Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque aéreo contra Irán el pasado 28 de febrero, más de 1.500 personas se encontraban trabajando en Tailandia para la disputa del gran premio inaugural de la temporada de MotoGP. La inmensa mayoría hicieron escala en Oriente Próximo para llegar a la cita, pero con el espacio aéreo de la región cerrado por el conflicto, pronto quedó claro que el gran reto del fin de semana sería volver a casa. Por si fuera poco, los habitantes del ‘paddock’ no eran ni mucho menos los únicos que se vieron de repente encallados, sus vuelos de retorno cancelados ‘sine die’ por las aerolíneas. Todos tuvieron que improvisar, algunos dando auténticos rodeos y pagando precios desorbitados, otros esperando a ser recolocados. La situación obligó, además, a encontrar soluciones de última hora a los promotores del campeonato.
El conflicto en Oriente Medio obliga al campeonato a adaptarse e improvisar soluciones, además de tener que soltar la billetera para llegar a tiempo a las carreras
Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque aéreo contra Irán el pasado 28 de febrero, más de 1.500 personas se encontraban trabajando en Tailandia para la disputa del gran premio inaugural de la temporada de MotoGP. La inmensa mayoría hicieron escala en Oriente Próximo para llegar a la cita, pero con el espacio aéreo de la región cerrado por el conflicto, pronto quedó claro que el gran reto del fin de semana sería volver a casa. Por si fuera poco, los habitantes del ‘paddock’ no eran ni mucho menos los únicos que se vieron de repente encallados, sus vuelos de retorno cancelados ‘sine die’ por las aerolíneas. Todos tuvieron que improvisar, algunos dando auténticos rodeos y pagando precios desorbitados, otros esperando a ser recolocados. La situación obligó, además, a encontrar soluciones de última hora a los promotores del campeonato.
¿Cómo iban a llegar las motos de los pilotos y las toneladas de material a Brasil, la siguiente parada del calendario? La respuesta a esa pregunta la tuvo que construir paso a paso el catalán Carles Jorba y su equipo de logistas de MotoGP Sports Entertainment.
“Oriente Próximo se convirtió de repente en un cuello de botella, pero a base de experiencia y situaciones parecidas que hemos vivido, trabajamos para encontrar un plan B”, recuerda el responsable de operaciones del certamen en conversación con EL PAÍS. Evidentemente, las ha visto de todos los colores en las dos décadas que lleva dando tumbos por el mundo junto a familia de las motos. Solo en el último lustro: la pandemia, la guerra en Ucrania y ahora el conflicto en Irán, casi nada. Mientras Jorba volaba de Tailandia hacia Japón para luego dirigirse a Europa, tuvo que buscar dos aviones de la nada porque Qatar Airways, socio del campeonato en los desplazamientos transoceánicos, no podía disponer de las cinco aeronaves habituales debido a la guerra.
Para cada carrera lejos de Europa, MotoGP usa cinco Boeing 777 que cargan las casi 400 toneladas de material que requiere cada parada del calendario. Además, los organizadores tienen repartidos por medio mundo cinco kits adicionales de material, unos 20 contenedores, que viajan por mar y trasladan cableado, estructuras del ‘paddock’, parte del material técnico, neumáticos y la gasolina necesaria para desarrollar con normalidad cada gran premio. Una vez en destino, todo se traslada a través de proveedores locales en camiones hasta el circuito. “Nosotros somos responsables de transportar todo el material de los equipos del punto A al punto B, es como vaciar entero un almacén y llenarlo en el siguiente sitio”, desgrana el especialista.
Los promotores estiman que el conflicto ha incrementado los costes de logística entre el 25 y 30% para estas primeras citas del calendario, aunque trabajan para intentar reducir a un 20% el sobrecoste anual una vez llegados a final de curso. La operativa habitual implica que los acuerdos para mover el material se cierran con dos o tres meses de antelación, aunque desde que se publica el calendario del año siguiente se trabaja ya con un escenario ideal. No suele cumplirse: “Cada día
pasa algo, siempre pasa algo. Y tenemos que tocar muchas teclas. Los que estamos aquí trabajando estamos acostumbrados al directo, a tener ases en la manga y ser reactivos”.
En este último mes de ajustes constantes, Jorba tuvo que repatriar el material marítimo con destino a Qatar, que no pudo llegar a puerto por el cierre del estrecho de Ormuz y terminó desviado a la India. Sigue todavía en un carguero y con suerte debería llegar en menos de un mes a Europa. También tuvo que lidiar con la falta de tripulantes para fletar los aviones: no solo estaban encallados miles de aparatos, sino que los pilotos y copilotos se encontraban varados en Doha, Dubái, Muscat, Hong Kong y otros lugares, por lo que no fue fácil armar una tripulación y su relevo en el viaje rumbo a Brasil y Texas.
El aplazamiento del GP de Qatar, que debía disputarse el 12 de abril y se pospone de momento el 8 de noviembre, ha provocado un efecto dominó y el retraso de las dos últimas citas del calendario en Portugal y Valencia. “Como dice Carmelo [Ezpeleta, CEO de la promotora], la carrera se hace, aunque sea el lunes”, subraya Jorba. La evolución del contexto geopolítico determinara si se puede disputar la cita catarí, pero el resto de paradas no peligran salvo nuevos terremotos.
A finales de abril, el GP de España en Jerez inaugurará un periplo de 12 citas europeas, y hasta octubre habrá tiempo para ajustar la hoja de ruta para llegar sin apuros al GP de Japón. Otra cosa será cómo la evolucionan los precios del transporte y gasolina, cada vez más elevados, que tienen una repercusión directa en los gastos de los equipos. Estos, por ahora, han tenido que modificar las reservas de hoteles y vuelos para el tramo final de curso, con la incógnita de Qatar pero las ventajas de la cancelación gratuita, un dolor de muelas relativo. Más preocupados están por la firma del nuevo contrato de reparto de ingresos con el campeonato, que debe sentar las bases de la relación entre equipos y promotores hasta 2031.
A nivel logístico, con el ‘paddock’ de una pieza en Austin, ya en marcha el GP de Estados Unidos, MotoGP ha salvado la peor parte de este complejo arranque de calendario. Sobre la pista, una fuerte caída de Marc Márquez acaparó todas las miradas y la preocupación de Ducati este viernes. Por fortuna, todo quedó en un doloroso golpe en su magullado brazo derecho y pudo volver a subirse a la moto consiguiendo el mejor tiempo de la jornada, rozando el récord del circuito.
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