Solo dos mujeres en los 106 años de historia de los Premios Mariano de Cavia han sido distinguidas con el prestigioso galardón de la prensa española. Dos escritoras latinoamericanas valientes, que han alzado su voz contra autoritarismos y tuvieron que abandonar con tristeza su país. La periodista venezolana Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), compañera de esta Casa, que recibirá el galardón el próximo 2 de julio por ‘Lo que más duele no es el desarraigo’, el artículo que escribió tras el entierro de su padre lejos de Venezuela. Y en 1996 la poetisa cubana María Elena Cruz Varela (Colón, Matanzas, 1953) por ‘España, aparta de mí este cáliz ‘, un escrito publicado en ABC en el que denunció la política española de entonces respecto a Cuba.«Durante 100 años, hasta este 20 de julio, fui la única mujer en haber ganado ese premio», remarcaba con orgullo la escritora en una entrevista hace cuatro años para Voces de Cuba en Miami. Vino por primera vez a España a recoger el Cavia y se quedó a vivir aquí un tiempo, dejando atrás Puerto Rico, donde pasó una breve estancia, y su Cuba natal, de donde salió en 1994 y adonde ya no ha podido regresar. Por entonces, aún tenía muy recientes los dieciocho meses que había pasado en prisión, tras enviar una carta crítica a Fidel Castro y firmar junto a nueve intelectuales el ‘Manifiesto de los diez’, en el que pedían medidas democráticas. La dirigente del grupo Criterio Alternativo fue detenida en su casa por «turbas paramilitares del régimen» que, según un testigo , la golpearon, la arrastraron por las escaleras delante de sus hijos y la obligaron a tragarse algunos de sus escritos: «le abrieron la boca y le introdujeron los papeles de la proclama que había firmado y ella los escupía, hasta que había tantas manos…». La cena de los Cavia de 1996, el jurado y Cruz Varela con el escritor cubano Gastón Baquero. ABCTras su salida de la cárcel, Cruz Varela relató a un enviado especial de este periódico que durante cuatro meses fue sometida a intensa luz, día y noche, con ocho lámparas a menos de un metro de la cabeza constantemente encendidas. Cuando habló con Diego Merry del Val , llevaba casi un año fuera de prisión, pero no había logrado adaptarse ni se había recuperado de la enfermedad que padeció al poco de abandonar su celda, una neuropatía periférica que le hizo temer que no volvería a usar su mano y su pierna derecha. «Hasta cierto punto, conmigo pasó lo que con la isla: también arrastro las secuelas, el dolor físico y moral, de las palizas y las humillaciones. Tuve que aprender a vivir con ellas», explicó la poetisa a ABC cuando conoció la noticia de que el jurado compuesto por Francisco Nieva, Mario Vargas Llosa, Graciano García, Joaquín Marco y José Miguel Santiago Castelo le había otorgado el Premio Mariano de Cavia. Noticia relacionada reportaje No No Decíamos ayer La mujer que pasó 25 años en cuarentena Mónica ArrizabalagaAl recibir el galardón, aseguró que su pasión era la poesía y que si se había involucrado en asuntos políticos fue «para que nunca más la política sea quien dicte para qué y sobre qué debe escribir un poeta». «Es difícil sobrevivir ileso al constante adoctrinamiento político» y «ver cómo, por debajo de un falso barniz igualitario, y de un discurso plagado de diatribas moralizantes, van surgiendo las nuevas clases, dispuestas a lo más abyecto por mantenerse en el poder y para no perder sus prebendas» mientras «el individuo va desapareciendo, diluido en una masa amorfa», explicó Cruz Varela . La escritora cubana no habló entonces de desapariciones forzosas, como Karina Sainz Borgo en sus columnas sobre Venezuela, aunque probablemente secunde las palabras de esta periodista a Bruno Pardo Porto el mismo día en que, como ella, se emocionó al ser distinguida con el Cavia: «Creo que hay que denunciar lo evidente, la violación de los derechos humanos, el irrespeto, la desmemoria». Solo