La sombra de Cantaor se estiraba, brava y noble, sobre la arena. Aún se hablaba de aquella jonda embestida y de cómo la había cuajado Castella en una faena de cante grande. «¿Vio usted lo de Cantaor?», «¡Vaya Cantaor!»… No había nombre que se pronunciara más desde Cantaor de la Cruz, perdón, Don Ramón, hasta Alcalá 237. Se preguntaba la gente qué más necesitaba un toro para que le perdonasen la vida en Las Ventas. Porque si aquel excepcional Victoriano se hubiese lidiado en cualquier otro escenario de primera, ya estaría de vuelta en el campo, con un harén de vacas esperándolo. Pero no hubo indulto y quién sabe si lo habrá tras Velador. A Ortega Cano le cantaban en el callejón su hito del 82, el único en esta plaza. De momento… A Cantaor recordábamos cuando desfilaron los caballos, el animal más bello de la faz de la tierra, con permiso del toro bravo. Se colgó el noveno ‘No hay billetes’ en el festejo estrella de rejones, con Diego Ventura como máximo reclamo en su encuentro con Guillermo Hermoso de Mendoza. No le tocó precisamente al de La Puebla el mejor lote de una buenecita corrida de Sánchez y Sánchez -el lote de Cartagena fue estupendo-, sino todo lo contrario. Nulo Ranita, al que recibió en la puerta de chiqueros con aires camperos, garrocha en mano. Montaba a Guadalquivir, una pintura mitad lusa, mitad árabe, catorce años hechos de belleza alazana. Se desentendió el toro, tremendamente aquerenciado, y Ventura recurrió a su técnica para sacar agua de un pozo seco. Pero tanto se afligió -sangró mucho, además- que acabó desplomándose y no tuvo más remedio que darle matarile. La decepción dio paso a los «¡vivas!» a España, replicado con otro a Pedro Sánchez. La bronca llegó a La Moncloa. Noticia relacionada general No No Cincuenta años de alternativa de Luis Francisco Esplá: «Yo era un torero anacrónico» Alicia P. VelardeFue un festejo con más «¡vivas!» que en toda la feria: al Rey, a la Guardia Civil, al presidente, al pueblo del suegro… Pero, sobre todo, sirvió para subrayar el sentido de la lidia de Ventura, puro magisterio en una faena para profesionales y conocedores del toro y del caballo. Con mucho para ver, aprender y reflexionar. Ocurrió en el corretón y huido quinto, al que le encantaba barbear las tablas. No quería pelea Melonero, cuyo bautismo le venía al pelo: hasta que no se abren y se catan no se conoce su fondo. Todo lo que tenía extrajo Diego, consintiéndolo con su saber sobre distancias, terrenos y temple. Y pisando el sitio del compromiso. Con ese sabor de aquel redondo y en ese batir al pitón contrario. Con qué categoría lo toreó a dos pistas sobre Quirico, que logró imantar al de Sánchez. Hubo pureza, sí, pero también fibra y listeza para ofrecer al público la vistosidad de las elevadas antes de clavar: una en el 8 y otra en el 5, siempre a favor de Melonero. taurina_0639Sacó la artillería pesada de Lío y lo provocó en la distancia larga, de frente, fijándolo, de dentro a fuera, aunque el de Sánchez tardeaba tela marinera y no quería acudir. Modificaba el territorio Diego, empeñado en el quiebro. Con la rienda en la izquierda y la banderilla en la derecha, derrochó torería en auténticos muletazos antes de quitar la cabezada a Bronce, que fascinó con sus bocados. Marcha atrás abandonó el ruedo para sacar a Brillante y colocar cortas al violín y una rosa. Con la suerte del teléfono cerró la obra más importante del sexteto. Enterró el rejón, pero precisó del descabello. Certeramente lo manejó: ya lo hubiesen firmado Aguado, Castella o De Justo, por ponerlo en orden de sucesión de faenas marradas con el verduguillo.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Sábado, 23 de mayo. Decimocuarta corrida. Cartel de ‘No hay billetes’. Toros de Ángel Sánchez y Sánchez: 1º, estupendo, con clase y ritmo; 2º, afligido y sin opciones; 3º, descolgado y con entrega desde la salida pero rajadito; 4º, notable; 5º; costoso pese a sus matices buenos; 6º, bueno pero a menos. Andy Cartagena, rejón trasero (vuelta al ruedo tras petición con bronca al palco); pinchazo y rejón (oreja); Diego Ventura, rejón (silencio); rejón y descabello (oreja). Guillermo Hermoso de Mendoza, rejón y dos descabellos (silencio); tres pinchazos, rejón y tres descabellos (palmas de despedida).Una orejita de escaso relieve cortó Andy Cartagena al cuarto, en el que se dejó tocar la montura, con mucho caballazo y guiño a la galería. Quizá fue en compensación por la negada en el otro estupendo primero, donde combinó pasajes más sobrios con espectacularidades que enloquecieron. Sin premio se quedó Hermoso por su desacierto final tras lucirse a buen nivel en el sexto. Ilusionó el tercero de salida, descolgando y con la cara p’alante, pero todo fue a menos. La sombra de Cantaor se estiraba, brava y noble, sobre la arena. Aún se hablaba de aquella jonda embestida y de cómo la había cuajado Castella en una faena de cante grande. «¿Vio usted lo de Cantaor?», «¡Vaya Cantaor!»