De pequeño, Marco Pantani quería ser futbolista. Él se veía capaz de percutir por la banda derecha, pero lo cierto es que no se le daba muy bien. Chupaba bastante banquillo. Poco aficionado al estudio, se apuntó al club ciclista de Cesenatico, la ciudad en la que vivía. El club llevaba el nombre de Fausto Coppi. Un día, utilizando una bicicleta de paseo, logró con mucho esfuerzo no descolgarse del grupo de corredores. Esa pequeña hazaña hizo que el resto de ciclistas lo miraran con asombro. Y ahí —en esa sensación de saber que estás generando algo especial en los demás— es donde, dicen, Pantani se enamoró del ciclismo. Unos años después, su abuelo Sotero le regalaría una bicicleta Vicini de un intenso rojo. En los meses de invierno, y para disgusto de su madre, el chico se dedicaba a desmontarla y limpiarla en la bañera.
El periodista Beppe Conti escribe una biografía del carismático ciclista italiano
El periodista Beppe Conti escribe una biografía del carismático ciclista italiano


De pequeño, Marco Pantani quería ser futbolista. Él se veía capaz de percutir por la banda derecha, pero lo cierto es que no se le daba muy bien. Chupaba bastante banquillo. Poco aficionado al estudio, se apuntó al club ciclista de Cesenatico, la ciudad en la que vivía. El club llevaba el nombre de Fausto Coppi. Un día, utilizando una bicicleta de paseo, logró con mucho esfuerzo no descolgarse del grupo de corredores. Esa pequeña hazaña hizo que el resto de ciclistas lo miraran con asombro. Y ahí —en esa sensación de saber que estás generando algo especial en los demás— es donde, dicen, Pantani se enamoró del ciclismo. Unos años después, su abuelo Sotero le regalaría una bicicleta Vicini de un intenso rojo. En los meses de invierno, y para disgusto de su madre, el chico se dedicaba a desmontarla y limpiarla en la bañera.
Cuentan que la primera vez que fue convocado para un campeonato de Italia, el entrenador pidió a los chicos —de 14 años— que compartieran sus opiniones sobre la carrera. Pantani no habló y el preparador lo interpeló: “Tú también, di algo. Para ser ciclista, se necesitan huevos”. Diez años después, tras superar en el Giro de Italia de 1994 a Miguel Indurain en el Mortirolo, se encontró con aquel entrenador, que lo abrazó con euforia. “¿Has visto que tengo huevos?”, le preguntó Pantani, del que cuentan que tenía una memoria extraordinaria.
Marco Pantani, una vida de pirata (Libros de Ruta), es el libro en el que el periodista italiano Beppe Conti ofrece una completa biografía de uno de los ciclistas más populares de la historia. Desde sus éxitos deportivos —ganó el Tour de Francia y el Giro en 1998— a su prematura muerte —murió con 34 años, en un trágico final marcado por las adicciones y la depresión, tras un descenso que se inició con su descalificación de la ronda italiana de 1999 al dar positivo en un control antidopaje— pasando por un talento innato para levantar pasiones en sus escaladas. Una historia sobre el desgarrador contraste que ofrece a veces el alma humana: un ciclista adorado por el público que se murió solo, en un pequeño apartamento, tras cinco días sin ver a nadie.
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