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  Economía  La agricultura urbana echa raíces y consolida los brotes de madurez
Economía

La agricultura urbana echa raíces y consolida los brotes de madurez

febrero 1, 2026
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La agricultura urbana ha dejado de ser una actividad marginal asociada al ocio o al activismo vecinal. Hoy se consolida como una estrategia urbana clave, impulsada por la inflación de los alimentos frescos, la necesidad de soberanía alimentaria y el rápido avance de la tecnología ‘agritech’ . Balcones, azoteas, antiguos locales comerciales y naves industriales o incluso infraestructuras mineras abandonadas están dando paso a una nueva forma de producir alimentos dentro de las ciudades. Un fenómeno que combina innovación tecnológica, sostenibilidad y ahorro doméstico.Según el informe Green Urban Infrastructure Spain, coordinado por el profesor Julián Briz desde la Universidad Politécnica de Madrid, la agricultura urbana debe entenderse ya como infraestructura verde estratégica, al mismo nivel que otras redes urbanas esenciales. El documento recuerda que más del 75% de la población europea vive en ciudades, una realidad que obliga a replantear el sistema alimentario. En este nuevo contexto, los huertos urbanos y las granjas verticales dejan de ser iniciativas anecdóticas para convertirse en herramientas con impacto ambiental, social y económico.«La ciudad no puede seguir siendo únicamente un espacio consumidor; debe recuperar su capacidad productiva», subraya el informe Green Urban Infrastructure Spain, que destaca beneficios de estas infraestructuras verdes urbanas como la reducción del efecto isla de calor, el ahorro energético en edificios o la mejora de la biodiversidad.Noticia Relacionada estandar No Las semillas de larga germinación de los robots agricultores María José Pérez-Barco Su despliegue en España aún es lento, pero un fértil tejido innovador va dando forma a un cambio clave para un sector acuciado por la falta de mano de obraLa literatura académica confirma esta evolución. Un estudio publicado en la Revista Española de Estudios Agrosociales y Pesqueros por la profesora Beatriz López de Meneses, de la Universidad de Valladolid, señala que la agricultura urbana suele resurgir en periodos de crisis económica y encarecimiento de los alimentos. «La agricultura urbana cumple simultáneamente funciones productivas, económicas y sociales», explica la investigadora, que identifica su potencial para generar empleo local, reducir el gasto doméstico y favorecer modelos empresariales de proximidad. La investigación destaca además una transición clara: de huertos ciudadanos a estructuras profesionalizadas, donde aparecen cooperativas, startups y empresas tecnológicas especializadas.Sistemas ‘agritech’El salto definitivo del sector llega de la mano del ‘agritech’. Sistemas hidropónicos, cultivo vertical, iluminación LED y sensores de internet de las cosas permiten producir durante todo el año, independientemente del clima y con un consumo de agua hasta un 90% inferior al de la agricultura convencional. Esta combinación de agricultura y tecnología ha abierto la puerta a modelos de negocio hasta ahora impensables. De hecho, existen ya más de 25 tipologías empresariales diferentes vinculadas a la agricultura urbana, desde producción profesional hasta formación, asesoría y venta de soluciones tecnológicas.Uno de los ejemplos más avanzados de esta nueva generación empresarial es Cantábrica Agricultura Urbana, startup fundada en 2021 por los biólogos Tesa Portillo y Javier Espina. Desde Oviedo, la compañía desarrolla un modelo de producción basado en ‘vertical farming e hidroponía’ en entornos totalmente controlados, orientado al suministro de brotes, hojas baby y plantas gastronómicas de alto valor para restauración y comercio local.Nuevo negocios Hay 25 tipologías de empresas vinculadas a este modelo urbano desde producción a asesoríaSu sistema permite reducir hasta un 95% el consumo de agua, eliminar el uso de pesticidas y minimizar la huella de carbono al situar la producción dentro del propio núcleo urbano. La constancia en calidad y disponibilidad durante todo el año es una de sus principales ventajas competitivas. La empresa no solo produce alimentos: también actúa como socio tecnológico en proyectos de innovación agrícola urbana, reforzando su posicionamiento como actor de referencia del sector.Cantábrica ha ido un paso más allá al participar en el primer proyecto piloto de agricultura minera de España, desarrollado en una antigua bocamina del Pozo Carrio, en Asturias. La iniciativa -impulsada por el Gobierno del Principado junto al Serida (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario) y Hunosa- forma parte del programa Agroalnext financiado con fondos Next Generation. En este entorno subterráneo se cultivan productos como wasabi, salicornia o guisante lágrima mediante iluminación LED e hidroponía. El proyecto demuestra el potencial de la agricultura urbana como herramienta de reindustrialización verde, capaz de recuperar infraestructuras abandonadas y generar nuevas oportunidades económicas en territorios en transición.