En los borradores de la nueva política migratoria del gobierno británico , aparece un matiz elocuente que dice más sobre la idea de país que sobre la técnica administrativa de los visados. Y es que mientras el Ejecutivo se prepara para restringir el acceso general al mercado laboral, endureciendo un sistema que se ha convertido en uno de los ejes del debate político , sus asesores han señalado una serie de excepciones que remiten a otro registro: bailarines, escritores, actrices o fotógrafos, entre otros perfiles culturales .La reforma, cuya revisión final se espera a mediados de este año, propone una lista de ocupaciones consideradas críticas, en un contexto de presión por las cifras récord de migración y la promesa laborista de reforzar el control del sistema. La idea central es clara: los visados de trabajo se concederán, como norma, solo a empleos que exijan cualificaciones de nivel universitario o superior. Sin embargo, hay una lista temporal de ocupaciones exentas , diseñada para sectores con escasez de personal que el Gobierno considera estratégicos para el crecimiento y la competitividad del país, entre ellos las industrias creativas .Noticia Relacionada estandar No Andrew Lloyd Weber lanza el piropo definitivo a Rosalía: «’Lux’ es brillante, no es el disco del año sino de la década, va a ser eterno» Nacho Serrano El prestigioso compositor británico califica de «asombrosa» la voz de la cantante, que brilló anoche en el show de Jimmy Fallon mientras sigue recibiendo halagos de prensa y artistasSe trata de una relación temporal de ocupaciones sujeta a revisión en la que figuran profesionales del ámbito cultural y creativo, desde la escritura, la música y las artes escénicas hasta la fotografía, el audiovisual y el diseño, considerados estratégicos y difíciles de cubrir exclusivamente con mano de obra nacional.Que la cultura aparezca explícitamente en ese marco no es casual. Desde el Brexit , el sector creativo británico ha vivido una erosión silenciosa pero persistente, con giras más complejas, mayor fricción administrativa y un talento internacional que duda antes de instalarse en el Reino Unido. En ese contexto, priorizar perfiles artísticos revela una conciencia de que la cultura no es solo un sector económico, sino una parte esencial del prestigio británico.«Es un reconocimiento positivo del valor que los artistas y los profesionales creativos aportan a la sociedad, a la economía y a la vida cultural» Louise Jackson Directora de ArtsEdEsa realidad se percibe con claridad en las instituciones que forman a quienes sostienen el teatro, la danza o el musical británico, como Arts Educational Schools , conocida como ArtsEd, y cuyo prestigio está respaldado, entre otros, por el nombre de su presidente, el reconocido compositor Andrew Lloyd Webber , y donde el debate trasciende al gobierno de turno.Louise Jackson, directora general de la institución, interpreta estas exenciones de visado como un reconocimiento explícito del valor de las artes. En entrevista con ABC, sostiene que se trata de «un reconocimiento positivo del valor que los artistas y los profesionales creativos aportan a la sociedad, a la economía y a la vida cultural», y subraya que las industrias creativas son, por su propia naturaleza, internacionales. A su juicio, estas excepciones asumen que la excelencia artística depende de la libre circulación de ideas y talento y envían «una señal alentadora de que el Reino Unido quiere seguir siendo un participante activo y acogedor en la comunidad cultural global».Las claves -Las industrias culturales son, por naturaleza, internacionales -Dependen de la libre circulación de ideas y disponibilidad del talento -Mantiene a Gran Bretaña como destino de formación de primer nivel -Las artes son una parte significativa de la voz cultural internacional del Reino Unido -Los artistas contribuyen de forma significativa tanto a la economía como a la sociedadEse principio de apertura, admite, se ha visto tensionado desde el Brexit, por «transformaciones prácticas evidentes en materia administrativa y de visados» que han obligado a las instituciones a adaptarse. Pero defiende que el Reino Unido «sigue siendo un destino de referencia para la formación de primer nivel», y que los jóvenes talentos continúan sintiéndose atraídos por esa calidad, aunque ahora se enfrenten a más obstáculos para acceder a ella.En ese contexto, insiste en que «el talento internacional es una parte esencial del ecosistema de las instituciones de artes escénicas». La presencia de estudiantes y profesores de distintos