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  Sociedad  La huella de Olivia Valère en las noches de fiesta de Marbella
Sociedad

La huella de Olivia Valère en las noches de fiesta de Marbella

julio 31, 2026
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Aristócratas europeos, figuras de Hollywood, magnates de las dinastía árabes del petróleo, miembros de casas reales, deportistas de élite y, más recientemente, empresarios tecnológicos e ‘influencers’ son los invitados que todos buscan para vender sus locales como los más ‘in’ del momento. Han cambiado los protagonistas, la música y los escenarios, pero el objetivo sigue siendo el mismo: dejarse ver en la capital mediterránea de un lujo que no pasa de moda. La historia de la noche marbellí puede contarse a través de sus grandes anfitriones. Cada uno transformó el ambiente de la ciudad y atrajo a una generación distinta de celebridades.Primero fue Alfonso de Hohenlohe , que convirtió un rincón casi desconocido de la Costa del Sol en el refugio de la aristocracia internacional. Después llegaron locales como Regine’s y La Notte, que profesionalizaron la vida nocturna. Más tarde, Olivia Valère elevó la discoteca a la categoría de institución social. Y, paralelamente, Jesús Gil convirtió Marbella en un inmenso escaparate donde las fotografías de famosos eran la mejor campaña de promoción posible. Hoy, la tradición continúa en ‘beach clubs’, terrazas y reservados para futbolistas, artistas urbanos y celebridades nacidas en las redes sociales.Todo empezó mucho antes de que existieran las listas VIP. A principios de los años cincuenta, Alfonso de Hohenlohe descubrió que el verdadero lujo era crear un lugar donde las personas más influyentes del mundo se sintieran como en casa. Así nació el Marbella Club, el gran salón privado de la alta sociedad europea. Allí podían coincidir Grace Kelly y Rainiero de Mónaco con Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Deborah Kerr, Gina Lollobrigida o Soraya de Persia. Sean Connery.Reino de la diversión eleganteGunilla von Bismarck convirtió la ciudad en su segunda residencia y contribuyó a consolidar su fama de capital europea de la diversión elegante. También desfilaron miembros de las familias Rothschild, Thyssen o Agnelli, junto a empresarios y aristócratas que encontraban en Marbella una privacidad imposible de disfrutar en París, Londres o Roma.Luis Ortiz y Gunilla von Bismarck en Marbella GtresAquella primera época tenía una característica que hoy parece irrepetible: la discreción. Apenas había fotógrafos, los teléfonos móviles no existían y nadie hablara de la fiesta del día anterior. Todo era tranquilo. Durante casi dos décadas ese modelo funcionó a la perfección, pero Marbella evolucionaba: la inauguración de Puerto Banús le permitía competir con Montecarlo, Saint-Tropez o la Costa Azul.Entonces apareció Régine Zylberberg, la gran dama de las discotecas europeas, que trasladó hasta el Hotel Puente Romano una sucursal de su famoso Regine’s parisino. Con ella llegó un concepto nuevo: la fiesta tenía un escenario propio, una pista de baile, actuaciones musicales y una programación internacional.Regine’s introdujo en Marbella el glamour de las grandes capitales europeas. Por allí pasaron Alain Delon, Roger Moore, Brigitte Bardot, Plácido Domingo y esa aristocracia que ya frecuentaba el Marbella Club, pero ahora podía prolongar la fiesta hasta el amanecer.Alfonso de Hohenlohe descubrió que el verdadero lujo era crear un lugar donde las personas más influyentes del mundo se sintieran como en casa. Así nació el Marbella ClubMientras Regine’s aportaba sofisticación francesa, La Notte se convirtió durante los años setenta y, sobre todo, en los ochenta, en el templo nocturno de Puerto Banús. Era frecuente encontrarse con Julio Iglesias, Jaime de Mora y Aragón, Plácido Domingo o Sean Connery compartiendo velada con Gunilla von Bismarck, Sarah Ferguson, empresarios italianos encabezados por Flavio