Cuando Donald Trump lanzó su ofensiva contra los presuntos narcotraficantes en el mar Caribe, no era su intención perjudicar a los deportes acuáticos en Tobago. Sin embargo, parece que así ha sido. Las reservas han bajado para la temporada alta de invierno, afirma Brett Kenny, un operador de la isla; algunos grupos turísticos han dejado de acudir. Otros países del Caribe se han visto más afectados por los ataques estadounidenses, especialmente en enero, cuando la incursión en Venezuela dejó en tierra los vuelos y varados a los viajeros.La geopolítica lleva mucho tiempo afectando al turismo . El Grand Tour, que llevaba a los ricachones británicos a los salones parisinos y a las ruinas romanas, se vio desviado por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. Hoy en día, hay más viajes internacionales que nunca: 1.500 millones de pernoctaciones el año pasado, según calcula la ONU, por encima del máximo anterior a la pandemia de 2019 (véase el gráfico 1). Sin embargo, en la intrincada economía de las vacaciones, también hay más margen para las perturbaciones políticas, tanto intencionadas como accidentales. El turismo es un microcosmos de la pugna entre la globalización y el proteccionismo. Más gente que nunca quiere viajar, pero se enfrenta a obstáculos cada vez más numerosos.Las guerras provocan las convulsiones más agudas. Se cancelaron miles de vuelos después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán. En su bombardeo de represalia contra países vecinos, Irán dañó el aeropuerto de Dubái —un centro de tránsito vital, como el de Doha en Catar—, además de un hotel en la emblemática isla de Palm Jumeirah. El precio del alquiler de jets privados se disparó mientras los peces gordos se esfumaban vía Arabia Saudí u Omán. Oriente Medio está perdiendo al menos 600 millones de dólares al día en gasto de los visitantes, estima el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), un organismo del sector.Noticia relacionada general No No ¿Quieres tener acceso a ABC y The Economist a la vez? Suscríbete a ABC Global Agustín Pery«Lleva tiempo reconstruir la confianza» tras una guerra, señala Michael Ben-Baruch, del Ministerio de Turismo de Israel. El sector turístico de su país aún se está recuperando de las atrocidades del 7 de octubre de 2023 y de la guerra en Gaza. El año pasado, Israel recibió 1,3 millones de visitantes internacionales, un 71% menos que en 2019 —los peregrinos cristianos y los familiares de los residentes son los huéspedes más fieles—. Estaba prevista la apertura de un nuevo hotel de lujo en Jerusalén a tiempo para la Pascua judía a principios de abril, pero el espacio aéreo de Israel volvió a cerrarse.Pensemos en las repercusiones de la ofensiva rusa contra Ucrania, incluso para los propios rusos. Para quienes recuerdan la Unión Soviética, la libertad para viajar fue una gran ventaja de su caída. Todavía pueden hacerlo, pero, debido a las restricciones occidentales, a menudo se trasladan a lugares diferentes. En 2024, los visitantes rusos al espacio Schengen sin fronteras de la Unión Europea se redujeron en un 90% con respecto a 2019. A medida que se endurezcan las normas para los visados y expiren los ya existentes, los ostentosos contingentes rusos en la Costa Azul se reducirán drásticamente. Estados Unidos sigue concediendo visados turísticos a los rusos, pero no en la propia Rusia; deben solicitarlos en Kazajistán o Polonia. El número de visados expedidos se ha desplomado desde 2019.La consiguiente reorganización de los hábitos de viaje refleja un cambio más generalizado en las relaciones de Rusia. Turquía , que admite a los rusos sin visado, sigue siendo su refugio favorito. Sin embargo, por lo demás, sus diez destinos principales han cambiado, según informa la Asociación de Operadores Turísticos, un grupo empresarial ruso. En 2019, estos incluían Alemania, Estonia y Finlandia. Todos han desaparecido de la lista de 2025, en la que figuran Egipto, Vietnam, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. Entre los visitantes de la propia Rusia, los estadounidenses, japoneses, coreanos y la mayoría de los europeos han dado paso a árabes, indios e iraníes.Otros viajeros también se han visto afectados. Al estar prohibidas en el espacio aéreo ruso, las aerolíneas occidentales deben tomar rutas más largas de Europa a Asia. Se calcula que cada minuto extra de vuelo que esto supone encarece las tarifas aéreas en 1,60 dólares. La guerra de Irán ha reducido de