países, explica, «aporta técnicas, tradiciones y perspectivas diversas que enriquecen el aprendizaje de todos». No se trata, subraya, «de una competencia entre naciones, sino de colaboración y de evolución de la práctica artística», y sostiene que parte de la fortaleza histórica del sector británico ha estado siempre estrechamente vinculada a su apertura al mundo.Y es que durante décadas, instituciones como ArtsEd, donde se formó, entre otras figuras destacadas, la actriz Julie Andrews , «han contribuido a construir sólidas conexiones internacionales y una reputación de formación rigurosa y de alta calidad», y sus graduados, «trabajan en todo el mundo y colaboran con artistas de numerosos países», un compromiso sostenido con la excelencia que en su opinión ha sido clave para que el Reino Unido sea reconocido como un socio cultural relevante en el escenario global.«La creatividad es una de las formas más eficaces de conexión entre países, y debería cuidarse, quizá ahora más que nunca» Louise Jackson Directora de ArtsEdPara Jackson, «la excelencia artística depende fundamentalmente de la apertura, el diálogo y el intercambio», y subraya que la creatividad crece a través de la interacción con distintas culturas, estilos e ideas». A su juicio, «las artes son una parte significativa de la voz cultural internacional del Reino Unido», y en ese marco, «instituciones de primer nivel como esta ayudan a tender puentes entre países a través de la práctica creativa compartida».En esa misma línea, insiste en que «intérpretes, creadores y educadores contribuyen de forma significativa tanto a la economía como a la sociedad», y sostiene que las políticas que reconocen el valor de las artes «ayudan a reforzar que se trata de una profesión legítima y respetada, y no simplemente de un hobby, un riesgo o un lujo». «Las industrias creativas prosperan gracias a la apertura, la colaboración y una visión a largo plazo», y la creatividad, subraya, «es una de las formas más eficaces de conexión entre países, y debería cuidarse, quizá ahora más que nunca».Imágenes de actividades en una de las grandes escuelas de artes de LondresEse diagnóstico es compartido por Peter Middleton, director de la formación académica y artística de los alumnos de entre 11 y 18 años en la misma institución, quien subraya que la reputación cultural del Reino Unido no es el resultado de una política puntual, sino de un proceso acumulativo. «Esto forma parte del recorrido del país y de cómo somos percibidos en el escenario global, y eso es algo positivo», explica, al reflexionar sobre el papel histórico de las escuelas artísticas en la proyección cultural británica.«Tenemos profesores y estudiantes de muchos países, incluyendo españoles. Esa diversidad no es decorativa, aporta una fortaleza real a lo que hacemos» Peter Middleton Escuela ArtsEdMiddleton insiste en que esa dimensión internacional se construye desde la práctica cotidiana. «Tenemos profesores y estudiantes de muchos países, incluyendo españoles. Esa diversidad no es decorativa, aporta una fortaleza real a lo que hacemos», afirma. La conexión con la industria funciona, además, como un indicador tangible de esa relevancia. Middleton menciona como ejemplo el interés de grandes productoras en los trabajos de los alumnos como una señal de que la formación mantiene su «moneda» profesional. «Lo que hacemos con los jóvenes, prepararlos para carreras reales dentro del sector, está en el corazón de nuestra manera de enseñar».Cuando la conversación gira hacia el futuro del trabajo creativo, Middleton reconoce los desafíos que plantean tecnologías como la inteligencia artificial. «Es un reto, sin duda, pero si se gestiona bien puede ser una herramienta de apoyo. Lo esencial es proteger a las personas», explica.Ese análisis enlaza con otra idea: «Existe la creencia de que el rigor académico y las artes escénicas están en conflicto, como si hubiera que sacrificar uno para preservar el otro. Nosotros cuestionamos esa visión cada día», afirma. «La disciplina que exigen las artes escénicas, como la puntualidad, la preparación, la resiliencia, el trabajo en equipo, se traslada directamente al aula», explica, y añade que los estudiantes «llevan ese mismo nivel de concentración a una clase de matemáticas o de lengua».Así, el valor formativo de las artes escénicas va más allá del escenario porque «construyen confianza», y en un futuro marcado por la incertidumbre, «el reto de la educación no es solo lograr buenos resultados en los exámenes, sino preparar a jóvenes adaptables, resilientes e imaginativos». En