El de Karlos Arguiñano es uno de los rostros que casi cualquier español puede reconocer gracias a su extensa y fructífera carrera en el mundo de la cocina y de la televisión. El chef vasco de 77 años lleva décadas ofreciendo su conocimiento gastronómico en forma de recetas sencillas, económicas y aptas para el día a día, con un estilo cercano y fácil de entender que ha convertido sus programas en un ritual diario para millones de hogares.Desde sus inicios en la televisión vasca a finales de los ochenta, pasando por TVE y Telecinco, hasta consolidarse en Antena 3 con espacios como ‘Cocina abierta’ , Arguiñano ha acumulado más de 35 años frente a las cámaras y miles de recetas compartidas. Su trayectoria incluye también una prolífica colección de libros de cocina: ha publicado decenas de ellos, siendo algunos auténticos fenómenos de ventas, y sigue inspirando a nuevas generaciones de cocineros aficionados. A sus 77 años, el cocinero guipuzcoano ha comenzado a hablar de jubilación y a ceder protagonismo a su hijo Joseba , quien ya presenta algunos programas y mantiene viva la saga familiar en los fogones. La personalidad natural y cercada del cocinero hace que tampoco sea reacio a dar algunas entrevistas y compartir detalles que van algo más allá de su profesión, llegando a contar su historia familiar e incluso sus recuerdos más preciados. Arguiñano cuenta cómo empezó en la cocina a los ocho años para ayudar a su madreAsí lo hizo en una entrevista para ‘El Hormiguero’, donde Arguiñano hacía memoria al contar cómo fueron sus inicios en la cocina cuando solo era un niño. Según sus palabras tuvo que meterse en la cocina para ayudar a su madre porque esta estaba enferma por la polio y él era el hermano mayor.«A los ochos años más o menos, porque mi madre era impedida de las piernas de una polio , yo era el mayor de los cuatro hermanos y yo me acuerdo que llegaba de la escuela y le tenía que ayudar pues a pasar la salsa de tomate, a pelar las patatas limpiar los puerros, poner la mesa…» empezaba detallando. De este modo, Arguiñano reconocía a Pablo Motos que desde muy joven él tuvo que familiarizarse con la cocina: «El cocinar, poner la mesa, quitarla, ha sido una cosa natural». Además, dejando a un lado que tenía que asumir esa parte de responsabilidad,también reconocía que «era un chaval movido y no aprobaba nada . Mi padre se creía que era tonto», bromeaba. Como anécdota, contaba que cuando estudiaba en los Benedictinos, llevaba las notas a casa con siete suspensos y, a la hora de que su padre se las tuviera que firmar, su padre se negaba. «Le parecía bobo, él quería que yo fuera arquitecto… con lo bien que pelo las patatas », contaba, desatando la risa del presentador y todos los presentes. El de Karlos Arguiñano es uno de los rostros que casi cualquier español puede reconocer gracias a su extensa y fructífera carrera en el mundo de la cocina y de la televisión. El chef vasco de 77 años lleva décadas ofreciendo su conocimiento gastronómico en forma de recetas sencillas, económicas y aptas para el día a día, con un estilo cercano y fácil de entender que ha convertido sus programas en un ritual diario para millones de hogares.Desde sus inicios en la televisión vasca a finales de los ochenta, pasando por TVE y Telecinco, hasta consolidarse en Antena 3 con espacios como ‘Cocina abierta’ , Arguiñano ha acumulado más de 35 años frente a las cámaras y miles de recetas compartidas. Su trayectoria incluye también una prolífica colección de libros de cocina: ha publicado decenas de ellos, siendo algunos auténticos fenómenos de ventas, y sigue inspirando a nuevas generaciones de cocineros aficionados. A sus 77 años, el cocinero guipuzcoano ha comenzado a hablar de jubilación y a ceder protagonismo a su hijo Joseba , quien ya presenta algunos programas y mantiene viva la saga familiar en los fogones. La personalidad natural y cercada del cocinero hace que tampoco sea reacio a dar algunas entrevistas y compartir detalles que van algo más allá de su profesión, llegando a contar su historia familiar e incluso sus recuerdos más preciados. Arguiñano cuenta cómo empezó en la cocina a los ocho años para ayudar a su madreAsí lo hizo en una entrevista para ‘El Hormiguero’, donde Arguiñano hacía memoria al contar cómo fueron sus inicios en la cocina cuando solo era un niño. Según sus palabras tuvo que meterse en la cocina para ayudar a su madre porque esta estaba enferma por la polio y él era el hermano mayor.