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  Cultura  Naomi Watts, premio Donostia 2026: «A medida que me hago mayor, me preocupa menos complacer a los demás»
Cultura

Naomi Watts, premio Donostia 2026: «A medida que me hago mayor, me preocupa menos complacer a los demás»

septiembre 19, 2026
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Naomi Watts recibe en San Sebastián el premio de Honor a una vida a la que le quedan muchas vidas por vivir. Porque la actriz de 57 años está lejos de conformarse. Para empezar, porque todavía le llegan proyectos interesantes como el que presenta en el festival, ‘La esposa perfecta’, donde da vida a una ama de casa de los años sesenta con un oscuro pasado familiar en los campos de concentración nazi; y para continuar, porque todavía tiene mucho por explorar: «En mis inicios decían que más me valía darme prisa porque todo se acaba a los 40 años… y aquí estamos hoy. Ahora tengo casi 60… Creo que las cosas han cambiado», presumió en rueda de prensa. Después, en entrevista con ABC, profundizó: «A medida que me hago mayor, me preocupa menos aparentar o complacer a los demás. Espero que, gracias a mi experiencia al superar momentos difíciles, pueda mostrarme como una persona más auténtica», dijo.Esos momentos difíciles van desde la muerte de su padre, el ‘road manager’ de la banda Pink Floyd que falleció, según medios de la época, por sobredosis cuando Naomi tenía apenas siete años; o las mudanzas familiares que la llevaron de Reino Unido hasta Australia para terminar viviendo, ya de adulta, en Nueva York. «Si hay un tema que se repite a lo largo de mi obra –y creo que lo hay–, está marcado por dos vertientes: el duelo y la identidad, dos aspectos fundamentales de quién soy. Por la muerte de mi padre y las mudanzas siempre he tenido que adaptarme y reinventarme», relata sobre un tipo de vivencias que ha llevado al cine con sus personajes: «Creo que esas tramas son muy conmovedoras y muy humanas. Y aunque intento abordar temas nuevos y distintos, esas son las dos cosas que parecen ser un hilo conductor de mi carrera». Un carrera que esta ciudadana del mundo anglosajón ha moldeado hasta erigirse como una de las actrices más precisas y respetada de su generación. Algo que logra también por su cuidado a la hora de elegir películas, siempre en los límites del Hollywood más autoral. Como el de esta película, ‘La esposa perfecta’, donde el juego de espejos entre las apariencias que exponemos y lo que escondemos en casa (o en la cabeza) sirve para resumir el mundo actual a través de una historia real de los años 60. «Eso es, en cierto modo, lo que me llamó la atención: la dualidad de esta mujer que tenía un pasado atroz, que cometió crímenes de guerra espantosos, pero que, sin embargo, se mostraba ante el mundo como la persona más amable, una buena vecina, alguien que va a la iglesia, que hornea galletas y que cuida de sus amigos y de su marido», explica. El equipo de ‘La esposa perfecta’, en San Sebastián, con banderas de Palestina al fondo. Unos pocos han protestado porque la película cuenta con productores israelíes EPPorque ‘La esposa perfecta’ vuelve a recordar el terror de los campos de concentración y cómo la gente normal, impulsada por el delirio colectivo, pudo cometer atrocidades. Una película que cuenta con productores de Israel , lo que ha provocado que en San Sebastián, detrás del tradicional ‘photocall’, plantaran unas banderas de Palestina y que en el puente del Kursaal algunos desplegaran una pancarta que pedía, directamente, «destruir Israel». «Creo que ahora mismo vivimos en un mundo tremendamente polarizado en el que vemos cómo el odio, de todo tipo, está surgiendo», explicó a ABC el director del filme, Ben Shirinian , que escoltaba en una suite del María Cristina a la premio Donostia. «Me interesaba mucho profundizar en la psicología del odio: cómo se arraiga, cómo puede llegar a normalizarse y qué consecuencias tiene para nosotros como sociedad», añadió el cineasta, que contó que las historias de su familia se le han «grabado» en el ADN. «Vengo de una larga historia de persecución, guerra, supervivencia, resiliencia y también esperanza. Me encanta