En menos de un mes, la palabra fascismo y sus derivados ha irrumpido en al menos tres discusiones públicas relevantes. De la «internacional reaccionaria» aludida por el Ejecutivo español, pasando por el boicot al evento Letras en Sevilla -intentos de «blanqueamiento del fascismo»- hasta el «fascista totalitario» de Elon Musk para el presidente Pedro Sánchez. El lenguaje no solo enuncia, también la organiza. Por eso, la esfera conceptual del ‘fascio’ funciona muy bien en los entornos populistas para envolver la mercancía. De hecho, ahora se aplica a todo. O a casi todo. En los últimos años, y todavía más durante el regreso de Donald Trump , el ensayo político ha mostrado una atención persistente hacia el fascismo, la extrema derecha y el autoritarismo contemporáneo. No se trata solo de libros que analizan partidos, líderes o ideologías concretas, sino de un conjunto más amplio de obras que buscan comprender el terreno cultural, institucional y simbólico en el que esos fenómenos prosperan. Para editores como Ricardo Cayuela no existe un aumento. «Es un tema permanente y de mucho interés». Sin embargo, basta hacer un repaso a los catálogos de las editoriales españolas desde 2024 para constatar su auge. La extrema derecha deja de ser marginalUna primera línea clara del ensayo reciente aborda la normalización de la extrema derecha como actor político. Libros como ‘De las fake news al poder. La ultraderecha que ya está aquí’ o ‘Democracias en extinción’, ambos publicados por Akal, no parten de la sorpresa, sino del hecho consumado. Otra parte significativa del ensayo político reciente mira hacia atrás por necesidad interpretativa. ‘El fracaso de la república de Weimar’, de Volker Ullrich, editado por Taurus, vuelve sobre el colapso de la democracia alemana como advertencia histórica. Estos libros no proponen analogías mecánicas entre pasado y presente. Muestran cómo las democracias se desgastan, cómo se fragmentan las lealtades políticas y cómo el lenguaje del orden y la exclusión reaparece cuando las instituciones dejan de ofrecer seguridad material o simbólica.Algunos de los ensayos más influyentes del periodo amplían aún más el marco y sitúan el auge de discursos autoritarios en crisis estructurales de largo alcance. En ‘Piel blanca, combustible negro’ (Capitán Swing), Andreas Malm vincula extrema derecha, racismo y crisis climática, proponiendo el concepto de «fascismo fósil» para describir respuestas autoritarias al colapso ecológico. No es un libro sobre partidos ultras, sino sobre cómo la escasez, el miedo y la desigualdad reconfiguran la imaginación política. En un registro más institucional, ‘La dictadura de la minoría’, de Levitsky y Ziblatt, publicada por Ariel, analiza cómo sistemas democráticos pueden ser capturados por minorías organizadas sin romper formalmente las reglas del juego. La extrema derecha aparece aquí como usuario eficaz de instituciones debilitadas, no como fuerza externa al sistema. De la conversación sobre los populismos de izquierda el debate pasa ahora al fenómeno más conservador y nacionalista, que ha tenido su expresión concreta en el movimiento MAGA representado por Donald Trump, pero también en el auge de una derecha europea.Nuevos autoritarismosUna parte especialmente significativa del ensayo reciente se aleja tanto del análisis electoral como del histórico para centrarse en el espacio público y sus mediaciones. ‘Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo’ (Anagrama), de Santiago Gerchunoff , examina cómo la inflación del lenguaje político puede vaciar de sentido conceptos clave y contribuir a un clima de ruido permanente. En ese entorno, sugiere, el conflicto se impone sobre la deliberación. Esa misma preocupación atraviesa ‘El canto de las sirenas’, publicado por Taurus en 2026, que analiza la economía de la atención, los incentivos algorítmicos y la transformación del debate público en espectáculo. La extrema derecha no aparece como causa principal, sino como beneficiaria estructural de un ecosistema que premia la polarización, la simplificación y la