¿De dónde surgió la inspiración de Antoni Tàpies que le llevó a crear sus famosas pinturas matérica a mediados de los años 50? ¿Fue su viaje a Nueva York? ¿Su visitas a París? ¿Nace del movimiento Dada, del Art Brut, de una expresión profunda de la cultura catalana? ¿Y si la respuesta, imposible de determinar categóricamente, pudiese estar en la forma en que exponían su obra a principios de esa década? El Museo Tàpies presenta la exposición-tesis ‘ El movimiento perpetuo del muro’ donde recupera sus grandes obras de los años 50 y el viaje que hizo de una pintura más surrealista, abstracta y primitivista, hacia el protagonismo de las texturas y objetos poco comunes en sus cuadros, a partir de cuatro grandes exposiciones individuales que ayudaron a crear la imagen definitiva del gran Tàpies.Después de rastrear su infancia y ver los motivos e influencias que marcaron su carrera, el Museo Tàpies busca ahora ese momento de inflexión que convirtió al artista en el gran adalid de la modernidad a partir de 1954. De esta forma, a partir de 50 obras , muchas de ellas préstamos que pocas veces han podido verse, la exposición recrea tal y como se vieron en su época cuatro míticas muestras individuales del artista en los años 50. «Partimos de una investigación que defiende la hipótesis que en la década de los 50 quedó definida una forma de percibir la obra del artista consolidada en el tiempo. No queremos ser deterministas y decidir la causa y efecto que llevó a Tàpies a la pintura matérica, pero sí abrimos una nueva posibilidad de estudio», comenta Pablo Allepuz , jefe de la colección del museo y co-comisario de la muestra.La exposición arranca con la muestra que se realizó en las Galerías Layetanas del 28 de octubre al 10 de noviembre de 1950. Vemos como los cuadros de Tàpies eran colocados en un fondo negro con una luz directa que unía las obras en una misteriosa sucesión. Aquí nos encontramos piezas como ‘El fuego encantado de Farefa’ (1949) , préstamo de una colección particular; el propio cartel de Tàpies para la exposición, propiedad del Banco Santander o ‘Composición /A. Desierto. B. Soledad’, de la Colección Carmen Thyssen. Noticia Relacionada Glenn Lowry, director del MoMA entrevista Si El hombre más poderoso del mundo del arte: «Los museos son básicos para una democracia» María de la Peña Fernández-Nespral Tres millones de visitantes de todo el planeta peregrinan cada año al museo de arte moderno de Nueva York, el epicentro mundial del arte contemporáneo. Al mando de esta influyente institución está el todopoderoso Glenn Lowry, que lleva 28 años liderándola. Nos citamos con él para hablar de arte, dinero y poder.En mayo de 1954, las Galerías Layetanas volvían a acoger la obra del artista, pero en esta ocasión los cuadros estaban unidos a la pared por unas alcayatas que los separaban unos centímetros y eso hacía que cayesen en cierta diagonal que acentuaba la textura de las obras , iluminadas con luz directa. La crítica especializada empezó a hablar de las texturas en parte por la acentuación de la misma por la forma en que estaban expuestas. «¿Quién nos dice que el propio artista pudo ser más consciente de esta característica que estaba siendo resaltada por los demás y pensar que era el camino a seguir? Por supuesto, hay muchas otras posibilidades detrás de la creación de sus obras matéricas, pero es interesante ver cómo la forma en que fueron expuestas sus obras también abrían esta posibilidad», remarca Allepuz.La tercera exposición que centra la tesis es la muestra del 20 de enero al 17 de febrero de 1956 en la galería Stadler de París . En este caso, las obras flotaban en medio de la sala colgadas del techo y cada una parecía funcionar independiente de las otras. Aquí la pintura matérica ya era su principal vía de expresión y venía de la polémica de la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona, donde las presentó por primera vez y no fueron bien entendidas. Aquí nos encontramos con obras como ‘Pintura’, de 1955, cedida