nuevo las opciones de rutas de vuelo —y ha disparado los costes de combustible—; una escalada de los combates entre Pakistán y Afganistán podría reducirlas aún más . Hoy en día se tarda una hora más en volar de Londres a Delhi que en 2021, y dos horas más a Tokio.No sois bienvenidosSin embargo, a pesar de todos los obstáculos y las molestias, «la gente quiere viajar» , afirma Gloria Guevara, del WTTC. Jubilados enérgicos y jóvenes intrépidos han contribuido a que el turismo se recupere de la debacle de la pandemia, que avivó las ganas de viajar en lugar de extinguirlas. Las imágenes paradisíacas en las redes sociales atraen a la gente a lugares remotos. En todo el mundo, los nuevos ricos quieren ver más del mundo; a medida que los países se enriquecen, sus ciudadanos son bienvenidos en más lugares. Se prevé que el nivel récord de viajes al extranjero del año pasado aumente en más de un 50% en una década.Sin embargo, la política contribuirá a marcar el rumbo de este auge, especialmente la postura de las dos naciones más poderosas del mundo. Analicemos primero a China. En 2025, los viajeros chinos realizaron casi nueve veces más viajes al extranjero que en 2000. En conjunto, gastan más que cualquier otra nacionalidad, según el WTTC, y el año pasado gastaron unos 50.000 millones de dólares más que los estadounidenses en viajes. Los destinos con normas de visado favorables para los visitantes chinos, como Malasia, Corea del Sur y Singapur, se están beneficiando.Sin embargo, en medio de esa mayor movilidad, China utiliza los viajes como herramienta de control interno y de influencia externa . Muchos empleados de organismos estatales, o de entidades financiadas con fondos públicos como las universidades, deben entregar sus pasaportes. Si quieren utilizarlos, sus itinerarios son sometidos a escrutinio. En cuanto al resto de la población, las autoridades tienen voz y voto sobre dónde pueden ir los ciudadanos y dónde no.Muchos Gobiernos emiten advertencias sobre problemas de seguridad en otros países, lo que disuade las visitas, en parte al encarecer los seguros o hacerlos inalcanzables. Las recomendaciones de China, que tienen especial influencia entre los funcionarios públicos, a veces están motivadas más por la política que por el riesgo . En plenas tensiones con Japón, por ejemplo, las autoridades chinas han desaconsejado repetidamente a los ciudadanos que viajen a dicho país y las aerolíneas chinas han cancelado vuelos a aeropuertos nipones.En consecuencia, las visitas a Japón se han desplomado: un 45 % en diciembre de 2025 en comparación con el año anterior, según la Organización Nacional de Turismo de Japón, un organismo estatal. También se ha producido una fuerte caída desde 2025 durante el reciente Año Nuevo Lunar, muy popular entre los turistas chinos. Al igual que Arabia Saudí, que ha gastado generosamente para impulsar el turismo, Japón ha subido como la espuma en la clasificación de destinos, en parte porque un yen más débil lo hace más asequible (véase el gráfico 2). La actitud de China supone un revés.Taiwán también está fuera del alcance de la mayoría de los turistas chinos: en vista de unas relaciones tensas, Taiwán tampoco está muy interesado en recibirlos. Aun así, la influencia del Gobierno sobre los viajeros chinos se ve socavada por la evolución de sus hábitos. A medida que se vuelven más exigentes y aventureros, son cada vez más los que organizan sus propias vacaciones, evitando los viajes en grupo —algunos organizados por agencias estatales—, que son mucho más fáciles de controlar. Según Fastdata, una empresa de servicios de datos, en 2005 solo el 14% de los turistas chinos viajaba de forma independiente; el año pasado lo hizo el 83%. El viajero independiente chino será una pieza clave en el futuro del turismo.Quién entra en el paísEn lugar de dictar adónde van los estadounidenses, su Gobierno, por su parte, está determinando quién entra en el país . Los ciudadanos de 19 naciones de África, Asia y el Caribe ya no pueden solicitar visados de turista, supuestamente por razones de seguridad; otros deben pagar fianzas elevadas para obtenerlos. Los tiempos de espera han aumentado y los desincentivos involuntarios importan aún más. Circulan historias de terror sobre turistas inocentes detenidos en la frontera estadounidense. Las imágenes de disturbios en ciudades como Mineápolis son alarmantes. Antes, los visitantes podían pasar por alto alegremente tales alborotos, pero en la era