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  Cultura  ‘La última noche con mi hermano’, «teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos»
Cultura

‘La última noche con mi hermano’, «teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos»

febrero 12, 2026
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‘ La última noche con mi hermano ‘ es, dice su autor, Alfredo Sanzol , «la historia de Nagore, una mujer a la que diagnostican un cáncer, y de su hermano Alberto, un hombre que no acepta la enfermedad de su hermana y que tendrá que aprender a aceptar su muerte. Alberto y Ainhoa tienen dos hijos Nahia y Oier, y Ainhoa tiene un hermano, Claudio. Esta es una familia de tres parejas de hermanos con vivencias muy diferentes sobre la hermandad. Una familia en la que Nagore, la mujer que vive sola, es un eje esencial».Esta historia de duelo, de ausencias y de fraternidad se estrena este viernes 13 en el Teatro María Guerrero -donde estará hasta el 5 de abril-, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional (CDN). Alfredo Sanzol dirige esta entidad y también la función, coproducida junto al Teatre Nacional de Catalunya (TNC) e interpretada por Nuria Mencía (Nagore), Jesús Noguero (Alberto), Elisabet Gelabert (Ainhoa), Cristóbal Suárez (Claudio), Ariadna Llobet (Nahia) y Biel Montero (Oier).La obra nació, cuenta su autor y director, de una conversación con una amiga suya que acababa de perder a su hermano. «Me contó que había pasado la última noche acompañando a su hermano -relata Sanzol- y me dijo que esa experiencia había cambiado totalmente su manera de ver la vida, de entender la muerte y de pensar sobre el sentido que quería darle al hecho de vivir. Cuando la escuchaba, se encendió dentro de mí este título: ‘La última noche con mi hermano’, y creo que se lo dije al mismo tiempo que hablábamos, sin pensarlo demasiado. A ella le gustó la idea de que yo hiciera una obra con este título y siguió contándome detalles sobre lo terrible de la pérdida y sobre las sensaciones que la habían asaltado, incluidas las más extrañas: las que tenían que ver con lo cómico».El duelo por la pérdida de un hermano es, sigue Sanzol, el que socialmente está menos acompañado. «Cuando sucede todos te dan el pésame, pero muy pocos te preguntan, en los meses siguientes, cómo te encuentras». El personaje de Ainhoa verbaliza la sensación en un momento del texto: «Si has tenido un hermano al lado, cuando falta, la sensación de vacío es muy extraña, no es como cuando faltan los padres, o como cuando falta una pareja o un amigo, es… como si faltara algo de mí misma, una prolongación o yo diría… como un reflejo». El director del CDN se entrevistó «con diez o doce personas que habían sufrido esa pérdida», entre ellas Carme Portaceli, directora del TNC . «Me interesaba ahondar en la gestión del duelo y en la manera en que se entiende la fraternidad. Es cierto que hay muchas maneras de vivir la hermandad y también es cierto que en muchas ocasiones se trata de vivencias en las que se instala la frialdad y la distancia, pero también es cierto que, en muchas ocasiones, la hermandad constituye un hecho esencial en la vida de las personas y la pérdida de la otra parte es una amputación real del ser». La gestión del duelo, continúa, es también la gestión de la esperanza. Alfredo Sanzol Bárbara Sánchez PalomeroEl segundo eje de la función es la fraternidad , «uno de los principios republicanos junto a la igualdad y la libertad -dice el autor y director-. En nuestra Constitución ya aparece con la derivación que ha tenido al concepto de ‘solidaridad’ o ‘social’. En cualquier caso, hace referencia a la idea de que ‘el otro’ no es ‘ajeno’, sobre todo a que la fragilidad del otro pertenece a todos. La fraternidad, o la idea de que toda la humanidad forma parte de la misma familia, es un concepto antiguo y se ha usado para buscar paz y unidad con muy buenos y muy malos resultados. Me pregunto cómo la vivencia de la hermandad privada afecta a la vida pública, y de qué manera las relaciones de fraternidad en lo público influyen en lo privado». Así fue desarrollándose la escritura de esta historia de tres parejas de hermanos. Lo explica Sanzol: «Nagore y Alberto están muy unidos; Ainhoa y Claudio