Ángel Leo-Revilla y Marcos Enríque, fundadores de IsifarmerJunto a modelos productivos altamente tecnificados, el sector también avanza hacia propuestas orientadas al emprendimiento ciudadano. Es el caso de Isifarmer, startup madrileña que apuesta por democratizar la agricultura vertical mediante tecnología, formación y acompañamiento técnico. Su propuesta combina sistemas de cultivo interior con capacitación práctica, permitiendo que particulares y pequeños negocios se conviertan en agricultores urbanos incluso sin experiencia previa. El objetivo es facilitar la creación de microempresas locales capaces de abastecer a restaurantes y comercios de proximidad. Isifarmer defiende un modelo ‘farm to fork’ urbano que acorta la cadena alimentaria, reduce intermediarios y refuerza el vínculo entre producción y consumo dentro de la ciudad.En verticalUn caso especialmente ilustrativo de cómo la agricultura urbana e ‘indoor farming’ puede afrontar desafíos ambientales y tecnológicos es el de Groots, la empresa española de agricultura vertical que trabaja con sistemas de cultivo en ambiente controlado. Groots utiliza su albahaca como ejemplo de cómo la innovación puede ayudar a responder a problemas estructurales como la escasez de agua y el cambio climático.Respaldo social El 88% de los ciudadanos está dispuesto a participar o apoyar estas instalaciones verdes«Nuestra producción de albahaca, cultivada en sistemas hidropónicos que recirculan el agua y los nutrientes, utiliza hasta un 95% menos de agua que los métodos tradicionales de agricultura. Esto se logra gracias a que los sistemas de recirculación capturan y reutilizan el agua que no es absorbida por las plantas, reduciendo enormemente el desperdicio», explica Carlos Gómez, uno de sus fundadores, quien subraya que la eficiencia hídrica es especialmente relevante en un contexto como el español, donde regiones como Cataluña han enfrentado periodos de sequía pronunciada, y donde la gestión del agua se ha convertido en un aspecto crítico de la política agrícola y urbana. «Nuestros cultivos en ambiente controlado permiten manejar de forma precisa las variables de crecimiento —desde la iluminación hasta la temperatura y la nutrición— lo que no solo mejora la calidad y consistencia del producto, sino que dota a las instalaciones de una gran adaptabilidad ante condiciones adversas que pueden afectar a la agricultura tradicional», explica Gómez. El auge empresarial se apoya además en una clara aceptación social. Un estudio internacional publicado en 2025 en la revista científica Urban Science revela que el 88% de los ciudadanos estaría dispuesto a participar o apoyar proyectos de agricultura urbana. La investigación concluye que estos modelos fortalecen la seguridad alimentaria, reducen la dependencia exterior y mejoran la resiliencia de las ciudades frente a crisis logísticas o climáticas. Los autores subrayan la importancia de impulsar pequeñas organizaciones y startups vinculadas a la producción local, consideradas clave para el futuro del sistema alimentario urbano.Pese a su crecimiento, el sector afronta importantes desafíos. El coste energético de la iluminación artificial, la necesidad de marcos regulatorios claros y la dificultad de escalar proyectos sin perder eficiencia siguen siendo barreras relevantes. Los expertos coinciden en que la agricultura urbana no sustituirá al campo, sino que actuará como complemento estratégico, especialmente en productos de alto valor y consumo inmediato.Alimentación urbanaTodo apunta a que la agricultura urbana ha dejado de ser una tendencia marginal. Universidades, empresas e instituciones coinciden en que las ciudades del futuro deberán integrar producción alimentaria, innovación tecnológica y sostenibilidad dentro de su propio tejido.Como concluye el informe coordinado por la Universidad Politécnica de Madrid, el debate ya no es si las ciudades pueden producir alimentos, sino cómo hacerlo de forma eficiente, rentable y ambientalmente responsable.Entre granjas verticales como Cantábrica, modelos de emprendimiento como Isifarmer y empresas innovadoras como Groots, la agricultura urbana se perfila como uno de los nuevos motores