por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; o ‘Pintura-collage de trapos e hilos’, de 1955.Cuatro muestras clavePor último, ‘El movimiento perpetuo del muro’ rescata la exposición del 6 al 27 de febrero de 1960 con la que la Sala Gaspar recuperaba la obra del artista después de años ausente de las galerías barcelonesas. El ayuntamiento de la ciudad acabaría por comprar tres de las obras por un valor de 500.000 pesetas de la época , lo que lleva a Tàpies al centro de las conversaciones de la opinión pública, ya no restringidas al mundo del arte. Aquí, por primera vez, se fotografiará a la gente contemplando el cuadro, no el cuadro en sí. En el Museo Tàpies se pueden ver de aquella muestra ‘Marrón y ocre’, de 1959 , cedida por la Fundación Juan March. En un juego de espejos divertido, se muestra una fotografía del archivo personal de Tàpies con gente contemplando el cuadro, fácil de replicar hoy día. «Vemos como de exposición a exposición ocurre como un salto al vacío, donde Tàpies quería romper con su obra anterior y reinventarse, presentando cada vez sus nuevas inquietudes», añade Allepuz.La exposición podrá verse hasta el próximo mes de septiembre. Paralelamente, en busca de contextualizar mejor el proyecto, el museo celebrará ciclos y diálogos entre artistas, galeristas y agentes contemporáneos que trabajan en las prácticas de producción, exhibición y mediación artística hoy día. El muro al que hace referencia el título de la muestra quiere ser una representación del lugar de fricción, imaginación compartida y movimiento constante que significa el arte contemporáneo y su catalogación. ¿De dónde surgió la inspiración de Antoni Tàpies que le llevó a crear sus famosas pinturas matérica a mediados de los años 50? ¿Fue su viaje a Nueva York? ¿Su visitas a París? ¿Nace del movimiento Dada, del Art Brut, de una expresión profunda de la cultura catalana? ¿Y si la respuesta, imposible de determinar categóricamente, pudiese estar en la forma en que exponían su obra a principios de esa década? El Museo Tàpies presenta la exposición-tesis ‘ El movimiento perpetuo del muro’ donde recupera sus grandes obras de los años 50 y el viaje que hizo de una pintura más surrealista, abstracta y primitivista, hacia el protagonismo de las texturas y objetos poco comunes en sus cuadros, a partir de cuatro grandes exposiciones individuales que ayudaron a crear la imagen definitiva del gran Tàpies.Después de rastrear su infancia y ver los motivos e influencias que marcaron su carrera, el Museo Tàpies busca ahora ese momento de inflexión que convirtió al artista en el gran adalid de la modernidad a partir de 1954. De esta forma, a partir de 50 obras , muchas de ellas préstamos que pocas veces han podido verse, la exposición recrea tal y como se vieron en su época cuatro míticas muestras individuales del artista en los años 50. «Partimos de una investigación que defiende la hipótesis que en la década de los 50 quedó definida una forma de percibir la obra del artista consolidada en el tiempo. No queremos ser deterministas y decidir la causa y efecto que llevó a Tàpies a la pintura matérica, pero sí abrimos una nueva posibilidad de estudio», comenta Pablo Allepuz , jefe de la colección del museo y co-comisario de la muestra.La exposición arranca con la muestra que se realizó en las Galerías Layetanas del 28 de octubre al 10 de noviembre de 1950. Vemos como los cuadros de Tàpies eran colocados en un fondo negro con una luz directa que unía las obras en una misteriosa sucesión. Aquí nos encontramos piezas como ‘El fuego encantado de Farefa’ (1949) , préstamo de una colección particular; el propio cartel de Tàpies para la exposición, propiedad del Banco Santander o ‘Composición /A. Desierto. B. Soledad’, de la Colección Carmen Thyssen. Noticia Relacionada Glenn Lowry, director del MoMA entrevista Si El hombre más poderoso del mundo del arte: «Los museos son básicos para una democracia» María de la Peña Fernández-Nespral Tres millones de visitantes de todo el planeta peregrinan cada año