Llamas a la puerta del 221B de Baker Street, no están ni Sherlock Holmes ni el Doctor Watson, sino que detrás se encuentra la fortaleza de la soledad de Juan Gómez-Jurado (1977, Madrid). El escritor abre las puertas de su mundo más privado –ni su familia puede entrar cuando trabaja–, con estanterías repletas de libros –desde la obra completa de Julio Verne, los primeros libros que leyó, hasta decenas de cómics–, además de funkos y sus imprescindibles –’El misterioso caso de Styles’ de Agatha Christie, Mortadelo y Filemón y ‘El señor de los anillos’–que, según él, «le han convertido en el escritor que es hoy». Sigues contemplando la Batcueva personal del madrileño y aparece una pared con cientos de películas extremadamente bien ordenadas y clasificadas. Esta pequeña ventana al cerebro de Gómez-Jurado se abre, exclusivamente, para charlar sobre su nueva novela, ‘Mentira’ (Ediciones B). Un libro que no pertenece al universo Reina Roja (durante la entrevista nos dejó pistas sobre su posible vuelta a ese universo), pero que es una excelente forma de acercarse a este escritor superventas para todos, incluso los pocos que nunca le hayan leído. ‘Mentira’, aunque parezca redundante, te va a mentir, pero su personaje, Eva Ramos, pretenderá hacerte sentir lo contrario. Una mentirosa profesional que solo sabe meterse en problemas, pero esta vez… será diferente.Noticia Relacionada opinion No La Tercera | Aquello de lo que no hablamos Juan Gómez-Jurado «Arturo, aunque él no se lo va a reconocer a usted ni a nadie, no ha dejado de tratar de explicar España en cada cosa que ha hecho»—Queda menos de una semana para que se publique ‘Mentira’, ¿qué se puede contar de su nueva novela?—Nada, en absoluto. Esta es una vieja pelea que tengo con uno de los enemigos de nuestro tiempo. En el catecismo te decían que los enemigos del hombre son el mundo, el demonio y la carne. Los enemigos del ser humano moderno son las redes sociales, las expectativas y otra cosa que no voy a decir. Uno de estos es precisamente el que acabas de mencionar. El problema de leer un thriller o de escuchar un disco con determinadas expectativas es que puede que alguien comience su análisis diciendo, ‘no ha cumplido mis expectativas’. Y el problema es que las tenías. —Pero hay una cosa que sí ha querido que el lector sepa…—Que no es del universo Reina Roja.—¿Por qué?—Porque necesitaba descansar del universo Reina Roja. Llevo 15 años escribiendo novelas sobre ese mundo, durante la mitad de ese tiempo sin decir que formaban parte de él. Reina Roja ha sido una gran historia que he contado a lo largo de ocho libros, pero llegó un momento satisfactorio, tenía un final abierto y es ahí exactamente donde quiero que el lector se quede unos años. Por otro lado, como escritor tenía que buscar otros modos. Había explorado un montón de cosas dentro de este universo, cada novela tiene un género, desde un thriller médico y una historia de mafias y venganza, hasta un thriller psicológico como es la propia Reina Roja. Iba cambiando, pero había alcanzado el límite de lo que podía hacer, tenía que crecer como escritor. Necesitaba buscar nuevas formas de contar.—¿Y lo has encontrado en esta novela?—Sí, porque he buscado muchas cosas dentro de mí. A la hora de contar un thriller el autor adquiere determinadas obligaciones que tienen que ver con las reglas, con la historia y con la situación del género. Le preguntaban a Kobe Bryant quién es el más grande de la historia y decía, ‘entiendo tu pregunta porque es muy jugosa, pero es una pregunta irresponsable, porque Michael Jordan hacía lo que vio hacer a Karim Abdul Jabbar y a Larry Bird y yo hago lo que le vi hacer a Jordan’. Es una cadena. Si yo ahora escribo una novela como lo hacía Agatha Christie en los años 30, me la tirarían a la cabeza, porque hacía muchísimas trampas al lector, al igual que las hacía Conan Doyle con Sherlock Holmes.