digital, forman parte del folleto turístico.Además, existe la sensación generalizada de que Estados Unidos se ha convertido en un lugar menos acogedor. Una encuesta realizada a viajeros de todo el mundo por Future Partners, una empresa de estudios de mercado, reveló que la proporción de quienes no se sienten bienvenidos en dicho país se ha duplicado con creces en un año; la negativa rotunda a visitar Estados Unidos casi se ha triplicado (véase el gráfico 3). El resultado es que es el único destino importante que no está aprovechando el auge de los viajes. Las visitas internacionales disminuyeron un 6% el año pasado, según el WTTC y la consultora Oxford Economics. Ya superado por España, Estados Unidos está a punto de quedar por detrás de China como destino global —Francia ocupa el primer puesto—.Los canadienses , que en el pasado representaban una cuarta parte de las llegadas, se muestran especialmente reticentes: el número de personas que cruzan la frontera sur se ha reducido en una quinta parte. «Parece un Estado hostil», dice Steve, un abogado de Vancouver y antiguo visitante habitual. «Hay muchos otros sitios a los que ir». Amenazar con anexionar a tu vecino resulta ser una mala estrategia de marketing: hasta hace poco, los canadienses en busca de sol también preferían Cuba, pero sus hoteles se están viendo asfixiados por un bloqueo estadounidense sobre el combustible; al fin y al cabo, no hacen falta misiles para arruinar un complejo turístico.Todo esto lleva a que el «déficit de viajes» de Estados Unidos —la diferencia entre el gasto de los visitantes y lo que los estadounidenses se gastan en el extranjero— se amplió hasta los 72.000 millones de dólares en 2025, según la Asociación de Viajes de Estados Unidos, un grupo del sector. El Mundial de fútbol de este verano supondrá un impulso. Sin embargo, el plan para obligar a los turistas a presentar cinco años de actividad en redes sociales, si se aprueba, será tóxico. Una tercera parte de los viajeros al extranjero afirma que esta medida absurda les disuadiría.Espacio aéreo cerrado, subidas del precio del combustible, prohibiciones de visados, guerras, advertencias, daño a la propia reputación: de todas estas formas, la geopolítica determina dónde queremos ir de vacaciones , cómo llegamos a nuestro destino, cuánto cuesta y si nos dejarán entrar. En un mundo más móvil y conectado —pero también más conflictivo—, estos contratiempos arruinarán los planes de cada vez más viajeros.Es una pena. Con el mundo en llamas, preocuparse por las vacaciones puede parecer una tontería. Sin embargo, no lo es: además de ser una industria gigantesca, los viajes son un motor de felicidad y progreso . Enriquecen nuestras vidas y nos dejan recuerdos imborrables. Al permitir que las personas comprendan los matices de otras culturas, los viajes son también «fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras», escribió Mark Twain. Al fin y al cabo, cada país es más que su política. Y, por mucho que difieran, los viajes muestran a los extranjeros lo que tienen en común. En tiempos difíciles, los estadistas deberían alegrarse de ello. Disfrutas de este contenido para suscriptores Premium por cortesía de ABC Cuando Donald Trump lanzó su ofensiva contra los presuntos narcotraficantes en el mar Caribe, no era su intención perjudicar a los deportes acuáticos en Tobago. Sin embargo, parece que así ha sido. Las reservas han bajado para la temporada alta de invierno, afirma Brett Kenny, un operador de la isla; algunos grupos turísticos han dejado de acudir. Otros países del Caribe se han visto más afectados por los ataques estadounidenses, especialmente en enero, cuando la incursión en Venezuela dejó en tierra los vuelos y varados a los viajeros.La geopolítica lleva mucho tiempo afectando al turismo . El Grand Tour, que llevaba a los ricachones británicos a los salones parisinos y a las ruinas romanas, se vio desviado por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. Hoy en día, hay más viajes internacionales que nunca: 1.500 millones de pernoctaciones el año pasado, según calcula la ONU, por encima del máximo anterior a la pandemia de 2019 (véase el gráfico 1). Sin embargo, en la intrincada economía de las vacaciones, también hay más margen para las perturbaciones políticas, tanto intencionadas como accidentales. El turismo es un microcosmos de la pugna entre la globalización y el proteccionismo. Más gente que nunca quiere viajar, pero se enfrenta a obstáculos cada