… No había nombre que se pronunciara más desde Cantaor de la Cruz, perdón, Don Ramón, hasta Alcalá 237. Se preguntaba la gente qué más necesitaba un toro para que le perdonasen la vida en Las Ventas. Porque si aquel excepcional Victoriano se hubiese lidiado en cualquier otro escenario de primera, ya estaría de vuelta en el campo, con un harén de vacas esperándolo. Pero no hubo indulto y quién sabe si lo habrá tras Velador. A Ortega Cano le cantaban en el callejón su hito del 82, el único en esta plaza. De momento… A Cantaor recordábamos cuando desfilaron los caballos, el animal más bello de la faz de la tierra, con permiso del toro bravo. Se colgó el noveno ‘No hay billetes’ en el festejo estrella de rejones, con Diego Ventura como máximo reclamo en su encuentro con Guillermo Hermoso de Mendoza. No le tocó precisamente al de La Puebla el mejor lote de una buenecita corrida de Sánchez y Sánchez -el lote de Cartagena fue estupendo-, sino todo lo contrario. Nulo Ranita, al que recibió en la puerta de chiqueros con aires camperos, garrocha en mano. Montaba a Guadalquivir, una pintura mitad lusa, mitad árabe, catorce años hechos de belleza alazana. Se desentendió el toro, tremendamente aquerenciado, y Ventura recurrió a su técnica para sacar agua de un pozo seco. Pero tanto se afligió -sangró mucho, además- que acabó desplomándose y no tuvo más remedio que darle matarile. La decepción dio paso a los «¡vivas!» a España, replicado con otro a Pedro Sánchez. La bronca llegó a La Moncloa. Noticia relacionada general No No Cincuenta años de alternativa de Luis Francisco Esplá: «Yo era un torero anacrónico» Alicia P. VelardeFue un festejo con más «¡vivas!» que en toda la feria: al Rey, a la Guardia Civil, al presidente, al pueblo del suegro… Pero, sobre todo, sirvió para subrayar el sentido de la lidia de Ventura, puro magisterio en una faena para profesionales y conocedores del toro y del caballo. Con mucho para ver, aprender y reflexionar. Ocurrió en el corretón y huido quinto, al que le encantaba barbear las tablas. No quería pelea Melonero, cuyo bautismo le venía al pelo: hasta que no se abren y se catan no se conoce su fondo. Todo lo que tenía extrajo Diego, consintiéndolo con su saber sobre distancias, terrenos y temple. Y pisando el sitio del compromiso. Con ese sabor de aquel redondo y en ese batir al pitón contrario. Con qué categoría lo toreó a dos pistas sobre Quirico, que logró imantar al de Sánchez. Hubo pureza, sí, pero también fibra y listeza para ofrecer al público la vistosidad de las elevadas antes de clavar: una en el 8 y otra en el 5, siempre a favor de Melonero. taurina_0639Sacó la artillería pesada de Lío y lo provocó en la distancia larga, de frente, fijándolo, de dentro a fuera, aunque el de Sánchez tardeaba tela marinera y no quería acudir. Modificaba el territorio Diego, empeñado en el quiebro. Con la rienda en la izquierda y la banderilla en la derecha, derrochó torería en auténticos muletazos antes de quitar la cabezada a Bronce, que fascinó con sus bocados. Marcha atrás abandonó el ruedo para sacar a Brillante y colocar cortas al violín y una rosa. Con la suerte del teléfono cerró la obra más importante del sexteto. Enterró el rejón, pero precisó del descabello. Certeramente lo manejó: ya lo hubiesen firmado Aguado, Castella o De Justo, por ponerlo en orden de sucesión de faenas marradas con el verduguillo.Feria de San Isidro Monumental de las Ventas Sábado, 23 de mayo. Decimocuarta corrida. Cartel de ‘No hay billetes’. Toros de Ángel Sánchez y Sánchez: 1º, estupendo, con clase y ritmo; 2º, afligido y sin opciones; 3º, descolgado y con entrega desde la salida pero rajadito; 4º, notable; 5º; costoso pese a sus matices buenos; 6º, bueno pero a menos. Andy Cartagena, rejón trasero (vuelta al ruedo tras petición con bronca al palco); pinchazo y rejón (oreja); Diego Ventura, rejón (silencio); rejón y descabello (oreja). Guillermo Hermoso de Mendoza, rejón y dos descabellos (silencio); tres pinchazos, rejón y tres descabellos (palmas de despedida).Una orejita de escaso relieve cortó Andy Cartagena al cuarto, en el que se dejó tocar la montura, con mucho caballazo y guiño a la galería. Quizá fue en compensación por la negada en el otro estupendo primero, donde combinó pasajes más sobrios con espectacularidades que enloquecieron. Sin premio se quedó Hermoso por su desacierto final tras lucirse a buen nivel en el sexto. Ilusionó el tercero de salida, descolgando y con la cara p’alante, pero todo fue a menos.