indignación.Elena Martínez Bavière , directora editorial de Alianza, comparte con Ricardo Cayuela una sensación de continuidad editorial en el tema. «Sí tengo la impresión de que en el último año se ha intensificado la producción y, sobre todo, la visibilidad de ensayos y reflexiones sobre el fascismo, en sintonía con el clima político y cultural actual. Al mismo tiempo, soy consciente de que puede haber ahí un componente de percepción: en mi trabajo como editora nunca he dejado de publicar títulos sobre este tema, que ha estado siempre presente, aunque quizá ahora se lean y se reciban de otra manera». Visto así, el ensayo político no abandona la pregunta por el extremismo, la reformula. Ya no se pregunta solo quiénes son o cuánto crecen, sino qué tipo de espacio público, qué lenguajes y qué crisis hacen posible su presencia. La derecha y la izquierda, tal como las definió Norberto Bobbio, han cambiado. El crimen organizado como actor no estatal, el autoritarismo político y el tecnoempresariado supremacista se superponen como categorías. El trumpismo se nutre de una amalgama de pensadores, estrategas y figuras mediáticas que defienden el nacionalismo, el proteccionismo y el iliberalismo. Steve Bannon, J.D. Vance, y Elon Musk, junto a intelectuales del Claremont Institute y políticos como Josh Hawley han convertido el nacional-conservadurismo como una nueva etiqueta de la biblioteca del autoritarismo. En menos de un mes, la palabra fascismo y sus derivados ha irrumpido en al menos tres discusiones públicas relevantes. De la «internacional reaccionaria» aludida por el Ejecutivo español, pasando por el boicot al evento Letras en Sevilla -intentos de «blanqueamiento del fascismo»- hasta el «fascista totalitario» de Elon Musk para el presidente Pedro Sánchez. El lenguaje no solo enuncia, también la organiza. Por eso, la esfera conceptual del ‘fascio’ funciona muy bien en los entornos populistas para envolver la mercancía. De hecho, ahora se aplica a todo. O a casi todo. En los últimos años, y todavía más durante el regreso de Donald Trump , el ensayo político ha mostrado una atención persistente hacia el fascismo, la extrema derecha y el autoritarismo contemporáneo. No se trata solo de libros que analizan partidos, líderes o ideologías concretas, sino de un conjunto más amplio de obras que buscan comprender el terreno cultural, institucional y simbólico en el que esos fenómenos prosperan. Para editores como Ricardo Cayuela no existe un aumento. «Es un tema permanente y de mucho interés». Sin embargo, basta hacer un repaso a los catálogos de las editoriales españolas desde 2024 para constatar su auge. La extrema derecha deja de ser marginalUna primera línea clara del ensayo reciente aborda la normalización de la extrema derecha como actor político. Libros como ‘De las fake news al poder. La ultraderecha que ya está aquí’ o ‘Democracias en extinción’, ambos publicados por Akal, no parten de la sorpresa, sino del hecho consumado. Otra parte significativa del ensayo político reciente mira hacia atrás por necesidad interpretativa. ‘El fracaso de la república de Weimar’, de Volker Ullrich, editado por Taurus, vuelve sobre el colapso de la democracia alemana como advertencia histórica. Estos libros no proponen analogías mecánicas entre pasado y presente. Muestran cómo las democracias se desgastan, cómo se fragmentan las lealtades políticas y cómo el lenguaje del orden y la exclusión reaparece cuando las instituciones dejan de ofrecer seguridad material o simbólica.Algunos de los ensayos más influyentes del periodo amplían aún más el marco y sitúan el auge de discursos autoritarios en crisis estructurales de largo alcance. En ‘Piel blanca, combustible negro’ (Capitán Swing), Andreas Malm vincula extrema derecha, racismo y crisis climática, proponiendo el concepto de «fascismo fósil» para describir respuestas autoritarias al colapso ecológico. No es un libro sobre partidos ultras, sino sobre cómo la escasez, el miedo y la desigualdad reconfiguran la imaginación política. En un registro más institucional, ‘La