Hoy, la contraportada es noticia de primera plana, al menos ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ en ABC. «¡Nos acaban de conceder el premio Luca de Tena, mañana seremos portada!», grita entre una sonora carcajada Víctor Amela nada más conocer la noticia, que le sorprende (y mucho) justo antes de empezar a comer con Lluís Amiguet. Son dos de los tres autores, junto a Ima Sanchís, de la última página más veterana de la Prensa nacional. Desde hace 28 años, una entrevista de este ‘trimonio’, como se definen, cierra el centenario periódico con personajes de todo tipo y condición, de grandes empresarios de Silicon Valley a vecinos del Rabal o catedráticos de Gales: casi todos caben porque casi todo el mundo tiene una historia que contar, aunque apenas una de cada diez que les proponen les llega a convencer para alcanzar esas páginas nobles. «Cuando empezamos en 1998 hicimos una lista con 300 nombres; eran los habituales que estaban en todas las radios y periódicos. Al año nos dimos cuenta de que cuando entrevistábamos a una persona anónima, porque nos hacía gracia su historia, al lector le gustaba más. Ahí se nos abrió el mundo: descubrimos que podíamos hacer entrevistas durante toda nuestra vida porque siempre va a haber personas con una historia que contar», cuenta Amela. Ima Sanchís, que atenderá minutos después por teléfono mientras espera a un amigo cardiólogo que conoció, claro, durante una entrevista, apostilla: «Todos tienen una historia, pero no todas son interesantes: tienen que tener un fondo de esperanza, de calor. A mí si me proponen una entrevista de un señor ceñudo que está enfadado con el mundo no me interesa». Lluís, que avisa de que se va a poner trascendental, remata esta primera aproximación a por qué esa sección ha resistido 28 años mientras todo a su alrededor cambiaba: «No queremos dar la exclusiva del siglo, queremos acompañar y que esa entrevista dé pequeñas píldoras de esperanza y felicidad a los lectores. Porque el único futuro del periodismo es crear esa fidelidad y esa amistad con los que nos leen, ser su refugio». El premio Luca de Tena confirma así que la Prensa tradicional sigue teniendo empuje. Y que el peso del papel se sigue notando en las manos de los miles de lectores por los que cada día pasan las entrevistas de La Contra. Amela recuerda la historia de un hombre que le asaltó en un restaurante para darle las gracias porque, en los últimos días de vida de su padre, en la habitación del hospital, le pedía que le leyera las contraportadas y luego juntos comentaban la historia del protagonista. Lluís Amiguet se cuela al fondo y recuerda a aquella nuera que todavía, cada cierto tiempo, iba al cementerio del Poblenou a leer ‘La Vanguardia’ al ser querido que ya no estaba.Noticia relacionada general No No Karina Sainz Borgo, premio Cavia: «El periodismo necesita desesperadamente la literatura» Bruno Pardo PortoPorque las historias y el periódico siguen conectando y emocionando a sus lectores: «Que nos digan ‘una Contra me cambió la vida’ es lo más hermoso que un periodista puede oír. Y cada poco tiempo nos lo dicen», presume Víctor Amela, que tiene una fórmula para calibrar lo que es triunfar en esta profesión: «El éxito es ver a alguien leyendo ‘La Contra’ en el metro». Y es que en la era en la que los algoritmos juegan a ser editores y las exclusivas tardan un instante en ser copiadas, las historias humanas, esas que ellos encuentran al escuchar a quien tienen enfrente, siguen venciendo a cualquier inteligencia artificial. Es lo que llevan haciendo los tres desde que el director Juan Tapia se lo propuso a Ima Sanchís, ella le dijo a Lluís que por qué no se sumaba y él animó a Víctor. Y se formó un ‘trimonio’ que ni las crisis ni los vaivenes del papel y el digital han separado. Casi tres décadas en las que, dicen, el secreto está en que son libres de elegir a quién llevan a esa última página que para muchos lectores es la primera. «Tenemos una autonomía absoluta. ‘La Contra’ no responde a los gustos ni directrices de un director, sino a nuestras curiosidades genuinas, la de Lluís, la de Ima y la mía, que somos tres, nos vamos combinando y eso equilibra mucho», dice Amela. El director de ‘La Vanguardia’, Jordi Juan, lo ratificará después: «Ni