«La clave está en los escarpines», señala José Ramón Pérez-Accino. Este profesor de la Universidad Complutense cree haber descubierto una antecesora de las célebres majas de Francisco de Goya, que hasta ahora había pasado inadvertida, en uno de los Caprichos del artista de Fuendetodos (Zaragoza). «Es prácticamente contemporánea a la Maja desnuda y a la Maja vestida, las fechas en que se pintaron son muy cercanas», señala. La mujer del capricho número 9 que Goya tituló como ‘Tántalo’ tuvo que ser terminada antes de la primera publicación de esta serie de ochenta estampas, en febrero de 1799 y la primera mención a sus ‘hermanas mayores’ data de 1800, cuando en una descripción del palacio de Godoy se dice que la Maja desnuda colgaba en un gabinete privado junto a otras Venus. «Esta posible tercera maja sería cronológicamente la primera que pintó, el origen», subraya Pérez-Accino, que ha presentado el sorprendente hallazgo que ha realizado junto a Verónica Buey Cislak (Instituto de Historia del CSIC) en el Museo Arqueológico Nacional, un lugar también inaudito para un descubrimiento artístico de este tipo. José Ramón Pérez-Accino y Verónica Buey, durante su intervención en el encuentro del Museo Arqueológico Nacional, junto a Antonio Pérez Largacha (UNIR) M.A.El egiptólogo, doctor en Historia Antigua y director de las excavaciones arqueológicas del Proyecto C2 en Luxor, se topó con la figura cuando se documentaba para la ponencia sobre ‘El Egipto antiguo en el Museo del Prado’, que este jueves expuso en el encuentro sobre ‘La memoria de Egipto. Pervivencia y recepción de la cultura farónica de la Antigüedad a la actualidad’, organizado por el MAN, la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Noticia relacionada general No No «Inmersión sensorial» en los cuadros de Goya y otras obras del museo de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid Clara Rodríguez MiguélezTras estudiar diversos cuadros con representaciones de la huida a Egipto, de Moisés salvado de las aguas o de Cleopatra, Pérez-Accino y Buey se pusieron a revisar las obras de Francisco de Goya. «A Goya le gustan las pirámides», explica el historiador. Se ha especulado con que el célebre pintor de ‘La Familia de Carlos IV’ o ‘Los fusilamientos’ pudo verse influido por la vuelta a lo egipcio que se estaba produciendo a comienzos del siglo XIX, tras las campañas de Napoleón en Egipto, o tal vez por el recuerdo de la pirámide de Cayo Cestio que vio en Roma o por haber conocido ilustraciones de autores como Piranesi, entre otros motivos. El historiador de la UCM añade otra idea más. «Probablemente porque se mueve en círculos masónicos, tiene amigos masones y para ellos las pirámides tienen su importancia», apunta. El artista de Fuendetodos (Zaragoza) representó estructuras piramidales en varios dibujos, así como en el grabado ‘Elogio fúnebre de Carlos Lemaur’ o en la pintura mitológica ‘Sacrificio a Vesta’ que realizó en su juventud. Siguiendo la pista de las pirámides, Pérez-Accino llegó al Capricho número 9, titulado ‘Tántalo’, en el que se observa a un hombre afligido por la muerte de una mujer a los pies de una pirámide de la que se ve su base y algunos de sus pilares. La Maja vestida. Museo del Prado«Al mirar la figura femenina, me fijé en los escarpines que lleva. Me sonaban muchísimo. Tengo una buena memoria fotográfica y sabía que los había visto en otro sitio», recuerda el profesor, que al poco cayó en la cuenta. Eran los mismos zapatos de la Maja vestida y también la posición de los pies coincidía. Entonces reparó en el vestido. «Es idéntico, lleva una faja como en el cuadro, aunque en el capricho está en blanco y negro», sostiene. En la escena de aguafuerte y aguatinta la cabeza de la ‘Maja muerta’ cae sobre su hombro izquierdo y su rostro difiere, pero la posición del resto del cuerpo también se asemejaba a la de la protagonista del célebre lienzo de Goya que se conserva en el Prado. El egiptólogo recordó, además, que la pinacoteca guarda una escultura romana del siglo I cuya cabeza cae de forma muy similar. «Se trata de una estatua de Ariadna dormida procedente de las colecciones reales, en concreto de la colección de Cristina de Suecia, que durante un tiempo se pensó que era Cleopatra por su brazalete de áspid», explica. Pérez-Accino señala a los brazos de la figura de mármol y añade: «Probablemente