«A los ochos años más o menos, porque mi madre era impedida de las piernas de una polio , yo era el mayor de los cuatro hermanos y yo me acuerdo que llegaba de la escuela y le tenía que ayudar pues a pasar la salsa de tomate, a pelar las patatas limpiar los puerros, poner la mesa…» empezaba detallando. De este modo, Arguiñano reconocía a Pablo Motos que desde muy joven él tuvo que familiarizarse con la cocina: «El cocinar, poner la mesa, quitarla, ha sido una cosa natural». Además, dejando a un lado que tenía que asumir esa parte de responsabilidad,también reconocía que «era un chaval movido y no aprobaba nada . Mi padre se creía que era tonto», bromeaba. Como anécdota, contaba que cuando estudiaba en los Benedictinos, llevaba las notas a casa con siete suspensos y, a la hora de que su padre se las tuviera que firmar, su padre se negaba. «Le parecía bobo, él quería que yo fuera arquitecto… con lo bien que pelo las patatas », contaba, desatando la risa del presentador y todos los presentes.

El de Karlos Arguiñano es uno de los rostros que casi cualquier español puede reconocer gracias a su extensa y fructífera carrera en el mundo de la cocina y de la televisión.
El chef vasco de 77 años lleva décadas ofreciendo su conocimiento gastronómico en forma de recetas sencillas, económicas y aptas para el día a día, con un estilo cercano y fácil de entender que ha convertido sus programas en un ritual diario para millones de hogares.
Desde sus inicios en la televisión vasca a finales de los ochenta, pasando por TVE y Telecinco, hasta consolidarse en Antena 3 con espacios como ‘Cocina abierta’, Arguiñano ha acumulado más de 35 años frente a las cámaras y miles de recetas compartidas.
Su trayectoria incluye también una prolífica colección de libros de cocina: ha publicado decenas de ellos, siendo algunos auténticos fenómenos de ventas, y sigue inspirando a nuevas generaciones de cocineros aficionados. A sus 77 años, el cocinero guipuzcoano ha comenzado a hablar de jubilación y a ceder protagonismo a su hijo Joseba, quien ya presenta algunos programas y mantiene viva la saga familiar en los fogones.
La personalidad natural y cercada del cocinero hace que tampoco sea reacio a dar algunas entrevistas y compartir detalles que van algo más allá de su profesión, llegando a contar su historia familiar e incluso sus recuerdos más preciados.
Arguiñano cuenta cómo empezó en la cocina a los ocho años para ayudar a su madre
Así lo hizo en una entrevista para ‘El Hormiguero’, donde Arguiñano hacía memoria al contar cómo fueron sus inicios en la cocina cuando solo era un niño. Según sus palabras tuvo que meterse en la cocina para ayudar a su madre porque esta estaba enferma por la polio y él era el hermano mayor.
«A los ochos años más o menos, porque mi madre era impedida de las piernas de una polio, yo era el mayor de los cuatro hermanos y yo me acuerdo que llegaba de la escuela y le tenía que ayudar pues a pasar la salsa de tomate, a pelar las patatas limpiar los puerros, poner la mesa…» empezaba detallando.
De este modo, Arguiñano reconocía a Pablo Motos que desde muy joven él tuvo que familiarizarse con la cocina: «El cocinar, poner la mesa, quitarla, ha sido una cosa natural». Además, dejando a un lado que tenía que asumir esa parte de responsabilidad,también reconocía que «era un chaval movido y no aprobaba nada. Mi padre se creía que era tonto», bromeaba.
Como anécdota, contaba que cuando estudiaba en los Benedictinos, llevaba las notas a casa con siete suspensos y, a la hora de que su padre se las tuviera que firmar, su padre se negaba. «Le parecía bobo, él quería que yo fuera arquitecto… con lo bien que pelo las patatas», contaba, desatando la risa del presentador y todos los presentes.
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