«Necesitaba descansar del universo Reina Roja»—Entonces, ¿cuál es su forma de enfrentarse al género?—Yo, cada vez que me pongo delante de un libro, empiezo a analizar cuál es la manera en la que voy a contar esta historia y cada una de esas veces la analizo y tomo una serie de decisiones que definen el campo de juego. En este libro, por ejemplo, no tenemos un narrador omnisciente que va mutando a semiomnisciente, solo tenemos una voz. Esa voz, además, está narrando la historia desde una perspectiva de narrador no confiable. Esto es algo que probablemente inventase Agatha Christie en ‘El misterioso caso de Styles’, se ha hecho muchísimas veces, y yo me lo he llevado a mi punto de vista.—Pero, ¿cómo utiliza estos recursos manidos a su favor?—Una de las claves de este tipo de narrador es que no sepas que es un narrador no confiable. Y yo pensé, vamos a hacerlo desde otro punto de vista, empezando el libro con esta frase: ‘Mi trabajo es mentir, pero contigo no voy a hacerlo’. Entonces ya sabes que, evidentemente, este narrador te está mintiendo a la puta cara.—¿En qué género se integra ‘Mentira’?—En ninguno.—Y entonces, ¿qué es?—Misterio. En ‘Mentira’ hay cuatro novelas, tres partes –la primera es un thriller puro, la segunda una historia de supervivencia y la tercera es policiaca– y los ‘flashbacks’. Esta es la historia de cómo un personaje alcanza la plena conciencia de sí mismo y mientras esto sucede se está modificando el misterio. Y la diferencia con nuestros antepasados es que ellos no tenían por qué crear unos arcos de personaje tan hondos y tan profundos; Hércules Poirot o Miss Marple no lo necesitaban. Entonces, ¿qué nombre le doy a esto? No tengo ni puta idea.Juan Gómez-Jurado asegura no mentir, pero no confía tanto en su nueva protagonista Ignacio Gil—Todo guiado por un personaje, Eva Ramos, fuerte, independiente y muy mentirosa, ¿cómo la creó?—Yo estoy rodeado de personas, muchas son mujeres, a mi alrededor. Y la respuesta es a través de la empatía. Es una persona super empática.—Pero esta no es su primera vez con un personaje así, Antonia Scott en Reina Roja, por ejemplo. Parece que juega con el lector por el mero hecho de escoger una protagonista y no un protagonista.—Esto es interesante y muy revelador por cómo funciona el arco de un personaje en función de las complicaciones que puede llegar a alcanzar. Antonia Scott es muy interesante porque toma decisiones siendo madre que no debería tomar. Decisiones directamente reprobables. Pero es que ella no es una mujer, es una persona. A mí me gusta escribir personas, no voy pensando ‘voy a escribir una mujer porque una mujer actuaría de esta forma’.—Pero, ¿no cree que por ser mujer el lector tiene una reacción diferente a si fuera un hombre?—Por descontado.—¿Y por qué tiende a eso?—Porque creo que es mucho más interesante una mujer que miente que un hombre que miente. Es mucho más interesante una mujer que es madre y decide poner en peligro la vida de su hijo por sus santos cojones, como Antonia. Pero yo no escribo desde el género, sino desde el punto de vista de que un personaje sea más interesante. De hecho, mi próxima novela tiene muchos protagonistas masculinos porque es una historia de chicos.«No es tanto la historia de dos bandos como de lo fácil que es que exista una fractura»—Más allá de su protagonista, hay una historia de dos bandos enfrentados, casi una guerra civil en un pueblo asturiano, ¿qué nos puede contar sobre esto?