dos mujeres en los 106 años de historia de los Premios Mariano de Cavia han sido distinguidas con el prestigioso galardón de la prensa española. Dos escritoras latinoamericanas valientes, que han alzado su voz contra autoritarismos y tuvieron que abandonar con tristeza su país. La periodista venezolana Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), compañera de esta Casa, que recibirá el galardón el próximo 2 de julio por ‘Lo que más duele no es el desarraigo’, el artículo que escribió tras el entierro de su padre lejos de Venezuela. Y en 1996 la poetisa cubana María Elena Cruz Varela (Colón, Matanzas, 1953) por ‘España, aparta de mí este cáliz ‘, un escrito publicado en ABC en el que denunció la política española de entonces respecto a Cuba.«Durante 100 años, hasta este 20 de julio, fui la única mujer en haber ganado ese premio», remarcaba con orgullo la escritora en una entrevista hace cuatro años para Voces de Cuba en Miami. Vino por primera vez a España a recoger el Cavia y se quedó a vivir aquí un tiempo, dejando atrás Puerto Rico, donde pasó una breve estancia, y su Cuba natal, de donde salió en 1994 y adonde ya no ha podido regresar. Por entonces, aún tenía muy recientes los dieciocho meses que había pasado en prisión, tras enviar una carta crítica a Fidel Castro y firmar junto a nueve intelectuales el ‘Manifiesto de los diez’, en el que pedían medidas democráticas. La dirigente del grupo Criterio Alternativo fue detenida en su casa por «turbas paramilitares del régimen» que, según un testigo , la golpearon, la arrastraron por las escaleras delante de sus hijos y la obligaron a tragarse algunos de sus escritos: «le abrieron la boca y le introdujeron los papeles de la proclama que había firmado y ella los escupía, hasta que había tantas manos…». La cena de los Cavia de 1996, el jurado y Cruz Varela con el escritor cubano Gastón Baquero. ABCTras su salida de la cárcel, Cruz Varela relató a un enviado especial de este periódico que durante cuatro meses fue sometida a intensa luz, día y noche, con ocho lámparas a menos de un metro de la cabeza constantemente encendidas. Cuando habló con Diego Merry del Val , llevaba casi un año fuera de prisión, pero no había logrado adaptarse ni se había recuperado de la enfermedad que padeció al poco de abandonar su celda, una neuropatía periférica que le hizo temer que no volvería a usar su mano y su pierna derecha. «Hasta cierto punto, conmigo pasó lo que con la isla: también arrastro las secuelas, el dolor físico y moral, de las palizas y las humillaciones. Tuve que aprender a vivir con ellas», explicó la poetisa a ABC cuando conoció la noticia de que el jurado compuesto por Francisco Nieva, Mario Vargas Llosa, Graciano García, Joaquín Marco y José Miguel Santiago Castelo le había otorgado el Premio Mariano de Cavia. Noticia relacionada reportaje No No Decíamos ayer La mujer que pasó 25 años en cuarentena Mónica ArrizabalagaAl recibir el galardón, aseguró que su pasión era la poesía y que si se había involucrado en asuntos políticos fue «para que nunca más la política sea quien dicte para qué y sobre qué debe escribir un poeta». «Es difícil sobrevivir ileso al constante adoctrinamiento político» y «ver cómo, por debajo de un falso barniz igualitario, y de un discurso plagado de diatribas moralizantes, van surgiendo las nuevas clases, dispuestas a lo más abyecto por mantenerse en el poder y para no perder sus prebendas» mientras «el individuo va desapareciendo, diluido en una masa amorfa», explicó Cruz Varela . La escritora cubana no habló entonces de desapariciones forzosas, como Karina Sainz Borgo en sus columnas sobre Venezuela, aunque probablemente secunde las palabras de esta periodista a Bruno Pardo Porto el mismo día en que, como ella, se emocionó al ser distinguida con el Cavia: «Creo que hay que denunciar lo evidente, la violación de los derechos humanos, el irrespeto, la desmemoria».
