Desde que EE.UU. e Israel decidieron el pasado 28 de febrero iniciar una ofensiva militar sobre Irán el mundo entero contiene la respiración. En ese momento los precios del petróleo y el gas se dispararon. El estrecho de Ormuz soporta el 20% del tránsito mundial de ambas materias primas, y el golpe era evidente. Sin embargo, desde entonces, y pese a que el barril de Brent se ha instalado por encima de los 100 dólares, el mercado ha transmitido una extraña sensación de calma. Desde esa misma perspectiva que a veces la ciudadanía no entiende –porque los costes ya se han disparado, como la gasolina–, ahora se trabajan en una serie de recetas para afrontar un nuevo horizonte, aunque se hace con relativa calma.El mercado y todos los componentes que lo integran: fondos, petroleras, ‘broker’ energéticos… empiezan a asumir que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tiene muy claro cómo terminar con el conflicto. Por eso, se apresuran a reordenar la economía mundial para que no sufra por esta crisis del crudo. Y es que el mercado petrolero internacional atraviesa una etapa de alta volatilidad marcada por la persistente crisis en el estrecho de Ormuz , aunque los analistas consideran que el impacto más severo podría ser temporal. Así lo valoran desde Julius Baer, donde asumen que, pese a que Estados Unidos volvió a suspender las medidas de protección del comercio marítimo en la zona y los tránsitos siguen reducidos al mínimo, el precio del crudo retrocedió por debajo de los 110 dólares por barril, señal de que los operadores perciben, por ahora, un riesgo contenido de escalada militar.Noticia relacionada general No No La industria automotriz europea teme una guerra comercial Patxi FernándezTras el ‘shock’ inicial, el mercado ha entrado en una nueva fase centrada en la absorción del déficit de oferta mediante una intensa reducción de inventarios estratégicos y comerciales . Las reservas acumuladas en Norteamérica, Europa y Asia están actuando como principal colchón para equilibrar la diferencia entre producción y consumo. Este es uno de principales vectores sobre los que se trabaja: conseguir que las reservas se distribuyan de manera inteligente.Sin embargo, los analistas advierten de que este mecanismo tiene un límite. Una vez superado el verano, el mercado podría entrar en una etapa más delicada en la que los elevados precios del petróleo provoquen recortes de demanda más pronunciados. El ajuste afectaría especialmente al transporte, la industria petroquímica y los sectores más intensivos en combustibles fósiles, donde consumidores y empresas comenzarían a reducir consumo por razones económicas. El encarecimiento energético también podría desacelerar la actividad industrial y moderar el crecimiento global, reproduciendo el patrón histórico de crisis petroleras «breves pero intensas».Nuevos escenariosPor ahora, la reorganización de las rutas comerciales y el uso de vías alternativas de exportación desde Oriente Próximo han evitado interrupciones críticas. A ello se suma una mayor resiliencia del mercado gracias al aumento de la producción suramericana, el repunte de las exportaciones venezolanas y la abundancia de combustibles y líquidos de gas natural en Norteamérica.Algunas decisiones de negocio se empiezan a tomar asumiendo que el barril de petróleo estará cercano a los 100 dólaresUno de los últimos informes de Julius Baer señala que la actual crisis podría acelerar cambios estructurales ya en marcha. La electrificación del transporte, nuevos corredores de exportación fuera del golfo Pérsico y la diversificación del suministro mundial reducirían progresivamente la relevancia estratégica del estrecho de Ormuz. En ese escenario, los precios del petróleo tenderían a moderarse nuevamente hacia finales de año.Foco inesperadoDonde residen muchas esperanzas, según un informe de Rystad Energy, es que toda esta situación podría transformar el mapa energético de Suramérica y añadir hasta 2,1 millones de barriles diarios de producción adicional hacia mediados de la próxima década. El análisis llega en un contexto marcado por la crisis, situación que obligó a revisar al alza la previsión del Brent para 2026, desde los 60 dólares estimados en enero hasta 89 dólares por barril en la actualidad.Según la consultora, el encarecimiento del crudo impulsará de forma significativa las finanzas públicas de la región. Con los actuales niveles de producción, los gobiernos suramericanos podrían recibir este año unos 43.000 millones de dólares adicionales respecto al escenario base. Entre las empresas más beneficiadas figura la brasileña Petrobras, cuyos ingresos aumentarían en más de 13.000 millones de dólares gracias al nuevo escenario