
“No es mi mujer, es Begoña Gómez”. “No es mi hermano, es David Sánchez”. Y así, amigas, se resume un poco la cosa de hoy, que fue la comparecencia del marido y hermano, de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, del presidente del Gobierno de España, para hacer balance del curso escolar. Ese curso que sabe él como sabemos todas que no acaba hoy, aunque al finalizar nos haya deseado unas buenas vacaciones.
Hubo algo en la comparecencia del presidente del Gobierno de bronca de padre, que lo es también
“No es mi mujer, es Begoña Gómez”. “No es mi hermano, es David Sánchez”. Y así, amigas, se resume un poco la cosa de hoy, que fue la comparecencia del marido y hermano, de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, del presidente del Gobierno de España, para hacer balance del curso escolar. Ese curso que sabe él como sabemos todas que no acaba hoy, aunque al finalizar nos haya deseado unas buenas vacaciones.
Había empezado como suele, con unas maneras formalísimas, una vez echada a la lavadora esa colección de camisas azules para las comparecencias sin atril, diciendo que iba a informar de forma veraz frente a los bulos. Habló de los ocho incendios que permanecen activos, trasladó “apoyo, empatía y comprensión” a familias, servidores públicos, y afirmó que la intención es estar todo el tiempo y con todos los recursos puestos en eso, en apagar el fuego.
Hubo algo en esta comparecencia de bronca de padre, que lo es también, además de marido y hermano. Recordó por enésima vez —y las que le quedan— que “la emergencia climática se está agravando año tras año”. “Si pudiera hacer una petición que pudiera resonar, un único reclamo, es que el negacionismo climático es el peor de los combustibles”, añadió. Aunque pareciera que lo que quería decir, porque ha podido salir de Cuatro Caminos, pero Cuatro Caminos no ha salido de él, es un “joder, mira que os lo tengo dicho, niño, y seguís sin hacerme puñetero caso”. Le gustó el último sujeto y predicado, porque lo mencionó en otra ocasión minutos después. Más que las palabras corrupción y vivienda —hubo que esperar a las 12:58 para que se hablara de una de las máximas urgencias del país—, a las que les dedicó lo justo. Tan breve como lo que dura una llamada perdida.
La comparecencia fue de menos a más, pero eso también él lo sabía. Lleva años suficientes de gobierno como para saber que comparecencias como las de hoy suelen ser largas, están llenas de papeles y de datos y hay que mantener un tono monocorde. Con alusiones a personas y a empresas, a leyes y a planes, a competencias y a los “fondos Next”, y que tocará lanzar de vez en cuando una mirada lateral porque para eso un equipo de personas a su cargo ha preparado un PowerPoint con gráficos, cosa que ya de por sí me parece meritoria. “Siento mucho extenderme”, afirmó a las 13:06 de la tarde. Porque dejó lo mollar para el final. Cuando los colegas de oficio presentes en Moncloa empezaron a disparar preguntas.
Primero fueron los incendios y ese otro incendio tan inesperado llamado José Luis Rodríguez Zapatero. Vinieron los Presupuestos y la legislatura y lo que había dicho esta mañana de martes la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, durante una entrevista en la Cadena Ser. Y hubo hueco también para un pacto de Estado y la posibilidad de que Pedro llame a Alberto y esta vez sí que sí sean capaces de tomarse un rooibos.
Pero vinieron los asuntos judiciales y personales, los que atañen a dos personas de su familia. Y ahí fue entonces cuando alargó la columna vertebral, miró a los ojos de los presentes y decidió amputar, por un momento, las emociones, o quizá su propia sombra, tan alargada. No es la madre de sus hijas ni esa persona con la que comparte padre y madre. Es una mujer a la que conoció cuando ya tenía cotizados años de vida laboral. Es un hombre que habla no sé cuántos idiomas y tiene un currículo propio. “Han estudiado y trabajado toda su vida”, dijo muy serio. Y supo ahí que sería eso lo que saldrá hoy de esa hora y pico de comparecencia, porque nadie iba a preguntar por los fondos europeos ni España como país de acogida. Con lo bien que había quedado lo del negacionismo climático y el combustible. Con la buena noticia de la tasa de paro. Sonrió al acabar y siguió con ese gesto cuando fue a saludar a Carlos Cuerpo. Ya sabe con qué vamos a titular casi todos. Maldita previsibilidad.