no se hablan; y Nahia y Oier son hermanastros -una figura en la que quería también entrar- y van construyendo su relación durante la función». El dramaturgo quiso elegir el reparto -con Nuria Mencía como eje- antes incluso de terminar el texto. «Crear una constelación familiar -explica- con gente que no es familia es muy complicado. La escritura ha sido muy delicada y meticulosa; apareció en mí el síndrome del impostor y necesitaba la devolución que me daban los actores y mis compañeros del CDN».En la primera escena de la obra, los espectadores conocen su final: Nagore ha muerto. A su autor no le preocupa destripar la función -«su esencia es cómo se vive el proceso»-, y de hecho es la propia protagonista la que cuenta el relato. «Esta historia -dice Nagore- es teatro hecho por una muerta que soy yo. Teatro de difuntos . Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos».Noticia Relacionada estandar Si Veintiséis propuestas con las que alegrar el nuevo año teatral Julio BravoSi el humor es necesario en la vida, ante la muerte parece absolutamente necesario. Y en ‘La última noche con mi hermano’ está presente. Sanzol trasladó los relatos de sus entrevistados y todas las gotas de humor que aparecen en el texto proceden de la realidad. «En las conversaciones preguntaba cómo se había usado el humor para poder sobrellevar el dolor, la enfermedad, la gestión de la esperanza. Y había bastantes coincidencias en que era esencial. Cada persona me contaba situaciones diferentes causadas por los nervios, por la pena o por el contexto, que habían desembocado en un momento absurdo, en algo que había provocado la risa. Dentro de la función, todos los momentos que hacen reír están basados en hechos reales. Porque me preocupaba mucho incluir gags, elementos propios que resultasen artificiales. No quería forzar lo cómico en una historia tan sensible, tan delicada, tan frágil».Coinciden estos días en los escenarios madrileños varias obras que afrontan el duelo y la muerte –’Tres noches en Ítaca’, ‘Constelaciones’, ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’-. «La muerte sigue siendo un tema socialmente tabú, de ella no se habla de manera directa. Y el arte, el teatro en este caso, es un elemento esencial para reflexionar sobre la muerte en colectivo». ‘ La última noche con mi hermano ‘ es, dice su autor, Alfredo Sanzol , «la historia de Nagore, una mujer a la que diagnostican un cáncer, y de su hermano Alberto, un hombre que no acepta la enfermedad de su hermana y que tendrá que aprender a aceptar su muerte. Alberto y Ainhoa tienen dos hijos Nahia y Oier, y Ainhoa tiene un hermano, Claudio. Esta es una familia de tres parejas de hermanos con vivencias muy diferentes sobre la hermandad. Una familia en la que Nagore, la mujer que vive sola, es un eje esencial».Esta historia de duelo, de ausencias y de fraternidad se estrena este viernes 13 en el Teatro María Guerrero -donde estará hasta el 5 de abril-, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional (CDN). Alfredo Sanzol dirige esta entidad y también la función, coproducida junto al Teatre Nacional de Catalunya (TNC) e interpretada por Nuria Mencía (Nagore), Jesús Noguero (Alberto), Elisabet Gelabert (Ainhoa), Cristóbal Suárez (Claudio), Ariadna Llobet (Nahia) y Biel Montero (Oier).La obra nació, cuenta su autor y director, de una conversación con una amiga suya que acababa de perder a su hermano. «Me contó que había pasado la última noche acompañando a su hermano -relata Sanzol- y me dijo que esa experiencia había cambiado totalmente su manera de ver la vida, de entender la muerte y de pensar sobre el sentido que quería darle al hecho de vivir. Cuando la escuchaba, se encendió dentro de mí este título: ‘La última noche con mi hermano’, y creo que se lo dije al mismo tiempo que hablábamos, sin pensarlo demasiado. A ella le gustó la idea de que yo hiciera una obra con este título y siguió contándome detalles sobre lo terrible de la pérdida y sobre las sensaciones que la habían asaltado, incluidas las más extrañas: las que tenían que ver con lo cómico».El duelo por la pérdida de un hermano es, sigue Sanzol, el que socialmente está menos acompañado. «Cuando sucede todos te dan el pésame, pero muy pocos te preguntan, en