—Vamos a intentar no utilizar dos palabras, la que empieza por G –guerra– y la que empieza por C –civil– y muy particularmente no en mayúsculas. No es tanto la historia de dos bandos como de lo fácil que es que exista una fractura. Cómo de sencillo es fracturar algo utilizando dos, tres, cuatro palabras; conviertes a personas en etiquetas y las etiquetas en competición. —¿Hasta qué punto al escribir esta historia está llenándose del poso de lo que estamos viviendo? ¿Cómo lo ve?—Indiscutiblemente influenciado. Cómo lo veo, es el libro. No voy a dar otra respuesta, sobre todo porque mi opinión como ciudadano no es importante sobre nada. Lo que yo quería decir sobre nosotros ya lo he dicho. ¿Qué es exactamente? No lo sé. —Y si no quiere dar abiertamente su opinión, ¿por qué decidió hablar de ello en su libro?—Creo que el artista tiene que hablar en las páginas, en el lienzo, en la tarjeta de memoria, en la escultura o en las teclas del piano. Creo que fuera de eso corre el riesgo de convertirse en algo que no es. Y por miedo. Creo que si soy escritor de misterio es por el miedo que me da la muerte. Tengo miedo a muchísimas cosas, a los coches, a los aviones, ahora a los trenes, a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las multitudes, a que a mis hijos les pase algo. Me levanto a veces a las tres de la mañana paralizado y diciendo, me voy a morir. Esto es… no estoy loco, simplemente son neuras que me dan y que acabo convirtiendo en arte.—¿Construir historias le ayuda a sacar esos miedos?—No es que me ayude, es que no puedo evitarlo. Quiero decir, si tú eres Iris Murdoch escribes una clase de libros, si eres Maggie O’farrell, escribes ‘Hamnet’. Cada uno vibra en frecuencias diferentes estas son las mías.—¿Le gusta pensar que al terminar un libro está dejando una lección o una moraleja?—Creo que es probablemente lo que más odiaría en el mundo. Es precisamente al contrario. Me parece que la experiencia lectora es una cuestión de colaboración. Yo no tengo una monarquía absolutista como la del Rey Sol. Él decía, ‘todo por el pueblo, por sin el pueblo’, yo soy ‘todo por el lector’. Estoy pensando constantemente en la experiencia del lector.—¿Le gusta el libro que ha escrito?—Sé que el libro es muy bueno. No es una cuestión de pretenciosidad, con ‘Reina Roja’, por ejemplo, me quedé como el 80 por ciento de lo que hubiera querido llegar a hacer. He ido subiendo ese porcentaje poco a poco y esta vez creo que es la primera vez que termino el libro y digo: ahora sí.—¿Esta novela es el principio de una nueva saga?—No, es una novela completamente independiente y autoconclusiva. Ahora voy a escribir… mejor no digo nada. Llamas a la puerta del 221B de Baker Street, no están ni Sherlock Holmes ni el Doctor Watson, sino que detrás se encuentra la fortaleza de la soledad de Juan Gómez-Jurado (1977, Madrid). El escritor abre las puertas de su mundo más privado –ni su familia puede entrar cuando trabaja–, con estanterías repletas de libros –desde la obra completa de Julio Verne, los primeros libros que leyó, hasta decenas de cómics–, además de funkos y sus imprescindibles –’El misterioso caso de Styles’ de Agatha Christie, Mortadelo y Filemón y ‘El señor de los anillos’–que, según él, «le han convertido en el escritor que es hoy». Sigues contemplando la Batcueva personal del madrileño y aparece una pared con cientos de películas extremadamente bien ordenadas y clasificadas. Esta pequeña ventana al cerebro de Gómez-Jurado se abre, exclusivamente, para charlar sobre su nueva novela, ‘Mentira’ (Ediciones B). Un libro que no pertenece al universo Reina Roja (durante la entrevista nos dejó pistas sobre su posible vuelta a ese