Quitaba el hipo la corrida de Victorino, harto complicada. Qué sentido desarrolló. Todo el mundo quieto, sin perder de vista las reacciones de la variada corrida, con el denominador común de la casta más dificultosa. Menudos pájaros salieron. De ellos puede hablar Manuel Escribano, que pechó con dos que rozaban el concepto de alimaña. Lo que Planeador anunció con el capote lo confirmó con creces en la muleta. El tipo se jugó el de Gerena, que tragó y robó muletazos con una prenda reponedora y a la caza, siempre en busca de la presa. Qué meritazo, torero. Como mérito tuvo ese violín por los adentros, un par al que le ha cogido el sitio como el tío que coge el sitio en la barra del bar de su barrio. Costoso para banderillear y más costoso aún para torear el cuarto, al que recibió a portagayola. ¡Vaya dos regalitos! Con qué aviesas intenciones quería trincarlo Molesto, que si no lo logró fue por las portentosas facultades de Manuel. Al alcance de muy pocos la lección impartida por Luque al segundo, chiquito pero matón. Cumplió en varas en dos puyazos e incluso acabó derribando al piquero. Cada vez se quedó mas corto en la lidia de Contreras y presto se revolvía en la muleta. Soberbio se llamaba el de la A coronada y soberbio anduvo el torero. A base de confianza, de ponerse en el sitio, lo hipnotizó por ambos lados en una faena in crescendo, rematada a la primera. Largamente se tragó la muerte el victorino, al que arrastraron en medio de una ovación sin la oreja conquistada por Daniel. Se lo pensaba el quinto, el más pesador, pero no pudo resistirse al imán zurdo del sevillano. Casi muerta se la dejaba para embeber despacito la embestida, que apuntó clase por ese lado. Abandonado a derechas, cuando vio que ya no pasaba, se recreó a babor como si navegara en la orilla. ¿Alguna vez le llega el agua al cuello? Sobrado de magisterio y de gusto en una medida obra, recompensada con el trofeo que le abría la puerta grande. Bien se la mereció Aarón Palacio, pero el acero se la cerró en el sexto. Cómo se hundió a la verónica -las verónicas de la feria- el de Biota con el primer victorino de su vida. Prueba de fuego para el maño, que sorprendió y la superó con nota alta. Con ambición había saludado a un Milenario que acusó más el volatín que el puyazo. Tiró de recursos como si fuese un torero experimentado en estas lides -se notaba la mano del Tato- y compuso una faena de listo planteamiento -maravilló la apertura genuflexa, con un cambio de cartel-, siempre en la persecución del temple, con más sabor a izquierdas. Buena condición sacó el victorino, el más ideal del sexteto para un debut. La estocada puso la coda y paseó una oreja de peso.Feria de Valladolid Coso del Paseo de Zorrilla Sábado, 13 de septiembre de 2026. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Victorino Martín, de variada presencia y juego, duros y complicados en general. Manuel Escribano, de verde esmeralda y azabache:estocada caída (saludos); estocada trasera atravesada y descabello (saludos). Daniel Luque, de azul marino y oro: estocada (oreja tras aviso); estocada que escupe y descabello (oreja). Aarón Palacio, de azul pavo y oro: estocada desprendida al encuentro (oreja); estocada baja, estocada trasera y dos descabellos (saludos tras aviso).Con qué desenvoltura ganó terreno hasta los medios con el serio sexto, un cárdeno que se revolvía y con el que había que andar ágil de pies. Centrado en el más atemperado pitón zurdo, regaló algún natural de importancia. Y a pies juntos abrochó con sabor antes de la desatinada espada. Pero su notable imagen ahí quedó. Qué madera de torero más bueno. Quitaba el hipo la corrida de Victorino, harto complicada. Qué sentido desarrolló. Todo el mundo quieto, sin perder de vista las reacciones de la variada corrida, con el denominador común de la casta más dificultosa. Menudos pájaros salieron. De ellos puede hablar Manuel Escribano, que pechó con dos que rozaban el concepto de alimaña. Lo que Planeador anunció con el capote lo confirmó con creces en la muleta. El tipo se jugó el de Gerena, que tragó y robó muletazos con una prenda reponedora y a la caza, siempre en busca de la presa. Qué meritazo, torero. Como mérito tuvo ese violín por los adentros, un par al que le ha cogido el sitio como el tío que coge el sitio en la barra del bar de su barrio. Costoso para banderillear y más costoso aún para torear el cuarto, al que recibió a portagayola. ¡Vaya dos regalitos! Con qué aviesas intenciones quería trincarlo Molesto, que si no lo logró fue por las portentosas facultades de Manuel. Al alcance de muy pocos la lección impartida por Luque al segundo, chiquito pero matón. Cumplió en varas en dos puyazos e incluso acabó derribando al piquero. Cada vez se quedó mas corto en la lidia de Contreras y presto se revolvía en la muleta. Soberbio se llamaba el de la A coronada y soberbio anduvo el torero. A base de confianza, de ponerse en el sitio, lo hipnotizó por ambos lados en una faena in crescendo, rematada a la primera. Largamente se tragó la muerte el victorino, al que arrastraron en medio de una ovación sin la oreja conquistada por Daniel. Se lo pensaba el quinto, el más pesador, pero no pudo resistirse al imán zurdo del sevillano. Casi muerta se la dejaba para embeber despacito la embestida, que apuntó clase por ese lado. Abandonado a derechas, cuando vio que ya no pasaba, se recreó a babor como si navegara en la orilla. ¿Alguna vez le llega el agua al cuello? Sobrado de magisterio y de gusto en una medida obra, recompensada con el trofeo que le abría la puerta grande. Bien se la mereció Aarón Palacio, pero el acero se la cerró en el sexto. Cómo se hundió a la verónica -las verónicas de la feria- el de Biota con el primer victorino de su vida. Prueba de fuego para el maño, que sorprendió y la superó con nota alta. Con ambición había saludado a un Milenario que acusó más el volatín que el puyazo. Tiró de recursos como si fuese un torero experimentado en estas lides -se notaba la mano del Tato- y compuso una faena de listo planteamiento -maravilló la apertura genuflexa, con un cambio de cartel-, siempre en la persecución del temple, con más sabor a izquierdas. Buena condición sacó el victorino, el más ideal del sexteto para un debut. La estocada puso la coda y paseó una oreja de peso.Feria de Valladolid Coso del Paseo de Zorrilla Sábado, 13 de septiembre de 2026. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Victorino Martín, de variada presencia y juego, duros y complicados en general. Manuel Escribano, de verde esmeralda y azabache:estocada caída (saludos); estocada trasera atravesada y descabello (saludos). Daniel Luque, de azul marino y oro: estocada (oreja tras aviso); estocada que escupe y descabello (oreja). Aarón Palacio, de azul pavo y oro: estocada desprendida al encuentro (oreja); estocada baja, estocada trasera y dos descabellos (saludos tras aviso).Con qué desenvoltura ganó terreno hasta los medios con el serio sexto, un cárdeno que se revolvía y con el que había que andar ágil de pies. Centrado en el más atemperado pitón zurdo, regaló algún natural de importancia. Y a pies juntos abrochó con sabor antes de la desatinada espada. Pero su notable imagen ahí quedó. Qué madera de torero más bueno.
Quitaba el hipo la corrida de Victorino, harto complicada. Qué sentido desarrolló. Todo el mundo quieto, sin perder de vista las reacciones de la variada corrida, con el denominador común de la casta más dificultosa. Menudos pájaros salieron. De ellos puede hablar Manuel Escribano, que … pechó con dos que rozaban el concepto de alimaña. Lo que Planeador anunció con el capote lo confirmó con creces en la muleta. El tipo se jugó el de Gerena, que tragó y robó muletazos con una prenda reponedora y a la caza, siempre en busca de la presa. Qué meritazo, torero. Como mérito tuvo ese violín por los adentros, un par al que le ha cogido el sitio como el tío que coge el sitio en la barra del bar de su barrio. Costoso para banderillear y más costoso aún para torear el cuarto, al que recibió a portagayola. ¡Vaya dos regalitos! Con qué aviesas intenciones quería trincarlo Molesto, que si no lo logró fue por las portentosas facultades de Manuel.
Al alcance de muy pocos la lección impartida por Luque al segundo, chiquito pero matón. Cumplió en varas en dos puyazos e incluso acabó derribando al piquero. Cada vez se quedó mas corto en la lidia de Contreras y presto se revolvía en la muleta. Soberbio se llamaba el de la A coronada y soberbio anduvo el torero. A base de confianza, de ponerse en el sitio, lo hipnotizó por ambos lados en una faena in crescendo, rematada a la primera. Largamente se tragó la muerte el victorino, al que arrastraron en medio de una ovación sin la oreja conquistada por Daniel. Se lo pensaba el quinto, el más pesador, pero no pudo resistirse al imán zurdo del sevillano. Casi muerta se la dejaba para embeber despacito la embestida, que apuntó clase por ese lado. Abandonado a derechas, cuando vio que ya no pasaba, se recreó a babor como si navegara en la orilla. ¿Alguna vez le llega el agua al cuello? Sobrado de magisterio y de gusto en una medida obra, recompensada con el trofeo que le abría la puerta grande.
Bien se la mereció Aarón Palacio, pero el acero se la cerró en el sexto. Cómo se hundió a la verónica -las verónicas de la feria- el de Biota con el primer victorino de su vida. Prueba de fuego para el maño, que sorprendió y la superó con nota alta. Con ambición había saludado a un Milenario que acusó más el volatín que el puyazo. Tiró de recursos como si fuese un torero experimentado en estas lides -se notaba la mano del Tato- y compuso una faena de listo planteamiento -maravilló la apertura genuflexa, con un cambio de cartel-, siempre en la persecución del temple, con más sabor a izquierdas. Buena condición sacó el victorino, el más ideal del sexteto para un debut. La estocada puso la coda y paseó una oreja de peso.
Feria de Valladolid
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Coso del Paseo de Zorrilla
Sábado, 13 de septiembre de 2026. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Victorino Martín, de variada presencia y juego, duros y complicados en general.
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Manuel Escribano,
de verde esmeralda y azabache:estocada caída (saludos); estocada trasera atravesada y descabello (saludos). -
Daniel Luque,
de azul marino y oro: estocada (oreja tras aviso); estocada que escupe y descabello (oreja). -
Aarón Palacio,
de azul pavo y oro: estocada desprendida al encuentro (oreja); estocada baja, estocada trasera y dos descabellos (saludos tras aviso).
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Con qué desenvoltura ganó terreno hasta los medios con el serio sexto, un cárdeno que se revolvía y con el que había que andar ágil de pies. Centrado en el más atemperado pitón zurdo, regaló algún natural de importancia. Y a pies juntos abrochó con sabor antes de la desatinada espada. Pero su notable imagen ahí quedó. Qué madera de torero más bueno.
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