Solo dos mujeres en los 106 años de historia de los Premios Mariano de Cavia han sido distinguidas con el prestigioso galardón de la prensa española. Dos escritoras latinoamericanas valientes, que han alzado su voz contra autoritarismos y tuvieron que abandonar con tristeza su … país. La periodista venezolana Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), compañera de esta Casa, que recibirá el galardón el próximo 2 de julio por ‘Lo que más duele no es el desarraigo’, el artículo que escribió tras el entierro de su padre lejos de Venezuela. Y en 1996 la poetisa cubana María Elena Cruz Varela (Colón, Matanzas, 1953) por ‘España, aparta de mí este cáliz‘, un escrito publicado en ABC en el que denunció la política española de entonces respecto a Cuba.
«Durante 100 años, hasta este 20 de julio, fui la única mujer en haber ganado ese premio», remarcaba con orgullo la escritora en una entrevista hace cuatro años para Voces de Cuba en Miami. Vino por primera vez a España a recoger el Cavia y se quedó a vivir aquí un tiempo, dejando atrás Puerto Rico, donde pasó una breve estancia, y su Cuba natal, de donde salió en 1994 y adonde ya no ha podido regresar. Por entonces, aún tenía muy recientes los dieciocho meses que había pasado en prisión, tras enviar una carta crítica a Fidel Castro y firmar junto a nueve intelectuales el ‘Manifiesto de los diez’, en el que pedían medidas democráticas. La dirigente del grupo Criterio Alternativo fue detenida en su casa por «turbas paramilitares del régimen» que, según un testigo, la golpearon, la arrastraron por las escaleras delante de sus hijos y la obligaron a tragarse algunos de sus escritos: «le abrieron la boca y le introdujeron los papeles de la proclama que había firmado y ella los escupía, hasta que había tantas manos…».
(ABC)
Tras su salida de la cárcel, Cruz Varela relató a un enviado especial de este periódico que durante cuatro meses fue sometida a intensa luz, día y noche, con ocho lámparas a menos de un metro de la cabeza constantemente encendidas. Cuando habló con Diego Merry del Val, llevaba casi un año fuera de prisión, pero no había logrado adaptarse ni se había recuperado de la enfermedad que padeció al poco de abandonar su celda, una neuropatía periférica que le hizo temer que no volvería a usar su mano y su pierna derecha. «Hasta cierto punto, conmigo pasó lo que con la isla: también arrastro las secuelas, el dolor físico y moral, de las palizas y las humillaciones. Tuve que aprender a vivir con ellas», explicó la poetisa a ABC cuando conoció la noticia de que el jurado compuesto por Francisco Nieva, Mario Vargas Llosa, Graciano García, Joaquín Marco y José Miguel Santiago Castelo le había otorgado el Premio Mariano de Cavia.
Noticia relacionada
Al recibir el galardón, aseguró que su pasión era la poesía y que si se había involucrado en asuntos políticos fue «para que nunca más la política sea quien dicte para qué y sobre qué debe escribir un poeta». «Es difícil sobrevivir ileso al constante adoctrinamiento político» y «ver cómo, por debajo de un falso barniz igualitario, y de un discurso plagado de diatribas moralizantes, van surgiendo las nuevas clases, dispuestas a lo más abyecto por mantenerse en el poder y para no perder sus prebendas» mientras «el individuo va desapareciendo, diluido en una masa amorfa», explicó Cruz Varela. La escritora cubana no habló entonces de desapariciones forzosas, como Karina Sainz Borgo en sus columnas sobre Venezuela, aunque probablemente secunde las palabras de esta periodista a Bruno Pardo Porto el mismo día en que, como ella, se emocionó al ser distinguida con el Cavia: «Creo que hay que denunciar lo evidente, la violación de los derechos humanos, el irrespeto, la desmemoria».
RSS de noticias de cultura