de precios.Las reservas estratégicas jugarán un papel clave durante los próximos meses, al menos mientras que Ormuz siga bloqueadaBrasil, Guyana y Surinam aparecen como los principales motores del crecimiento regional, especialmente por sus desarrollos ‘offshore’. Rystad calcula que estos proyectos podrían aportar más de un millón de barriles equivalentes diarios adicionales durante la próxima década, respaldados por inversiones cercanas a los 33.000 millones de dólares hasta 2035. En Guyana, ExxonMobil lidera la expansión con el proyecto Yellowtail.El informe también destaca el posible regreso de Venezuela al mercado global. Bajo un escenario de 100 dólares por barril, el país podría sumar 910.000 barriles diarios para 2035 si avanzan el alivio de sanciones y las reformas regulatorias. Empresas como Shell, Chevron, Eni y Repsol ya exploran oportunidades. En Argentina, Vaca Muerta se consolida como el proyecto no convencional más dinámico de la región, con perspectivas de alcanzar hasta 1,8 millones de barriles diarios en 2035.Ante este contexto, una de las mejores explicaciones a lo que se avecina lo explicó hace unos días en un foro público el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, al hablar de que «la volatilidad forma ya parte de esto que llaman ahora la ‘permacrisis’, una cosa permanente que es bastante difícil de gestionar con las herramientas que teníamos antes. Yo creo que los que trabajamos en el mundo de la energía, hoy nos informamos más de lo que hacían nuestros predecesores hace diez años». Desde que EE.UU. e Israel decidieron el pasado 28 de febrero iniciar una ofensiva militar sobre Irán el mundo entero contiene la respiración. En ese momento los precios del petróleo y el gas se dispararon. El estrecho de Ormuz soporta el 20% del tránsito mundial de ambas materias primas, y el golpe era evidente. Sin embargo, desde entonces, y pese a que el barril de Brent se ha instalado por encima de los 100 dólares, el mercado ha transmitido una extraña sensación de calma. Desde esa misma perspectiva que a veces la ciudadanía no entiende –porque los costes ya se han disparado, como la gasolina–, ahora se trabajan en una serie de recetas para afrontar un nuevo horizonte, aunque se hace con relativa calma.El mercado y todos los componentes que lo integran: fondos, petroleras, ‘broker’ energéticos… empiezan a asumir que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tiene muy claro cómo terminar con el conflicto. Por eso, se apresuran a reordenar la economía mundial para que no sufra por esta crisis del crudo. Y es que el mercado petrolero internacional atraviesa una etapa de alta volatilidad marcada por la persistente crisis en el estrecho de Ormuz , aunque los analistas consideran que el impacto más severo podría ser temporal. Así lo valoran desde Julius Baer, donde asumen que, pese a que Estados Unidos volvió a suspender las medidas de protección del comercio marítimo en la zona y los tránsitos siguen reducidos al mínimo, el precio del crudo retrocedió por debajo de los 110 dólares por barril, señal de que los operadores perciben, por ahora, un riesgo contenido de escalada militar.Noticia relacionada general No No La industria automotriz europea teme una guerra comercial Patxi FernándezTras el ‘shock’ inicial, el mercado ha entrado en una nueva fase centrada en la absorción del déficit de oferta mediante una intensa reducción de inventarios estratégicos y comerciales . Las reservas acumuladas en Norteamérica, Europa y Asia están actuando como principal colchón para equilibrar la diferencia entre producción y consumo. Este es uno de principales vectores sobre los que se trabaja: conseguir que las reservas se distribuyan de manera inteligente.Sin embargo, los analistas advierten de que este mecanismo tiene un límite. Una vez superado el verano, el mercado podría entrar en una etapa más delicada en la que los elevados precios del petróleo provoquen recortes de demanda más pronunciados. El ajuste afectaría especialmente al transporte, la industria petroquímica y los sectores más intensivos en combustibles fósiles, donde consumidores y empresas comenzarían a reducir consumo por razones económicas. El encarecimiento energético también podría desacelerar la actividad industrial y moderar el crecimiento global, reproduciendo el patrón histórico de crisis petroleras «breves pero intensas».Nuevos escenariosPor ahora, la reorganización de las rutas comerciales y el uso de vías alternativas de exportación desde Oriente Próximo han evitado interrupciones críticas. A ello se suma una mayor resiliencia del mercado gracias al aumento de la producción suramericana, el repunte de las exportaciones venezolanas y la