de la economía verde urbana, un sector en crecimiento que empieza a cambiar, desde dentro, la forma en la que las ciudades se alimentan. La agricultura urbana ha dejado de ser una actividad marginal asociada al ocio o al activismo vecinal. Hoy se consolida como una estrategia urbana clave, impulsada por la inflación de los alimentos frescos, la necesidad de soberanía alimentaria y el rápido avance de la tecnología ‘agritech’ . Balcones, azoteas, antiguos locales comerciales y naves industriales o incluso infraestructuras mineras abandonadas están dando paso a una nueva forma de producir alimentos dentro de las ciudades. Un fenómeno que combina innovación tecnológica, sostenibilidad y ahorro doméstico.Según el informe Green Urban Infrastructure Spain, coordinado por el profesor Julián Briz desde la Universidad Politécnica de Madrid, la agricultura urbana debe entenderse ya como infraestructura verde estratégica, al mismo nivel que otras redes urbanas esenciales. El documento recuerda que más del 75% de la población europea vive en ciudades, una realidad que obliga a replantear el sistema alimentario. En este nuevo contexto, los huertos urbanos y las granjas verticales dejan de ser iniciativas anecdóticas para convertirse en herramientas con impacto ambiental, social y económico.«La ciudad no puede seguir siendo únicamente un espacio consumidor; debe recuperar su capacidad productiva», subraya el informe Green Urban Infrastructure Spain, que destaca beneficios de estas infraestructuras verdes urbanas como la reducción del efecto isla de calor, el ahorro energético en edificios o la mejora de la biodiversidad.Noticia Relacionada estandar No Las semillas de larga germinación de los robots agricultores María José Pérez-Barco Su despliegue en España aún es lento, pero un fértil tejido innovador va dando forma a un cambio clave para un sector acuciado por la falta de mano de obraLa literatura académica confirma esta evolución. Un estudio publicado en la Revista Española de Estudios Agrosociales y Pesqueros por la profesora Beatriz López de Meneses, de la Universidad de Valladolid, señala que la agricultura urbana suele resurgir en periodos de crisis económica y encarecimiento de los alimentos. «La agricultura urbana cumple simultáneamente funciones productivas, económicas y sociales», explica la investigadora, que identifica su potencial para generar empleo local, reducir el gasto doméstico y favorecer modelos empresariales de proximidad. La investigación destaca además una transición clara: de huertos ciudadanos a estructuras profesionalizadas, donde aparecen cooperativas, startups y empresas tecnológicas especializadas.Sistemas ‘agritech’El salto definitivo del sector llega de la mano del ‘agritech’. Sistemas hidropónicos, cultivo vertical, iluminación LED y sensores de internet de las cosas permiten producir durante todo el año, independientemente del clima y con un consumo de agua hasta un 90% inferior al de la agricultura convencional. Esta combinación de agricultura y tecnología ha abierto la puerta a modelos de negocio hasta ahora impensables. De hecho, existen ya más de 25 tipologías empresariales diferentes vinculadas a la agricultura urbana, desde producción profesional hasta formación, asesoría y venta de soluciones tecnológicas.Uno de los ejemplos más avanzados de esta nueva generación empresarial es Cantábrica Agricultura Urbana, startup fundada en 2021 por los biólogos Tesa Portillo y Javier Espina. Desde Oviedo, la compañía desarrolla un modelo de producción basado en ‘vertical farming e hidroponía’ en entornos totalmente controlados, orientado al suministro de brotes, hojas baby y plantas gastronómicas de alto valor para restauración y comercio local.Nuevo negocios Hay 25 tipologías de empresas vinculadas a este modelo urbano desde producción a asesoríaSu sistema permite reducir hasta un 95% el consumo de agua, eliminar el uso de pesticidas y minimizar la huella de carbono al situar la producción dentro del propio núcleo urbano. La constancia en calidad y disponibilidad durante todo el año es una de sus principales ventajas competitivas. La empresa no solo produce alimentos: también actúa como socio tecnológico en proyectos de innovación agrícola urbana, reforzando su posicionamiento como actor de referencia del sector.Cantábrica ha ido un paso más allá al participar en el primer proyecto piloto de agricultura minera de España, desarrollado en una antigua bocamina del Pozo Carrio, en Asturias. La iniciativa -impulsada por el Gobierno del Principado junto al Serida (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario) y Hunosa- forma parte del programa Agroalnext financiado con fondos Next Generation. En este entorno subterráneo se cultivan productos como wasabi, salicornia o guisante lágrima mediante iluminación LED e hidroponía. El proyecto demuestra el potencial de la agricultura urbana como herramienta de reindustrialización verde, capaz de recuperar infraestructuras abandonadas y generar nuevas oportunidades económicas en territorios en transición.