La sombra de Cantaor se estiraba, brava y noble, sobre la arena. Aún se hablaba de aquella jonda embestida y de cómo la había cuajado Castella en una faena de cante grande. «¿Vio usted lo de Cantaor?», «¡Vaya Cantaor!»… No había nombre que se … pronunciara más desde Cantaor de la Cruz, perdón, Don Ramón, hasta Alcalá 237. Se preguntaba la gente qué más necesitaba un toro para que le perdonasen la vida en Las Ventas. Porque si aquel excepcional Victoriano se hubiese lidiado en cualquier otro escenario de primera, ya estaría de vuelta en el campo, con un harén de vacas esperándolo. Pero no hubo indulto y quién sabe si lo habrá tras Velador. A Ortega Cano le cantaban en el callejón su hito del 82, el único en esta plaza. De momento… A Cantaor recordábamos cuando desfilaron los caballos, el animal más bello de la faz de la tierra, con permiso del toro bravo.
Se colgó el noveno ‘No hay billetes’ en el festejo estrella de rejones, con Diego Ventura como máximo reclamo en su encuentro con Guillermo Hermoso de Mendoza. No le tocó precisamente al de La Puebla el mejor lote de una buenecita corrida de Sánchez y Sánchez -el lote de Cartagena fue estupendo-, sino todo lo contrario. Nulo Ranita, al que recibió en la puerta de chiqueros con aires camperos, garrocha en mano. Montaba a Guadalquivir, una pintura mitad lusa, mitad árabe, catorce años hechos de belleza alazana. Se desentendió el toro, tremendamente aquerenciado, y Ventura recurrió a su técnica para sacar agua de un pozo seco. Pero tanto se afligió -sangró mucho, además- que acabó desplomándose y no tuvo más remedio que darle matarile. La decepción dio paso a los «¡vivas!» a España, replicado con otro a Pedro Sánchez. La bronca llegó a La Moncloa.
Noticia relacionada
Fue un festejo con más «¡vivas!» que en toda la feria: al Rey, a la Guardia Civil, al presidente, al pueblo del suegro… Pero, sobre todo, sirvió para subrayar el sentido de la lidia de Ventura, puro magisterio en una faena para profesionales y conocedores del toro y del caballo. Con mucho para ver, aprender y reflexionar. Ocurrió en el corretón y huido quinto, al que le encantaba barbear las tablas. No quería pelea Melonero, cuyo bautismo le venía al pelo: hasta que no se abren y se catan no se conoce su fondo. Todo lo que tenía extrajo Diego, consintiéndolo con su saber sobre distancias, terrenos y temple. Y pisando el sitio del compromiso. Con ese sabor de aquel redondo y en ese batir al pitón contrario. Con qué categoría lo toreó a dos pistas sobre Quirico, que logró imantar al de Sánchez. Hubo pureza, sí, pero también fibra y listeza para ofrecer al público la vistosidad de las elevadas antes de clavar: una en el 8 y otra en el 5, siempre a favor de Melonero.
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Sacó la artillería pesada de Lío y lo provocó en la distancia larga, de frente, fijándolo, de dentro a fuera, aunque el de Sánchez tardeaba tela marinera y no quería acudir. Modificaba el territorio Diego, empeñado en el quiebro. Con la rienda en la izquierda y la banderilla en la derecha, derrochó torería en auténticos muletazos antes de quitar la cabezada a Bronce, que fascinó con sus bocados. Marcha atrás abandonó el ruedo para sacar a Brillante y colocar cortas al violín y una rosa. Con la suerte del teléfono cerró la obra más importante del sexteto. Enterró el rejón, pero precisó del descabello. Certeramente lo manejó: ya lo hubiesen firmado Aguado, Castella o De Justo, por ponerlo en orden de sucesión de faenas marradas con el verduguillo.
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Sábado, 23 de mayo. Decimocuarta corrida. Cartel de ‘No hay billetes’. Toros de Ángel Sánchez y Sánchez: 1º, estupendo, con clase y ritmo; 2º, afligido y sin opciones; 3º, descolgado y con entrega desde la salida pero rajadito; 4º, notable; 5º; costoso pese a sus matices buenos; 6º, bueno pero a menos.
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Andy Cartagena,
rejón trasero (vuelta al ruedo tras petición con bronca al palco); pinchazo y rejón (oreja); -
Diego Ventura,
rejón (silencio); rejón y descabello (oreja). -
Guillermo Hermoso de Mendoza,
rejón y dos descabellos (silencio); tres pinchazos, rejón y tres descabellos (palmas de despedida).
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Una orejita de escaso relieve cortó Andy Cartagena al cuarto, en el que se dejó tocar la montura, con mucho caballazo y guiño a la galería. Quizá fue en compensación por la negada en el otro estupendo primero, donde combinó pasajes más sobrios con espectacularidades que enloquecieron. Sin premio se quedó Hermoso por su desacierto final tras lucirse a buen nivel en el sexto. Ilusionó el tercero de salida, descolgando y con la cara p’alante, pero todo fue a menos.
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