endesa pagan 360 millones hasta junio en impuestos por sus centrales nucleares

agosto 2, 2026

Marta Robles: «Siempre tuve novio, nunca viví un amor de verano»

agosto 2, 2026

‘Parklife’ de Blur, la observación de la fauna humana en Magaluf

agosto 2, 2026

Michael

agosto 2, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto