Describe uno de los personajes de ‘Las jefas’ a su primer amor de instituto como «rara, original, que cantaba canciones de los Ramones con letras de Marifé de Triana ». La definición podría servir para la literatura de Esther García Llovet, tan rara y original que ha terminado por configurar unos rasgos capaces de alcanzar el meritorio logro de hacer que sus novelas solo se parezcan a sí mismas. Semejante virtud, especialmente apreciable en una época en la que todo parece evocar a algo ya conocido, se sustenta básicamente sobre dos características.NOVELA ‘Las jefas’ Autora Esther García Llovet Editorial Anagrama Año 2026 Páginas 157 Precio 18,90 4Por un lado, la autora ha conseguido conformar un estilo propio muy reconocible a través de una escritura aséptica y cortante, deudora de la frase breve, sentenciosa por momentos, del recurso a la comparación —casi siempre descacharrante, por hiperbólica, por sorprendente y por el manejo de todo tipo de alusiones, desde la alta cultura hasta lo popular o incluso lo cañí— y de una peculiar forma de narrar alejada de cualquier explicitud en la que nunca parece estar diciéndose todo. De ahí que sus novelas —siempre cortas y con una estructura capitular fragmentaria— transmitan, sobre todo, sensaciones.El argumento de ‘Las jefas’ se podría resumir remitiendo a la relación de dependencia que se establece entre el Primo, el chico para todo de un exclusivo resort, y tres mujeres que, como concursantes de un perpetuo ‘reality-show’, languidecen en un contexto de lujo venido a menos jugando a las cartas, tomando cócteles y dejando la vida pasar. Noticia Relacionada ¿Quién mató a los ‘haters’ de la novela negra? CARLOS SALA Yasmina Khadra, Benjamin Black, Donna Leon o Arnaldur Indriòason copan la XX edición del BCNegraSin embargo, trascendiendo la trama, la novela deja sobre todo un poso, identificado con cierta inquietud — hay una violencia latente que tiene que ver con la imposibilidad de saber qué se puede esperar de unos personajes singulares que parecen siempre de paso y con un permanente pero irrealizable deseo de escape para el que no parece haber destino— y con el magnetismo que provoca el universo que crea la autora, en el que al comienzo cuesta entrar pero del que después se quiere saber más y más.Y es que, por otro lado, el otro gran valor de las novelas de García Llovet está relacionado con la creación de un escenario extraordinario —en todos los sentidos— en el que todo parece poder pasar, con personajes que leen obsesivamente las ‘Meditaciones’ de Marco Aurelio , juegan al tenis a las cuatro de la mañana o encienden la chimenea pese a que haya casi treinta grados en el exterior. El Levante español se presenta, más que como una referencia geográfica o cultural concreta, como un ambiente universal, pero a la vez localComo ocurría en sus dos anteriores obras, con las que ‘Las jefas’ conforma la denominada ‘Trilogía de los países del Este’, ese espacio se ubica en el Levante español, un lugar que se presenta, más que como una referencia geográfica o cultural concreta, como un ambiente universal, pero a la vez tremendamente local, que compila la horterada, la sordidez, el onirismo y la exageración. Más allá de la extrañeza, esa recreación permite ofrecer una visión sobre la realidad lúcida, ingeniosa e irónica gracias a la proyección de una mirada que, como la buena literatura, ve y permite ver las cosas desde perspectivas inusitadas, tan raras como necesarias. Describe uno de los personajes de ‘Las jefas’ a su primer amor de instituto como «rara, original, que cantaba canciones de los Ramones con letras de Marifé de Triana ». La definición podría servir para la literatura de Esther García Llovet, tan rara y original que ha terminado por configurar unos rasgos capaces de alcanzar el meritorio logro de hacer que sus novelas solo se parezcan a sí mismas. Semejante virtud, especialmente apreciable en una época en la que todo parece evocar a algo ya conocido, se sustenta básicamente sobre dos características.NOVELA ‘Las jefas’ Autora Esther García Llovet Editorial Anagrama Año 2026 Páginas 157 Precio 18,90 4Por un lado, la autora ha conseguido conformar un estilo propio muy reconocible a través de una escritura aséptica y cortante, deudora de la frase breve, sentenciosa por momentos, del recurso a la comparación —casi siempre descacharrante, por hiperbólica, por sorprendente y por el manejo de todo tipo de alusiones, desde la alta cultura hasta lo popular o incluso lo cañí— y de una peculiar forma de narrar alejada de cualquier explicitud en la que nunca parece estar diciéndose todo. De ahí que sus novelas —siempre cortas y con una estructura capitular fragmentaria— transmitan, sobre todo, sensaciones.El argumento de ‘Las jefas’ se podría resumir remitiendo a la relación de dependencia que se establece entre el Primo, el chico para todo de un exclusivo resort, y tres mujeres que, como concursantes de un perpetuo ‘reality-show’, languidecen en un contexto de lujo venido a menos jugando a las cartas, tomando cócteles y dejando la vida pasar. Noticia Relacionada ¿Quién mató a los ‘haters’ de la novela negra? CARLOS SALA Yasmina