al museo de arte moderno de Nueva York, el epicentro mundial del arte contemporáneo. Al mando de esta influyente institución está el todopoderoso Glenn Lowry, que lleva 28 años liderándola. Nos citamos con él para hablar de arte, dinero y poder.En mayo de 1954, las Galerías Layetanas volvían a acoger la obra del artista, pero en esta ocasión los cuadros estaban unidos a la pared por unas alcayatas que los separaban unos centímetros y eso hacía que cayesen en cierta diagonal que acentuaba la textura de las obras , iluminadas con luz directa. La crítica especializada empezó a hablar de las texturas en parte por la acentuación de la misma por la forma en que estaban expuestas. «¿Quién nos dice que el propio artista pudo ser más consciente de esta característica que estaba siendo resaltada por los demás y pensar que era el camino a seguir? Por supuesto, hay muchas otras posibilidades detrás de la creación de sus obras matéricas, pero es interesante ver cómo la forma en que fueron expuestas sus obras también abrían esta posibilidad», remarca Allepuz.La tercera exposición que centra la tesis es la muestra del 20 de enero al 17 de febrero de 1956 en la galería Stadler de París . En este caso, las obras flotaban en medio de la sala colgadas del techo y cada una parecía funcionar independiente de las otras. Aquí la pintura matérica ya era su principal vía de expresión y venía de la polémica de la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona, donde las presentó por primera vez y no fueron bien entendidas. Aquí nos encontramos con obras como ‘Pintura’, de 1955, cedida por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; o ‘Pintura-collage de trapos e hilos’, de 1955.Cuatro muestras clavePor último, ‘El movimiento perpetuo del muro’ rescata la exposición del 6 al 27 de febrero de 1960 con la que la Sala Gaspar recuperaba la obra del artista después de años ausente de las galerías barcelonesas. El ayuntamiento de la ciudad acabaría por comprar tres de las obras por un valor de 500.000 pesetas de la época , lo que lleva a Tàpies al centro de las conversaciones de la opinión pública, ya no restringidas al mundo del arte. Aquí, por primera vez, se fotografiará a la gente contemplando el cuadro, no el cuadro en sí. En el Museo Tàpies se pueden ver de aquella muestra ‘Marrón y ocre’, de 1959 , cedida por la Fundación Juan March. En un juego de espejos divertido, se muestra una fotografía del archivo personal de Tàpies con gente contemplando el cuadro, fácil de replicar hoy día. «Vemos como de exposición a exposición ocurre como un salto al vacío, donde Tàpies quería romper con su obra anterior y reinventarse, presentando cada vez sus nuevas inquietudes», añade Allepuz.La exposición podrá verse hasta el próximo mes de septiembre. Paralelamente, en busca de contextualizar mejor el proyecto, el museo celebrará ciclos y diálogos entre artistas, galeristas y agentes contemporáneos que trabajan en las prácticas de producción, exhibición y mediación artística hoy día. El muro al que hace referencia el título de la muestra quiere ser una representación del lugar de fricción, imaginación compartida y movimiento constante que significa el arte contemporáneo y su catalogación.
¿De dónde surgió la inspiración de Antoni Tàpies que le llevó a crear sus famosas pinturas matérica a mediados de los años 50? ¿Fue su viaje a Nueva York? ¿Su visitas a París? ¿Nace del movimiento Dada, del Art Brut, de una expresión … profunda de la cultura catalana? ¿Y si la respuesta, imposible de determinar categóricamente, pudiese estar en la forma en que exponían su obra a principios de esa década? El Museo Tàpies presenta la exposición-tesis ‘El movimiento perpetuo del muro’ donde recupera sus grandes obras de los años 50 y el viaje que hizo de una pintura más surrealista, abstracta y primitivista, hacia el protagonismo de las texturas y objetos poco comunes en sus cuadros, a partir de cuatro grandes exposiciones individuales que ayudaron a crear la imagen definitiva del gran Tàpies.
