En una entrevista de 1969, Jim Morrison aventuró que «la música de la nueva generación podría depender en gran medida de la electrónica» . El cantante de los Doors se imaginaba un futuro en el que los músicos usarían «un montón de máquinas, cintas y equipos electrónicos», y estaba convencido de que pronto aparecería «alguien brillante» que se haría popular de esta forma. «Puedo ver a un artista solitario con un montón de cintas y aparatos eléctricos… como una extensión del sintetizador Moog: un teclado con la complejidad y la riqueza de toda una orquesta, ¿sabes? Hay alguien ahí fuera, trabajando en un sótano, inventando una forma musical completamente nueva . Lo sabremos en un par de años. Sea quien sea, me gustaría que fuera muy popular».Lo que Morrison no sabía era que al otro lado del Atlántico, unos jóvenes de Düsseldorf (Alemania) ya estaban pergeñando esa revolución. Eran los miembros de Organisation, el embrión de lo que en 1970 adoptaría su forma definitiva como Kraftwerk , el colectivo de músicos que acometió la transformación más radical de la música popular hasta la llegada de la Inteligencia Artificial, cuya historia se desgrana con robótica precisión en el libro ‘La máquina humana’, de Pablo Ferrer.Noticia Relacionada Icono ochentero estandar No Muere David Ball, del dúo Soft Cell, que arrasó en los 80 con ‘Tainted Love’ Nacho Serrano Su hit junto a Marc Almond vendió más de un millón de copias y se convirtió en icono del synth-popTras analizar otras realidades de la música electrónica en los libros ‘Génesis. Escena clubber posbacalao en la Comunitat Valenciana. 1996-2010’ y ‘La Santísima Trinidad: El sonido del pop electrónico de masas. 4 décadas de Depeche Mode, New Order y Pet Shop Boys’, Ferrer se sumerge ahora en un momento más seminal del género a lo largo de 310 páginas prologadas por el gran Servando Carballar de Aviador Dro (y otros grupos), que viene a decir que lo de Kraftwerk fue algo así como una explosión nuclear provocada por cuatro tipos pulsando botones para pulverizar el viejo mundo pop, y dar la bienvenida a uno nuevo.El libro cuenta con prólogo de Servando Carballar, de Aviador DroHay algunos libros sobre el grupo traducidos al castellano, como el reciente ‘Kraftwerk: Música Futurista Alemana’, pero ‘La máquina humana’ (ed. Muzikalia ) es la primera biografía del grupo publicada en nuestro idioma y eso ya da un valor en sí mismo a una obra que, además de recorrer cronológicamente la carrera del cuarteto, hace pedagogía preliminar y contextualiza cada etapa de de su trayectoria.El texto arranca enganchando con un interesante repaso de antecedentes en los que se explican quiénes fueron y qué hicieron pioneros como Frank Chacksfield, Ray Cathode (el seudónimo bajo el que publicaron Magdalena Fagandini y George Martin, futuro productor de los Beatles), Karlheinz Stockhausen, Delia Derbyshire, Daphne Oram (nótese la gran cantidad de mujeres en la lista), Suzanne Ciani, Laurie Spiegel, Éliane Radigue, Clara Rockmore, Wendy Carlos u Oskar Sala.También se menciona a grupos más o menos coetáneos como Tangerine Dream, Neu! (formado por ex miembros de Organisation), Cluster, Pink Floyd y algunos embajadores del kraut como Can, pero curiosamente no a los neoyorquinos Silver Apples , que fueron la verdadera madre del cordero en eso de adelantarse a su tiempo haciendo temazos con maquinitas.El autor da de lleno en la diana proponiendo al lector un estudio sociológico del origen y objetivos de los principales motores creativos de Kraftwerk, Florian Schneider y Ralf Hütter, dos chicos de la burguesía más acomodada de Düsseldorf y, por tanto, con acceso a estudios de conservatorio y posibilidades de adquirir máquinas para su plan, pero también a determinados círculos culturales en los que se estaba fraguando una nueva revolución identitaria «espoleada por el Mayo del 68 francés», apunta Ferrer.Des-McDonalizaciónFue una especie de des-McDonalización de la cultura alemana, un rechazo al dominio anglosajón ya no sólo en el arte (su primer