los borradores de la nueva política migratoria del gobierno británico , aparece un matiz elocuente que dice más sobre la idea de país que sobre la técnica administrativa de los visados. Y es que mientras el Ejecutivo se prepara para restringir el acceso general al mercado laboral, endureciendo un sistema que se ha convertido en uno de los ejes del debate político , sus asesores han señalado una serie de excepciones que remiten a otro registro: bailarines, escritores, actrices o fotógrafos, entre otros perfiles culturales .La reforma, cuya revisión final se espera a mediados de este año, propone una lista de ocupaciones consideradas críticas, en un contexto de presión por las cifras récord de migración y la promesa laborista de reforzar el control del sistema. La idea central es clara: los visados de trabajo se concederán, como norma, solo a empleos que exijan cualificaciones de nivel universitario o superior. Sin embargo, hay una lista temporal de ocupaciones exentas , diseñada para sectores con escasez de personal que el Gobierno considera estratégicos para el crecimiento y la competitividad del país, entre ellos las industrias creativas .Noticia Relacionada estandar No Andrew Lloyd Weber lanza el piropo definitivo a Rosalía: «’Lux’ es brillante, no es el disco del año sino de la década, va a ser eterno» Nacho Serrano El prestigioso compositor británico califica de «asombrosa» la voz de la cantante, que brilló anoche en el show de Jimmy Fallon mientras sigue recibiendo halagos de prensa y artistasSe trata de una relación temporal de ocupaciones sujeta a revisión en la que figuran profesionales del ámbito cultural y creativo, desde la escritura, la música y las artes escénicas hasta la fotografía, el audiovisual y el diseño, considerados estratégicos y difíciles de cubrir exclusivamente con mano de obra nacional.Que la cultura aparezca explícitamente en ese marco no es casual. Desde el Brexit , el sector creativo británico ha vivido una erosión silenciosa pero persistente, con giras más complejas, mayor fricción administrativa y un talento internacional que duda antes de instalarse en el Reino Unido. En ese contexto, priorizar perfiles artísticos revela una conciencia de que la cultura no es solo un sector económico, sino una parte esencial del prestigio británico.«Es un reconocimiento positivo del valor que los artistas y los profesionales creativos aportan a la sociedad, a la economía y a la vida cultural» Louise Jackson Directora de ArtsEdEsa realidad se percibe con claridad en las instituciones que forman a quienes sostienen el teatro, la danza o el musical británico, como Arts Educational Schools , conocida como ArtsEd, y cuyo prestigio está respaldado, entre otros, por el nombre de su presidente, el reconocido compositor Andrew Lloyd Webber , y donde el debate trasciende al gobierno de turno.Louise Jackson, directora general de la institución, interpreta estas exenciones de visado como un reconocimiento explícito del valor de las artes. En entrevista con ABC, sostiene que se trata de «un reconocimiento positivo del valor que los artistas y los profesionales creativos aportan a la sociedad, a la economía y a la vida cultural», y subraya que las industrias creativas son, por su propia naturaleza, internacionales. A su juicio, estas excepciones asumen que la excelencia artística depende de la libre circulación de ideas y talento y envían «una señal alentadora de que el Reino Unido quiere seguir siendo un participante activo y acogedor en la comunidad cultural global».Las claves -Las industrias culturales son, por naturaleza, internacionales -Dependen de la libre circulación de ideas y disponibilidad del talento -Mantiene a Gran Bretaña como destino de formación de primer nivel -Las artes son una parte significativa de la voz cultural internacional del Reino Unido -Los artistas contribuyen de forma significativa tanto a la economía como a la sociedadEse principio de apertura, admite, se ha visto tensionado desde el Brexit, por «transformaciones prácticas evidentes en materia administrativa y de visados» que han obligado a las instituciones a adaptarse. Pero defiende que el Reino Unido «sigue siendo un destino de referencia para la formación de primer nivel», y que los jóvenes talentos continúan sintiéndose atraídos por esa calidad, aunque ahora se enfrenten a más obstáculos para acceder a ella.En ese contexto, insiste en que «el talento internacional es una parte esencial del ecosistema de las instituciones de artes escénicas». La presencia de estudiantes y profesores de distintos