Ángel Leo-Revilla y Marcos Enríque, fundadores de IsifarmerJunto a modelos productivos altamente tecnificados, el sector también avanza hacia propuestas orientadas al emprendimiento ciudadano. Es el caso de Isifarmer, startup madrileña que apuesta por democratizar la agricultura vertical mediante tecnología, formación y acompañamiento técnico. Su propuesta combina sistemas de cultivo interior con capacitación práctica, permitiendo que particulares y pequeños negocios se conviertan en agricultores urbanos incluso sin experiencia previa. El objetivo es facilitar la creación de microempresas locales capaces de abastecer a restaurantes y comercios de proximidad. Isifarmer defiende un modelo ‘farm to fork’ urbano que acorta la cadena alimentaria, reduce intermediarios y refuerza el vínculo entre producción y consumo dentro de la ciudad.En verticalUn caso especialmente ilustrativo de cómo la agricultura urbana e ‘indoor farming’ puede afrontar desafíos ambientales y tecnológicos es el de Groots, la empresa española de agricultura vertical que trabaja con sistemas de cultivo en ambiente controlado. Groots utiliza su albahaca como ejemplo de cómo la innovación puede ayudar a responder a problemas estructurales como la escasez de agua y el cambio climático.Respaldo social El 88% de los ciudadanos está dispuesto a participar o apoyar estas instalaciones verdes«Nuestra producción de albahaca, cultivada en sistemas hidropónicos que recirculan el agua y los nutrientes, utiliza hasta un 95% menos de agua que los métodos tradicionales de agricultura. Esto se logra gracias a que los sistemas de recirculación capturan y reutilizan el agua que no es absorbida por las plantas, reduciendo enormemente el desperdicio», explica Carlos Gómez, uno de sus fundadores, quien subraya que la eficiencia hídrica es especialmente relevante en un contexto como el español, donde regiones como Cataluña han enfrentado periodos de sequía pronunciada, y donde la gestión del agua se ha convertido en un aspecto crítico de la política agrícola y urbana. «Nuestros cultivos en ambiente controlado permiten manejar de forma precisa las variables de crecimiento —desde la iluminación hasta la temperatura y la nutrición— lo que no solo mejora la calidad y consistencia del producto, sino que dota a las instalaciones de una gran adaptabilidad ante condiciones adversas que pueden afectar a la agricultura tradicional», explica Gómez. El auge empresarial se apoya además en una clara aceptación social. Un estudio internacional publicado en 2025 en la revista científica Urban Science revela que el 88% de los ciudadanos estaría dispuesto a participar o apoyar proyectos de agricultura urbana. La investigación concluye que estos modelos fortalecen la seguridad alimentaria, reducen la dependencia exterior y mejoran la resiliencia de las ciudades frente a crisis logísticas o climáticas. Los autores subrayan la importancia de impulsar pequeñas organizaciones y startups vinculadas a la producción local, consideradas clave para el futuro del sistema alimentario urbano.Pese a su crecimiento, el sector afronta importantes desafíos. El coste energético de la iluminación artificial, la necesidad de marcos regulatorios claros y la dificultad de escalar proyectos sin perder eficiencia siguen siendo barreras relevantes. Los expertos coinciden en que la agricultura urbana no sustituirá al campo, sino que actuará como complemento estratégico, especialmente en productos de alto valor y consumo inmediato.Alimentación urbanaTodo apunta a que la agricultura urbana ha dejado de ser una tendencia marginal. Universidades, empresas e instituciones coinciden en que las ciudades del futuro deberán integrar producción alimentaria, innovación tecnológica y sostenibilidad dentro de su propio tejido.Como concluye el informe coordinado por la Universidad Politécnica de Madrid, el debate ya no es si las ciudades pueden producir alimentos, sino cómo hacerlo de forma eficiente, rentable y ambientalmente responsable.Entre granjas verticales como Cantábrica, modelos de emprendimiento como Isifarmer y empresas innovadoras como Groots, la agricultura urbana se perfila como uno de los nuevos motores de la economía verde urbana, un sector en crecimiento que empieza a cambiar, desde dentro, la forma en la que las ciudades se alimentan.  