los meses siguientes, cómo te encuentras». El personaje de Ainhoa verbaliza la sensación en un momento del texto: «Si has tenido un hermano al lado, cuando falta, la sensación de vacío es muy extraña, no es como cuando faltan los padres, o como cuando falta una pareja o un amigo, es… como si faltara algo de mí misma, una prolongación o yo diría… como un reflejo». El director del CDN se entrevistó «con diez o doce personas que habían sufrido esa pérdida», entre ellas Carme Portaceli, directora del TNC . «Me interesaba ahondar en la gestión del duelo y en la manera en que se entiende la fraternidad. Es cierto que hay muchas maneras de vivir la hermandad y también es cierto que en muchas ocasiones se trata de vivencias en las que se instala la frialdad y la distancia, pero también es cierto que, en muchas ocasiones, la hermandad constituye un hecho esencial en la vida de las personas y la pérdida de la otra parte es una amputación real del ser». La gestión del duelo, continúa, es también la gestión de la esperanza. Alfredo Sanzol Bárbara Sánchez PalomeroEl segundo eje de la función es la fraternidad , «uno de los principios republicanos junto a la igualdad y la libertad -dice el autor y director-. En nuestra Constitución ya aparece con la derivación que ha tenido al concepto de ‘solidaridad’ o ‘social’. En cualquier caso, hace referencia a la idea de que ‘el otro’ no es ‘ajeno’, sobre todo a que la fragilidad del otro pertenece a todos. La fraternidad, o la idea de que toda la humanidad forma parte de la misma familia, es un concepto antiguo y se ha usado para buscar paz y unidad con muy buenos y muy malos resultados. Me pregunto cómo la vivencia de la hermandad privada afecta a la vida pública, y de qué manera las relaciones de fraternidad en lo público influyen en lo privado». Así fue desarrollándose la escritura de esta historia de tres parejas de hermanos. Lo explica Sanzol: «Nagore y Alberto están muy unidos; Ainhoa y Claudio no se hablan; y Nahia y Oier son hermanastros -una figura en la que quería también entrar- y van construyendo su relación durante la función». El dramaturgo quiso elegir el reparto -con Nuria Mencía como eje- antes incluso de terminar el texto. «Crear una constelación familiar -explica- con gente que no es familia es muy complicado. La escritura ha sido muy delicada y meticulosa; apareció en mí el síndrome del impostor y necesitaba la devolución que me daban los actores y mis compañeros del CDN».En la primera escena de la obra, los espectadores conocen su final: Nagore ha muerto. A su autor no le preocupa destripar la función -«su esencia es cómo se vive el proceso»-, y de hecho es la propia protagonista la que cuenta el relato. «Esta historia -dice Nagore- es teatro hecho por una muerta que soy yo. Teatro de difuntos . Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos».Noticia Relacionada estandar Si Veintiséis propuestas con las que alegrar el nuevo año teatral Julio BravoSi el humor es necesario en la vida, ante la muerte parece absolutamente necesario. Y en ‘La última noche con mi hermano’ está presente. Sanzol trasladó los relatos de sus entrevistados y todas las gotas de humor que aparecen en el texto proceden de la realidad. «En las conversaciones preguntaba cómo se había usado el humor para poder sobrellevar el dolor, la enfermedad, la gestión de la esperanza. Y había bastantes coincidencias en que era esencial. Cada persona me contaba situaciones diferentes causadas por los nervios, por la pena o por el contexto, que habían desembocado en un momento absurdo, en algo que había provocado la risa. Dentro de la función, todos los momentos que hacen reír están basados en hechos reales. Porque me preocupaba mucho incluir gags, elementos propios que resultasen artificiales. No quería forzar lo cómico en una historia tan sensible, tan delicada, tan frágil».Coinciden estos días en los escenarios madrileños varias obras que afrontan el duelo y la muerte –’Tres noches en Ítaca’, ‘Constelaciones’, ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’-. «La muerte sigue siendo un tema socialmente tabú, de ella no se habla de manera directa. Y el arte, el teatro en este caso, es un elemento esencial para reflexionar sobre la muerte en colectivo».  