nombre, Organisation, fue una exigencia «comercial» de su discográfica), sino en todos los ámbitos de la vida. «Creo que en cierto modo éramos antiamericanos, porque lamentamos esa forma de llegar a Alemania con la Coca-Cola y mascando chicle» , dijo Hütter en una declaración a NME recogida en el libro. «Cuando éramos niños pensábamos que era algo genial (…) Pero con el paso de los años uno duda cada vez más de lo que está pasando. No tiene nada que ver con sentimientos nacionalistas, es más bien una cuestión espiritual, un sentimiento continental».Los dos primeros discos de Kraftwerk, opina el autor, aún «se pueden insertar en esa corriente de escuela alemana llamada krautrock», y es en ‘Ralf und Florian’, su tercer trabajo, donde el grupo «marca un punto de inflexión ya que por primera vez utilizan sintetizadores además de otorgar más protagonismo al vocoder», es decir, el sonido que los catapultaría a la fama mundial.MÁS INFORMACIÓN Kraftwerk en el Teatro Real: viejos robots tocan la música clásica del futuroY entonces llegó ‘Autobahn’ , álbum definitivo que abre una nueva fase en Kraftwerk y en la estructura del libro de Ferrer, que a partir de aquí dedica un capítulo entero a cada álbum del grupo, pasando por lo que califica como «su último gran disco», ‘Computerwelt’ (1981) , hasta llegar a un siglo XXI que de ninguna manera sería el mismo si ellos no hubieran existido. En una entrevista de 1969, Jim Morrison aventuró que «la música de la nueva generación podría depender en gran medida de la electrónica» . El cantante de los Doors se imaginaba un futuro en el que los músicos usarían «un montón de máquinas, cintas y equipos electrónicos», y estaba convencido de que pronto aparecería «alguien brillante» que se haría popular de esta forma. «Puedo ver a un artista solitario con un montón de cintas y aparatos eléctricos… como una extensión del sintetizador Moog: un teclado con la complejidad y la riqueza de toda una orquesta, ¿sabes? Hay alguien ahí fuera, trabajando en un sótano, inventando una forma musical completamente nueva . Lo sabremos en un par de años. Sea quien sea, me gustaría que fuera muy popular».Lo que Morrison no sabía era que al otro lado del Atlántico, unos jóvenes de Düsseldorf (Alemania) ya estaban pergeñando esa revolución. Eran los miembros de Organisation, el embrión de lo que en 1970 adoptaría su forma definitiva como Kraftwerk , el colectivo de músicos que acometió la transformación más radical de la música popular hasta la llegada de la Inteligencia Artificial, cuya historia se desgrana con robótica precisión en el libro ‘La máquina humana’, de Pablo Ferrer.Noticia Relacionada Icono ochentero estandar No Muere David Ball, del dúo Soft Cell, que arrasó en los 80 con ‘Tainted Love’ Nacho Serrano Su hit junto a Marc Almond vendió más de un millón de copias y se convirtió en icono del synth-popTras analizar otras realidades de la música electrónica en los libros ‘Génesis. Escena clubber posbacalao en la Comunitat Valenciana. 1996-2010’ y ‘La Santísima Trinidad: El sonido del pop electrónico de masas. 4 décadas de Depeche Mode, New Order y Pet Shop Boys’, Ferrer se sumerge ahora en un momento más seminal del género a lo largo de 310 páginas prologadas por el gran Servando Carballar de Aviador Dro (y otros grupos), que viene a decir que lo de Kraftwerk fue algo así como una explosión nuclear provocada por cuatro tipos pulsando botones para pulverizar el viejo mundo pop, y dar la bienvenida a uno nuevo.El libro cuenta con prólogo de Servando Carballar, de Aviador DroHay algunos libros sobre el grupo traducidos al castellano, como el reciente ‘Kraftwerk: Música Futurista Alemana’, pero ‘La máquina humana’ (ed. Muzikalia ) es la primera biografía del grupo publicada en nuestro idioma y eso ya da un valor en sí mismo a una obra que, además de recorrer cronológicamente la carrera del cuarteto, hace pedagogía preliminar y contextualiza cada etapa de de su trayectoria.El texto arranca enganchando con un interesante repaso de antecedentes en