La agricultura urbana ha dejado de ser una actividad marginal asociada al ocio o al activismo vecinal. Hoy se consolida como una estrategia urbana clave, impulsada por la inflación de los alimentos frescos, la necesidad de soberanía alimentaria y el rápido avance de la … tecnología ‘agritech’. Balcones, azoteas, antiguos locales comerciales y naves industriales o incluso infraestructuras mineras abandonadas están dando paso a una nueva forma de producir alimentos dentro de las ciudades. Un fenómeno que combina innovación tecnológica, sostenibilidad y ahorro doméstico.

Según el informe Green Urban Infrastructure Spain, coordinado por el profesor Julián Briz desde la Universidad Politécnica de Madrid, la agricultura urbana debe entenderse ya como infraestructura verde estratégica, al mismo nivel que otras redes urbanas esenciales. El documento recuerda que más del 75% de la población europea vive en ciudades, una realidad que obliga a replantear el sistema alimentario. En este nuevo contexto, los huertos urbanos y las granjas verticales dejan de ser iniciativas anecdóticas para convertirse en herramientas con impacto ambiental, social y económico.

«La ciudad no puede seguir siendo únicamente un espacio consumidor; debe recuperar su capacidad productiva», subraya el informe Green Urban Infrastructure Spain, que destaca beneficios de estas infraestructuras verdes urbanas como la reducción del efecto isla de calor, el ahorro energético en edificios o la mejora de la biodiversidad.

La literatura académica confirma esta evolución. Un estudio publicado en la Revista Española de Estudios Agrosociales y Pesqueros por la profesora Beatriz López de Meneses, de la Universidad de Valladolid, señala que la agricultura urbana suele resurgir en periodos de crisis económica y encarecimiento de los alimentos. «La agricultura urbana cumple simultáneamente funciones productivas, económicas y sociales», explica la investigadora, que identifica su potencial para generar empleo local, reducir el gasto doméstico y favorecer modelos empresariales de proximidad. La investigación destaca además una transición clara: de huertos ciudadanos a estructuras profesionalizadas, donde aparecen cooperativas, startups y empresas tecnológicas especializadas.

Sistemas ‘agritech’

El salto definitivo del sector llega de la mano del ‘agritech’. Sistemas hidropónicos, cultivo vertical, iluminación LED y sensores de internet de las cosas permiten producir durante todo el año, independientemente del clima y con un consumo de agua hasta un 90% inferior al de la agricultura convencional. Esta combinación de agricultura y tecnología ha abierto la puerta a modelos de negocio hasta ahora impensables. De hecho, existen ya más de 25 tipologías empresariales diferentes vinculadas a la agricultura urbana, desde producción profesional hasta formación, asesoría y venta de soluciones tecnológicas.

Uno de los ejemplos más avanzados de esta nueva generación empresarial es Cantábrica Agricultura Urbana, startup fundada en 2021 por los biólogos Tesa Portillo y Javier Espina. Desde Oviedo, la compañía desarrolla un modelo de producción basado en ‘vertical farming e hidroponía’ en entornos totalmente controlados, orientado al suministro de brotes, hojas baby y plantas gastronómicas de alto valor para restauración y comercio local.

Nuevo negocios

Hay 25 tipologías de empresas vinculadas a este modelo urbano desde producción a asesoría

Su sistema permite reducir hasta un 95% el consumo de agua, eliminar el uso de pesticidas y minimizar la huella de carbono al situar la producción dentro del propio núcleo urbano. La constancia en calidad y disponibilidad durante todo el año es una de sus principales ventajas competitivas. La empresa no solo produce alimentos: también actúa como socio tecnológico en proyectos de innovación agrícola urbana, reforzando su posicionamiento como actor de referencia del sector.

Cantábrica ha ido un paso más allá al participar en el primer proyecto piloto de agricultura minera de España, desarrollado en una antigua bocamina del Pozo Carrio, en Asturias. La iniciativa -impulsada por el Gobierno del Principado junto al Serida (Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario) y Hunosa- forma parte del programa Agroalnext financiado con fondos Next Generation. En este entorno subterráneo se cultivan productos como wasabi, salicornia o guisante lágrima mediante iluminación LED e hidroponía. El proyecto demuestra el potencial de la agricultura urbana como herramienta de reindustrialización verde, capaz de recuperar infraestructuras abandonadas y generar nuevas oportunidades económicas en territorios en transición.