vez más numerosos.Las guerras provocan las convulsiones más agudas. Se cancelaron miles de vuelos después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán. En su bombardeo de represalia contra países vecinos, Irán dañó el aeropuerto de Dubái —un centro de tránsito vital, como el de Doha en Catar—, además de un hotel en la emblemática isla de Palm Jumeirah. El precio del alquiler de jets privados se disparó mientras los peces gordos se esfumaban vía Arabia Saudí u Omán. Oriente Medio está perdiendo al menos 600 millones de dólares al día en gasto de los visitantes, estima el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), un organismo del sector.Noticia relacionada general No No ¿Quieres tener acceso a ABC y The Economist a la vez? Suscríbete a ABC Global Agustín Pery«Lleva tiempo reconstruir la confianza» tras una guerra, señala Michael Ben-Baruch, del Ministerio de Turismo de Israel. El sector turístico de su país aún se está recuperando de las atrocidades del 7 de octubre de 2023 y de la guerra en Gaza. El año pasado, Israel recibió 1,3 millones de visitantes internacionales, un 71% menos que en 2019 —los peregrinos cristianos y los familiares de los residentes son los huéspedes más fieles—. Estaba prevista la apertura de un nuevo hotel de lujo en Jerusalén a tiempo para la Pascua judía a principios de abril, pero el espacio aéreo de Israel volvió a cerrarse.Pensemos en las repercusiones de la ofensiva rusa contra Ucrania, incluso para los propios rusos. Para quienes recuerdan la Unión Soviética, la libertad para viajar fue una gran ventaja de su caída. Todavía pueden hacerlo, pero, debido a las restricciones occidentales, a menudo se trasladan a lugares diferentes. En 2024, los visitantes rusos al espacio Schengen sin fronteras de la Unión Europea se redujeron en un 90% con respecto a 2019. A medida que se endurezcan las normas para los visados y expiren los ya existentes, los ostentosos contingentes rusos en la Costa Azul se reducirán drásticamente. Estados Unidos sigue concediendo visados turísticos a los rusos, pero no en la propia Rusia; deben solicitarlos en Kazajistán o Polonia. El número de visados expedidos se ha desplomado desde 2019.La consiguiente reorganización de los hábitos de viaje refleja un cambio más generalizado en las relaciones de Rusia. Turquía , que admite a los rusos sin visado, sigue siendo su refugio favorito. Sin embargo, por lo demás, sus diez destinos principales han cambiado, según informa la Asociación de Operadores Turísticos, un grupo empresarial ruso. En 2019, estos incluían Alemania, Estonia y Finlandia. Todos han desaparecido de la lista de 2025, en la que figuran Egipto, Vietnam, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. Entre los visitantes de la propia Rusia, los estadounidenses, japoneses, coreanos y la mayoría de los europeos han dado paso a árabes, indios e iraníes.Otros viajeros también se han visto afectados. Al estar prohibidas en el espacio aéreo ruso, las aerolíneas occidentales deben tomar rutas más largas de Europa a Asia. Se calcula que cada minuto extra de vuelo que esto supone encarece las tarifas aéreas en 1,60 dólares. La guerra de Irán ha reducido de nuevo las opciones de rutas de vuelo —y ha disparado los costes de combustible—; una escalada de los combates entre Pakistán y Afganistán podría reducirlas aún más . Hoy en día se tarda una hora más en volar de Londres a Delhi que en 2021, y dos horas más a Tokio.No sois bienvenidosSin embargo, a pesar de todos los obstáculos y las molestias, «la gente quiere viajar» , afirma Gloria Guevara, del WTTC. Jubilados enérgicos y jóvenes intrépidos han contribuido a que el turismo se recupere de la debacle de la pandemia, que avivó las ganas de viajar en lugar de extinguirlas. Las imágenes paradisíacas en las redes sociales atraen a la gente a lugares remotos. En todo el mundo, los nuevos ricos quieren ver más del mundo; a medida que los países se enriquecen, sus ciudadanos son bienvenidos en más lugares. Se prevé que el nivel récord de viajes al extranjero del año pasado aumente en más de un 50% en una década.Sin embargo, la política contribuirá a marcar el rumbo de este auge, especialmente la postura de las dos naciones más poderosas del mundo. Analicemos primero a China. En 2025, los viajeros chinos realizaron casi nueve veces más viajes al extranjero que en 2000. En conjunto, gastan más que cualquier otra nacionalidad, según el WTTC, y el año pasado gastaron unos 50.000 