universo), pero que es una excelente forma de acercarse a este escritor superventas para todos, incluso los pocos que nunca le hayan leído. ‘Mentira’, aunque parezca redundante, te va a mentir, pero su personaje, Eva Ramos, pretenderá hacerte sentir lo contrario. Una mentirosa profesional que solo sabe meterse en problemas, pero esta vez… será diferente.Noticia Relacionada opinion No La Tercera | Aquello de lo que no hablamos Juan Gómez-Jurado «Arturo, aunque él no se lo va a reconocer a usted ni a nadie, no ha dejado de tratar de explicar España en cada cosa que ha hecho»—Queda menos de una semana para que se publique ‘Mentira’, ¿qué se puede contar de su nueva novela?—Nada, en absoluto. Esta es una vieja pelea que tengo con uno de los enemigos de nuestro tiempo. En el catecismo te decían que los enemigos del hombre son el mundo, el demonio y la carne. Los enemigos del ser humano moderno son las redes sociales, las expectativas y otra cosa que no voy a decir. Uno de estos es precisamente el que acabas de mencionar. El problema de leer un thriller o de escuchar un disco con determinadas expectativas es que puede que alguien comience su análisis diciendo, ‘no ha cumplido mis expectativas’. Y el problema es que las tenías. —Pero hay una cosa que sí ha querido que el lector sepa…—Que no es del universo Reina Roja.—¿Por qué?—Porque necesitaba descansar del universo Reina Roja. Llevo 15 años escribiendo novelas sobre ese mundo, durante la mitad de ese tiempo sin decir que formaban parte de él. Reina Roja ha sido una gran historia que he contado a lo largo de ocho libros, pero llegó un momento satisfactorio, tenía un final abierto y es ahí exactamente donde quiero que el lector se quede unos años. Por otro lado, como escritor tenía que buscar otros modos. Había explorado un montón de cosas dentro de este universo, cada novela tiene un género, desde un thriller médico y una historia de mafias y venganza, hasta un thriller psicológico como es la propia Reina Roja. Iba cambiando, pero había alcanzado el límite de lo que podía hacer, tenía que crecer como escritor. Necesitaba buscar nuevas formas de contar.—¿Y lo has encontrado en esta novela?—Sí, porque he buscado muchas cosas dentro de mí. A la hora de contar un thriller el autor adquiere determinadas obligaciones que tienen que ver con las reglas, con la historia y con la situación del género. Le preguntaban a Kobe Bryant quién es el más grande de la historia y decía, ‘entiendo tu pregunta porque es muy jugosa, pero es una pregunta irresponsable, porque Michael Jordan hacía lo que vio hacer a Karim Abdul Jabbar y a Larry Bird y yo hago lo que le vi hacer a Jordan’. Es una cadena. Si yo ahora escribo una novela como lo hacía Agatha Christie en los años 30, me la tirarían a la cabeza, porque hacía muchísimas trampas al lector, al igual que las hacía Conan Doyle con Sherlock Holmes.«Necesitaba descansar del universo Reina Roja»—Entonces, ¿cuál es su forma de enfrentarse al género?—Yo, cada vez que me pongo delante de un libro, empiezo a analizar cuál es la manera en la que voy a contar esta historia y cada una de esas veces la analizo y tomo una serie de decisiones que definen el campo de juego. En este libro, por ejemplo, no tenemos un narrador omnisciente que va mutando a semiomnisciente, solo tenemos una voz. Esa voz, además, está narrando la historia desde una perspectiva de narrador no confiable. Esto es algo que probablemente inventase Agatha Christie en ‘El misterioso caso de Styles’, se ha hecho muchísimas veces, y yo me lo he llevado a mi punto de vista.—Pero, ¿cómo utiliza estos recursos manidos a su favor?