yo, ni los anteriores directores, Juan Tapia, Pepe Antich y Màrius Carol, les exigimos nunca que entrevisten a tal o cual persona. Muchísima gente me pide salir en ‘La Contra’. A muchos les digo que no, que no los veo, pero a los que creo que pueden funcionar se lo envío al grupo de WhatsApp que tenemos para que lo valoren. Si no les encaja, pues oye, no la publicamos. Si les impusiera empresarios, políticos o artistas que por cualquier razón nos interesasen a nosotros, se perdería el espíritu», explica. Lucha de egosUno de los enigmas del periodismo –escribió el maestro de periodistas Pedro Sorela– es que los periódicos salgan cada día sin rastro de tanta sangre y traición dentro de ellos. Estar 28 años compartiendo página y peleando por entrevistados no es fácil en un mundo de egos y codos. Ima Sanchís recuerda que cuando eran jóvenes sí había más «codazos» entre los tres, pero que ahora viven «un momento dulce». «Nos tenemos mucho aprecio porque son muchos años pedaleando y protegiéndonos», remata. «¡Pero tenemos ego, somos egos revueltos!», grita divertido Amiguet. «Son peleas amistosas. La vanidad es un componente valioso si la sabes administrar», complementa Amela, que cierra con una pregunta. «Sí, tenemos pequeñas disputas, pero al final, ¿sabes cuál es el secreto? Que cada uno hace lo que le apetece».«Es que nos admiramos y nos fiamos –amplía Ima– porque sabemos que ninguno tiene camarillas ni afiliaciones. Somos tres versos libres», explica. Eso sí, cuando una propuesta de entrevista les llega a todos, el que se la queda es el más rápido en pedírsela. Así no hay líos. O hay menos.Noticia relacionada general No No Gallego & Rey, premio Mingote 2026: «La generación de Mingote llegó a un nivel de genialidad que nosotros ni rozamos» Clara Molla PagánEl futuro de la Prensa’La Contra’ ha saltado a TikTok con ‘La Contravista’ y en la versión digital de ‘La Vanguardia’ hay un repositorio con todas las entrevistas ordenadas y divididas en bloques. Pero el papel sigue importando. «Evidentemente estamos todos ahora en el mundo digital, sin discusión, pero la gente tiene ganas de ver la selección de noticias jerarquizadas de su periódico –explica Jordi Juan–. En el ABC el lector sabe que tiene su Tercera, la opinión, Cultura… es decir, les gusta ver las cosas ordenaditas por la jerarquización que hace un diario de papel. Nosotros tenemos cada vez más gente que nos consulta en PDF, y por eso pienso que el diario de papel no va a desaparecer nunca, y si en un futuro no hay quioscos o no podemos imprimir, crearemos la edición de PDF y la gente se la bajará como si fuera un diario de papel normal». Y aunque al PDF no se le puede dar la vuelta para empezar por el final como hace esa gente en el metro que decía Amela, no importa: «Me da igual si nos leen por detrás, por el medio o por donde quieran, pero que nos lean», remata Jordi Juan. Hoy, la contraportada es noticia de primera plana, al menos ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ en ABC. «¡Nos acaban de conceder el premio Luca de Tena, mañana seremos portada!», grita entre una sonora carcajada Víctor Amela nada más conocer la noticia, que le sorprende (y mucho) justo antes de empezar a comer con Lluís Amiguet. Son dos de los tres autores, junto a Ima Sanchís, de la última página más veterana de la Prensa nacional. Desde hace 28 años, una entrevista de este ‘trimonio’, como se definen, cierra el centenario periódico con personajes de todo tipo y condición, de grandes empresarios de Silicon Valley a vecinos del Rabal o catedráticos de Gales: casi todos caben porque casi todo el mundo tiene una historia que contar, aunque apenas una de cada diez que les proponen les llega a convencer para alcanzar esas páginas nobles. «Cuando empezamos en 1998 hicimos una lista con 300 nombres; eran los habituales que estaban en todas las radios y periódicos. Al año nos dimos cuenta de que cuando entrevistábamos a una persona anónima, porque nos hacía gracia su historia, al lector le gustaba más. Ahí se nos abrió el mundo: descubrimos que podíamos hacer entrevistas durante toda nuestra vida porque siempre va a haber personas con una historia que contar», cuenta Amela. Ima Sanchís, que atenderá minutos después por teléfono mientras espera a un