contar historias que reflejen mi historia, mi pasado. Pero también soy muy optimista. Fue Tolkien quien dijo una vez que, por muy mal que parezca el mundo, siempre habrá esperanza. Estoy de acuerdo con eso».Un papel para la historiaAsentía a su lado Naomi Watts, que se mostró, como es habitual en las estrellas que desfilan por San Sebastián, extremadamente amable y profesional. Verdaderos vendedores del sueño que es el cine y lo que representa. A sus 57 años no se cansa de hacerlo. No es para menos para una actriz a la que se le cerraron todas las puertas hasta que David Lynch le abrió un universo en ‘Mulholland Drive’, hace justo 25 años. Desde entonces, ha trabajado con los más grandes. La lista es increíble: Gore Verbinski, Alejandro González Iñárritu, Annie Leibovitz, Michael Haneke, David Cronenberg, Rodrigo García, Woody Allen, Doug Liman, Clint Eastwood, J.A. Bayona, Noah Baumbach, Gus Van Sant, Adam McKay… pero nadie como Lynch y ‘Mulholland Drive’ en su carrera. «Lynch era mi amigo y mi mentor. Me cambió la vida»«Era mi amigo y mi mentor. Me cambió la vida como artista, pero también como persona», respondió a ABC, y justó dejó de hablar unos segundo al borde del llanto. «Lo siento, no quiero llorar… pero es que realmente creyó en mí cuando nadie más lo hacía. Durante unos diez años solo me decían ‘no’ en los castings: que si no tengo suficiente de esto, no tengo suficiente de aquello. Y era desmoralizador. La verdad es que muchas veces lo intenté y solo quería volver a casa. Pero siempre pensaba: ‘¿Qué otra cosa voy a hacer? Me encanta lo que hago’. Y entonces, una directora de casting a la que había visto un par de veces me dijo que David Lynch estaba en un proceso de selección. Él se guiaba totalmente por su intuición. Recuerdo sentarme en la sala frente a él, y me dijo: ‘¿Cómo estás, Naomi? Cuéntame algo sobre ti’. Y yo pensaba: ‘¿Quieres hablar conmigo? ¿Qué te voy a decir?’. Y le conté mis historias, y pude ver que estaba realmente interesado de verdad. Y creo que todas mis fachadas y máscaras se desvanecieron, y pude entregarme a él. Y me seleccionó al instante. Me transmitió muchísima sabiduría, conocimientos sobre cine, la meditación. Y era tan bondadoso… Tenía un talento increíble, nunca dejó de crear», remató. Naomi Watts recibe en San Sebastián el premio de Honor a una vida a la que le quedan muchas vidas por vivir. Porque la actriz de 57 años está lejos de conformarse. Para empezar, porque todavía le llegan proyectos interesantes como el que presenta en el festival, ‘La esposa perfecta’, donde da vida a una ama de casa de los años sesenta con un oscuro pasado familiar en los campos de concentración nazi; y para continuar, porque todavía tiene mucho por explorar: «En mis inicios decían que más me valía darme prisa porque todo se acaba a los 40 años… y aquí estamos hoy. Ahora tengo casi 60… Creo que las cosas han cambiado», presumió en rueda de prensa. Después, en entrevista con ABC, profundizó: «A medida que me hago mayor, me preocupa menos aparentar o complacer a los demás. Espero que, gracias a mi experiencia al superar momentos difíciles, pueda mostrarme como una persona más auténtica», dijo.Esos momentos difíciles van desde la muerte de su padre, el ‘road manager’ de la banda Pink Floyd que falleció, según medios de la época, por sobredosis cuando Naomi tenía apenas siete años; o las mudanzas familiares que la llevaron de Reino Unido hasta Australia para terminar viviendo, ya de adulta, en Nueva York. «Si hay un tema que se repite a lo largo de mi obra –y creo que lo hay–, está marcado por dos vertientes: el duelo y la identidad, dos aspectos fundamentales de quién soy. Por la muerte de mi padre y las mudanzas siempre he tenido que adaptarme y reinventarme», relata sobre un tipo de vivencias que ha llevado al cine con sus personajes: «Creo que esas tramas son muy conmovedoras y muy humanas. Y aunque intento abordar temas nuevos y distintos, esas son las dos cosas que parecen ser un hilo conductor de mi carrera». Un carrera que esta ciudadana del mundo anglosajón ha moldeado hasta erigirse como una de las actrices más precisas y respetada de su generación. Algo que logra también por