—Una de las claves de este tipo de narrador es que no sepas que es un narrador no confiable. Y yo pensé, vamos a hacerlo desde otro punto de vista, empezando el libro con esta frase: ‘Mi trabajo es mentir, pero contigo no voy a hacerlo’. Entonces ya sabes que, evidentemente, este narrador te está mintiendo a la puta cara.—¿En qué género se integra ‘Mentira’?—En ninguno.—Y entonces, ¿qué es?—Misterio. En ‘Mentira’ hay cuatro novelas, tres partes –la primera es un thriller puro, la segunda una historia de supervivencia y la tercera es policiaca– y los ‘flashbacks’. Esta es la historia de cómo un personaje alcanza la plena conciencia de sí mismo y mientras esto sucede se está modificando el misterio. Y la diferencia con nuestros antepasados es que ellos no tenían por qué crear unos arcos de personaje tan hondos y tan profundos; Hércules Poirot o Miss Marple no lo necesitaban. Entonces, ¿qué nombre le doy a esto? No tengo ni puta idea.Juan Gómez-Jurado asegura no mentir, pero no confía tanto en su nueva protagonista Ignacio Gil—Todo guiado por un personaje, Eva Ramos, fuerte, independiente y muy mentirosa, ¿cómo la creó?—Yo estoy rodeado de personas, muchas son mujeres, a mi alrededor. Y la respuesta es a través de la empatía. Es una persona super empática.—Pero esta no es su primera vez con un personaje así, Antonia Scott en Reina Roja, por ejemplo. Parece que juega con el lector por el mero hecho de escoger una protagonista y no un protagonista.—Esto es interesante y muy revelador por cómo funciona el arco de un personaje en función de las complicaciones que puede llegar a alcanzar. Antonia Scott es muy interesante porque toma decisiones siendo madre que no debería tomar. Decisiones directamente reprobables. Pero es que ella no es una mujer, es una persona. A mí me gusta escribir personas, no voy pensando ‘voy a escribir una mujer porque una mujer actuaría de esta forma’.—Pero, ¿no cree que por ser mujer el lector tiene una reacción diferente a si fuera un hombre?—Por descontado.—¿Y por qué tiende a eso?—Porque creo que es mucho más interesante una mujer que miente que un hombre que miente. Es mucho más interesante una mujer que es madre y decide poner en peligro la vida de su hijo por sus santos cojones, como Antonia. Pero yo no escribo desde el género, sino desde el punto de vista de que un personaje sea más interesante. De hecho, mi próxima novela tiene muchos protagonistas masculinos porque es una historia de chicos.«No es tanto la historia de dos bandos como de lo fácil que es que exista una fractura»—Más allá de su protagonista, hay una historia de dos bandos enfrentados, casi una guerra civil en un pueblo asturiano, ¿qué nos puede contar sobre esto?—Vamos a intentar no utilizar dos palabras, la que empieza por G –guerra– y la que empieza por C –civil– y muy particularmente no en mayúsculas. No es tanto la historia de dos bandos como de lo fácil que es que exista una fractura. Cómo de sencillo es fracturar algo utilizando dos, tres, cuatro palabras; conviertes a personas en etiquetas y las etiquetas en competición. —¿Hasta qué punto al escribir esta historia está llenándose del poso de lo que estamos viviendo? ¿Cómo lo ve?—Indiscutiblemente influenciado. Cómo lo veo, es el libro. No voy a dar otra respuesta, sobre todo porque mi opinión como ciudadano no es importante sobre nada. Lo que yo quería decir sobre nosotros ya lo he dicho. ¿Qué es exactamente? No lo sé. —Y si no quiere dar abiertamente su opinión, ¿por qué decidió hablar de ello en su libro?