Briatore o miembros de las familias reales del Golfo. Incluso Adnan Khashoggi encontró en ellos una prolongación natural de sus fastuosas fiestas. La ostentación existía, pero todavía se expresaba con códigos propios de la aristocracia clásica. El prestigio residía en compartir reservado con un príncipe, un actor oscarizado o un magnate emergente.Régine Zylberberg con Julio Iglesias y Steve Wonder GtresReina de las fiestasA comienzos de los años ochenta llegó a Marbella otra empresaria francesa que entendió que la noche necesitaba una gran anfitriona. Olivia Valère tuvo ese papel, transformando el concepto de ocio nocturno en la Costa del Sol. Fue la anfitriona perfecta, la reina de las fiestas marbellíes. Primero abrió el restaurante-discoteca Gray d’Albion, donde comenzó a reunir a empresarios, aristócratas y celebridades. Más tarde tomó las riendas del antiguo Regine’s, en Puente Romano, y en 1997 inauguró el complejo que llevaría su nombre, un recinto inspirado en la arquitectura nazarí que durante casi tres décadas se convirtió en una referencia obligada de las noches estivales europeas. Su éxito era un trato personal: saludaba a los clientes por su nombre, protegía su intimidad, sabía quién quería dejarse ver y quién prefería desaparecer.La lista de quienes cruzaron las puertas de Olivia Valère resume por sí sola tres décadas de cultura popular. Prince acudía siempre que sus giras lo permitían y no era extraño que terminara improvisando en plena madrugada. Rod Stewart y Tom Jones encontraban allí el ambiente que buscaban tras sus conciertos. Liza Minnelli, Mariah Carey, Mick Jagger, Simon Le Bon, Bruce Willis, Hugh Grant, Jean-Claude Van Damme o Dolph Lundgren fueron clientes habituales en distintos veranos. Las supermodelos como Naomi Campbell no faltaban a la cita. Paris Hilton simbolizó el relevo generacional de la jet set global y Eva Longoria pasó a formar parte del paisaje habitual. La presencia del deporte fue creciendo: Boris Becker fue de los primeros, luego vendrían Rafa Nadal y Novak Djokovic. También Cristiano Ronaldo encontró un rincón para descansar entre temporadas.Marbella había dejado de competir con Saint-Tropez o Montecarlo. En verano, era ya una referencia por derecho propio.Paris Hilton y Olvia Valère GtresDurante sus años de Jesús Gil como alcalde, Marbella multiplicó su presencia en las revistas del corazón y en los informativos. Se inició una eficaz campaña de promoción y comenzó la era de los futbolistas convertidos en iconos globales: Ronaldo Nazário, Luis Figo, Zinedine Zidane y, poco después, David Beckham. La noche se hizo más popular, más mediática y más ostentosa.Tardeos hasta la nocheCon el cambio de siglo volvió a cambiar el escenario con la llegada de nuevos conceptos importados de Miami, Dubái o Ibiza: el ‘beach club’ se impuso al club nocturno tradicional. La fiesta comenzaba al mediodía alrededor de una piscina y terminaba de noche en un reservado frente al puerto. Ocean Club fue el gran pionero de esta transformación con sus fiestas del champán, con cascadas de botellas premium y espectáculos coreografiados.También cambiaron los famosos. Hoy predominan las grandes figuras del deporte mundial. Cristiano Ronaldo sigue siendo uno de los visitantes más fieles. Karim Benzema, Vinícius Júnior o Eerling Haaland también han elegido Marbella para disfrutar de sus vacaciones. El campeón de artes marciales mixtas Conor McGregor ha convertido Puerto Banús en una de sus paradas favoritas, mientras Tyson Fury y Lewis Hamilton representan a la nueva generación de deportistas.Las salas han cambiado de nombre, algunas desaparecieron y otras han sabido reinventarse. Los rostros también son distintos. Donde antes bailaban Grace Kelly, Sean Connery o Julio Iglesias, hoy brindan Cristiano Ronaldo, Haaland o Conor McGregor. Pero la esencia permanece inalterable.Desde hace más de setenta años, Marbella es esa perla de las noches del Mediterráneo que sorprende al turista cuando