su cuidado a la hora de elegir películas, siempre en los límites del Hollywood más autoral. Como el de esta película, ‘La esposa perfecta’, donde el juego de espejos entre las apariencias que exponemos y lo que escondemos en casa (o en la cabeza) sirve para resumir el mundo actual a través de una historia real de los años 60. «Eso es, en cierto modo, lo que me llamó la atención: la dualidad de esta mujer que tenía un pasado atroz, que cometió crímenes de guerra espantosos, pero que, sin embargo, se mostraba ante el mundo como la persona más amable, una buena vecina, alguien que va a la iglesia, que hornea galletas y que cuida de sus amigos y de su marido», explica. El equipo de ‘La esposa perfecta’, en San Sebastián, con banderas de Palestina al fondo. Unos pocos han protestado porque la película cuenta con productores israelíes EPPorque ‘La esposa perfecta’ vuelve a recordar el terror de los campos de concentración y cómo la gente normal, impulsada por el delirio colectivo, pudo cometer atrocidades. Una película que cuenta con productores de Israel , lo que ha provocado que en San Sebastián, detrás del tradicional ‘photocall’, plantaran unas banderas de Palestina y que en el puente del Kursaal algunos desplegaran una pancarta que pedía, directamente, «destruir Israel». «Creo que ahora mismo vivimos en un mundo tremendamente polarizado en el que vemos cómo el odio, de todo tipo, está surgiendo», explicó a ABC el director del filme, Ben Shirinian , que escoltaba en una suite del María Cristina a la premio Donostia. «Me interesaba mucho profundizar en la psicología del odio: cómo se arraiga, cómo puede llegar a normalizarse y qué consecuencias tiene para nosotros como sociedad», añadió el cineasta, que contó que las historias de su familia se le han «grabado» en el ADN. «Vengo de una larga historia de persecución, guerra, supervivencia, resiliencia y también esperanza. Me encanta contar historias que reflejen mi historia, mi pasado. Pero también soy muy optimista. Fue Tolkien quien dijo una vez que, por muy mal que parezca el mundo, siempre habrá esperanza. Estoy de acuerdo con eso».Un papel para la historiaAsentía a su lado Naomi Watts, que se mostró, como es habitual en las estrellas que desfilan por San Sebastián, extremadamente amable y profesional. Verdaderos vendedores del sueño que es el cine y lo que representa. A sus 57 años no se cansa de hacerlo. No es para menos para una actriz a la que se le cerraron todas las puertas hasta que David Lynch le abrió un universo en ‘Mulholland Drive’, hace justo 25 años. Desde entonces, ha trabajado con los más grandes. La lista es increíble: Gore Verbinski, Alejandro González Iñárritu, Annie Leibovitz, Michael Haneke, David Cronenberg, Rodrigo García, Woody Allen, Doug Liman, Clint Eastwood, J.A. Bayona, Noah Baumbach, Gus Van Sant, Adam McKay… pero nadie como Lynch y ‘Mulholland Drive’ en su carrera. «Lynch era mi amigo y mi mentor. Me cambió la vida»«Era mi amigo y mi mentor. Me cambió la vida como artista, pero también como persona», respondió a ABC, y justó dejó de hablar unos segundo al borde del llanto. «Lo siento, no quiero llorar… pero es que realmente creyó en mí cuando nadie más lo hacía. Durante unos diez años solo me decían ‘no’ en los castings: que si no tengo suficiente de esto, no tengo suficiente de aquello. Y era desmoralizador. La verdad es que muchas veces lo intenté y solo quería volver a casa. Pero siempre pensaba: ‘¿Qué otra cosa voy a hacer? Me encanta lo que hago’. Y entonces, una directora de casting a la que había visto un par de veces me dijo que David Lynch estaba en un proceso de selección. Él se guiaba totalmente por su intuición. Recuerdo sentarme en la sala frente a él, y me dijo: ‘¿Cómo estás, Naomi? Cuéntame algo sobre ti’. Y yo pensaba: ‘¿Quieres hablar conmigo? ¿Qué te voy a decir?’. Y le conté mis historias, y pude ver que estaba realmente interesado de verdad. Y creo que todas mis fachadas y máscaras se desvanecieron, y pude entregarme a él. Y me seleccionó al instante. Me transmitió muchísima sabiduría, conocimientos sobre cine, la meditación. Y era tan bondadoso… Tenía un talento increíble, nunca dejó de crear», remató.  

