La Comunidad de Madrid ha presentado este martes un Plan de Restauración Forestal de la Sierra Oeste para recuperar los montes afectados por el peor incendio en la historia de la región y de España, que afectó según el balance final a 24.129,10 hectáreas de 12 municipios el pasado julio. La idea no es volver al bosque de pinos que se plantó tras la devastación de la Guerra Civil, sino apostar por un nuevo “bosque mosaico” con distintos tipos de vegetación en el que primen las encinas y fresnos y que sea más resistente a los incendios, las plagas y las condiciones extremas. Ecologistas en Acción, por boca de uno de sus portavoces en Madrid, Jesús Bartolomé, opina que se trata de un “plan sin base, sin un estudio científico e independiente por parte de las universidades de cómo está la zona afectada”. “Estos planes hay que fundamentarlos bien para que tengan éxito”, reclama Bartolomé.
Ecologistas en Acción opina que se trata de un “plan sin base, sin un estudio científico e independiente de cómo está la zona afectada”
La Comunidad de Madrid ha presentado este martes un Plan de Restauración Forestal de la Sierra Oeste para recuperar los montes afectados por el peor incendio en la historia de la región y de España, que afectó según el balance final a 24.129,10 hectáreas de 12 municipios el pasado julio. La idea no es volver al bosque de pinos que se plantó tras la devastación de la Guerra Civil, sino apostar por un nuevo “bosque mosaico” con distintos tipos de vegetación en el que primen las encinas y fresnos y que sea más resistente a los incendios, las plagas y las condiciones extremas. Ecologistas en Acción, por boca de uno de sus portavoces en Madrid, Jesús Bartolomé, opina que se trata de un “plan sin base, sin un estudio científico e independiente por parte de las universidades de cómo está la zona afectada”. “Estos planes hay que fundamentarlos bien para que tengan éxito”, reclama Bartolomé.
La iniciativa se va a llevar a cabo a 10 años vista, con un presupuesto de 25 millones de euros para 2026 y 2027, de los que este año se van a invertir 5,53 millones y el próximo, 19,2, según la información facilitada por la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior. En un encuentro informativo, el consejero, Carlos Novillo, ha detallado que la cifra de inversión anual será “similar” a los 19,2 millones de 2027 al menos durante el primer lustro del programa. Bartolomé también afeó al consejero la falta de concreción de las inversiones. “Acciones de este tipo hay que planificarlas de forma conjunta, no solo el inicio”, señala el portavoz de Ecologistas.
Según Novillo, este incendio pone de relieve la “vulnerabilidad” de los bosques de repoblación que cubren el centro peninsular, con abundantes masas homogéneas de pinar que han crecido muy por encima de las previsiones de los ingenieros que las diseñaron y donde la intervención humana ha ido descendiendo paulatinamente. Casi 90 años después, estos bosques se enfrentan a incendios denominados de sexta generación, que son incluso capaces de modificar la meteorología de la zona.

Novillo ha explicado que la reforestación no consistirá simplemente en poner nuevos pies de árboles, sino que se priorizará la regeneración natural. Las encinas son capaces de rebrotar desde su propia raíz, mientras que los pinos dejan a sus pies un lecho de semillas de las que pueden salir nuevos árboles. Pero, allá donde los procesos naturales no lleguen, se intervendrá de manera directa para configurar un nuevo paisaje forestal más resiliente, en el que se priorizará la encina ―más resistente y mejor preparada frente a incendios, plagas y episodios extremos― sobre el pino y se acompañará de nuevas especies “que se comporten mejor ante el fuego”, como el fresno.
La idea clave es componer un “mosaico” a gran escala, con mayor presencia de “discontinuidades” en forma de pastos y cultivos agrícolas que superen el concepto clásico de cortafuegos, que Novillo ha dado por obsoleto. Ecologistas coincide en la necesidad de apostar por los árboles autóctonos como la encina, “aunque tarden más en crecer”, ya que “son más resistentes” al fuego. Dependiendo de la especie, los pinos alcanzan la madurez entre los 50 y los 100 años, mientras que una encina sube de 100 a 150.