países, explica, «aporta técnicas, tradiciones y perspectivas diversas que enriquecen el aprendizaje de todos». No se trata, subraya, «de una competencia entre naciones, sino de colaboración y de evolución de la práctica artística», y sostiene que parte de la fortaleza histórica del sector británico ha estado siempre estrechamente vinculada a su apertura al mundo.Y es que durante décadas, instituciones como ArtsEd, donde se formó, entre otras figuras destacadas, la actriz Julie Andrews , «han contribuido a construir sólidas conexiones internacionales y una reputación de formación rigurosa y de alta calidad», y sus graduados, «trabajan en todo el mundo y colaboran con artistas de numerosos países», un compromiso sostenido con la excelencia que en su opinión ha sido clave para que el Reino Unido sea reconocido como un socio cultural relevante en el escenario global.«La creatividad es una de las formas más eficaces de conexión entre países, y debería cuidarse, quizá ahora más que nunca» Louise Jackson Directora de ArtsEdPara Jackson, «la excelencia artística depende fundamentalmente de la apertura, el diálogo y el intercambio», y subraya que la creatividad crece a través de la interacción con distintas culturas, estilos e ideas». A su juicio, «las artes son una parte significativa de la voz cultural internacional del Reino Unido», y en ese marco, «instituciones de primer nivel como esta ayudan a tender puentes entre países a través de la práctica creativa compartida».En esa misma línea, insiste en que «intérpretes, creadores y educadores contribuyen de forma significativa tanto a la economía como a la sociedad», y sostiene que las políticas que reconocen el valor de las artes «ayudan a reforzar que se trata de una profesión legítima y respetada, y no simplemente de un hobby, un riesgo o un lujo». «Las industrias creativas prosperan gracias a la apertura, la colaboración y una visión a largo plazo», y la creatividad, subraya, «es una de las formas más eficaces de conexión entre países, y debería cuidarse, quizá ahora más que nunca».Imágenes de actividades en una de las grandes escuelas de artes de LondresEse diagnóstico es compartido por Peter Middleton, director de la formación académica y artística de los alumnos de entre 11 y 18 años en la misma institución, quien subraya que la reputación cultural del Reino Unido no es el resultado de una política puntual, sino de un proceso acumulativo. «Esto forma parte del recorrido del país y de cómo somos percibidos en el escenario global, y eso es algo positivo», explica, al reflexionar sobre el papel histórico de las escuelas artísticas en la proyección cultural británica.«Tenemos profesores y estudiantes de muchos países, incluyendo españoles. Esa diversidad no es decorativa, aporta una fortaleza real a lo que hacemos» Peter Middleton Escuela ArtsEdMiddleton insiste en que esa dimensión internacional se construye desde la práctica cotidiana. «Tenemos profesores y estudiantes de muchos países, incluyendo españoles. Esa diversidad no es decorativa, aporta una fortaleza real a lo que hacemos», afirma. La conexión con la industria funciona, además, como un indicador tangible de esa relevancia. Middleton menciona como ejemplo el interés de grandes productoras en los trabajos de los alumnos como una señal de que la formación mantiene su «moneda» profesional. «Lo que hacemos con los jóvenes, prepararlos para carreras reales dentro del sector, está en el corazón de nuestra manera de enseñar».Cuando la conversación gira hacia el futuro del trabajo creativo, Middleton reconoce los desafíos que plantean tecnologías como la inteligencia artificial. «Es un reto, sin duda, pero si se gestiona bien puede ser una herramienta de apoyo. Lo esencial es proteger a las personas», explica.Ese análisis enlaza con otra idea: «Existe la creencia de que el rigor académico y las artes escénicas están en conflicto, como si hubiera que sacrificar uno para preservar el otro. Nosotros cuestionamos esa visión cada día», afirma. «La disciplina que exigen las artes escénicas, como la puntualidad, la preparación, la resiliencia, el trabajo en equipo, se traslada directamente al aula», explica, y añade que los estudiantes «llevan ese mismo nivel de concentración a una clase de matemáticas o de lengua».Así, el valor formativo de las artes escénicas va más allá del escenario porque «construyen confianza», y en un futuro marcado por la incertidumbre, «el reto de la educación no es solo lograr buenos resultados en los exámenes, sino preparar a jóvenes adaptables, resilientes e imaginativos».