Goya traspone para las majas la postura del brazo detrás de la cabeza que tiene esta Ariadna».Consciente de que Goya y su arte se aleja mucho de su ámbito de especialización, el profesor de la UCM consultó en libros de expertos sin hallar mención alguna a esta posibilidad y compartió sus hipótesis con amigos especialistas en Historia del Arte, que le animaron a dar a conocer sus observaciones. «A la Maja desnuda y la Maja vestida se les une la Maja muerta», ha bromeado en su intervención en el MAN.La Maja desnuda. Museo del PradoPérez-Accino no entra en la discusión de si la mujer representada desnuda por Goya fue Pepita Tudó, la amante y después esposa de Godoy, o la duquesa de Alba María Teresa de Silva, de cuyo posible romance con el artista aragonés tanto se ha escrito. «Creo que es muy importante que hayamos podido identificar un modelo de las majas en los Caprichos. Lo que sí está claro es que hay una corriente de inspiración desde los Caprichos hacia las majas, hay un elemento de conexión entre los dibujos y los cuadros. Si esto tiene implicaciones para averiguar quién es la modelo, yo no soy la persona adecuada», admite.A su juicio, no es casual que el pintor situara a los protagonistas de su capricho ante una pirámide por esa «idea de la muerte, de algo tremendamente trágico», que transmiten los monumentos funerarios egipcios. El título de ‘Tántalo’, con esa evocación mitológica al castigo a alguien que tiene sed y le quitan el agua, podría corresponderse, a su juicio, con el deseo o el amor imposible del hombre a una mujer. ¿Quizá una pasión frustrada del propio Goya?, se pregunta. «La clave está en los escarpines», señala José Ramón Pérez-Accino. Este profesor de la Universidad Complutense cree haber descubierto una antecesora de las célebres majas de Francisco de Goya, que hasta ahora había pasado inadvertida, en uno de los Caprichos del artista de Fuendetodos (Zaragoza). «Es prácticamente contemporánea a la Maja desnuda y a la Maja vestida, las fechas en que se pintaron son muy cercanas», señala. La mujer del capricho número 9 que Goya tituló como ‘Tántalo’ tuvo que ser terminada antes de la primera publicación de esta serie de ochenta estampas, en febrero de 1799 y la primera mención a sus ‘hermanas mayores’ data de 1800, cuando en una descripción del palacio de Godoy se dice que la Maja desnuda colgaba en un gabinete privado junto a otras Venus. «Esta posible tercera maja sería cronológicamente la primera que pintó, el origen», subraya Pérez-Accino, que ha presentado el sorprendente hallazgo que ha realizado junto a Verónica Buey Cislak (Instituto de Historia del CSIC) en el Museo Arqueológico Nacional, un lugar también inaudito para un descubrimiento artístico de este tipo. José Ramón Pérez-Accino y Verónica Buey, durante su intervención en el encuentro del Museo Arqueológico Nacional, junto a Antonio Pérez Largacha (UNIR) M.A.El egiptólogo, doctor en Historia Antigua y director de las excavaciones arqueológicas del Proyecto C2 en Luxor, se topó con la figura cuando se documentaba para la ponencia sobre ‘El Egipto antiguo en el Museo del Prado’, que este jueves expuso en el encuentro sobre ‘La memoria de Egipto. Pervivencia y recepción de la cultura farónica de la Antigüedad a la actualidad’, organizado por el MAN, la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Noticia relacionada general No No «Inmersión sensorial» en los cuadros de Goya y otras obras del museo de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid Clara Rodríguez MiguélezTras estudiar diversos cuadros con representaciones de la huida a Egipto, de Moisés salvado de las aguas o de Cleopatra, Pérez-Accino y Buey se pusieron a revisar las obras de Francisco de Goya. «A Goya le gustan las pirámides», explica el historiador. Se ha especulado con que el célebre pintor de ‘La Familia de Carlos IV’ o ‘Los fusilamientos’ pudo verse influido por la vuelta a lo egipcio que se estaba produciendo a comienzos del siglo XIX, tras las campañas de Napoleón en Egipto, o tal vez por el recuerdo de la pirámide de Cayo Cestio que vio en Roma o por haber conocido ilustraciones de autores como Piranesi, entre otros motivos. El historiador de la UCM añade otra idea más. «Probablemente porque se mueve en círculos masónicos, tiene amigos masones y para ellos las pirámides tienen su importancia», apunta. El artista de