millones de dólares más que los estadounidenses en viajes. Los destinos con normas de visado favorables para los visitantes chinos, como Malasia, Corea del Sur y Singapur, se están beneficiando.Sin embargo, en medio de esa mayor movilidad, China utiliza los viajes como herramienta de control interno y de influencia externa . Muchos empleados de organismos estatales, o de entidades financiadas con fondos públicos como las universidades, deben entregar sus pasaportes. Si quieren utilizarlos, sus itinerarios son sometidos a escrutinio. En cuanto al resto de la población, las autoridades tienen voz y voto sobre dónde pueden ir los ciudadanos y dónde no.Muchos Gobiernos emiten advertencias sobre problemas de seguridad en otros países, lo que disuade las visitas, en parte al encarecer los seguros o hacerlos inalcanzables. Las recomendaciones de China, que tienen especial influencia entre los funcionarios públicos, a veces están motivadas más por la política que por el riesgo . En plenas tensiones con Japón, por ejemplo, las autoridades chinas han desaconsejado repetidamente a los ciudadanos que viajen a dicho país y las aerolíneas chinas han cancelado vuelos a aeropuertos nipones.En consecuencia, las visitas a Japón se han desplomado: un 45 % en diciembre de 2025 en comparación con el año anterior, según la Organización Nacional de Turismo de Japón, un organismo estatal. También se ha producido una fuerte caída desde 2025 durante el reciente Año Nuevo Lunar, muy popular entre los turistas chinos. Al igual que Arabia Saudí, que ha gastado generosamente para impulsar el turismo, Japón ha subido como la espuma en la clasificación de destinos, en parte porque un yen más débil lo hace más asequible (véase el gráfico 2). La actitud de China supone un revés.Taiwán también está fuera del alcance de la mayoría de los turistas chinos: en vista de unas relaciones tensas, Taiwán tampoco está muy interesado en recibirlos. Aun así, la influencia del Gobierno sobre los viajeros chinos se ve socavada por la evolución de sus hábitos. A medida que se vuelven más exigentes y aventureros, son cada vez más los que organizan sus propias vacaciones, evitando los viajes en grupo —algunos organizados por agencias estatales—, que son mucho más fáciles de controlar. Según Fastdata, una empresa de servicios de datos, en 2005 solo el 14% de los turistas chinos viajaba de forma independiente; el año pasado lo hizo el 83%. El viajero independiente chino será una pieza clave en el futuro del turismo.Quién entra en el paísEn lugar de dictar adónde van los estadounidenses, su Gobierno, por su parte, está determinando quién entra en el país . Los ciudadanos de 19 naciones de África, Asia y el Caribe ya no pueden solicitar visados de turista, supuestamente por razones de seguridad; otros deben pagar fianzas elevadas para obtenerlos. Los tiempos de espera han aumentado y los desincentivos involuntarios importan aún más. Circulan historias de terror sobre turistas inocentes detenidos en la frontera estadounidense. Las imágenes de disturbios en ciudades como Mineápolis son alarmantes. Antes, los visitantes podían pasar por alto alegremente tales alborotos, pero en la era digital, forman parte del folleto turístico.Además, existe la sensación generalizada de que Estados Unidos se ha convertido en un lugar menos acogedor. Una encuesta realizada a viajeros de todo el mundo por Future Partners, una empresa de estudios de mercado, reveló que la proporción de quienes no se sienten bienvenidos en dicho país se ha duplicado con creces en un año; la negativa rotunda a visitar Estados Unidos casi se ha triplicado (véase el gráfico 3). El resultado es que es el único destino importante que no está aprovechando el auge de los viajes. Las visitas internacionales disminuyeron un 6% el año pasado, según el WTTC y la consultora Oxford Economics. Ya superado por España, Estados Unidos está a punto de quedar por detrás de China como destino global —Francia ocupa el primer puesto—.Los canadienses , que en el pasado representaban una cuarta parte de las llegadas, se muestran especialmente reticentes: el número de personas que cruzan la frontera sur se ha reducido en una quinta parte. «Parece un Estado hostil», dice Steve, un abogado de Vancouver y antiguo visitante habitual. «Hay muchos otros sitios a los que ir». Amenazar con anexionar a tu vecino resulta ser una mala estrategia de marketing: hasta hace poco, los canadienses en busca de sol también preferían