los que se explican quiénes fueron y qué hicieron pioneros como Frank Chacksfield, Ray Cathode (el seudónimo bajo el que publicaron Magdalena Fagandini y George Martin, futuro productor de los Beatles), Karlheinz Stockhausen, Delia Derbyshire, Daphne Oram (nótese la gran cantidad de mujeres en la lista), Suzanne Ciani, Laurie Spiegel, Éliane Radigue, Clara Rockmore, Wendy Carlos u Oskar Sala.También se menciona a grupos más o menos coetáneos como Tangerine Dream, Neu! (formado por ex miembros de Organisation), Cluster, Pink Floyd y algunos embajadores del kraut como Can, pero curiosamente no a los neoyorquinos Silver Apples , que fueron la verdadera madre del cordero en eso de adelantarse a su tiempo haciendo temazos con maquinitas.El autor da de lleno en la diana proponiendo al lector un estudio sociológico del origen y objetivos de los principales motores creativos de Kraftwerk, Florian Schneider y Ralf Hütter, dos chicos de la burguesía más acomodada de Düsseldorf y, por tanto, con acceso a estudios de conservatorio y posibilidades de adquirir máquinas para su plan, pero también a determinados círculos culturales en los que se estaba fraguando una nueva revolución identitaria «espoleada por el Mayo del 68 francés», apunta Ferrer.Des-McDonalizaciónFue una especie de des-McDonalización de la cultura alemana, un rechazo al dominio anglosajón ya no sólo en el arte (su primer nombre, Organisation, fue una exigencia «comercial» de su discográfica), sino en todos los ámbitos de la vida. «Creo que en cierto modo éramos antiamericanos, porque lamentamos esa forma de llegar a Alemania con la Coca-Cola y mascando chicle» , dijo Hütter en una declaración a NME recogida en el libro. «Cuando éramos niños pensábamos que era algo genial (…) Pero con el paso de los años uno duda cada vez más de lo que está pasando. No tiene nada que ver con sentimientos nacionalistas, es más bien una cuestión espiritual, un sentimiento continental».Los dos primeros discos de Kraftwerk, opina el autor, aún «se pueden insertar en esa corriente de escuela alemana llamada krautrock», y es en ‘Ralf und Florian’, su tercer trabajo, donde el grupo «marca un punto de inflexión ya que por primera vez utilizan sintetizadores además de otorgar más protagonismo al vocoder», es decir, el sonido que los catapultaría a la fama mundial.MÁS INFORMACIÓN Kraftwerk en el Teatro Real: viejos robots tocan la música clásica del futuroY entonces llegó ‘Autobahn’ , álbum definitivo que abre una nueva fase en Kraftwerk y en la estructura del libro de Ferrer, que a partir de aquí dedica un capítulo entero a cada álbum del grupo, pasando por lo que califica como «su último gran disco», ‘Computerwelt’ (1981) , hasta llegar a un siglo XXI que de ninguna manera sería el mismo si ellos no hubieran existido.
En una entrevista de 1969, Jim Morrison aventuró que «la música de la nueva generación podría depender en gran medida de la electrónica». El cantante de los Doors se imaginaba un futuro en el que los músicos usarían «un montón de máquinas, cintas … y equipos electrónicos», y estaba convencido de que pronto aparecería «alguien brillante» que se haría popular de esta forma.
«Puedo ver a un artista solitario con un montón de cintas y aparatos eléctricos… como una extensión del sintetizador Moog: un teclado con la complejidad y la riqueza de toda una orquesta, ¿sabes? Hay alguien ahí fuera, trabajando en un sótano, inventando una forma musical completamente nueva. Lo sabremos en un par de años. Sea quien sea, me gustaría que fuera muy popular».
Lo que Morrison no sabía era que al otro lado del Atlántico, unos jóvenes de Düsseldorf (Alemania) ya estaban pergeñando esa revolución. Eran los miembros de Organisation, el embrión de lo que en 1970 adoptaría su forma definitiva como Kraftwerk, el colectivo de músicos que acometió la transformación más radical de la música popular hasta la llegada de la Inteligencia Artificial, cuya historia se desgrana con robótica precisión en el libro ‘La máquina humana’, de Pablo Ferrer.