Naomi Watts recibe en San Sebastián el premio de Honor a una vida a la que le quedan muchas vidas por vivir. Porque la actriz de 57 años está lejos de conformarse. Para empezar, porque todavía le llegan proyectos interesantes como el que presenta … en el festival, ‘La esposa perfecta’, donde da vida a una ama de casa de los años sesenta con un oscuro pasado familiar en los campos de concentración nazi; y para continuar, porque todavía tiene mucho por explorar: «En mis inicios decían que más me valía darme prisa porque todo se acaba a los 40 años… y aquí estamos hoy. Ahora tengo casi 60… Creo que las cosas han cambiado», presumió en rueda de prensa. Después, en entrevista con ABC, profundizó: «A medida que me hago mayor, me preocupa menos aparentar o complacer a los demás. Espero que, gracias a mi experiencia al superar momentos difíciles, pueda mostrarme como una persona más auténtica», dijo.

Esos momentos difíciles van desde la muerte de su padre, el ‘road manager’ de la banda Pink Floyd que falleció, según medios de la época, por sobredosis cuando Naomi tenía apenas siete años; o las mudanzas familiares que la llevaron de Reino Unido hasta Australia para terminar viviendo, ya de adulta, en Nueva York. «Si hay un tema que se repite a lo largo de mi obra –y creo que lo hay–, está marcado por dos vertientes: el duelo y la identidad, dos aspectos fundamentales de quién soy. Por la muerte de mi padre y las mudanzas siempre he tenido que adaptarme y reinventarme», relata sobre un tipo de vivencias que ha llevado al cine con sus personajes: «Creo que esas tramas son muy conmovedoras y muy humanas. Y aunque intento abordar temas nuevos y distintos, esas son las dos cosas que parecen ser un hilo conductor de mi carrera».

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Un carrera que esta ciudadana del mundo anglosajón ha moldeado hasta erigirse como una de las actrices más precisas y respetada de su generación. Algo que logra también por su cuidado a la hora de elegir películas, siempre en los límites del Hollywood más autoral. Como el de esta película, ‘La esposa perfecta’, donde el juego de espejos entre las apariencias que exponemos y lo que escondemos en casa (o en la cabeza) sirve para resumir el mundo actual a través de una historia real de los años 60. «Eso es, en cierto modo, lo que me llamó la atención: la dualidad de esta mujer que tenía un pasado atroz, que cometió crímenes de guerra espantosos, pero que, sin embargo, se mostraba ante el mundo como la persona más amable, una buena vecina, alguien que va a la iglesia, que hornea galletas y que cuida de sus amigos y de su marido», explica.