Fuendetodos (Zaragoza) representó estructuras piramidales en varios dibujos, así como en el grabado ‘Elogio fúnebre de Carlos Lemaur’ o en la pintura mitológica ‘Sacrificio a Vesta’ que realizó en su juventud. Siguiendo la pista de las pirámides, Pérez-Accino llegó al Capricho número 9, titulado ‘Tántalo’, en el que se observa a un hombre afligido por la muerte de una mujer a los pies de una pirámide de la que se ve su base y algunos de sus pilares. La Maja vestida. Museo del Prado«Al mirar la figura femenina, me fijé en los escarpines que lleva. Me sonaban muchísimo. Tengo una buena memoria fotográfica y sabía que los había visto en otro sitio», recuerda el profesor, que al poco cayó en la cuenta. Eran los mismos zapatos de la Maja vestida y también la posición de los pies coincidía. Entonces reparó en el vestido. «Es idéntico, lleva una faja como en el cuadro, aunque en el capricho está en blanco y negro», sostiene. En la escena de aguafuerte y aguatinta la cabeza de la ‘Maja muerta’ cae sobre su hombro izquierdo y su rostro difiere, pero la posición del resto del cuerpo también se asemejaba a la de la protagonista del célebre lienzo de Goya que se conserva en el Prado. El egiptólogo recordó, además, que la pinacoteca guarda una escultura romana del siglo I cuya cabeza cae de forma muy similar. «Se trata de una estatua de Ariadna dormida procedente de las colecciones reales, en concreto de la colección de Cristina de Suecia, que durante un tiempo se pensó que era Cleopatra por su brazalete de áspid», explica. Pérez-Accino señala a los brazos de la figura de mármol y añade: «Probablemente Goya traspone para las majas la postura del brazo detrás de la cabeza que tiene esta Ariadna».Consciente de que Goya y su arte se aleja mucho de su ámbito de especialización, el profesor de la UCM consultó en libros de expertos sin hallar mención alguna a esta posibilidad y compartió sus hipótesis con amigos especialistas en Historia del Arte, que le animaron a dar a conocer sus observaciones. «A la Maja desnuda y la Maja vestida se les une la Maja muerta», ha bromeado en su intervención en el MAN.La Maja desnuda. Museo del PradoPérez-Accino no entra en la discusión de si la mujer representada desnuda por Goya fue Pepita Tudó, la amante y después esposa de Godoy, o la duquesa de Alba María Teresa de Silva, de cuyo posible romance con el artista aragonés tanto se ha escrito. «Creo que es muy importante que hayamos podido identificar un modelo de las majas en los Caprichos. Lo que sí está claro es que hay una corriente de inspiración desde los Caprichos hacia las majas, hay un elemento de conexión entre los dibujos y los cuadros. Si esto tiene implicaciones para averiguar quién es la modelo, yo no soy la persona adecuada», admite.A su juicio, no es casual que el pintor situara a los protagonistas de su capricho ante una pirámide por esa «idea de la muerte, de algo tremendamente trágico», que transmiten los monumentos funerarios egipcios. El título de ‘Tántalo’, con esa evocación mitológica al castigo a alguien que tiene sed y le quitan el agua, podría corresponderse, a su juicio, con el deseo o el amor imposible del hombre a una mujer. ¿Quizá una pasión frustrada del propio Goya?, se pregunta.
«La clave está en los escarpines», señala José Ramón Pérez-Accino. Este profesor de la Universidad Complutense cree haber descubierto una antecesora de las célebres majas de Francisco de Goya, que hasta ahora había pasado inadvertida, en uno de los Caprichos del artista de … Fuendetodos (Zaragoza). «Es prácticamente contemporánea a la Maja desnuda y a la Maja vestida, las fechas en que se pintaron son muy cercanas», señala.
La mujer del capricho número 9 que Goya tituló como ‘Tántalo’ tuvo que ser terminada antes de la primera publicación de esta serie de ochenta estampas, en febrero de 1799 y la primera mención a sus ‘hermanas mayores’ data de 1800, cuando en una descripción del palacio de Godoy se dice que la Maja desnuda colgaba en un gabinete privado junto a otras Venus. «Esta posible tercera maja sería cronológicamente la primera que pintó, el origen», subraya Pérez-Accino, que ha presentado el sorprendente hallazgo que ha realizado junto a Verónica Buey Cislak (Instituto de Historia del CSIC) en el Museo Arqueológico Nacional, un lugar también inaudito para un descubrimiento artístico de este tipo.

(M.A.)