—Creo que el artista tiene que hablar en las páginas, en el lienzo, en la tarjeta de memoria, en la escultura o en las teclas del piano. Creo que fuera de eso corre el riesgo de convertirse en algo que no es. Y por miedo. Creo que si soy escritor de misterio es por el miedo que me da la muerte. Tengo miedo a muchísimas cosas, a los coches, a los aviones, ahora a los trenes, a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las multitudes, a que a mis hijos les pase algo. Me levanto a veces a las tres de la mañana paralizado y diciendo, me voy a morir. Esto es… no estoy loco, simplemente son neuras que me dan y que acabo convirtiendo en arte.—¿Construir historias le ayuda a sacar esos miedos?—No es que me ayude, es que no puedo evitarlo. Quiero decir, si tú eres Iris Murdoch escribes una clase de libros, si eres Maggie O’farrell, escribes ‘Hamnet’. Cada uno vibra en frecuencias diferentes estas son las mías.—¿Le gusta pensar que al terminar un libro está dejando una lección o una moraleja?—Creo que es probablemente lo que más odiaría en el mundo. Es precisamente al contrario. Me parece que la experiencia lectora es una cuestión de colaboración. Yo no tengo una monarquía absolutista como la del Rey Sol. Él decía, ‘todo por el pueblo, por sin el pueblo’, yo soy ‘todo por el lector’. Estoy pensando constantemente en la experiencia del lector.—¿Le gusta el libro que ha escrito?—Sé que el libro es muy bueno. No es una cuestión de pretenciosidad, con ‘Reina Roja’, por ejemplo, me quedé como el 80 por ciento de lo que hubiera querido llegar a hacer. He ido subiendo ese porcentaje poco a poco y esta vez creo que es la primera vez que termino el libro y digo: ahora sí.—¿Esta novela es el principio de una nueva saga?—No, es una novela completamente independiente y autoconclusiva. Ahora voy a escribir… mejor no digo nada.
Llamas a la puerta del 221B de Baker Street, no están ni Sherlock Holmes ni el Doctor Watson, sino que detrás se encuentra la fortaleza de la soledad de Juan Gómez-Jurado (1977, Madrid). El escritor abre las puertas de su mundo más privado –ni … su familia puede entrar cuando trabaja–, con estanterías repletas de libros –desde la obra completa de Julio Verne, los primeros libros que leyó, hasta decenas de cómics–, además de funkos y sus imprescindibles –’El misterioso caso de Styles’ de Agatha Christie, Mortadelo y Filemón y ‘El señor de los anillos’–que, según él, «le han convertido en el escritor que es hoy». Sigues contemplando la Batcueva personal del madrileño y aparece una pared con cientos de películas extremadamente bien ordenadas y clasificadas.
Esta pequeña ventana al cerebro de Gómez-Jurado se abre, exclusivamente, para charlar sobre su nueva novela, ‘Mentira’ (Ediciones B). Un libro que no pertenece al universo Reina Roja (durante la entrevista nos dejó pistas sobre su posible vuelta a ese universo), pero que es una excelente forma de acercarse a este escritor superventas para todos, incluso los pocos que nunca le hayan leído. ‘Mentira’, aunque parezca redundante, te va a mentir, pero su personaje, Eva Ramos, pretenderá hacerte sentir lo contrario. Una mentirosa profesional que solo sabe meterse en problemas, pero esta vez… será diferente.
—Queda menos de una semana para que se publique ‘Mentira’, ¿qué se puede contar de su nueva novela?
—Nada, en absoluto. Esta es una vieja pelea que tengo con uno de los enemigos de nuestro tiempo. En el catecismo te decían que los enemigos del hombre son el mundo, el demonio y la carne. Los enemigos del ser humano moderno son las redes sociales, las expectativas y otra cosa que no voy a decir. Uno de estos es precisamente el que acabas de mencionar. El problema de leer un thriller o de escuchar un disco con determinadas expectativas es que puede que alguien comience su análisis diciendo, ‘no ha cumplido mis expectativas’. Y el problema es que las tenías.