El equipo de 'La esposa perfecta', en San Sebastián, con banderas de Palestina al fondo. Unos pocos han protestado porque la película cuenta con productores israelíes
El equipo de ‘La esposa perfecta’, en San Sebastián, con banderas de Palestina al fondo. Unos pocos han protestado porque la película cuenta con productores israelíes.
(EP)

Porque ‘La esposa perfecta’ vuelve a recordar el terror de los campos de concentración y cómo la gente normal, impulsada por el delirio colectivo, pudo cometer atrocidades. Una película que cuenta con productores de Israel, lo que ha provocado que en San Sebastián, detrás del tradicional ‘photocall’, plantaran unas banderas de Palestina y que en el puente del Kursaal algunos desplegaran una pancarta que pedía, directamente, «destruir Israel». «Creo que ahora mismo vivimos en un mundo tremendamente polarizado en el que vemos cómo el odio, de todo tipo, está surgiendo», explicó a ABC el director del filme, Ben Shirinian, que escoltaba en una suite del María Cristina a la premio Donostia. «Me interesaba mucho profundizar en la psicología del odio: cómo se arraiga, cómo puede llegar a normalizarse y qué consecuencias tiene para nosotros como sociedad», añadió el cineasta, que contó que las historias de su familia se le han «grabado» en el ADN. «Vengo de una larga historia de persecución, guerra, supervivencia, resiliencia y también esperanza. Me encanta contar historias que reflejen mi historia, mi pasado. Pero también soy muy optimista. Fue Tolkien quien dijo una vez que, por muy mal que parezca el mundo, siempre habrá esperanza. Estoy de acuerdo con eso».

Un papel para la historia

Asentía a su lado Naomi Watts, que se mostró, como es habitual en las estrellas que desfilan por San Sebastián, extremadamente amable y profesional. Verdaderos vendedores del sueño que es el cine y lo que representa. A sus 57 años no se cansa de hacerlo. No es para menos para una actriz a la que se le cerraron todas las puertas hasta que David Lynch le abrió un universo en ‘Mulholland Drive’, hace justo 25 años. Desde entonces, ha trabajado con los más grandes. La lista es increíble: Gore Verbinski, Alejandro González Iñárritu, Annie Leibovitz, Michael Haneke, David Cronenberg, Rodrigo García, Woody Allen, Doug Liman, Clint Eastwood, J.A. Bayona, Noah Baumbach, Gus Van Sant, Adam McKay… pero nadie como Lynch y ‘Mulholland Drive’ en su carrera.

«Lynch era mi amigo y mi mentor. Me cambió la vida»

«Era mi amigo y mi mentor. Me cambió la vida como artista, pero también como persona», respondió a ABC, y justó dejó de hablar unos segundo al borde del llanto. «Lo siento, no quiero llorar… pero es que realmente creyó en mí cuando nadie más lo hacía. Durante unos diez años solo me decían ‘no’ en los castings: que si no tengo suficiente de esto, no tengo suficiente de aquello. Y era desmoralizador. La verdad es que muchas veces lo intenté y solo quería volver a casa. Pero siempre pensaba: ‘¿Qué otra cosa voy a hacer? Me encanta lo que hago’. Y entonces, una directora de casting a la que había visto un par de veces me dijo que David Lynch estaba en un proceso de selección. Él se guiaba totalmente por su intuición. Recuerdo sentarme en la sala frente a él, y me dijo: ‘¿Cómo estás, Naomi? Cuéntame algo sobre ti’. Y yo pensaba: ‘¿Quieres hablar conmigo? ¿Qué te voy a decir?’. Y le conté mis historias, y pude ver que estaba realmente interesado de verdad. Y creo que todas mis fachadas y máscaras se desvanecieron, y pude entregarme a él. Y me seleccionó al instante. Me transmitió muchísima sabiduría, conocimientos sobre cine, la meditación. Y era tan bondadoso… Tenía un talento increíble, nunca dejó de crear», remató.

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