‘La última noche con mi hermano‘ es, dice su autor, Alfredo Sanzol, «la historia de Nagore, una mujer a la que diagnostican un cáncer, y de su hermano Alberto, un hombre que no acepta la enfermedad de su hermana y que tendrá … que aprender a aceptar su muerte. Alberto y Ainhoa tienen dos hijos Nahia y Oier, y Ainhoa tiene un hermano, Claudio. Esta es una familia de tres parejas de hermanos con vivencias muy diferentes sobre la hermandad. Una familia en la que Nagore, la mujer que vive sola, es un eje esencial».

Esta historia de duelo, de ausencias y de fraternidad se estrena este viernes 13 en el Teatro María Guerrero -donde estará hasta el 5 de abril-, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional (CDN). Alfredo Sanzol dirige esta entidad y también la función, coproducida junto al Teatre Nacional de Catalunya (TNC) e interpretada por Nuria Mencía (Nagore), Jesús Noguero (Alberto), Elisabet Gelabert (Ainhoa), Cristóbal Suárez (Claudio), Ariadna Llobet (Nahia) y Biel Montero (Oier).

La obra nació, cuenta su autor y director, de una conversación con una amiga suya que acababa de perder a su hermano. «Me contó que había pasado la última noche acompañando a su hermano -relata Sanzol- y me dijo que esa experiencia había cambiado totalmente su manera de ver la vida, de entender la muerte y de pensar sobre el sentido que quería darle al hecho de vivir. Cuando la escuchaba, se encendió dentro de mí este título: ‘La última noche con mi hermano’, y creo que se lo dije al mismo tiempo que hablábamos, sin pensarlo demasiado. A ella le gustó la idea de que yo hiciera una obra con este título y siguió contándome detalles sobre lo terrible de la pérdida y sobre las sensaciones que la habían asaltado, incluidas las más extrañas: las que tenían que ver con lo cómico».

El duelo por la pérdida de un hermano es, sigue Sanzol, el que socialmente está menos acompañado. «Cuando sucede todos te dan el pésame, pero muy pocos te preguntan, en los meses siguientes, cómo te encuentras». El personaje de Ainhoa verbaliza la sensación en un momento del texto: «Si has tenido un hermano al lado, cuando falta, la sensación de vacío es muy extraña, no es como cuando faltan los padres, o como cuando falta una pareja o un amigo, es… como si faltara algo de mí misma, una prolongación o yo diría… como un reflejo».

El director del CDN se entrevistó «con diez o doce personas que habían sufrido esa pérdida», entre ellas Carme Portaceli, directora del TNC. «Me interesaba ahondar en la gestión del duelo y en la manera en que se entiende la fraternidad. Es cierto que hay muchas maneras de vivir la hermandad y también es cierto que en muchas ocasiones se trata de vivencias en las que se instala la frialdad y la distancia, pero también es cierto que, en muchas ocasiones, la hermandad constituye un hecho esencial en la vida de las personas y la pérdida de la otra parte es una amputación real del ser». La gestión del duelo, continúa, es también la gestión de la esperanza.

Alfredo Sanzol
Bárbara Sánchez Palomero
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El segundo eje de la función es la fraternidad, «uno de los principios republicanos junto a la igualdad y la libertad -dice el autor y director-. En nuestra Constitución ya aparece con la derivación que ha tenido al concepto de ‘solidaridad’ o ‘social’. En cualquier caso, hace referencia a la idea de que ‘el otro’ no es ‘ajeno’, sobre todo a que la fragilidad del otro pertenece a todos. La fraternidad, o la idea de que toda la humanidad forma parte de la misma familia, es un concepto antiguo y se ha usado para buscar paz y unidad con muy buenos y muy malos resultados. Me pregunto cómo la vivencia de la hermandad privada afecta a la vida pública, y de qué manera las relaciones de fraternidad en lo público influyen en lo privado».

Así fue desarrollándose la escritura de esta historia de tres parejas de hermanos. Lo explica Sanzol: «Nagore y Alberto están muy unidos; Ainhoa y Claudio no se hablan; y Nahia y Oier son hermanastros -una figura en la que quería también entrar- y van construyendo su relación durante la función». El dramaturgo quiso elegir el reparto -con Nuria Mencía como eje- antes incluso de terminar el texto. «Crear una constelación familiar -explica- con gente que no es familia es muy complicado. La escritura ha sido muy delicada y meticulosa; apareció en mí el síndrome del impostor y necesitaba la devolución que me daban los actores y mis compañeros del CDN».

En la primera escena de la obra, los espectadores conocen su final: Nagore ha muerto. A su autor no le preocupa destripar la función -«su esencia es cómo se vive el proceso»-, y de hecho es la propia protagonista la que cuenta el relato. «Esta historia -dice Nagore- es teatro hecho por una muerta que soy yo. Teatro de difuntos. Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos».

Si el humor es necesario en la vida, ante la muerte parece absolutamente necesario. Y en ‘La última noche con mi hermano’ está presente. Sanzol trasladó los relatos de sus entrevistados y todas las gotas de humor que aparecen en el texto proceden de la realidad. «En las conversaciones preguntaba cómo se había usado el humor para poder sobrellevar el dolor, la enfermedad, la gestión de la esperanza. Y había bastantes coincidencias en que era esencial. Cada persona me contaba situaciones diferentes causadas por los nervios, por la pena o por el contexto, que habían desembocado en un momento absurdo, en algo que había provocado la risa. Dentro de la función, todos los momentos que hacen reír están basados en hechos reales. Porque me preocupaba mucho incluir gags, elementos propios que resultasen artificiales. No quería forzar lo cómico en una historia tan sensible, tan delicada, tan frágil».

Coinciden estos días en los escenarios madrileños varias obras que afrontan el duelo y la muerte –’Tres noches en Ítaca’, ‘Constelaciones’, ‘Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán’-. «La muerte sigue siendo un tema socialmente tabú, de ella no se habla de manera directa. Y el arte, el teatro en este caso, es un elemento esencial para reflexionar sobre la muerte en colectivo».

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