La 29ª edición de PHotoEspaña –cuyo tema este año es ‘volver a imaginar’ en el sentido de «reivindicar la creatividad, la experimentación y la exploración de los límites de la imagen»– se inicia en Serrería Belga con este conjunto de dípticos de Isabel Azkarate (San Sebastián, 1950), una veterana fotógrafa que pasa por ser la primera fotoperiodista en Euskadi y lleva cuarenta años retratando tipos humanos a lo largo y ancho del planeta. Podría decirse que la amplia serie que ha preparado para el festival es un trabajo de archivo en la medida en que se trata de una revisión del material que ha generado a lo largo de cuatro décadas; revisión que se lleva a cabo de un modo peculiar e interesante: contraponiendo esas imágenes a otras, recientes, obtenidas con un teléfono móvil de última generación . El resultado, vino a decir María Santoyo , directora de PHotoEspaña, es que ese cambio en la tecnología no tiene demasiada importancia: «La foto siempre ha dependido de la evolución de sus herramientas. Esta alianza permite explorar ese nuevo territorio donde lo digital y lo artístico se encuentran. Ver a autoras de la talla de Azkarate jugando con nuevos formatos confirma que, cambie lo que cambie la cámara, la intención del fotógrafo sigue siendo lo único insustituible».Noticia relacionada general No No Richard Avedon y Robert Frank, dos miradas a América en PhotoEspaña Natividad PulidoSupongo que esto puede matizarse, aunque será el espectador quien juegue al juego de las diferencias y juzgue: una cámara fotográfica profesional impresiona al retratado lo quiera o no; tiene el peso de una larguísima historia, de millones de retratos en blanco y negro –que es como trabaja Azkarate –, muchísimos de ellos icónicos: el inconsciente de cada cual los localiza instantáneamente en cuanto el objetivo le apunta; evoca las vidas aventureras de los exploradores y los reporteros, las imágenes de la forma de vida de nuestros antepasados, las de la guerra… Tiene unas connotaciones que son completamente distintas de las de un móvil: este representa, superada la democratización de la producción de imágenes que propició la ‘Kodak Instamatic’, el paradigma de la acumulación insostenible de imágenes (banales en su casi totalidad) y, sobre todo, de su difusión instantánea, constante y masiva. Es el selfie idiota que provoca la congestión total de una playa hasta entonces desierta, pero, de un modo más inmediato, es aquel artefacto que todo el mundo porta y mira en el metro. No tiene historia, pero cuando un individuo le apunta a uno con él, el inconsciente evoca las galerías infinitas de fotos de frikis de todo tipo en las que su imagen –su ser– quedará irremediablemente disuelta. Es imposible que la actitud del retratado sea la misma.Fotos de época de los años ochenta de la creadora vasca en Nueva York y España @Isabel AzkaratePero nótese que, en realidad, la serie ‘Azkarate vs. Azkarate’ trataría más bien del efecto que el cambio de herramienta –y también el paso de los años y la acumulación de sabiduría y experiencia– pudiera producir en la artista. Azkarate, formada en fotografía documental en Barcelona, empieza a trabajar en Nueva York en 1980, optando por la ‘Street Photography’ en la estela de Diane Arbus o Lissette Model y retratando a personajes marginales o peculiares. Las últimas fotos, las del móvil, efectivamente muestran que «todavía hoy, a sus 76 años, siente una insaciable curiosidad por la geografía de lo humano, una inquietud por patear la calle observando, conectando y cazando al prójimo», como leemos en la guía. En estos dípticos, donde las imágenes están separadas por décadas, pocas cosas han cambiado. Y tal vez sea ese el argumento de la exposición: cierta clase de personas, ya sea en la Nueva York de los 80 o en el San Sebastián de 2026 , vivirán siempre al margen de las modas. Las llamamos marginales o ‘freaks’. Se aferran a su individualidad. A una ‘personalidad’ única, producto de periplos casi siempre terribles, mientras, a su alrededor, todos conseguimos no verlos (es la tan traída ‘invisibilización’, otro vocablo destinado a anular lo real mediante el uso de un término abstruso).arte_abc_0724Tratamos hace poco este mismo asunto a propósito de la individual madrileña de otro gran cronista de la marginalidad ( Sasha Asensio , que también fotografió a vagabundos en EE.UU. y hoy se centra en los del Raval, en Barcelona), para concluir que estas personas son, literalmente, una reserva de lo humano. ‘Azkarate vs. Azkarate’ Isabel Azkarate Lugar Espacio Cultural Serrería Belga Dirección Madrid. Alameda, 15. Comisarias Silvia Omedes e Imma Cortés. Colabora: Xiaomi España Clausura Hasta el 28 de junio Valoración **Diría, no obstante, que el imaginario de Azkarate es mucho menos truculento: los personajes de sus fotos son en su mayoría personas corrientes, que a menudo aparecen en sus lugares de trabajo o descanso; abundan las sonrisas; y los perros, que son siempre alegoría de la soledad de sus dueños; y, sobre todo en las imágenes más recientes, los jóvenes: la Azkarate más madura es más poética, más tierna , más sensible a la pervivencia de la risa y la ilusión que la joven que buscó conocer la dureza de la vida. La 29ª edición de PHotoEspaña –cuyo tema este año es ‘volver a imaginar’ en el sentido de «reivindicar la creatividad, la experimentación y la exploración de los límites de la imagen»– se inicia en Serrería Belga con este conjunto de dípticos de Isabel Azkarate (San Sebastián, 1950), una veterana fotógrafa que pasa por ser la primera fotoperiodista en Euskadi y lleva cuarenta años retratando tipos humanos a lo largo y ancho del planeta. Podría decirse que la amplia serie que ha preparado para el festival es un trabajo de archivo en la medida en que se trata de una revisión del material que ha generado a lo largo de cuatro décadas; revisión que se lleva a cabo de un modo peculiar e interesante: contraponiendo esas imágenes a otras, recientes, obtenidas con un teléfono móvil de última generación . El resultado, vino a decir María Santoyo , directora de PHotoEspaña, es que ese cambio en la tecnología no tiene demasiada importancia: «La foto siempre ha dependido de la evolución de sus herramientas. Esta alianza permite explorar ese nuevo territorio donde lo digital y lo artístico se encuentran. Ver a autoras de la talla de Azkarate jugando con nuevos formatos confirma que, cambie lo que cambie la cámara, la intención del fotógrafo sigue siendo lo único insustituible».Noticia relacionada general No No Richard Avedon y Robert Frank, dos miradas a América en PhotoEspaña Natividad PulidoSupongo que esto puede matizarse, aunque será el espectador quien juegue al juego de las diferencias y juzgue: una cámara fotográfica profesional impresiona al retratado lo quiera o no; tiene el peso de una larguísima historia, de millones de retratos en blanco y negro –que es como trabaja Azkarate –, muchísimos de ellos icónicos: el inconsciente de cada cual los localiza instantáneamente en cuanto el objetivo le apunta; evoca las vidas aventureras de los exploradores y los reporteros, las imágenes de la forma de vida de nuestros antepasados, las de la guerra… Tiene unas connotaciones que son completamente distintas de las de un móvil: este representa, superada la democratización de la producción de imágenes que propició la ‘Kodak Instamatic’, el paradigma de la acumulación insostenible de imágenes (banales en su casi totalidad) y, sobre todo, de su difusión instantánea, constante y masiva. Es el selfie idiota que provoca la congestión total de una playa hasta entonces desierta, pero, de un modo más inmediato, es aquel artefacto que todo el mundo porta y mira en el metro. No tiene historia, pero cuando un individuo le apunta a uno con él, el inconsciente evoca las galerías infinitas de fotos de frikis de todo tipo en las que su imagen –su ser– quedará irremediablemente disuelta. Es imposible que la actitud del retratado sea la misma.Fotos de época de los años ochenta de la creadora vasca en Nueva York y España @Isabel AzkaratePero nótese que, en realidad, la serie ‘Azkarate vs. Azkarate’ trataría más bien del efecto que el cambio de herramienta –y también el paso de los años y la acumulación de sabiduría y experiencia– pudiera producir en la artista. Azkarate, formada en fotografía documental en Barcelona, empieza a trabajar en Nueva York en 1980, optando por la ‘Street Photography’ en la estela de Diane Arbus o Lissette Model y retratando a personajes marginales o peculiares. Las últimas fotos, las del móvil, efectivamente muestran que «todavía hoy, a sus 76 años, siente una insaciable curiosidad por la geografía de lo humano, una inquietud por patear la calle observando, conectando y cazando al prójimo», como leemos en la guía. En estos dípticos, donde las imágenes están separadas por décadas, pocas cosas han cambiado. Y tal vez sea ese el argumento de la exposición: cierta clase de personas, ya sea en la Nueva York de los 80 o en el San Sebastián de 2026 , vivirán siempre al margen de las modas. Las llamamos marginales o ‘freaks’. Se aferran a su individualidad. A una ‘personalidad’ única, producto de periplos casi siempre terribles, mientras, a su alrededor, todos conseguimos no verlos (es la tan traída ‘invisibilización’, otro vocablo destinado a anular lo real mediante el uso de un término abstruso).arte_abc_0724Tratamos hace poco este mismo asunto a propósito de la individual madrileña de otro gran cronista de la marginalidad ( Sasha Asensio , que también fotografió a vagabundos en EE.UU. y hoy se centra en los del Raval, en Barcelona), para concluir que estas personas son, literalmente, una reserva de lo humano. ‘Azkarate vs. Azkarate’ Isabel Azkarate Lugar Espacio Cultural Serrería Belga Dirección Madrid. Alameda, 15. Comisarias Silvia Omedes e Imma Cortés. Colabora: Xiaomi España Clausura Hasta el 28 de junio Valoración **Diría, no obstante, que el imaginario de Azkarate es mucho menos truculento: los personajes de sus fotos son en su mayoría personas corrientes, que a menudo aparecen en sus lugares de trabajo o descanso; abundan las sonrisas; y los perros, que son siempre alegoría de la soledad de sus dueños; y, sobre todo en las imágenes más recientes, los jóvenes: la Azkarate más madura es más poética, más tierna , más sensible a la pervivencia de la risa y la ilusión que la joven que buscó conocer la dureza de la vida.
La 29ª edición de PHotoEspaña –cuyo tema este año es ‘volver a imaginar’ en el sentido de «reivindicar la creatividad, la experimentación y la exploración de los límites de la imagen»– se inicia en Serrería Belga con este conjunto de dípticos de Isabel Azkarate … (San Sebastián, 1950), una veterana fotógrafa que pasa por ser la primera fotoperiodista en Euskadi y lleva cuarenta años retratando tipos humanos a lo largo y ancho del planeta.
Podría decirse que la amplia serie que ha preparado para el festival es un trabajo de archivo en la medida en que se trata de una revisión del material que ha generado a lo largo de cuatro décadas; revisión que se lleva a cabo de un modo peculiar e interesante: contraponiendo esas imágenes a otras, recientes, obtenidas con un teléfono móvil de última generación.
El resultado, vino a decir María Santoyo, directora de PHotoEspaña, es que ese cambio en la tecnología no tiene demasiada importancia: «La foto siempre ha dependido de la evolución de sus herramientas. Esta alianza permite explorar ese nuevo territorio donde lo digital y lo artístico se encuentran. Ver a autoras de la talla de Azkarate jugando con nuevos formatos confirma que, cambie lo que cambie la cámara, la intención del fotógrafo sigue siendo lo único insustituible».