amigo cardiólogo que conoció, claro, durante una entrevista, apostilla: «Todos tienen una historia, pero no todas son interesantes: tienen que tener un fondo de esperanza, de calor. A mí si me proponen una entrevista de un señor ceñudo que está enfadado con el mundo no me interesa». Lluís, que avisa de que se va a poner trascendental, remata esta primera aproximación a por qué esa sección ha resistido 28 años mientras todo a su alrededor cambiaba: «No queremos dar la exclusiva del siglo, queremos acompañar y que esa entrevista dé pequeñas píldoras de esperanza y felicidad a los lectores. Porque el único futuro del periodismo es crear esa fidelidad y esa amistad con los que nos leen, ser su refugio». El premio Luca de Tena confirma así que la Prensa tradicional sigue teniendo empuje. Y que el peso del papel se sigue notando en las manos de los miles de lectores por los que cada día pasan las entrevistas de La Contra. Amela recuerda la historia de un hombre que le asaltó en un restaurante para darle las gracias porque, en los últimos días de vida de su padre, en la habitación del hospital, le pedía que le leyera las contraportadas y luego juntos comentaban la historia del protagonista. Lluís Amiguet se cuela al fondo y recuerda a aquella nuera que todavía, cada cierto tiempo, iba al cementerio del Poblenou a leer ‘La Vanguardia’ al ser querido que ya no estaba.Noticia relacionada general No No Karina Sainz Borgo, premio Cavia: «El periodismo necesita desesperadamente la literatura» Bruno Pardo PortoPorque las historias y el periódico siguen conectando y emocionando a sus lectores: «Que nos digan ‘una Contra me cambió la vida’ es lo más hermoso que un periodista puede oír. Y cada poco tiempo nos lo dicen», presume Víctor Amela, que tiene una fórmula para calibrar lo que es triunfar en esta profesión: «El éxito es ver a alguien leyendo ‘La Contra’ en el metro». Y es que en la era en la que los algoritmos juegan a ser editores y las exclusivas tardan un instante en ser copiadas, las historias humanas, esas que ellos encuentran al escuchar a quien tienen enfrente, siguen venciendo a cualquier inteligencia artificial. Es lo que llevan haciendo los tres desde que el director Juan Tapia se lo propuso a Ima Sanchís, ella le dijo a Lluís que por qué no se sumaba y él animó a Víctor. Y se formó un ‘trimonio’ que ni las crisis ni los vaivenes del papel y el digital han separado. Casi tres décadas en las que, dicen, el secreto está en que son libres de elegir a quién llevan a esa última página que para muchos lectores es la primera. «Tenemos una autonomía absoluta. ‘La Contra’ no responde a los gustos ni directrices de un director, sino a nuestras curiosidades genuinas, la de Lluís, la de Ima y la mía, que somos tres, nos vamos combinando y eso equilibra mucho», dice Amela. El director de ‘La Vanguardia’, Jordi Juan, lo ratificará después: «Ni yo, ni los anteriores directores, Juan Tapia, Pepe Antich y Màrius Carol, les exigimos nunca que entrevisten a tal o cual persona. Muchísima gente me pide salir en ‘La Contra’. A muchos les digo que no, que no los veo, pero a los que creo que pueden funcionar se lo envío al grupo de WhatsApp que tenemos para que lo valoren. Si no les encaja, pues oye, no la publicamos. Si les impusiera empresarios, políticos o artistas que por cualquier razón nos interesasen a nosotros, se perdería el espíritu», explica. Lucha de egosUno de los enigmas del periodismo –escribió el maestro de periodistas Pedro Sorela– es que los periódicos salgan cada día sin rastro de tanta sangre y traición dentro de ellos. Estar 28 años compartiendo página y peleando por entrevistados no es fácil en un mundo de egos y codos. Ima Sanchís recuerda que cuando eran jóvenes sí había más «codazos» entre los tres, pero que ahora viven «un momento dulce». «Nos tenemos mucho aprecio porque son muchos años pedaleando y protegiéndonos», remata. «¡Pero tenemos ego, somos egos revueltos!», grita divertido Amiguet. «Son peleas amistosas. La vanidad es un componente valioso si la sabes administrar», complementa Amela, que cierra con una pregunta. «Sí, tenemos pequeñas disputas, pero al final, ¿sabes cuál es el secreto? Que cada uno hace lo que le apetece».