En los borradores de la nueva política migratoria del gobierno británico, aparece un matiz elocuente que dice más sobre la idea de país que sobre la técnica administrativa de los visados. Y es que mientras el Ejecutivo se prepara para restringir el acceso … general al mercado laboral, endureciendo un sistema que se ha convertido en uno de los ejes del debate político, sus asesores han señalado una serie de excepciones que remiten a otro registro: bailarines, escritores, actrices o fotógrafos, entre otros perfiles culturales.
La reforma, cuya revisión final se espera a mediados de este año, propone una lista de ocupaciones consideradas críticas, en un contexto de presión por las cifras récord de migración y la promesa laborista de reforzar el control del sistema. La idea central es clara: los visados de trabajo se concederán, como norma, solo a empleos que exijan cualificaciones de nivel universitario o superior. Sin embargo, hay una lista temporal de ocupaciones exentas, diseñada para sectores con escasez de personal que el Gobierno considera estratégicos para el crecimiento y la competitividad del país, entre ellos las industrias creativas.
Se trata de una relación temporal de ocupaciones sujeta a revisión en la que figuran profesionales del ámbito cultural y creativo, desde la escritura, la música y las artes escénicas hasta la fotografía, el audiovisual y el diseño, considerados estratégicos y difíciles de cubrir exclusivamente con mano de obra nacional.
Que la cultura aparezca explícitamente en ese marco no es casual. Desde el Brexit, el sector creativo británico ha vivido una erosión silenciosa pero persistente, con giras más complejas, mayor fricción administrativa y un talento internacional que duda antes de instalarse en el Reino Unido. En ese contexto, priorizar perfiles artísticos revela una conciencia de que la cultura no es solo un sector económico, sino una parte esencial del prestigio británico.
«Es un reconocimiento positivo del valor que los artistas y los profesionales creativos aportan a la sociedad, a la economía y a la vida cultural»
Louise Jackson
Directora de ArtsEd
Esa realidad se percibe con claridad en las instituciones que forman a quienes sostienen el teatro, la danza o el musical británico, como Arts Educational Schools, conocida como ArtsEd, y cuyo prestigio está respaldado, entre otros, por el nombre de su presidente, el reconocido compositor Andrew Lloyd Webber, y donde el debate trasciende al gobierno de turno.
Louise Jackson, directora general de la institución, interpreta estas exenciones de visado como un reconocimiento explícito del valor de las artes. En entrevista con ABC, sostiene que se trata de «un reconocimiento positivo del valor que los artistas y los profesionales creativos aportan a la sociedad, a la economía y a la vida cultural», y subraya que las industrias creativas son, por su propia naturaleza, internacionales. A su juicio, estas excepciones asumen que la excelencia artística depende de la libre circulación de ideas y talento y envían «una señal alentadora de que el Reino Unido quiere seguir siendo un participante activo y acogedor en la comunidad cultural global».
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-Las industrias culturales son, por naturaleza, internacionales
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-Dependen de la libre circulación de ideas y disponibilidad del talento
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-Mantiene a Gran Bretaña como destino de formación de primer nivel
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-Las artes son una parte significativa de la voz cultural internacional del Reino Unido
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-Los artistas contribuyen de forma significativa tanto a la economía como a la sociedad
Ese principio de apertura, admite, se ha visto tensionado desde el Brexit, por «transformaciones prácticas evidentes en materia administrativa y de visados» que han obligado a las instituciones a adaptarse. Pero defiende que el Reino Unido «sigue siendo un destino de referencia para la formación de primer nivel», y que los jóvenes talentos continúan sintiéndose atraídos por esa calidad, aunque ahora se enfrenten a más obstáculos para acceder a ella.
En ese contexto, insiste en que «el talento internacional es una parte esencial del ecosistema de las instituciones de artes escénicas». La presencia de estudiantes y profesores de distintos países, explica, «aporta técnicas, tradiciones y perspectivas diversas que enriquecen el aprendizaje de todos». No se trata, subraya, «de una competencia entre naciones, sino de colaboración y de evolución de la práctica artística», y sostiene que parte de la fortaleza histórica del sector británico ha estado siempre estrechamente vinculada a su apertura al mundo.