Cuba, pero sus hoteles se están viendo asfixiados por un bloqueo estadounidense sobre el combustible; al fin y al cabo, no hacen falta misiles para arruinar un complejo turístico.Todo esto lleva a que el «déficit de viajes» de Estados Unidos —la diferencia entre el gasto de los visitantes y lo que los estadounidenses se gastan en el extranjero— se amplió hasta los 72.000 millones de dólares en 2025, según la Asociación de Viajes de Estados Unidos, un grupo del sector. El Mundial de fútbol de este verano supondrá un impulso. Sin embargo, el plan para obligar a los turistas a presentar cinco años de actividad en redes sociales, si se aprueba, será tóxico. Una tercera parte de los viajeros al extranjero afirma que esta medida absurda les disuadiría.Espacio aéreo cerrado, subidas del precio del combustible, prohibiciones de visados, guerras, advertencias, daño a la propia reputación: de todas estas formas, la geopolítica determina dónde queremos ir de vacaciones , cómo llegamos a nuestro destino, cuánto cuesta y si nos dejarán entrar. En un mundo más móvil y conectado —pero también más conflictivo—, estos contratiempos arruinarán los planes de cada vez más viajeros.Es una pena. Con el mundo en llamas, preocuparse por las vacaciones puede parecer una tontería. Sin embargo, no lo es: además de ser una industria gigantesca, los viajes son un motor de felicidad y progreso . Enriquecen nuestras vidas y nos dejan recuerdos imborrables. Al permitir que las personas comprendan los matices de otras culturas, los viajes son también «fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras», escribió Mark Twain. Al fin y al cabo, cada país es más que su política. Y, por mucho que difieran, los viajes muestran a los extranjeros lo que tienen en común. En tiempos difíciles, los estadistas deberían alegrarse de ello. Disfrutas de este contenido para suscriptores Premium por cortesía de ABC
Cuando Donald Trump lanzó su ofensiva contra los presuntos narcotraficantes en el mar Caribe, no era su intención perjudicar a los deportes acuáticos en Tobago. Sin embargo, parece que así ha sido. Las reservas han bajado para la temporada alta de invierno, afirma Brett … Kenny, un operador de la isla; algunos grupos turísticos han dejado de acudir. Otros países del Caribe se han visto más afectados por los ataques estadounidenses, especialmente en enero, cuando la incursión en Venezuela dejó en tierra los vuelos y varados a los viajeros.
La geopolítica lleva mucho tiempo afectando al turismo. El Grand Tour, que llevaba a los ricachones británicos a los salones parisinos y a las ruinas romanas, se vio desviado por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas. Hoy en día, hay más viajes internacionales que nunca: 1.500 millones de pernoctaciones el año pasado, según calcula la ONU, por encima del máximo anterior a la pandemia de 2019 (véase el gráfico 1). Sin embargo, en la intrincada economía de las vacaciones, también hay más margen para las perturbaciones políticas, tanto intencionadas como accidentales. El turismo es un microcosmos de la pugna entre la globalización y el proteccionismo. Más gente que nunca quiere viajar, pero se enfrenta a obstáculos cada vez más numerosos.
Las guerras provocan las convulsiones más agudas. Se cancelaron miles de vuelos después de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán. En su bombardeo de represalia contra países vecinos, Irán dañó el aeropuerto de Dubái —un centro de tránsito vital, como el de Doha en Catar—, además de un hotel en la emblemática isla de Palm Jumeirah. El precio del alquiler de jets privados se disparó mientras los peces gordos se esfumaban vía Arabia Saudí u Omán. Oriente Medio está perdiendo al menos 600 millones de dólares al día en gasto de los visitantes, estima el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), un organismo del sector.
«Lleva tiempo reconstruir la confianza» tras una guerra, señala Michael Ben-Baruch, del Ministerio de Turismo de Israel. El sector turístico de su país aún se está recuperando de las atrocidades del 7 de octubre de 2023 y de la guerra en Gaza. El año pasado, Israel recibió 1,3 millones de visitantes internacionales, un 71% menos que en 2019 —los peregrinos cristianos y los familiares de los residentes son los huéspedes más fieles—. Estaba prevista la apertura de un nuevo hotel de lujo en Jerusalén a tiempo para la Pascua judía a principios de abril, pero el espacio aéreo de Israel volvió a cerrarse.