Khadra, Benjamin Black, Donna Leon o Arnaldur Indriòason copan la XX edición del BCNegraSin embargo, trascendiendo la trama, la novela deja sobre todo un poso, identificado con cierta inquietud — hay una violencia latente que tiene que ver con la imposibilidad de saber qué se puede esperar de unos personajes singulares que parecen siempre de paso y con un permanente pero irrealizable deseo de escape para el que no parece haber destino— y con el magnetismo que provoca el universo que crea la autora, en el que al comienzo cuesta entrar pero del que después se quiere saber más y más.Y es que, por otro lado, el otro gran valor de las novelas de García Llovet está relacionado con la creación de un escenario extraordinario —en todos los sentidos— en el que todo parece poder pasar, con personajes que leen obsesivamente las ‘Meditaciones’ de Marco Aurelio , juegan al tenis a las cuatro de la mañana o encienden la chimenea pese a que haya casi treinta grados en el exterior. El Levante español se presenta, más que como una referencia geográfica o cultural concreta, como un ambiente universal, pero a la vez localComo ocurría en sus dos anteriores obras, con las que ‘Las jefas’ conforma la denominada ‘Trilogía de los países del Este’, ese espacio se ubica en el Levante español, un lugar que se presenta, más que como una referencia geográfica o cultural concreta, como un ambiente universal, pero a la vez tremendamente local, que compila la horterada, la sordidez, el onirismo y la exageración. Más allá de la extrañeza, esa recreación permite ofrecer una visión sobre la realidad lúcida, ingeniosa e irónica gracias a la proyección de una mirada que, como la buena literatura, ve y permite ver las cosas desde perspectivas inusitadas, tan raras como necesarias.
Describe uno de los personajes de ‘Las jefas’ a su primer amor de instituto como «rara, original, que cantaba canciones de los Ramones con letras de Marifé de Triana». La definición podría servir para la literatura de Esther García Llovet, tan rara y original … que ha terminado por configurar unos rasgos capaces de alcanzar el meritorio logro de hacer que sus novelas solo se parezcan a sí mismas.
Semejante virtud, especialmente apreciable en una época en la que todo parece evocar a algo ya conocido, se sustenta básicamente sobre dos características.

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Autora
Esther García Llovet -
Editorial
Anagrama -
Año
2026 -
Páginas
157 -
Precio
18,90
Por un lado, la autora ha conseguido conformar un estilo propio muy reconocible a través de una escritura aséptica y cortante, deudora de la frase breve, sentenciosa por momentos, del recurso a la comparación —casi siempre descacharrante, por hiperbólica, por sorprendente y por el manejo de todo tipo de alusiones, desde la alta cultura hasta lo popular o incluso lo cañí— y de una peculiar forma de narrar alejada de cualquier explicitud en la que nunca parece estar diciéndose todo. De ahí que sus novelas —siempre cortas y con una estructura capitular fragmentaria— transmitan, sobre todo, sensaciones.
El argumento de ‘Las jefas’ se podría resumir remitiendo a la relación de dependencia que se establece entre el Primo, el chico para todo de un exclusivo resort, y tres mujeres que, como concursantes de un perpetuo ‘reality-show’, languidecen en un contexto de lujo venido a menos jugando a las cartas, tomando cócteles y dejando la vida pasar.
Sin embargo, trascendiendo la trama, la novela deja sobre todo un poso, identificado con cierta inquietud —hay una violencia latente que tiene que ver con la imposibilidad de saber qué se puede esperar de unos personajes singulares que parecen siempre de paso y con un permanente pero irrealizable deseo de escape para el que no parece haber destino— y con el magnetismo que provoca el universo que crea la autora, en el que al comienzo cuesta entrar pero del que después se quiere saber más y más.
Y es que, por otro lado, el otro gran valor de las novelas de García Llovet está relacionado con la creación de un escenario extraordinario —en todos los sentidos— en el que todo parece poder pasar, con personajes que leen obsesivamente las ‘Meditaciones’ de Marco Aurelio, juegan al tenis a las cuatro de la mañana o encienden la chimenea pese a que haya casi treinta grados en el exterior.
El Levante español se presenta, más que como una referencia geográfica o cultural concreta, como un ambiente universal, pero a la vez local
Como ocurría en sus dos anteriores obras, con las que ‘Las jefas’ conforma la denominada ‘Trilogía de los países del Este’, ese espacio se ubica en el Levante español, un lugar que se presenta, más que como una referencia geográfica o cultural concreta, como un ambiente universal, pero a la vez tremendamente local, que compila la horterada, la sordidez, el onirismo y la exageración.
Más allá de la extrañeza, esa recreación permite ofrecer una visión sobre la realidad lúcida, ingeniosa e irónica gracias a la proyección de una mirada que, como la buena literatura, ve y permite ver las cosas desde perspectivas inusitadas, tan raras como necesarias.
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