abundancia de combustibles y líquidos de gas natural en Norteamérica.Algunas decisiones de negocio se empiezan a tomar asumiendo que el barril de petróleo estará cercano a los 100 dólaresUno de los últimos informes de Julius Baer señala que la actual crisis podría acelerar cambios estructurales ya en marcha. La electrificación del transporte, nuevos corredores de exportación fuera del golfo Pérsico y la diversificación del suministro mundial reducirían progresivamente la relevancia estratégica del estrecho de Ormuz. En ese escenario, los precios del petróleo tenderían a moderarse nuevamente hacia finales de año.Foco inesperadoDonde residen muchas esperanzas, según un informe de Rystad Energy, es que toda esta situación podría transformar el mapa energético de Suramérica y añadir hasta 2,1 millones de barriles diarios de producción adicional hacia mediados de la próxima década. El análisis llega en un contexto marcado por la crisis, situación que obligó a revisar al alza la previsión del Brent para 2026, desde los 60 dólares estimados en enero hasta 89 dólares por barril en la actualidad.Según la consultora, el encarecimiento del crudo impulsará de forma significativa las finanzas públicas de la región. Con los actuales niveles de producción, los gobiernos suramericanos podrían recibir este año unos 43.000 millones de dólares adicionales respecto al escenario base. Entre las empresas más beneficiadas figura la brasileña Petrobras, cuyos ingresos aumentarían en más de 13.000 millones de dólares gracias al nuevo escenario de precios.Las reservas estratégicas jugarán un papel clave durante los próximos meses, al menos mientras que Ormuz siga bloqueadaBrasil, Guyana y Surinam aparecen como los principales motores del crecimiento regional, especialmente por sus desarrollos ‘offshore’. Rystad calcula que estos proyectos podrían aportar más de un millón de barriles equivalentes diarios adicionales durante la próxima década, respaldados por inversiones cercanas a los 33.000 millones de dólares hasta 2035. En Guyana, ExxonMobil lidera la expansión con el proyecto Yellowtail.El informe también destaca el posible regreso de Venezuela al mercado global. Bajo un escenario de 100 dólares por barril, el país podría sumar 910.000 barriles diarios para 2035 si avanzan el alivio de sanciones y las reformas regulatorias. Empresas como Shell, Chevron, Eni y Repsol ya exploran oportunidades. En Argentina, Vaca Muerta se consolida como el proyecto no convencional más dinámico de la región, con perspectivas de alcanzar hasta 1,8 millones de barriles diarios en 2035.Ante este contexto, una de las mejores explicaciones a lo que se avecina lo explicó hace unos días en un foro público el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, al hablar de que «la volatilidad forma ya parte de esto que llaman ahora la ‘permacrisis’, una cosa permanente que es bastante difícil de gestionar con las herramientas que teníamos antes. Yo creo que los que trabajamos en el mundo de la energía, hoy nos informamos más de lo que hacían nuestros predecesores hace diez años».
Desde que EE.UU. e Israel decidieron el pasado 28 de febrero iniciar una ofensiva militar sobre Irán el mundo entero contiene la respiración. En ese momento los precios del petróleo y el gas se dispararon. El estrecho de Ormuz soporta el 20% del tránsito … mundial de ambas materias primas, y el golpe era evidente. Sin embargo, desde entonces, y pese a que el barril de Brent se ha instalado por encima de los 100 dólares, el mercado ha transmitido una extraña sensación de calma. Desde esa misma perspectiva que a veces la ciudadanía no entiende –porque los costes ya se han disparado, como la gasolina–, ahora se trabajan en una serie de recetas para afrontar un nuevo horizonte, aunque se hace con relativa calma.
El mercado y todos los componentes que lo integran: fondos, petroleras, ‘broker’ energéticos… empiezan a asumir que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tiene muy claro cómo terminar con el conflicto. Por eso, se apresuran a reordenar la economía mundial para que no sufra por esta crisis del crudo.
Y es que el mercado petrolero internacional atraviesa una etapa de alta volatilidad marcada por la persistente crisis en el estrecho de Ormuz, aunque los analistas consideran que el impacto más severo podría ser temporal. Así lo valoran desde Julius Baer, donde asumen que, pese a que Estados Unidos volvió a suspender las medidas de protección del comercio marítimo en la zona y los tránsitos siguen reducidos al mínimo, el precio del crudo retrocedió por debajo de los 110 dólares por barril, señal de que los operadores perciben, por ahora, un riesgo contenido de escalada militar.