Pensemos en las repercusiones de la ofensiva rusa contra Ucrania, incluso para los propios rusos. Para quienes recuerdan la Unión Soviética, la libertad para viajar fue una gran ventaja de su caída. Todavía pueden hacerlo, pero, debido a las restricciones occidentales, a menudo se trasladan a lugares diferentes. En 2024, los visitantes rusos al espacio Schengen sin fronteras de la Unión Europea se redujeron en un 90% con respecto a 2019. A medida que se endurezcan las normas para los visados y expiren los ya existentes, los ostentosos contingentes rusos en la Costa Azul se reducirán drásticamente. Estados Unidos sigue concediendo visados turísticos a los rusos, pero no en la propia Rusia; deben solicitarlos en Kazajistán o Polonia. El número de visados expedidos se ha desplomado desde 2019.
La consiguiente reorganización de los hábitos de viaje refleja un cambio más generalizado en las relaciones de Rusia. Turquía, que admite a los rusos sin visado, sigue siendo su refugio favorito. Sin embargo, por lo demás, sus diez destinos principales han cambiado, según informa la Asociación de Operadores Turísticos, un grupo empresarial ruso. En 2019, estos incluían Alemania, Estonia y Finlandia. Todos han desaparecido de la lista de 2025, en la que figuran Egipto, Vietnam, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. Entre los visitantes de la propia Rusia, los estadounidenses, japoneses, coreanos y la mayoría de los europeos han dado paso a árabes, indios e iraníes.
Otros viajeros también se han visto afectados. Al estar prohibidas en el espacio aéreo ruso, las aerolíneas occidentales deben tomar rutas más largas de Europa a Asia. Se calcula que cada minuto extra de vuelo que esto supone encarece las tarifas aéreas en 1,60 dólares. La guerra de Irán ha reducido de nuevo las opciones de rutas de vuelo —y ha disparado los costes de combustible—; una escalada de los combates entre Pakistán y Afganistán podría reducirlas aún más. Hoy en día se tarda una hora más en volar de Londres a Delhi que en 2021, y dos horas más a Tokio.
No sois bienvenidos
Sin embargo, a pesar de todos los obstáculos y las molestias, «la gente quiere viajar», afirma Gloria Guevara, del WTTC. Jubilados enérgicos y jóvenes intrépidos han contribuido a que el turismo se recupere de la debacle de la pandemia, que avivó las ganas de viajar en lugar de extinguirlas. Las imágenes paradisíacas en las redes sociales atraen a la gente a lugares remotos. En todo el mundo, los nuevos ricos quieren ver más del mundo; a medida que los países se enriquecen, sus ciudadanos son bienvenidos en más lugares. Se prevé que el nivel récord de viajes al extranjero del año pasado aumente en más de un 50% en una década.
Sin embargo, la política contribuirá a marcar el rumbo de este auge, especialmente la postura de las dos naciones más poderosas del mundo. Analicemos primero a China. En 2025, los viajeros chinos realizaron casi nueve veces más viajes al extranjero que en 2000. En conjunto, gastan más que cualquier otra nacionalidad, según el WTTC, y el año pasado gastaron unos 50.000 millones de dólares más que los estadounidenses en viajes. Los destinos con normas de visado favorables para los visitantes chinos, como Malasia, Corea del Sur y Singapur, se están beneficiando.
Sin embargo, en medio de esa mayor movilidad, China utiliza los viajes como herramienta de control interno y de influencia externa. Muchos empleados de organismos estatales, o de entidades financiadas con fondos públicos como las universidades, deben entregar sus pasaportes. Si quieren utilizarlos, sus itinerarios son sometidos a escrutinio. En cuanto al resto de la población, las autoridades tienen voz y voto sobre dónde pueden ir los ciudadanos y dónde no.
Muchos Gobiernos emiten advertencias sobre problemas de seguridad en otros países, lo que disuade las visitas, en parte al encarecer los seguros o hacerlos inalcanzables. Las recomendaciones de China, que tienen especial influencia entre los funcionarios públicos, a veces están motivadas más por la política que por el riesgo. En plenas tensiones con Japón, por ejemplo, las autoridades chinas han desaconsejado repetidamente a los ciudadanos que viajen a dicho país y las aerolíneas chinas han cancelado vuelos a aeropuertos nipones.
En consecuencia, las visitas a Japón se han desplomado: un 45 % en diciembre de 2025 en comparación con el año anterior, según la Organización Nacional de Turismo de Japón, un organismo estatal. También se ha producido una fuerte caída desde 2025 durante el reciente Año Nuevo Lunar, muy popular entre los turistas chinos. Al igual que Arabia Saudí, que ha gastado generosamente para impulsar el turismo, Japón ha subido como la espuma en la clasificación de destinos, en parte porque un yen más débil lo hace más asequible (véase el gráfico 2). La actitud de China supone un revés.