descubre que en la mesa de al lado está su actriz favorita, el deportista que admira o los ‘influencers’ que dictan su estilo de vida. Aristócratas europeos, figuras de Hollywood, magnates de las dinastía árabes del petróleo, miembros de casas reales, deportistas de élite y, más recientemente, empresarios tecnológicos e ‘influencers’ son los invitados que todos buscan para vender sus locales como los más ‘in’ del momento. Han cambiado los protagonistas, la música y los escenarios, pero el objetivo sigue siendo el mismo: dejarse ver en la capital mediterránea de un lujo que no pasa de moda. La historia de la noche marbellí puede contarse a través de sus grandes anfitriones. Cada uno transformó el ambiente de la ciudad y atrajo a una generación distinta de celebridades.Primero fue Alfonso de Hohenlohe , que convirtió un rincón casi desconocido de la Costa del Sol en el refugio de la aristocracia internacional. Después llegaron locales como Regine’s y La Notte, que profesionalizaron la vida nocturna. Más tarde, Olivia Valère elevó la discoteca a la categoría de institución social. Y, paralelamente, Jesús Gil convirtió Marbella en un inmenso escaparate donde las fotografías de famosos eran la mejor campaña de promoción posible. Hoy, la tradición continúa en ‘beach clubs’, terrazas y reservados para futbolistas, artistas urbanos y celebridades nacidas en las redes sociales.Todo empezó mucho antes de que existieran las listas VIP. A principios de los años cincuenta, Alfonso de Hohenlohe descubrió que el verdadero lujo era crear un lugar donde las personas más influyentes del mundo se sintieran como en casa. Así nació el Marbella Club, el gran salón privado de la alta sociedad europea. Allí podían coincidir Grace Kelly y Rainiero de Mónaco con Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Deborah Kerr, Gina Lollobrigida o Soraya de Persia. Sean Connery.Reino de la diversión eleganteGunilla von Bismarck convirtió la ciudad en su segunda residencia y contribuyó a consolidar su fama de capital europea de la diversión elegante. También desfilaron miembros de las familias Rothschild, Thyssen o Agnelli, junto a empresarios y aristócratas que encontraban en Marbella una privacidad imposible de disfrutar en París, Londres o Roma.Luis Ortiz y Gunilla von Bismarck en Marbella GtresAquella primera época tenía una característica que hoy parece irrepetible: la discreción. Apenas había fotógrafos, los teléfonos móviles no existían y nadie hablara de la fiesta del día anterior. Todo era tranquilo. Durante casi dos décadas ese modelo funcionó a la perfección, pero Marbella evolucionaba: la inauguración de Puerto Banús le permitía competir con Montecarlo, Saint-Tropez o la Costa Azul.Entonces apareció Régine Zylberberg, la gran dama de las discotecas europeas, que trasladó hasta el Hotel Puente Romano una sucursal de su famoso Regine’s parisino. Con ella llegó un concepto nuevo: la fiesta tenía un escenario propio, una pista de baile, actuaciones musicales y una programación internacional.Regine’s introdujo en Marbella el glamour de las grandes capitales europeas. Por allí pasaron Alain Delon, Roger Moore, Brigitte Bardot, Plácido Domingo y esa aristocracia que ya frecuentaba el Marbella Club, pero ahora podía prolongar la fiesta hasta el amanecer.Alfonso de Hohenlohe descubrió que el verdadero lujo era crear un lugar donde las personas más influyentes del mundo se sintieran como en casa. Así nació el Marbella ClubMientras Regine’s aportaba sofisticación francesa, La Notte se convirtió durante los años setenta y, sobre todo, en los ochenta, en el templo nocturno de Puerto Banús. Era frecuente encontrarse con Julio Iglesias, Jaime de Mora y Aragón, Plácido Domingo o Sean Connery compartiendo velada con Gunilla von Bismarck, Sarah Ferguson, empresarios italianos encabezados por Flavio Briatore o miembros de las familias reales del Golfo. Incluso Adnan Khashoggi encontró en ellos una prolongación natural de sus fastuosas