dictadura de la minoría’, de Levitsky y Ziblatt, publicada por Ariel, analiza cómo sistemas democráticos pueden ser capturados por minorías organizadas sin romper formalmente las reglas del juego. La extrema derecha aparece aquí como usuario eficaz de instituciones debilitadas, no como fuerza externa al sistema. De la conversación sobre los populismos de izquierda el debate pasa ahora al fenómeno más conservador y nacionalista, que ha tenido su expresión concreta en el movimiento MAGA representado por Donald Trump, pero también en el auge de una derecha europea.Nuevos autoritarismosUna parte especialmente significativa del ensayo reciente se aleja tanto del análisis electoral como del histórico para centrarse en el espacio público y sus mediaciones. ‘Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo’ (Anagrama), de Santiago Gerchunoff , examina cómo la inflación del lenguaje político puede vaciar de sentido conceptos clave y contribuir a un clima de ruido permanente. En ese entorno, sugiere, el conflicto se impone sobre la deliberación. Esa misma preocupación atraviesa ‘El canto de las sirenas’, publicado por Taurus en 2026, que analiza la economía de la atención, los incentivos algorítmicos y la transformación del debate público en espectáculo. La extrema derecha no aparece como causa principal, sino como beneficiaria estructural de un ecosistema que premia la polarización, la simplificación y la indignación.Elena Martínez Bavière , directora editorial de Alianza, comparte con Ricardo Cayuela una sensación de continuidad editorial en el tema. «Sí tengo la impresión de que en el último año se ha intensificado la producción y, sobre todo, la visibilidad de ensayos y reflexiones sobre el fascismo, en sintonía con el clima político y cultural actual. Al mismo tiempo, soy consciente de que puede haber ahí un componente de percepción: en mi trabajo como editora nunca he dejado de publicar títulos sobre este tema, que ha estado siempre presente, aunque quizá ahora se lean y se reciban de otra manera». Visto así, el ensayo político no abandona la pregunta por el extremismo, la reformula. Ya no se pregunta solo quiénes son o cuánto crecen, sino qué tipo de espacio público, qué lenguajes y qué crisis hacen posible su presencia. La derecha y la izquierda, tal como las definió Norberto Bobbio, han cambiado. El crimen organizado como actor no estatal, el autoritarismo político y el tecnoempresariado supremacista se superponen como categorías. El trumpismo se nutre de una amalgama de pensadores, estrategas y figuras mediáticas que defienden el nacionalismo, el proteccionismo y el iliberalismo. Steve Bannon, J.D. Vance, y Elon Musk, junto a intelectuales del Claremont Institute y políticos como Josh Hawley han convertido el nacional-conservadurismo como una nueva etiqueta de la biblioteca del autoritarismo.
En menos de un mes, la palabra fascismo y sus derivados ha irrumpido en al menos tres discusiones públicas relevantes. De la «internacional reaccionaria» aludida por el Ejecutivo español, pasando por el boicot al evento Letras en Sevilla -intentos de «blanqueamiento del fascismo»- hasta el « … fascista totalitario» de Elon Musk para el presidente Pedro Sánchez. El lenguaje no solo enuncia, también la organiza. Por eso, la esfera conceptual del ‘fascio’ funciona muy bien en los entornos populistas para envolver la mercancía. De hecho, ahora se aplica a todo. O a casi todo.
En los últimos años, y todavía más durante el regreso de Donald Trump, el ensayo político ha mostrado una atención persistente hacia el fascismo, la extrema derecha y el autoritarismo contemporáneo. No se trata solo de libros que analizan partidos, líderes o ideologías concretas, sino de un conjunto más amplio de obras que buscan comprender el terreno cultural, institucional y simbólico en el que esos fenómenos prosperan. Para editores como Ricardo Cayuela no existe un aumento. «Es un tema permanente y de mucho interés». Sin embargo, basta hacer un repaso a los catálogos de las editoriales españolas desde 2024 para constatar su auge.