Taiwán también está fuera del alcance de la mayoría de los turistas chinos: en vista de unas relaciones tensas, Taiwán tampoco está muy interesado en recibirlos. Aun así, la influencia del Gobierno sobre los viajeros chinos se ve socavada por la evolución de sus hábitos. A medida que se vuelven más exigentes y aventureros, son cada vez más los que organizan sus propias vacaciones, evitando los viajes en grupo —algunos organizados por agencias estatales—, que son mucho más fáciles de controlar. Según Fastdata, una empresa de servicios de datos, en 2005 solo el 14% de los turistas chinos viajaba de forma independiente; el año pasado lo hizo el 83%. El viajero independiente chino será una pieza clave en el futuro del turismo.
Quién entra en el país
En lugar de dictar adónde van los estadounidenses, su Gobierno, por su parte, está determinando quién entra en el país. Los ciudadanos de 19 naciones de África, Asia y el Caribe ya no pueden solicitar visados de turista, supuestamente por razones de seguridad; otros deben pagar fianzas elevadas para obtenerlos. Los tiempos de espera han aumentado y los desincentivos involuntarios importan aún más. Circulan historias de terror sobre turistas inocentes detenidos en la frontera estadounidense. Las imágenes de disturbios en ciudades como Mineápolis son alarmantes. Antes, los visitantes podían pasar por alto alegremente tales alborotos, pero en la era digital, forman parte del folleto turístico.
Además, existe la sensación generalizada de que Estados Unidos se ha convertido en un lugar menos acogedor. Una encuesta realizada a viajeros de todo el mundo por Future Partners, una empresa de estudios de mercado, reveló que la proporción de quienes no se sienten bienvenidos en dicho país se ha duplicado con creces en un año; la negativa rotunda a visitar Estados Unidos casi se ha triplicado (véase el gráfico 3). El resultado es que es el único destino importante que no está aprovechando el auge de los viajes. Las visitas internacionales disminuyeron un 6% el año pasado, según el WTTC y la consultora Oxford Economics. Ya superado por España, Estados Unidos está a punto de quedar por detrás de China como destino global —Francia ocupa el primer puesto—.
Los canadienses, que en el pasado representaban una cuarta parte de las llegadas, se muestran especialmente reticentes: el número de personas que cruzan la frontera sur se ha reducido en una quinta parte. «Parece un Estado hostil», dice Steve, un abogado de Vancouver y antiguo visitante habitual. «Hay muchos otros sitios a los que ir». Amenazar con anexionar a tu vecino resulta ser una mala estrategia de marketing: hasta hace poco, los canadienses en busca de sol también preferían Cuba, pero sus hoteles se están viendo asfixiados por un bloqueo estadounidense sobre el combustible; al fin y al cabo, no hacen falta misiles para arruinar un complejo turístico.
Todo esto lleva a que el «déficit de viajes» de Estados Unidos —la diferencia entre el gasto de los visitantes y lo que los estadounidenses se gastan en el extranjero— se amplió hasta los 72.000 millones de dólares en 2025, según la Asociación de Viajes de Estados Unidos, un grupo del sector. El Mundial de fútbol de este verano supondrá un impulso. Sin embargo, el plan para obligar a los turistas a presentar cinco años de actividad en redes sociales, si se aprueba, será tóxico. Una tercera parte de los viajeros al extranjero afirma que esta medida absurda les disuadiría.
Espacio aéreo cerrado, subidas del precio del combustible, prohibiciones de visados, guerras, advertencias, daño a la propia reputación: de todas estas formas, la geopolítica determina dónde queremos ir de vacaciones, cómo llegamos a nuestro destino, cuánto cuesta y si nos dejarán entrar. En un mundo más móvil y conectado —pero también más conflictivo—, estos contratiempos arruinarán los planes de cada vez más viajeros.
Es una pena. Con el mundo en llamas, preocuparse por las vacaciones puede parecer una tontería. Sin embargo, no lo es: además de ser una industria gigantesca, los viajes son un motor de felicidad y progreso. Enriquecen nuestras vidas y nos dejan recuerdos imborrables. Al permitir que las personas comprendan los matices de otras culturas, los viajes son también «fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras», escribió Mark Twain. Al fin y al cabo, cada país es más que su política. Y, por mucho que difieran, los viajes muestran a los extranjeros lo que tienen en común. En tiempos difíciles, los estadistas deberían alegrarse de ello.
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