
El liberalismo madrileño versus una economía catalana de carácter más social. Ese es el dilema que plantean muy a menudo los dirigentes de ambas comunidades autónomas. Y Madrid lo salda viéndose ganadora: el PIB por habitante en la comunidad asciende a 47.220 euros, frente a los 39.199 euros de Cataluña, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). A los empresarios catalanes les preocupa ese dato, pero sobre todo les inquieta que la brecha entre ambas autonomías no haya hecho sino ampliarse en el último cuarto de siglo. Un informe de la Cámara de Comercio de Barcelona presentado este martes investiga ese abismo que se abre entre las dos grandes economías de España y concluye que el problema no es de productividad, sino de la cantidad de trabajadores cuyo puesto de trabajo está en Madrid pero residen en otra región. “Se está sobreestimando el PIB per cápita de esa comunidad”, concluye la Cámara.
La Cámara de Comercio apunta que el problema no es de productividad, sino de la cantidad de empleados cuyo puesto de trabajo está en Madrid pero residen en otra región
El liberalismo madrileño versus una economía catalana de carácter más social. Ese es el dilema que plantean muy a menudo los dirigentes de ambas comunidades autónomas. Y Madrid lo salda viéndose ganadora: el PIB por habitante en la comunidad asciende a 47.220 euros, frente a los 39.199 euros de Cataluña, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). A los empresarios catalanes les preocupa ese dato, pero sobre todo les inquieta que la brecha entre ambas autonomías no haya hecho sino ampliarse en el último cuarto de siglo. Un informe de la Cámara de Comercio de Barcelona presentado este martes investiga ese abismo que se abre entre las dos grandes economías de España y concluye que el problema no es de productividad, sino de la cantidad de trabajadores cuyo puesto de trabajo está en Madrid pero residen en otra región. “Se está sobreestimando el PIB per cápita de esa comunidad”, concluye la Cámara.
La economía catalana encadena años de crecimientos. El organismo, de hecho, ha revisado este martes al alza sus proyecciones para este año (2,8%, dos décimas más) y el que viene (2%), si bien esa expansión irá acompañada de un coste de la vida también más elevado. Sin embargo, también ha ido viendo cómo Madrid se iba despegando: si en el año 2000 el PIB per cápita catalán equivalía al 94% del madrileño, el año pasado ya era el 83%. Es decir, les separaban 17 puntos porcentuales. “Aquí el que tiene dinero no es perseguido, ni castigado ni es sospechoso de nada”, explicaba recientemente en un documental de 3Cat la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Pero, según el informe, las razones que explican ese salto son otras.
“Si ese diferencial se produjera por la productividad, la tecnología o una menor eficiencia estaríamos ante un fenómeno grave. Pero no lo vemos”, afirma el director del servicio de estudios de la Cámara de Comercio, Joan Ramon Rovira. Entrando a examinar los datos, la productividad en Cataluña se ha mantenido muy estable respecto a Madrid. La gran diferencia está en la relación entre los ocupados y la población, que en 2000 era prácticamente idéntico en las dos comunidades y ahora es de alrededor de 17 puntos porcentuales más elevada en Madrid. “Estamos viendo cómo cada vez más ciudadanos trabajan en esa región pero viven fuera”, añade Rovira.
Cruzando los datos, en 2021 (último año disponible del INE), en Cataluña trabajaban 104.628 personas que vivían en otra autonomía, mientras que 62.280 esidentes estaban empleados fuera. El saldo era positivo, de 42.348 personas, pero a la vez a años luz del de Madrid. Allí, los números eran mucho más abultados: con 348.882 trabajadores con domicilio en otra región, el desfase neto era de 221.316 personas. Es decir, más de 220.000 ciudados (en términos netos) crean su parte de riqueza en la región presidida por Ayuso pero, al residir en otra región, no están computados en el PIB per cápita de la comunidad. “Ha habido un cambio demográfico, por lo que se estaría sobreestimando el PIB per cápida de Madrid”, ha añadido Rovira. Las submuestras censales del INE de 2022 y 2023 indican que esa tendencia ha seguido produciéndose.
Si se descontase ese efecto estadístico, según la Cámara de Comercio de Barcelona, el diferencial del PIB per cápita entre Madrid y Cataluña quedaría reducido a alrededor de cinco puntos porcentuales, mucho menos que los 17 que ahora recogen las estadísticas. “No es solo el nivel, sino también la evolución. El estudio nos indica que esa diferencia no se debe a asuntos estructurales”, agrega Rovira. “Hay un crecimiento relativo del peso de Madrid en detrimento de otras comunidades que tiene arededor. Nos preocupaba, pero vemos que estamos en una posición equilibrada en cuanto a productividad, lo cual no significa que no debamos abordar ese asunto como problema”, ha apuntado el presidente de la entidad, Josep Santacreu.
La vivienda se come los sueldos
El organismo ha aprovechado para actualizar sus previsiones económicas. Como ya hizo la Generalitat la semana pasada, ha elevado dos décimas sus proyecciones para 2026 y 2027. A pesar de que el crecimiento pierde fuelle, este sigue apoyándose sobre todo en la inversión, el consumo privado y, en menor medida, el turismo extranjero. No obstante, el coste de la vida sigue escalando, con una inflación prevista del 3,7% para este año y el 3,4% el año que viene, que podría comerse el crecimiento real de los salarios de los últimos dos años. Eso sí, todo queda a expensas de los conflictos geopolíticos del exterior y el castigo al comercio internacional.
A pesar de que Rovira ha señalado que los salarios sí han mejorado en términos reales, estos acaban desangrándose cuando a la ecuación se le añade el precio de la vivienda. De hecho, desde el segundo trimestre de 2019 los sueldos se han incrementado un 27%, mientras que el coste de la vivienda lo ha hecho un 52%. “Hay una buena noticia: el número de casas acabas sigue una trayectoria ascendente. Hay otra mala: no ocurre lo mismo con el de iniciadas, que sigue estancado”, ha razonado. “No estamos en capacidad de absorber el déficit entre hogares que se constituyen y viviendas construidas. Y los precios siguen subiendo y alejándose de la demanda”, ha agregado.