Y es que durante décadas, instituciones como ArtsEd, donde se formó, entre otras figuras destacadas, la actriz Julie Andrews, «han contribuido a construir sólidas conexiones internacionales y una reputación de formación rigurosa y de alta calidad», y sus graduados, «trabajan en todo el mundo y colaboran con artistas de numerosos países», un compromiso sostenido con la excelencia que en su opinión ha sido clave para que el Reino Unido sea reconocido como un socio cultural relevante en el escenario global.
«La creatividad es una de las formas más eficaces de conexión entre países, y debería cuidarse, quizá ahora más que nunca»
Louise Jackson
Directora de ArtsEd
Para Jackson, «la excelencia artística depende fundamentalmente de la apertura, el diálogo y el intercambio», y subraya que la creatividad crece a través de la interacción con distintas culturas, estilos e ideas». A su juicio, «las artes son una parte significativa de la voz cultural internacional del Reino Unido», y en ese marco, «instituciones de primer nivel como esta ayudan a tender puentes entre países a través de la práctica creativa compartida».
En esa misma línea, insiste en que «intérpretes, creadores y educadores contribuyen de forma significativa tanto a la economía como a la sociedad», y sostiene que las políticas que reconocen el valor de las artes «ayudan a reforzar que se trata de una profesión legítima y respetada, y no simplemente de un hobby, un riesgo o un lujo». «Las industrias creativas prosperan gracias a la apertura, la colaboración y una visión a largo plazo», y la creatividad, subraya, «es una de las formas más eficaces de conexión entre países, y debería cuidarse, quizá ahora más que nunca».



Ese diagnóstico es compartido por Peter Middleton, director de la formación académica y artística de los alumnos de entre 11 y 18 años en la misma institución, quien subraya que la reputación cultural del Reino Unido no es el resultado de una política puntual, sino de un proceso acumulativo. «Esto forma parte del recorrido del país y de cómo somos percibidos en el escenario global, y eso es algo positivo», explica, al reflexionar sobre el papel histórico de las escuelas artísticas en la proyección cultural británica.
«Tenemos profesores y estudiantes de muchos países, incluyendo españoles. Esa diversidad no es decorativa, aporta una fortaleza real a lo que hacemos»
Peter Middleton
Escuela ArtsEd
Middleton insiste en que esa dimensión internacional se construye desde la práctica cotidiana. «Tenemos profesores y estudiantes de muchos países, incluyendo españoles. Esa diversidad no es decorativa, aporta una fortaleza real a lo que hacemos», afirma. La conexión con la industria funciona, además, como un indicador tangible de esa relevancia. Middleton menciona como ejemplo el interés de grandes productoras en los trabajos de los alumnos como una señal de que la formación mantiene su «moneda» profesional. «Lo que hacemos con los jóvenes, prepararlos para carreras reales dentro del sector, está en el corazón de nuestra manera de enseñar».
Cuando la conversación gira hacia el futuro del trabajo creativo, Middleton reconoce los desafíos que plantean tecnologías como la inteligencia artificial. «Es un reto, sin duda, pero si se gestiona bien puede ser una herramienta de apoyo. Lo esencial es proteger a las personas», explica.
Ese análisis enlaza con otra idea: «Existe la creencia de que el rigor académico y las artes escénicas están en conflicto, como si hubiera que sacrificar uno para preservar el otro. Nosotros cuestionamos esa visión cada día», afirma. «La disciplina que exigen las artes escénicas, como la puntualidad, la preparación, la resiliencia, el trabajo en equipo, se traslada directamente al aula», explica, y añade que los estudiantes «llevan ese mismo nivel de concentración a una clase de matemáticas o de lengua».
Así, el valor formativo de las artes escénicas va más allá del escenario porque «construyen confianza», y en un futuro marcado por la incertidumbre, «el reto de la educación no es solo lograr buenos resultados en los exámenes, sino preparar a jóvenes adaptables, resilientes e imaginativos».
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