Ángel Leo-Revilla y Marcos Enríque, fundadores de Isifarmer
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Junto a modelos productivos altamente tecnificados, el sector también avanza hacia propuestas orientadas al emprendimiento ciudadano. Es el caso de Isifarmer, startup madrileña que apuesta por democratizar la agricultura vertical mediante tecnología, formación y acompañamiento técnico. Su propuesta combina sistemas de cultivo interior con capacitación práctica, permitiendo que particulares y pequeños negocios se conviertan en agricultores urbanos incluso sin experiencia previa. El objetivo es facilitar la creación de microempresas locales capaces de abastecer a restaurantes y comercios de proximidad. Isifarmer defiende un modelo ‘farm to fork’ urbano que acorta la cadena alimentaria, reduce intermediarios y refuerza el vínculo entre producción y consumo dentro de la ciudad.

En vertical

Un caso especialmente ilustrativo de cómo la agricultura urbana e ‘indoor farming’ puede afrontar desafíos ambientales y tecnológicos es el de Groots, la empresa española de agricultura vertical que trabaja con sistemas de cultivo en ambiente controlado. Groots utiliza su albahaca como ejemplo de cómo la innovación puede ayudar a responder a problemas estructurales como la escasez de agua y el cambio climático.

Respaldo social

El 88% de los ciudadanos está dispuesto a participar o apoyar estas instalaciones verdes

«Nuestra producción de albahaca, cultivada en sistemas hidropónicos que recirculan el agua y los nutrientes, utiliza hasta un 95% menos de agua que los métodos tradicionales de agricultura. Esto se logra gracias a que los sistemas de recirculación capturan y reutilizan el agua que no es absorbida por las plantas, reduciendo enormemente el desperdicio», explica Carlos Gómez, uno de sus fundadores, quien subraya que la eficiencia hídrica es especialmente relevante en un contexto como el español, donde regiones como Cataluña han enfrentado periodos de sequía pronunciada, y donde la gestión del agua se ha convertido en un aspecto crítico de la política agrícola y urbana.

«Nuestros cultivos en ambiente controlado permiten manejar de forma precisa las variables de crecimiento —desde la iluminación hasta la temperatura y la nutrición— lo que no solo mejora la calidad y consistencia del producto, sino que dota a las instalaciones de una gran adaptabilidad ante condiciones adversas que pueden afectar a la agricultura tradicional», explica Gómez.

El auge empresarial se apoya además en una clara aceptación social. Un estudio internacional publicado en 2025 en la revista científica Urban Science revela que el 88% de los ciudadanos estaría dispuesto a participar o apoyar proyectos de agricultura urbana. La investigación concluye que estos modelos fortalecen la seguridad alimentaria, reducen la dependencia exterior y mejoran la resiliencia de las ciudades frente a crisis logísticas o climáticas. Los autores subrayan la importancia de impulsar pequeñas organizaciones y startups vinculadas a la producción local, consideradas clave para el futuro del sistema alimentario urbano.

Pese a su crecimiento, el sector afronta importantes desafíos. El coste energético de la iluminación artificial, la necesidad de marcos regulatorios claros y la dificultad de escalar proyectos sin perder eficiencia siguen siendo barreras relevantes. Los expertos coinciden en que la agricultura urbana no sustituirá al campo, sino que actuará como complemento estratégico, especialmente en productos de alto valor y consumo inmediato.

Alimentación urbana

Todo apunta a que la agricultura urbana ha dejado de ser una tendencia marginal. Universidades, empresas e instituciones coinciden en que las ciudades del futuro deberán integrar producción alimentaria, innovación tecnológica y sostenibilidad dentro de su propio tejido.

Como concluye el informe coordinado por la Universidad Politécnica de Madrid, el debate ya no es si las ciudades pueden producir alimentos, sino cómo hacerlo de forma eficiente, rentable y ambientalmente responsable.

Entre granjas verticales como Cantábrica, modelos de emprendimiento como Isifarmer y empresas innovadoras como Groots, la agricultura urbana se perfila como uno de los nuevos motores de la economía verde urbana, un sector en crecimiento que empieza a cambiar, desde dentro, la forma en la que las ciudades se alimentan.

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