«Y Mijaíl Sídorovich sintió que la sensación insoportable, dolorosa, de la complejidad de la vida se desvanecía. Una vez más, como en su juventud, el mundo parecía sencillo y diáfano, claramente dividido entre los ‘nuestros’ y ‘ellos’. Aquella noche, los SS entraron en el barracón especial y se llevaron a seis hombres». Vasili Grossman, en ‘Vida y destino’, la gran novela del siglo XX, muestra cómo los totalitarismos quiebran el pensamiento complejo. Las cancelaciones recientes en el Festival de las Ideas , digamos de (una idea) o del Festival de cultura Granada, lugar de nacimiento de Ibn Ezra, la expulsión de foros de debate, especialmente de los literarios, contra Ariana Harwicz, suponen un atentado a la libertad de expresión. Significa una apuesta por el pensamiento único. A Ariana la censuraron en la feria del libro de Madrid (valientemente Jesús Calero y Karina Sainz Borgo la apoyaron en un encuentro en respuesta a la censura). He leído los motivos de quienes la excluyen ahora de Granada, estos apuntan a su interpretación diferente a lo acontecido después del terror del 7 de octubre. Quienes acusan del mal a Israel, paradójicamente olvidan censurar el terror acontecido ese día de hace tres años. Quienes estamos en contra de la violencia, de cualquier forma, debemos ser capaces de descubrirla también en ‘los nuestros’. La anulación del otro impide la reflexión. Por esto duele que territorios de tolerancia se vean empañados con los discursos sectarios.Sobre la hospitalidad, señala Byung-Chul Han, que gracias «a su amabilidad está en condiciones de reconocer al otro en su alteridad y de darle la bienvenida, amabilidad significa libertad». Lamento que en España en algunos lugares de supuesto encuentro se excluya a escritores o artistas israelíes o judíos (a Marcos Ricardo Barnatán y a Jimmy Barnatán se les boicoteó en la feria del libro de Santander), obligando a tomar partido, a ser «judíos buenos», según sus protocolos. No afecta a los judíos muertos, no cancelan a Kafka, Oz o Leonard Cohen, este último creó un símbolo propio, una Estrella de David en la que uno de los triángulos es un corazón. Me quedo con este símbolo. ¿Acaso se tiene miedo al encuentro, al verdadero diálogo del que habla Martin Buber, que haga temblar su interpretación de la verdad única y sin fisuras? «Y Mijaíl Sídorovich sintió que la sensación insoportable, dolorosa, de la complejidad de la vida se desvanecía. Una vez más, como en su juventud, el mundo parecía sencillo y diáfano, claramente dividido entre los ‘nuestros’ y ‘ellos’. Aquella noche, los SS entraron en el barracón especial y se llevaron a seis hombres». Vasili Grossman, en ‘Vida y destino’, la gran novela del siglo XX, muestra cómo los totalitarismos quiebran el pensamiento complejo. Las cancelaciones recientes en el Festival de las Ideas , digamos de (una idea) o del Festival de cultura Granada, lugar de nacimiento de Ibn Ezra, la expulsión de foros de debate, especialmente de los literarios, contra Ariana Harwicz, suponen un atentado a la libertad de expresión. Significa una apuesta por el pensamiento único. A Ariana la censuraron en la feria del libro de Madrid (valientemente Jesús Calero y Karina Sainz Borgo la apoyaron en un encuentro en respuesta a la censura). He leído los motivos de quienes la excluyen ahora de Granada, estos apuntan a su interpretación diferente a lo acontecido después del terror del 7 de octubre. Quienes acusan del mal a Israel, paradójicamente olvidan censurar el terror acontecido ese día de hace tres años. Quienes estamos en contra de la violencia, de cualquier forma, debemos ser capaces de descubrirla también en ‘los nuestros’. La anulación del otro impide la reflexión. Por esto duele que territorios de tolerancia se vean empañados con los discursos sectarios.Sobre la hospitalidad, señala Byung-Chul Han, que gracias «a su amabilidad está en condiciones de reconocer al otro en su alteridad y de darle la bienvenida, amabilidad significa libertad». Lamento que en España en algunos lugares de supuesto encuentro se excluya a escritores o artistas israelíes o judíos (a Marcos Ricardo Barnatán y a Jimmy Barnatán se les boicoteó en la feria del libro de Santander), obligando a tomar partido, a ser «judíos buenos», según sus protocolos. No afecta a los judíos muertos, no cancelan a Kafka, Oz o Leonard Cohen, este último creó un símbolo propio, una Estrella de David en la que uno de los triángulos es un corazón. Me quedo con este símbolo. ¿Acaso se tiene miedo al encuentro, al verdadero diálogo del que habla Martin Buber, que haga temblar su interpretación de la verdad única y sin fisuras?
Esther P. Bendahan Cohen
«Y Mijaíl Sídorovich sintió que la sensación insoportable, dolorosa, de la complejidad de la vida se desvanecía. Una vez más, como en su juventud, el mundo parecía sencillo y diáfano, claramente dividido entre los ‘nuestros’ y ‘ellos’. Aquella noche, los SS entraron en el … barracón especial y se llevaron a seis hombres». Vasili Grossman, en ‘Vida y destino’, la gran novela del siglo XX, muestra cómo los totalitarismos quiebran el pensamiento complejo. Las cancelaciones recientes en el Festival de las Ideas, digamos de (una idea) o del Festival de cultura Granada, lugar de nacimiento de Ibn Ezra, la expulsión de foros de debate, especialmente de los literarios, contra Ariana Harwicz, suponen un atentado a la libertad de expresión. Significa una apuesta por el pensamiento único.
A Ariana la censuraron en la feria del libro de Madrid (valientemente Jesús Calero y Karina Sainz Borgo la apoyaron en un encuentro en respuesta a la censura). He leído los motivos de quienes la excluyen ahora de Granada, estos apuntan a su interpretación diferente a lo acontecido después del terror del 7 de octubre. Quienes acusan del mal a Israel, paradójicamente olvidan censurar el terror acontecido ese día de hace tres años. Quienes estamos en contra de la violencia, de cualquier forma, debemos ser capaces de descubrirla también en ‘los nuestros’. La anulación del otro impide la reflexión. Por esto duele que territorios de tolerancia se vean empañados con los discursos sectarios.
Sobre la hospitalidad, señala Byung-Chul Han, que gracias «a su amabilidad está en condiciones de reconocer al otro en su alteridad y de darle la bienvenida, amabilidad significa libertad». Lamento que en España en algunos lugares de supuesto encuentro se excluya a escritores o artistas israelíes o judíos (a Marcos Ricardo Barnatán y a Jimmy Barnatán se les boicoteó en la feria del libro de Santander), obligando a tomar partido, a ser «judíos buenos», según sus protocolos. No afecta a los judíos muertos, no cancelan a Kafka, Oz o Leonard Cohen, este último creó un símbolo propio, una Estrella de David en la que uno de los triángulos es un corazón. Me quedo con este símbolo. ¿Acaso se tiene miedo al encuentro, al verdadero diálogo del que habla Martin Buber, que haga temblar su interpretación de la verdad única y sin fisuras?
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