El egiptólogo, doctor en Historia Antigua y director de las excavaciones arqueológicas del Proyecto C2 en Luxor, se topó con la figura cuando se documentaba para la ponencia sobre ‘El Egipto antiguo en el Museo del Prado’, que este jueves expuso en el encuentro sobre ‘La memoria de Egipto. Pervivencia y recepción de la cultura farónica de la Antigüedad a la actualidad’, organizado por el MAN, la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
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Tras estudiar diversos cuadros con representaciones de la huida a Egipto, de Moisés salvado de las aguas o de Cleopatra, Pérez-Accino y Buey se pusieron a revisar las obras de Francisco de Goya. «A Goya le gustan las pirámides», explica el historiador. Se ha especulado con que el célebre pintor de ‘La Familia de Carlos IV’ o ‘Los fusilamientos’ pudo verse influido por la vuelta a lo egipcio que se estaba produciendo a comienzos del siglo XIX, tras las campañas de Napoleón en Egipto, o tal vez por el recuerdo de la pirámide de Cayo Cestio que vio en Roma o por haber conocido ilustraciones de autores como Piranesi, entre otros motivos. El historiador de la UCM añade otra idea más. «Probablemente porque se mueve en círculos masónicos, tiene amigos masones y para ellos las pirámides tienen su importancia», apunta.
El artista de Fuendetodos (Zaragoza) representó estructuras piramidales en varios dibujos, así como en el grabado ‘Elogio fúnebre de Carlos Lemaur’ o en la pintura mitológica ‘Sacrificio a Vesta’ que realizó en su juventud. Siguiendo la pista de las pirámides, Pérez-Accino llegó al Capricho número 9, titulado ‘Tántalo’, en el que se observa a un hombre afligido por la muerte de una mujer a los pies de una pirámide de la que se ve su base y algunos de sus pilares.

(Museo del Prado)
«Al mirar la figura femenina, me fijé en los escarpines que lleva. Me sonaban muchísimo. Tengo una buena memoria fotográfica y sabía que los había visto en otro sitio», recuerda el profesor, que al poco cayó en la cuenta. Eran los mismos zapatos de la Maja vestida y también la posición de los pies coincidía. Entonces reparó en el vestido. «Es idéntico, lleva una faja como en el cuadro, aunque en el capricho está en blanco y negro», sostiene. En la escena de aguafuerte y aguatinta la cabeza de la ‘Maja muerta’ cae sobre su hombro izquierdo y su rostro difiere, pero la posición del resto del cuerpo también se asemejaba a la de la protagonista del célebre lienzo de Goya que se conserva en el Prado.
El egiptólogo recordó, además, que la pinacoteca guarda una escultura romana del siglo I cuya cabeza cae de forma muy similar. «Se trata de una estatua de Ariadna dormida procedente de las colecciones reales, en concreto de la colección de Cristina de Suecia, que durante un tiempo se pensó que era Cleopatra por su brazalete de áspid», explica. Pérez-Accino señala a los brazos de la figura de mármol y añade: «Probablemente Goya traspone para las majas la postura del brazo detrás de la cabeza que tiene esta Ariadna».
Consciente de que Goya y su arte se aleja mucho de su ámbito de especialización, el profesor de la UCM consultó en libros de expertos sin hallar mención alguna a esta posibilidad y compartió sus hipótesis con amigos especialistas en Historia del Arte, que le animaron a dar a conocer sus observaciones. «A la Maja desnuda y la Maja vestida se les une la Maja muerta», ha bromeado en su intervención en el MAN.

(Museo del Prado)
Pérez-Accino no entra en la discusión de si la mujer representada desnuda por Goya fue Pepita Tudó, la amante y después esposa de Godoy, o la duquesa de Alba María Teresa de Silva, de cuyo posible romance con el artista aragonés tanto se ha escrito. «Creo que es muy importante que hayamos podido identificar un modelo de las majas en los Caprichos. Lo que sí está claro es que hay una corriente de inspiración desde los Caprichos hacia las majas, hay un elemento de conexión entre los dibujos y los cuadros. Si esto tiene implicaciones para averiguar quién es la modelo, yo no soy la persona adecuada», admite.
A su juicio, no es casual que el pintor situara a los protagonistas de su capricho ante una pirámide por esa «idea de la muerte, de algo tremendamente trágico», que transmiten los monumentos funerarios egipcios. El título de ‘Tántalo’, con esa evocación mitológica al castigo a alguien que tiene sed y le quitan el agua, podría corresponderse, a su juicio, con el deseo o el amor imposible del hombre a una mujer. ¿Quizá una pasión frustrada del propio Goya?, se pregunta.
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