—Pero hay una cosa que sí ha querido que el lector sepa…
—Que no es del universo Reina Roja.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba descansar del universo Reina Roja. Llevo 15 años escribiendo novelas sobre ese mundo, durante la mitad de ese tiempo sin decir que formaban parte de él. Reina Roja ha sido una gran historia que he contado a lo largo de ocho libros, pero llegó un momento satisfactorio, tenía un final abierto y es ahí exactamente donde quiero que el lector se quede unos años. Por otro lado, como escritor tenía que buscar otros modos. Había explorado un montón de cosas dentro de este universo, cada novela tiene un género, desde un thriller médico y una historia de mafias y venganza, hasta un thriller psicológico como es la propia Reina Roja. Iba cambiando, pero había alcanzado el límite de lo que podía hacer, tenía que crecer como escritor. Necesitaba buscar nuevas formas de contar.
—¿Y lo has encontrado en esta novela?
—Sí, porque he buscado muchas cosas dentro de mí. A la hora de contar un thriller el autor adquiere determinadas obligaciones que tienen que ver con las reglas, con la historia y con la situación del género. Le preguntaban a Kobe Bryant quién es el más grande de la historia y decía, ‘entiendo tu pregunta porque es muy jugosa, pero es una pregunta irresponsable, porque Michael Jordan hacía lo que vio hacer a Karim Abdul Jabbar y a Larry Bird y yo hago lo que le vi hacer a Jordan’. Es una cadena. Si yo ahora escribo una novela como lo hacía Agatha Christie en los años 30, me la tirarían a la cabeza, porque hacía muchísimas trampas al lector, al igual que las hacía Conan Doyle con Sherlock Holmes.
«Necesitaba descansar del universo Reina Roja»
—Entonces, ¿cuál es su forma de enfrentarse al género?
—Yo, cada vez que me pongo delante de un libro, empiezo a analizar cuál es la manera en la que voy a contar esta historia y cada una de esas veces la analizo y tomo una serie de decisiones que definen el campo de juego. En este libro, por ejemplo, no tenemos un narrador omnisciente que va mutando a semiomnisciente, solo tenemos una voz. Esa voz, además, está narrando la historia desde una perspectiva de narrador no confiable. Esto es algo que probablemente inventase Agatha Christie en ‘El misterioso caso de Styles’, se ha hecho muchísimas veces, y yo me lo he llevado a mi punto de vista.
—Pero, ¿cómo utiliza estos recursos manidos a su favor?
—Una de las claves de este tipo de narrador es que no sepas que es un narrador no confiable. Y yo pensé, vamos a hacerlo desde otro punto de vista, empezando el libro con esta frase: ‘Mi trabajo es mentir, pero contigo no voy a hacerlo’. Entonces ya sabes que, evidentemente, este narrador te está mintiendo a la puta cara.
—¿En qué género se integra ‘Mentira’?
—En ninguno.
—Y entonces, ¿qué es?
—Misterio. En ‘Mentira’ hay cuatro novelas, tres partes –la primera es un thriller puro, la segunda una historia de supervivencia y la tercera es policiaca– y los ‘flashbacks’. Esta es la historia de cómo un personaje alcanza la plena conciencia de sí mismo y mientras esto sucede se está modificando el misterio. Y la diferencia con nuestros antepasados es que ellos no tenían por qué crear unos arcos de personaje tan hondos y tan profundos; Hércules Poirot o Miss Marple no lo necesitaban. Entonces, ¿qué nombre le doy a esto? No tengo ni puta idea.
Ignacio Gil
—Todo guiado por un personaje, Eva Ramos, fuerte, independiente y muy mentirosa, ¿cómo la creó?
—Yo estoy rodeado de personas, muchas son mujeres, a mi alrededor. Y la respuesta es a través de la empatía. Es una persona super empática.
—Pero esta no es su primera vez con un personaje así, Antonia Scott en Reina Roja, por ejemplo. Parece que juega con el lector por el mero hecho de escoger una protagonista y no un protagonista.