«Es que nos admiramos y nos fiamos –amplía Ima– porque sabemos que ninguno tiene camarillas ni afiliaciones. Somos tres versos libres», explica. Eso sí, cuando una propuesta de entrevista les llega a todos, el que se la queda es el más rápido en pedírsela. Así no hay líos. O hay menos.Noticia relacionada general No No Gallego & Rey, premio Mingote 2026: «La generación de Mingote llegó a un nivel de genialidad que nosotros ni rozamos» Clara Molla PagánEl futuro de la Prensa’La Contra’ ha saltado a TikTok con ‘La Contravista’ y en la versión digital de ‘La Vanguardia’ hay un repositorio con todas las entrevistas ordenadas y divididas en bloques. Pero el papel sigue importando. «Evidentemente estamos todos ahora en el mundo digital, sin discusión, pero la gente tiene ganas de ver la selección de noticias jerarquizadas de su periódico –explica Jordi Juan–. En el ABC el lector sabe que tiene su Tercera, la opinión, Cultura… es decir, les gusta ver las cosas ordenaditas por la jerarquización que hace un diario de papel. Nosotros tenemos cada vez más gente que nos consulta en PDF, y por eso pienso que el diario de papel no va a desaparecer nunca, y si en un futuro no hay quioscos o no podemos imprimir, crearemos la edición de PDF y la gente se la bajará como si fuera un diario de papel normal». Y aunque al PDF no se le puede dar la vuelta para empezar por el final como hace esa gente en el metro que decía Amela, no importa: «Me da igual si nos leen por detrás, por el medio o por donde quieran, pero que nos lean», remata Jordi Juan.
Hoy, la contraportada es noticia de primera plana, al menos ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ en ABC. «¡Nos acaban de conceder el premio Luca de Tena, mañana seremos portada!», grita entre una sonora carcajada Víctor Amela nada más conocer la noticia, que le sorprende (y … mucho) justo antes de empezar a comer con Lluís Amiguet. Son dos de los tres autores, junto a Ima Sanchís, de la última página más veterana de la Prensa nacional. Desde hace 28 años, una entrevista de este ‘trimonio’, como se definen, cierra el centenario periódico con personajes de todo tipo y condición, de grandes empresarios de Silicon Valley a vecinos del Rabal o catedráticos de Gales: casi todos caben porque casi todo el mundo tiene una historia que contar, aunque apenas una de cada diez que les proponen les llega a convencer para alcanzar esas páginas nobles. «Cuando empezamos en 1998 hicimos una lista con 300 nombres; eran los habituales que estaban en todas las radios y periódicos. Al año nos dimos cuenta de que cuando entrevistábamos a una persona anónima, porque nos hacía gracia su historia, al lector le gustaba más. Ahí se nos abrió el mundo: descubrimos que podíamos hacer entrevistas durante toda nuestra vida porque siempre va a haber personas con una historia que contar», cuenta Amela.
Ima Sanchís, que atenderá minutos después por teléfono mientras espera a un amigo cardiólogo que conoció, claro, durante una entrevista, apostilla: «Todos tienen una historia, pero no todas son interesantes: tienen que tener un fondo de esperanza, de calor. A mí si me proponen una entrevista de un señor ceñudo que está enfadado con el mundo no me interesa». Lluís, que avisa de que se va a poner trascendental, remata esta primera aproximación a por qué esa sección ha resistido 28 años mientras todo a su alrededor cambiaba: «No queremos dar la exclusiva del siglo, queremos acompañar y que esa entrevista dé pequeñas píldoras de esperanza y felicidad a los lectores. Porque el único futuro del periodismo es crear esa fidelidad y esa amistad con los que nos leen, ser su refugio».
El premio Luca de Tena confirma así que la Prensa tradicional sigue teniendo empuje. Y que el peso del papel se sigue notando en las manos de los miles de lectores por los que cada día pasan las entrevistas de La Contra. Amela recuerda la historia de un hombre que le asaltó en un restaurante para darle las gracias porque, en los últimos días de vida de su padre, en la habitación del hospital, le pedía que le leyera las contraportadas y luego juntos comentaban la historia del protagonista. Lluís Amiguet se cuela al fondo y recuerda a aquella nuera que todavía, cada cierto tiempo, iba al cementerio del Poblenou a leer ‘La Vanguardia’ al ser querido que ya no estaba.