Después de rastrear su infancia y ver los motivos e influencias que marcaron su carrera, el Museo Tàpies busca ahora ese momento de inflexión que convirtió al artista en el gran adalid de la modernidad a partir de 1954. De esta forma, a partir de 50 obras, muchas de ellas préstamos que pocas veces han podido verse, la exposición recrea tal y como se vieron en su época cuatro míticas muestras individuales del artista en los años 50. «Partimos de una investigación que defiende la hipótesis que en la década de los 50 quedó definida una forma de percibir la obra del artista consolidada en el tiempo. No queremos ser deterministas y decidir la causa y efecto que llevó a Tàpies a la pintura matérica, pero sí abrimos una nueva posibilidad de estudio», comenta Pablo Allepuz, jefe de la colección del museo y co-comisario de la muestra.
La exposición arranca con la muestra que se realizó en las Galerías Layetanas del 28 de octubre al 10 de noviembre de 1950. Vemos como los cuadros de Tàpies eran colocados en un fondo negro con una luz directa que unía las obras en una misteriosa sucesión. Aquí nos encontramos piezas como ‘El corazón encantado de Farefa’ (1949), préstamo de una colección particular; el propio cartel de Tàpies para la exposición, propiedad del Banco Santander o ‘Composición /A. Desierto. B. Soledad’, de la Colección Carmen Thyssen.
En mayo de 1954, las Galerías Layetanas volvían a acoger la obra del artista, pero en esta ocasión los cuadros estaban unidos a la pared por unas alcayatas que los separaban unos centímetros y eso hacía que cayesen en cierta diagonal que acentuaba la textura de las obras, iluminadas con luz directa. La crítica especializada empezó a hablar de las texturas en parte por la acentuación de la misma por la forma en que estaban expuestas. «¿Quién nos dice que el propio artista pudo ser más consciente de esta característica que estaba siendo resaltada por los demás y pensar que era el camino a seguir? Por supuesto, hay muchas otras posibilidades detrás de la creación de sus obras matéricas, pero es interesante ver cómo la forma en que fueron expuestas sus obras también abrían esta posibilidad», remarca Allepuz.
La tercera exposición que centra la tesis es la muestra del 20 de enero al 17 de febrero de 1956 en la galería Stadler de París. En este caso, las obras flotaban en medio de la sala colgadas del techo y cada una parecía funcionar independiente de las otras. Aquí la pintura matérica ya era su principal vía de expresión y venía de la polémica de la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona, donde las presentó por primera vez y no fueron bien entendidas. Aquí nos encontramos con obras como ‘Pintura’, de 1955, cedida por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; o ‘Pintura-collage de trapos e hilos’, de 1955.
Cuatro muestras clave
Por último, ‘El movimiento perpetuo del muro’ rescata la exposición del 6 al 27 de febrero de 1960 con la que la Sala Gaspar recuperaba la obra del artista después de años ausente de las galerías barcelonesas. El ayuntamiento de la ciudad acabaría por comprar tres de las obras por un valor de 500.000 pesetas de la época, lo que lleva a Tàpies al centro de las conversaciones de la opinión pública, ya no restringidas al mundo del arte. Aquí, por primera vez, se fotografiará a la gente contemplando el cuadro, no el cuadro en sí. En el Museo Tàpies se pueden ver de aquella muestra ‘Marrón y ocre’, de 1959, cedida por la Fundación Juan March. En un juego de espejos divertido, se muestra una fotografía del archivo personal de Tàpies con gente contemplando el cuadro, fácil de replicar hoy día. «Vemos como de exposición a exposición ocurre como un salto al vacío, donde Tàpies quería romper con su obra anterior y reinventarse, presentando cada vez sus nuevas inquietudes», añade Allepuz.
La exposición podrá verse hasta el próximo mes de septiembre. Paralelamente, en busca de contextualizar mejor el proyecto, el museo celebrará ciclos y diálogos entre artistas, galeristas y agentes contemporáneos que trabajan en las prácticas de producción, exhibición y mediación artística hoy día. El muro al que hace referencia el título de la muestra quiere ser una representación del lugar de fricción, imaginación compartida y movimiento constante que significa el arte contemporáneo y su catalogación.
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