—Esto es interesante y muy revelador por cómo funciona el arco de un personaje en función de las complicaciones que puede llegar a alcanzar. Antonia Scott es muy interesante porque toma decisiones siendo madre que no debería tomar. Decisiones directamente reprobables. Pero es que ella no es una mujer, es una persona. A mí me gusta escribir personas, no voy pensando ‘voy a escribir una mujer porque una mujer actuaría de esta forma’.
—Pero, ¿no cree que por ser mujer el lector tiene una reacción diferente a si fuera un hombre?
—Por descontado.
—¿Y por qué tiende a eso?
—Porque creo que es mucho más interesante una mujer que miente que un hombre que miente. Es mucho más interesante una mujer que es madre y decide poner en peligro la vida de su hijo por sus santos cojones, como Antonia. Pero yo no escribo desde el género, sino desde el punto de vista de que un personaje sea más interesante. De hecho, mi próxima novela tiene muchos protagonistas masculinos porque es una historia de chicos.
«No es tanto la historia de dos bandos como de lo fácil que es que exista una fractura»
—Más allá de su protagonista, hay una historia de dos bandos enfrentados, casi una guerra civil en un pueblo asturiano, ¿qué nos puede contar sobre esto?
—Vamos a intentar no utilizar dos palabras, la que empieza por G –guerra– y la que empieza por C –civil– y muy particularmente no en mayúsculas. No es tanto la historia de dos bandos como de lo fácil que es que exista una fractura. Cómo de sencillo es fracturar algo utilizando dos, tres, cuatro palabras; conviertes a personas en etiquetas y las etiquetas en competición.
—¿Hasta qué punto al escribir esta historia está llenándose del poso de lo que estamos viviendo? ¿Cómo lo ve?
—Indiscutiblemente influenciado. Cómo lo veo, es el libro. No voy a dar otra respuesta, sobre todo porque mi opinión como ciudadano no es importante sobre nada. Lo que yo quería decir sobre nosotros ya lo he dicho. ¿Qué es exactamente? No lo sé.
—Y si no quiere dar abiertamente su opinión, ¿por qué decidió hablar de ello en su libro?
—Creo que el artista tiene que hablar en las páginas, en el lienzo, en la tarjeta de memoria, en la escultura o en las teclas del piano. Creo que fuera de eso corre el riesgo de convertirse en algo que no es. Y por miedo. Creo que si soy escritor de misterio es por el miedo que me da la muerte. Tengo miedo a muchísimas cosas, a los coches, a los aviones, ahora a los trenes, a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las multitudes, a que a mis hijos les pase algo. Me levanto a veces a las tres de la mañana paralizado y diciendo, me voy a morir. Esto es… no estoy loco, simplemente son neuras que me dan y que acabo convirtiendo en arte.
—¿Construir historias le ayuda a sacar esos miedos?
—No es que me ayude, es que no puedo evitarlo. Quiero decir, si tú eres Iris Murdoch escribes una clase de libros, si eres Maggie O’farrell, escribes ‘Hamnet’. Cada uno vibra en frecuencias diferentes estas son las mías.
—¿Le gusta pensar que al terminar un libro está dejando una lección o una moraleja?
—Creo que es probablemente lo que más odiaría en el mundo. Es precisamente al contrario. Me parece que la experiencia lectora es una cuestión de colaboración. Yo no tengo una monarquía absolutista como la del Rey Sol. Él decía, ‘todo por el pueblo, por sin el pueblo’, yo soy ‘todo por el lector’. Estoy pensando constantemente en la experiencia del lector.
—¿Le gusta el libro que ha escrito?
—Sé que el libro es muy bueno. No es una cuestión de pretenciosidad, con ‘Reina Roja’, por ejemplo, me quedé como el 80 por ciento de lo que hubiera querido llegar a hacer. He ido subiendo ese porcentaje poco a poco y esta vez creo que es la primera vez que termino el libro y digo: ahora sí.
—¿Esta novela es el principio de una nueva saga?
—No, es una novela completamente independiente y autoconclusiva. Ahora voy a escribir… mejor no digo nada.
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