Tras analizar otras realidades de la música electrónica en los libros ‘Génesis. Escena clubber posbacalao en la Comunitat Valenciana. 1996-2010’ y ‘La Santísima Trinidad: El sonido del pop electrónico de masas. 4 décadas de Depeche Mode, New Order y Pet Shop Boys’, Ferrer se sumerge ahora en un momento más seminal del género a lo largo de 310 páginas prologadas por el gran Servando Carballar de Aviador Dro (y otros grupos), que viene a decir que lo de Kraftwerk fue algo así como una explosión nuclear provocada por cuatro tipos pulsando botones para pulverizar el viejo mundo pop, y dar la bienvenida a uno nuevo.

El libro cuenta con prólogo de Servando Carballar, de Aviador Dro
Hay algunos libros sobre el grupo traducidos al castellano, como el reciente ‘Kraftwerk: Música Futurista Alemana’, pero ‘La máquina humana’ (ed. Muzikalia) es la primera biografía del grupo publicada en nuestro idioma y eso ya da un valor en sí mismo a una obra que, además de recorrer cronológicamente la carrera del cuarteto, hace pedagogía preliminar y contextualiza cada etapa de de su trayectoria.
El texto arranca enganchando con un interesante repaso de antecedentes en los que se explican quiénes fueron y qué hicieron pioneros como Frank Chacksfield, Ray Cathode (el seudónimo bajo el que publicaron Magdalena Fagandini y George Martin, futuro productor de los Beatles), Karlheinz Stockhausen, Delia Derbyshire, Daphne Oram (nótese la gran cantidad de mujeres en la lista), Suzanne Ciani, Laurie Spiegel, Éliane Radigue, Clara Rockmore, Wendy Carlos u Oskar Sala.
También se menciona a grupos más o menos coetáneos como Tangerine Dream, Neu! (formado por ex miembros de Organisation), Cluster, Pink Floyd y algunos embajadores del kraut como Can, pero curiosamente no a los neoyorquinos Silver Apples, que fueron la verdadera madre del cordero en eso de adelantarse a su tiempo haciendo temazos con maquinitas.
El autor da de lleno en la diana proponiendo al lector un estudio sociológico del origen y objetivos de los principales motores creativos de Kraftwerk, Florian Schneider y Ralf Hütter, dos chicos de la burguesía más acomodada de Düsseldorf y, por tanto, con acceso a estudios de conservatorio y posibilidades de adquirir máquinas para su plan, pero también a determinados círculos culturales en los que se estaba fraguando una nueva revolución identitaria «espoleada por el Mayo del 68 francés», apunta Ferrer.
Des-McDonalización
Fue una especie de des-McDonalización de la cultura alemana, un rechazo al dominio anglosajón ya no sólo en el arte (su primer nombre, Organisation, fue una exigencia «comercial» de su discográfica), sino en todos los ámbitos de la vida. «Creo que en cierto modo éramos antiamericanos, porque lamentamos esa forma de llegar a Alemania con la Coca-Cola y mascando chicle», dijo Hütter en una declaración a NME recogida en el libro. «Cuando éramos niños pensábamos que era algo genial (…) Pero con el paso de los años uno duda cada vez más de lo que está pasando. No tiene nada que ver con sentimientos nacionalistas, es más bien una cuestión espiritual, un sentimiento continental».
Los dos primeros discos de Kraftwerk, opina el autor, aún «se pueden insertar en esa corriente de escuela alemana llamada krautrock», y es en ‘Ralf und Florian’, su tercer trabajo, donde el grupo «marca un punto de inflexión ya que por primera vez utilizan sintetizadores además de otorgar más protagonismo al vocoder», es decir, el sonido que los catapultaría a la fama mundial.
Y entonces llegó ‘Autobahn’, álbum definitivo que abre una nueva fase en Kraftwerk y en la estructura del libro de Ferrer, que a partir de aquí dedica un capítulo entero a cada álbum del grupo, pasando por lo que califica como «su último gran disco», ‘Computerwelt’ (1981), hasta llegar a un siglo XXI que de ninguna manera sería el mismo si ellos no hubieran existido.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de cultura