fiestas. La ostentación existía, pero todavía se expresaba con códigos propios de la aristocracia clásica. El prestigio residía en compartir reservado con un príncipe, un actor oscarizado o un magnate emergente.Régine Zylberberg con Julio Iglesias y Steve Wonder GtresReina de las fiestasA comienzos de los años ochenta llegó a Marbella otra empresaria francesa que entendió que la noche necesitaba una gran anfitriona. Olivia Valère tuvo ese papel, transformando el concepto de ocio nocturno en la Costa del Sol. Fue la anfitriona perfecta, la reina de las fiestas marbellíes. Primero abrió el restaurante-discoteca Gray d’Albion, donde comenzó a reunir a empresarios, aristócratas y celebridades. Más tarde tomó las riendas del antiguo Regine’s, en Puente Romano, y en 1997 inauguró el complejo que llevaría su nombre, un recinto inspirado en la arquitectura nazarí que durante casi tres décadas se convirtió en una referencia obligada de las noches estivales europeas. Su éxito era un trato personal: saludaba a los clientes por su nombre, protegía su intimidad, sabía quién quería dejarse ver y quién prefería desaparecer.La lista de quienes cruzaron las puertas de Olivia Valère resume por sí sola tres décadas de cultura popular. Prince acudía siempre que sus giras lo permitían y no era extraño que terminara improvisando en plena madrugada. Rod Stewart y Tom Jones encontraban allí el ambiente que buscaban tras sus conciertos. Liza Minnelli, Mariah Carey, Mick Jagger, Simon Le Bon, Bruce Willis, Hugh Grant, Jean-Claude Van Damme o Dolph Lundgren fueron clientes habituales en distintos veranos. Las supermodelos como Naomi Campbell no faltaban a la cita. Paris Hilton simbolizó el relevo generacional de la jet set global y Eva Longoria pasó a formar parte del paisaje habitual. La presencia del deporte fue creciendo: Boris Becker fue de los primeros, luego vendrían Rafa Nadal y Novak Djokovic. También Cristiano Ronaldo encontró un rincón para descansar entre temporadas.Marbella había dejado de competir con Saint-Tropez o Montecarlo. En verano, era ya una referencia por derecho propio.Paris Hilton y Olvia Valère GtresDurante sus años de Jesús Gil como alcalde, Marbella multiplicó su presencia en las revistas del corazón y en los informativos. Se inició una eficaz campaña de promoción y comenzó la era de los futbolistas convertidos en iconos globales: Ronaldo Nazário, Luis Figo, Zinedine Zidane y, poco después, David Beckham. La noche se hizo más popular, más mediática y más ostentosa.Tardeos hasta la nocheCon el cambio de siglo volvió a cambiar el escenario con la llegada de nuevos conceptos importados de Miami, Dubái o Ibiza: el ‘beach club’ se impuso al club nocturno tradicional. La fiesta comenzaba al mediodía alrededor de una piscina y terminaba de noche en un reservado frente al puerto. Ocean Club fue el gran pionero de esta transformación con sus fiestas del champán, con cascadas de botellas premium y espectáculos coreografiados.También cambiaron los famosos. Hoy predominan las grandes figuras del deporte mundial. Cristiano Ronaldo sigue siendo uno de los visitantes más fieles. Karim Benzema, Vinícius Júnior o Eerling Haaland también han elegido Marbella para disfrutar de sus vacaciones. El campeón de artes marciales mixtas Conor McGregor ha convertido Puerto Banús en una de sus paradas favoritas, mientras Tyson Fury y Lewis Hamilton representan a la nueva generación de deportistas.Las salas han cambiado de nombre, algunas desaparecieron y otras han sabido reinventarse. Los rostros también son distintos. Donde antes bailaban Grace Kelly, Sean Connery o Julio Iglesias, hoy brindan Cristiano Ronaldo, Haaland o Conor McGregor. Pero la esencia permanece inalterable.Desde hace más de setenta años, Marbella es esa perla de las noches del Mediterráneo que sorprende al turista cuando descubre que en la mesa de al lado está su actriz favorita, el deportista que admira o los ‘influencers’ que dictan su estilo de vida.  