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Natividad Pulido
Supongo que esto puede matizarse, aunque será el espectador quien juegue al juego de las diferencias y juzgue: una cámara fotográfica profesional impresiona al retratado lo quiera o no; tiene el peso de una larguísima historia, de millones de retratos en blanco y negro –que es como trabaja Azkarate–, muchísimos de ellos icónicos: el inconsciente de cada cual los localiza instantáneamente en cuanto el objetivo le apunta; evoca las vidas aventureras de los exploradores y los reporteros, las imágenes de la forma de vida de nuestros antepasados, las de la guerra…
Tiene unas connotaciones que son completamente distintas de las de un móvil: este representa, superada la democratización de la producción de imágenes que propició la ‘Kodak Instamatic’, el paradigma de la acumulación insostenible de imágenes (banales en su casi totalidad) y, sobre todo, de su difusión instantánea, constante y masiva. Es el selfie idiota que provoca la congestión total de una playa hasta entonces desierta, pero, de un modo más inmediato, es aquel artefacto que todo el mundo porta y mira en el metro. No tiene historia, pero cuando un individuo le apunta a uno con él, el inconsciente evoca las galerías infinitas de fotos de frikis de todo tipo en las que su imagen –su ser– quedará irremediablemente disuelta. Es imposible que la actitud del retratado sea la misma.
(@Isabel Azkarate)
Pero nótese que, en realidad, la serie ‘Azkarate vs. Azkarate’ trataría más bien del efecto que el cambio de herramienta –y también el paso de los años y la acumulación de sabiduría y experiencia– pudiera producir en la artista. Azkarate, formada en fotografía documental en Barcelona, empieza a trabajar en Nueva York en 1980, optando por la ‘Street Photography’ en la estela de Diane Arbus o Lissette Model y retratando a personajes marginales o peculiares.
Las últimas fotos, las del móvil, efectivamente muestran que «todavía hoy, a sus 76 años, siente una insaciable curiosidad por la geografía de lo humano, una inquietud por patear la calle observando, conectando y cazando al prójimo», como leemos en la guía. En estos dípticos, donde las imágenes están separadas por décadas, pocas cosas han cambiado. Y tal vez sea ese el argumento de la exposición: cierta clase de personas, ya sea en la Nueva York de los 80 o en el San Sebastián de 2026, vivirán siempre al margen de las modas. Las llamamos marginales o ‘freaks’. Se aferran a su individualidad. A una ‘personalidad’ única, producto de periplos casi siempre terribles, mientras, a su alrededor, todos conseguimos no verlos (es la tan traída ‘invisibilización’, otro vocablo destinado a anular lo real mediante el uso de un término abstruso).
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Tratamos hace poco este mismo asunto a propósito de la individual madrileña de otro gran cronista de la marginalidad (Sasha Asensio, que también fotografió a vagabundos en EE.UU. y hoy se centra en los del Raval, en Barcelona), para concluir que estas personas son, literalmente, una reserva de lo humano.
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‘Azkarate vs. Azkarate’

Isabel Azkarate
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Espacio Cultural Serrería Belga -
Dirección
Madrid. Alameda, 15. -
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Silvia Omedes e Imma Cortés. Colabora: Xiaomi España -
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Hasta el 28 de junio -
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Diría, no obstante, que el imaginario de Azkarate es mucho menos truculento: los personajes de sus fotos son en su mayoría personas corrientes, que a menudo aparecen en sus lugares de trabajo o descanso; abundan las sonrisas; y los perros, que son siempre alegoría de la soledad de sus dueños; y, sobre todo en las imágenes más recientes, los jóvenes: la Azkarate más madura es más poética, más tierna, más sensible a la pervivencia de la risa y la ilusión que la joven que buscó conocer la dureza de la vida.
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