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Porque las historias y el periódico siguen conectando y emocionando a sus lectores: «Que nos digan ‘una Contra me cambió la vida’ es lo más hermoso que un periodista puede oír. Y cada poco tiempo nos lo dicen», presume Víctor Amela, que tiene una fórmula para calibrar lo que es triunfar en esta profesión: «El éxito es ver a alguien leyendo ‘La Contra’ en el metro».
Y es que en la era en la que los algoritmos juegan a ser editores y las exclusivas tardan un instante en ser copiadas, las historias humanas, esas que ellos encuentran al escuchar a quien tienen enfrente, siguen venciendo a cualquier inteligencia artificial. Es lo que llevan haciendo los tres desde que el director Juan Tapia se lo propuso a Ima Sanchís, ella le dijo a Lluís que por qué no se sumaba y él animó a Víctor. Y se formó un ‘trimonio’ que ni las crisis ni los vaivenes del papel y el digital han separado. Casi tres décadas en las que, dicen, el secreto está en que son libres de elegir a quién llevan a esa última página que para muchos lectores es la primera. «Tenemos una autonomía absoluta. ‘La Contra’ no responde a los gustos ni directrices de un director, sino a nuestras curiosidades genuinas, la de Lluís, la de Ima y la mía, que somos tres, nos vamos combinando y eso equilibra mucho», dice Amela. El director de ‘La Vanguardia’, Jordi Juan, lo ratificará después: «Ni yo, ni los anteriores directores, Juan Tapia, Pepe Antich y Màrius Carol, les exigimos nunca que entrevisten a tal o cual persona. Muchísima gente me pide salir en ‘La Contra’. A muchos les digo que no, que no los veo, pero a los que creo que pueden funcionar se lo envío al grupo de WhatsApp que tenemos para que lo valoren. Si no les encaja, pues oye, no la publicamos. Si les impusiera empresarios, políticos o artistas que por cualquier razón nos interesasen a nosotros, se perdería el espíritu», explica.
Lucha de egos
Uno de los enigmas del periodismo –escribió el maestro de periodistas Pedro Sorela– es que los periódicos salgan cada día sin rastro de tanta sangre y traición dentro de ellos. Estar 28 años compartiendo página y peleando por entrevistados no es fácil en un mundo de egos y codos. Ima Sanchís recuerda que cuando eran jóvenes sí había más «codazos» entre los tres, pero que ahora viven «un momento dulce». «Nos tenemos mucho aprecio porque son muchos años pedaleando y protegiéndonos», remata. «¡Pero tenemos ego, somos egos revueltos!», grita divertido Amiguet. «Son peleas amistosas. La vanidad es un componente valioso si la sabes administrar», complementa Amela, que cierra con una pregunta. «Sí, tenemos pequeñas disputas, pero al final, ¿sabes cuál es el secreto? Que cada uno hace lo que le apetece».
«Es que nos admiramos y nos fiamos –amplía Ima– porque sabemos que ninguno tiene camarillas ni afiliaciones. Somos tres versos libres», explica. Eso sí, cuando una propuesta de entrevista les llega a todos, el que se la queda es el más rápido en pedírsela. Así no hay líos. O hay menos.
Noticia relacionada
El futuro de la Prensa
‘La Contra’ ha saltado a TikTok con ‘La Contravista’ y en la versión digital de ‘La Vanguardia’ hay un repositorio con todas las entrevistas ordenadas y divididas en bloques. Pero el papel sigue importando. «Evidentemente estamos todos ahora en el mundo digital, sin discusión, pero la gente tiene ganas de ver la selección de noticias jerarquizadas de su periódico –explica Jordi Juan–. En el ABC el lector sabe que tiene su Tercera, la opinión, Cultura… es decir, les gusta ver las cosas ordenaditas por la jerarquización que hace un diario de papel. Nosotros tenemos cada vez más gente que nos consulta en PDF, y por eso pienso que el diario de papel no va a desaparecer nunca, y si en un futuro no hay quioscos o no podemos imprimir, crearemos la edición de PDF y la gente se la bajará como si fuera un diario de papel normal». Y aunque al PDF no se le puede dar la vuelta para empezar por el final como hace esa gente en el metro que decía Amela, no importa: «Me da igual si nos leen por detrás, por el medio o por donde quieran, pero que nos lean», remata Jordi Juan.
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