Aristócratas europeos, figuras de Hollywood, magnates de las dinastía árabes del petróleo, miembros de casas reales, deportistas de élite y, más recientemente, empresarios tecnológicos e ‘influencers’ son los invitados que todos buscan para vender sus locales como los más ‘in’ del momento. Han cambiado los … protagonistas, la música y los escenarios, pero el objetivo sigue siendo el mismo: dejarse ver en la capital mediterránea de un lujo que no pasa de moda. La historia de la noche marbellí puede contarse a través de sus grandes anfitriones. Cada uno transformó el ambiente de la ciudad y atrajo a una generación distinta de celebridades.

Primero fue Alfonso de Hohenlohe, que convirtió un rincón casi desconocido de la Costa del Sol en el refugio de la aristocracia internacional. Después llegaron locales como Regine’s y La Notte, que profesionalizaron la vida nocturna. Más tarde, Olivia Valère elevó la discoteca a la categoría de institución social. Y, paralelamente, Jesús Gil convirtió Marbella en un inmenso escaparate donde las fotografías de famosos eran la mejor campaña de promoción posible. Hoy, la tradición continúa en ‘beach clubs’, terrazas y reservados para futbolistas, artistas urbanos y celebridades nacidas en las redes sociales.

Todo empezó mucho antes de que existieran las listas VIP. A principios de los años cincuenta, Alfonso de Hohenlohe descubrió que el verdadero lujo era crear un lugar donde las personas más influyentes del mundo se sintieran como en casa. Así nació el Marbella Club, el gran salón privado de la alta sociedad europea. Allí podían coincidir Grace Kelly y Rainiero de Mónaco con Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Deborah Kerr, Gina Lollobrigida o Soraya de Persia. Sean Connery.

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Reino de la diversión elegante

Gunilla von Bismarck convirtió la ciudad en su segunda residencia y contribuyó a consolidar su fama de capital europea de la diversión elegante. También desfilaron miembros de las familias Rothschild, Thyssen o Agnelli, junto a empresarios y aristócratas que encontraban en Marbella una privacidad imposible de disfrutar en París, Londres o Roma.

Luis Ortiz y Gunilla von Bismarck en Marbella
Luis Ortiz y Gunilla von Bismarck en Marbella.
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Aquella primera época tenía una característica que hoy parece irrepetible: la discreción. Apenas había fotógrafos, los teléfonos móviles no existían y nadie hablara de la fiesta del día anterior. Todo era tranquilo. Durante casi dos décadas ese modelo funcionó a la perfección, pero Marbella evolucionaba: la inauguración de Puerto Banús le permitía competir con Montecarlo, Saint-Tropez o la Costa Azul.

Entonces apareció Régine Zylberberg, la gran dama de las discotecas europeas, que trasladó hasta el Hotel Puente Romano una sucursal de su famoso Regine’s parisino. Con ella llegó un concepto nuevo: la fiesta tenía un escenario propio, una pista de baile, actuaciones musicales y una programación internacional.Regine’s introdujo en Marbella el glamour de las grandes capitales europeas. Por allí pasaron Alain Delon, Roger Moore, Brigitte Bardot, Plácido Domingo y esa aristocracia que ya frecuentaba el Marbella Club, pero ahora podía prolongar la fiesta hasta el amanecer.

Alfonso de Hohenlohe descubrió que el verdadero lujo era crear un lugar donde las personas más influyentes del mundo se sintieran como en casa. Así nació el Marbella Club

Mientras Regine’s aportaba sofisticación francesa, La Notte se convirtió durante los años setenta y, sobre todo, en los ochenta, en el templo nocturno de Puerto Banús. Era frecuente encontrarse con Julio Iglesias, Jaime de Mora y Aragón, Plácido Domingo o Sean Connery compartiendo velada con Gunilla von Bismarck, Sarah Ferguson, empresarios italianos encabezados por Flavio Briatore o miembros de las familias reales del Golfo. Incluso Adnan Khashoggi encontró en ellos una prolongación natural de sus fastuosas fiestas. La ostentación existía, pero todavía se expresaba con códigos propios de la aristocracia clásica. El prestigio residía en compartir reservado con un príncipe, un actor oscarizado o un magnate emergente.