La extrema derecha deja de ser marginal
Una primera línea clara del ensayo reciente aborda la normalización de la extrema derecha como actor político. Libros como ‘De las fake news al poder. La ultraderecha que ya está aquí’ o ‘Democracias en extinción’, ambos publicados por Akal, no parten de la sorpresa, sino del hecho consumado. Otra parte significativa del ensayo político reciente mira hacia atrás por necesidad interpretativa. ‘El fracaso de la república de Weimar’, de Volker Ullrich, editado por Taurus, vuelve sobre el colapso de la democracia alemana como advertencia histórica. Estos libros no proponen analogías mecánicas entre pasado y presente. Muestran cómo las democracias se desgastan, cómo se fragmentan las lealtades políticas y cómo el lenguaje del orden y la exclusión reaparece cuando las instituciones dejan de ofrecer seguridad material o simbólica.
Algunos de los ensayos más influyentes del periodo amplían aún más el marco y sitúan el auge de discursos autoritarios en crisis estructurales de largo alcance. En ‘Piel blanca, combustible negro’ (Capitán Swing), Andreas Malm vincula extrema derecha, racismo y crisis climática, proponiendo el concepto de «fascismo fósil» para describir respuestas autoritarias al colapso ecológico. No es un libro sobre partidos ultras, sino sobre cómo la escasez, el miedo y la desigualdad reconfiguran la imaginación política. En un registro más institucional, ‘La dictadura de la minoría’, de Levitsky y Ziblatt, publicada por Ariel, analiza cómo sistemas democráticos pueden ser capturados por minorías organizadas sin romper formalmente las reglas del juego. La extrema derecha aparece aquí como usuario eficaz de instituciones debilitadas, no como fuerza externa al sistema. De la conversación sobre los populismos de izquierda el debate pasa ahora al fenómeno más conservador y nacionalista, que ha tenido su expresión concreta en el movimiento MAGA representado por Donald Trump, pero también en el auge de una derecha europea.
Nuevos autoritarismos
Una parte especialmente significativa del ensayo reciente se aleja tanto del análisis electoral como del histórico para centrarse en el espacio público y sus mediaciones. ‘Un detalle siniestro en el uso de la palabra fascismo’ (Anagrama), de Santiago Gerchunoff, examina cómo la inflación del lenguaje político puede vaciar de sentido conceptos clave y contribuir a un clima de ruido permanente. En ese entorno, sugiere, el conflicto se impone sobre la deliberación. Esa misma preocupación atraviesa ‘El canto de las sirenas’, publicado por Taurus en 2026, que analiza la economía de la atención, los incentivos algorítmicos y la transformación del debate público en espectáculo. La extrema derecha no aparece como causa principal, sino como beneficiaria estructural de un ecosistema que premia la polarización, la simplificación y la indignación.
Elena Martínez Bavière, directora editorial de Alianza, comparte con Ricardo Cayuela una sensación de continuidad editorial en el tema. «Sí tengo la impresión de que en el último año se ha intensificado la producción y, sobre todo, la visibilidad de ensayos y reflexiones sobre el fascismo, en sintonía con el clima político y cultural actual. Al mismo tiempo, soy consciente de que puede haber ahí un componente de percepción: en mi trabajo como editora nunca he dejado de publicar títulos sobre este tema, que ha estado siempre presente, aunque quizá ahora se lean y se reciban de otra manera». Visto así, el ensayo político no abandona la pregunta por el extremismo, la reformula.
Ya no se pregunta solo quiénes son o cuánto crecen, sino qué tipo de espacio público, qué lenguajes y qué crisis hacen posible su presencia. La derecha y la izquierda, tal como las definió Norberto Bobbio, han cambiado. El crimen organizado como actor no estatal, el autoritarismo político y el tecnoempresariado supremacista se superponen como categorías. El trumpismo se nutre de una amalgama de pensadores, estrategas y figuras mediáticas que defienden el nacionalismo, el proteccionismo y el iliberalismo. Steve Bannon, J.D. Vance, y Elon Musk, junto a intelectuales del Claremont Institute y políticos como Josh Hawley han convertido el nacional-conservadurismo como una nueva etiqueta de la biblioteca del autoritarismo.
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