Las actuaciones para recuperar uno de los principales pulmones verdes de la región se van a desarrollar en tres fases. Los trabajos de la primera etapa se van a extender durante un año y su objetivo es garantizar la seguridad de las personas y las infraestructuras, la supervivencia de los animales, la retirada selectiva de árboles y el mantenimiento de cauces y embalses como el de San Juan, además del cuidado de los suelos. Esta última labor es crucial para evitar que se contaminen de ceniza, como ya se ha visto en Ávila, o pierdan sus capas de materia orgánica, básica para recuperar la vegetación.
En este punto, a Ecologistas le preocupa “la retirada de madera de la zona de los incendios” que están llevando a cabo Traga y otras empresas que lograron las licitaciones. “Vecinos de la zona nos alertan de que se están retirando árboles en buen estado por falta de un estudio previo”, sostiene Bartolomé, que advierte de que las primeras lluvias son un periodo muy delicado» para suelos devastados por las llamas. “Hay rebrotes, hay que analizar bien qué se retira y qué no”, reclama.
La segunda fase durará de uno a cinco años y las labores irán destinadas a la regeneración natural y a la evolución de las poblaciones de insectos. La última fase, que se llevará a cabo durante algo más de tres años, se centrará en la reforestación y los tratamientos de recuperación donde no se haya producido. Para ello, se plantarán especies autóctonas.
Según los detalles del plan proporcionados por Medio Ambiente, “expertos de medio ambiente van a analizar cada uno de los árboles, realizando un diagnóstico de su estado a partir de imágenes satélite, mediciones y cálculos de riesgo erosivo”. De este modo, se recaba información suficiente para conocer su situación real porque, aunque muchos mantienen las copas verdes, pueden tener dañadas las raíces superficiales y el tronco.
Para proteger el terreno, en las zonas libres de árboles (2% de la superficie) se establecerán franjas de seguridad de 20 a 30 metros en carreteras y pistas forestales principales. Además, se va a limitar la caza para reducir la presión sobre las poblaciones supervivientes. A los propietarios de montes privados víctimas de este incendio ―poseen en torno al 65% del territorio madrileño― se les ofrecerán ayudas de hasta 60.000 euros para que puedan realizar labores de conservación de suelo y saneamiento vegetal. El presupuesto de restauración reserva 1,1 millones en 2026 para actuaciones selvícolas y reparación de daños en fincas privadas y 1,5 en 2027.
Asimismo, se van a destinar 400.000 euros en prestaciones para recuperar los montes municipales afectados por el fuego y los ayuntamientos contarán con el asesoramiento de expertos para evaluar el arbolado urbano de riesgo. También “se eliminará burocracia en las gestiones con el objetivo de agilizar la retirada de especies dañadas”.
Además, la reconstrucción de la Sierra Oeste contempla un Plan de Recuperación Agraria para que las explotaciones agrícolas y ganaderas puedan volver a sus niveles de producción. Para ello, se van a invertir tres millones de euros para que los propietarios puedan cubrir pérdidas en olivares, frutales, hortícolas, pastos, viñedos, colmenas y bodegas. Esta cuantía también cubrirá la reposición de animales y la recuperación de maquinaria o infraestructuras. Por último, el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario producirá 300.000 plantas autóctonas para las necesidades de restauración hasta 2028 e investigará el impacto del fuego en los viñedos y en la calidad de los vinos.
Más allá de la zona directamente afectada por el incendio, la Comunidad tiene previsto analizar la “capacidad de carga” de los montes de la zona norte de la región, a la que se desplazó buena parte de la fauna que huía del fuego. En el largo plazo, el Gobierno regional está tramitando desde abril una reforma de la Ley Forestal y de Protección de la Naturaleza, que “simplificará la gestión administrativa y reforzará la prevención ante incendios”. Por ejemplo, la Comunidad “se arrogará la capacidad de intervenir subsidiariamente en montes privados para acometer labores de prevención cuando su propietario no lo haga”. Asimismo, prohibirá plantar arizónicas y otras especies resinosas en zonas urbano-forestales.