Régine Zylberberg con Julio Iglesias y Steve Wonder
Régine Zylberberg con Julio Iglesias y Steve Wonder.
(Gtres)

Reina de las fiestas

A comienzos de los años ochenta llegó a Marbella otra empresaria francesa que entendió que la noche necesitaba una gran anfitriona. Olivia Valère tuvo ese papel, transformando el concepto de ocio nocturno en la Costa del Sol. Fue la anfitriona perfecta, la reina de las fiestas marbellíes. Primero abrió el restaurante-discoteca Gray d’Albion, donde comenzó a reunir a empresarios, aristócratas y celebridades. Más tarde tomó las riendas del antiguo Regine’s, en Puente Romano, y en 1997 inauguró el complejo que llevaría su nombre, un recinto inspirado en la arquitectura nazarí que durante casi tres décadas se convirtió en una referencia obligada de las noches estivales europeas. Su éxito era un trato personal: saludaba a los clientes por su nombre, protegía su intimidad, sabía quién quería dejarse ver y quién prefería desaparecer.

La lista de quienes cruzaron las puertas de Olivia Valère resume por sí sola tres décadas de cultura popular. Prince acudía siempre que sus giras lo permitían y no era extraño que terminara improvisando en plena madrugada. Rod Stewart y Tom Jones encontraban allí el ambiente que buscaban tras sus conciertos. Liza Minnelli, Mariah Carey, Mick Jagger, Simon Le Bon, Bruce Willis, Hugh Grant, Jean-Claude Van Damme o Dolph Lundgren fueron clientes habituales en distintos veranos. Las supermodelos como Naomi Campbell no faltaban a la cita. Paris Hilton simbolizó el relevo generacional de la jet set global y Eva Longoria pasó a formar parte del paisaje habitual. La presencia del deporte fue creciendo: Boris Becker fue de los primeros, luego vendrían Rafa Nadal y Novak Djokovic. También Cristiano Ronaldo encontró un rincón para descansar entre temporadas.

Marbella había dejado de competir con Saint-Tropez o Montecarlo. En verano, era ya una referencia por derecho propio.

Paris Hilton y Olvia Valère
Paris Hilton y Olvia Valère.
(Gtres)

Durante sus años de Jesús Gil como alcalde, Marbella multiplicó su presencia en las revistas del corazón y en los informativos. Se inició una eficaz campaña de promoción y comenzó la era de los futbolistas convertidos en iconos globales: Ronaldo Nazário, Luis Figo, Zinedine Zidane y, poco después, David Beckham. La noche se hizo más popular, más mediática y más ostentosa.

Tardeos hasta la noche

Con el cambio de siglo volvió a cambiar el escenario con la llegada de nuevos conceptos importados de Miami, Dubái o Ibiza: el ‘beach club’ se impuso al club nocturno tradicional. La fiesta comenzaba al mediodía alrededor de una piscina y terminaba de noche en un reservado frente al puerto. Ocean Club fue el gran pionero de esta transformación con sus fiestas del champán, con cascadas de botellas premium y espectáculos coreografiados.

También cambiaron los famosos. Hoy predominan las grandes figuras del deporte mundial. Cristiano Ronaldo sigue siendo uno de los visitantes más fieles. Karim Benzema, Vinícius Júnior o Eerling Haaland también han elegido Marbella para disfrutar de sus vacaciones. El campeón de artes marciales mixtas Conor McGregor ha convertido Puerto Banús en una de sus paradas favoritas, mientras Tyson Fury y Lewis Hamilton representan a la nueva generación de deportistas.

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