Noticia relacionada
-
Patxi Fernández
Tras el ‘shock’ inicial, el mercado ha entrado en una nueva fase centrada en la absorción del déficit de oferta mediante una intensa reducción de inventarios estratégicos y comerciales. Las reservas acumuladas en Norteamérica, Europa y Asia están actuando como principal colchón para equilibrar la diferencia entre producción y consumo. Este es uno de principales vectores sobre los que se trabaja: conseguir que las reservas se distribuyan de manera inteligente.
Sin embargo, los analistas advierten de que este mecanismo tiene un límite. Una vez superado el verano, el mercado podría entrar en una etapa más delicada en la que los elevados precios del petróleo provoquen recortes de demanda más pronunciados. El ajuste afectaría especialmente al transporte, la industria petroquímica y los sectores más intensivos en combustibles fósiles, donde consumidores y empresas comenzarían a reducir consumo por razones económicas. El encarecimiento energético también podría desacelerar la actividad industrial y moderar el crecimiento global, reproduciendo el patrón histórico de crisis petroleras «breves pero intensas».
Nuevos escenarios
Por ahora, la reorganización de las rutas comerciales y el uso de vías alternativas de exportación desde Oriente Próximo han evitado interrupciones críticas. A ello se suma una mayor resiliencia del mercado gracias al aumento de la producción suramericana, el repunte de las exportaciones venezolanas y la abundancia de combustibles y líquidos de gas natural en Norteamérica.
Algunas decisiones de negocio se empiezan a tomar asumiendo que el barril de petróleo estará cercano a los 100 dólares
Uno de los últimos informes de Julius Baer señala que la actual crisis podría acelerar cambios estructurales ya en marcha. La electrificación del transporte, nuevos corredores de exportación fuera del golfo Pérsico y la diversificación del suministro mundial reducirían progresivamente la relevancia estratégica del estrecho de Ormuz. En ese escenario, los precios del petróleo tenderían a moderarse nuevamente hacia finales de año.
Foco inesperado
Donde residen muchas esperanzas, según un informe de Rystad Energy, es que toda esta situación podría transformar el mapa energético de Suramérica y añadir hasta 2,1 millones de barriles diarios de producción adicional hacia mediados de la próxima década. El análisis llega en un contexto marcado por la crisis, situación que obligó a revisar al alza la previsión del Brent para 2026, desde los 60 dólares estimados en enero hasta 89 dólares por barril en la actualidad.
Según la consultora, el encarecimiento del crudo impulsará de forma significativa las finanzas públicas de la región. Con los actuales niveles de producción, los gobiernos suramericanos podrían recibir este año unos 43.000 millones de dólares adicionales respecto al escenario base. Entre las empresas más beneficiadas figura la brasileña Petrobras, cuyos ingresos aumentarían en más de 13.000 millones de dólares gracias al nuevo escenario de precios.
Las reservas estratégicas jugarán un papel clave durante los próximos meses, al menos mientras que Ormuz siga bloqueada
Brasil, Guyana y Surinam aparecen como los principales motores del crecimiento regional, especialmente por sus desarrollos ‘offshore’. Rystad calcula que estos proyectos podrían aportar más de un millón de barriles equivalentes diarios adicionales durante la próxima década, respaldados por inversiones cercanas a los 33.000 millones de dólares hasta 2035. En Guyana, ExxonMobil lidera la expansión con el proyecto Yellowtail.
El informe también destaca el posible regreso de Venezuela al mercado global. Bajo un escenario de 100 dólares por barril, el país podría sumar 910.000 barriles diarios para 2035 si avanzan el alivio de sanciones y las reformas regulatorias. Empresas como Shell, Chevron, Eni y Repsol ya exploran oportunidades. En Argentina, Vaca Muerta se consolida como el proyecto no convencional más dinámico de la región, con perspectivas de alcanzar hasta 1,8 millones de barriles diarios en 2035.
Ante este contexto, una de las mejores explicaciones a lo que se avecina lo explicó hace unos días en un foro público el presidente de Naturgy, Francisco Reynés, al hablar de que «la volatilidad forma ya parte de esto que llaman ahora la ‘permacrisis’, una cosa permanente que es bastante difícil de gestionar con las herramientas que teníamos antes. Yo creo que los que trabajamos en el mundo de la energía, hoy nos informamos más de lo que hacían nuestros predecesores hace diez años».
RSS de noticias de economia

