Pablo, a quien conocí hace ya más de dos décadas, me sucedió en la dirección ejecutiva de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada ( FEDEA ), a la que se dedicó en cuerpo y alma para acabar llevándola muy alto. Reunía entre sus capacidades las de escuchar con atención, analizar con criterio, gestionar con decisión y asumir retos con ambición y osadía medidas. Era, además, una persona deliciosa, familiar y atenta. Creía en España y navegó por los aledaños de la política sin implicarse demasiado en ese afán, desde luego, en el tiempo que estuvo al frente de FEDEA. Siempre creí que Pablo era un político convencido de que la política es una misión noble a la que no se podía dedicar uno si el ambiente no era el adecuado. Nunca lo fue en las últimas dos décadas y Pablo optó por hacer grande a FEDEA cuando el Comité Científico y el Patronado de FEDEA le ofrecieron la dirección ejecutiva de la entidad ante mi inminente salida hacia otro destino profesional.Circunstancias personales previas, nos unieron en una relación frecuente, que se acrecentó cuando, tras su nombramiento, pudimos compartir puntos de vista y momentos personales y familiares con José Luis Malo de Molina (siempre en el recuerdo, también), en aquella época presidente del Comité Científico de FEDEA en su calidad de Director General del Servicio de Estudios del Banco de España.Pablo era un hombre político, conservador y reformista. Esto, tal y como él lo entendía y explicaba, no era contradictorio. Todo lo contrario, era la vía que nuestro país necesitaba para abrir nuevas opciones políticas tras la alternancia post-transición. El ambiente no era el adecuado, y nunca lo ha vuelto a ser y un político como él no hubiera tenido cabida ni hubiese prosperado. Había que esperar. No podíamos imaginar que él pasaría antes de que le llegase el momento propicio.Recordar a Pablo, el amigo, el colega, y recordar la esperanza que encarnaba, alivia el dolor que sentimos por su pérdida. Recordarle nos lleva a esperar que su forma de ser, su sentido del deber y su lealtad a los ideales que nos caracterizan como personas y como sociedad no fueran solo suyos, sino que muchos y muchas los posean también y que nosotros y nuestros hijos los veremos un día en plena vigencia. Pablo, descansa en paz.José Antonio Herce es Dr. en economía y Socio fundador de LoRIS Pablo, a quien conocí hace ya más de dos décadas, me sucedió en la dirección ejecutiva de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada ( FEDEA ), a la que se dedicó en cuerpo y alma para acabar llevándola muy alto. Reunía entre sus capacidades las de escuchar con atención, analizar con criterio, gestionar con decisión y asumir retos con ambición y osadía medidas. Era, además, una persona deliciosa, familiar y atenta. Creía en España y navegó por los aledaños de la política sin implicarse demasiado en ese afán, desde luego, en el tiempo que estuvo al frente de FEDEA. Siempre creí que Pablo era un político convencido de que la política es una misión noble a la que no se podía dedicar uno si el ambiente no era el adecuado. Nunca lo fue en las últimas dos décadas y Pablo optó por hacer grande a FEDEA cuando el Comité Científico y el Patronado de FEDEA le ofrecieron la dirección ejecutiva de la entidad ante mi inminente salida hacia otro destino profesional.Circunstancias personales previas, nos unieron en una relación frecuente, que se acrecentó cuando, tras su nombramiento, pudimos compartir puntos de vista y momentos personales y familiares con José Luis Malo de Molina (siempre en el recuerdo, también), en aquella época presidente del Comité Científico de FEDEA en su calidad de Director General del Servicio de Estudios del Banco de España.Pablo era un hombre político, conservador y reformista. Esto, tal y como él lo entendía y explicaba, no era contradictorio. Todo lo contrario, era la vía que nuestro país necesitaba para abrir nuevas opciones políticas tras la alternancia post-transición. El ambiente no era el adecuado, y nunca lo ha vuelto a ser y un político como él no hubiera tenido cabida ni hubiese prosperado. Había que esperar. No podíamos imaginar que él pasaría antes de que le llegase el momento propicio.Recordar a Pablo, el amigo, el colega, y recordar la esperanza que encarnaba, alivia el dolor que sentimos por su pérdida. Recordarle nos lleva a esperar que su forma de ser, su sentido del deber y su lealtad a los ideales que nos caracterizan como personas y como sociedad no fueran solo suyos, sino que muchos y muchas los posean también y que nosotros y nuestros hijos los veremos un día en plena vigencia. Pablo, descansa en paz.José Antonio Herce es Dr. en economía y Socio fundador de LoRIS
Pablo, a quien conocí hace ya más de dos décadas, me sucedió en la dirección ejecutiva de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), a la que se dedicó en cuerpo y alma para acabar llevándola muy alto. Reunía entre sus capacidades las … de escuchar con atención, analizar con criterio, gestionar con decisión y asumir retos con ambición y osadía medidas. Era, además, una persona deliciosa, familiar y atenta.
Creía en España y navegó por los aledaños de la política sin implicarse demasiado en ese afán, desde luego, en el tiempo que estuvo al frente de FEDEA. Siempre creí que Pablo era un político convencido de que la política es una misión noble a la que no se podía dedicar uno si el ambiente no era el adecuado. Nunca lo fue en las últimas dos décadas y Pablo optó por hacer grande a FEDEA cuando el Comité Científico y el Patronado de FEDEA le ofrecieron la dirección ejecutiva de la entidad ante mi inminente salida hacia otro destino profesional.
Circunstancias personales previas, nos unieron en una relación frecuente, que se acrecentó cuando, tras su nombramiento, pudimos compartir puntos de vista y momentos personales y familiares con José Luis Malo de Molina (siempre en el recuerdo, también), en aquella época presidente del Comité Científico de FEDEA en su calidad de Director General del Servicio de Estudios del Banco de España.
Pablo era un hombre político, conservador y reformista. Esto, tal y como él lo entendía y explicaba, no era contradictorio. Todo lo contrario, era la vía que nuestro país necesitaba para abrir nuevas opciones políticas tras la alternancia post-transición. El ambiente no era el adecuado, y nunca lo ha vuelto a ser y un político como él no hubiera tenido cabida ni hubiese prosperado. Había que esperar. No podíamos imaginar que él pasaría antes de que le llegase el momento propicio.
Recordar a Pablo, el amigo, el colega, y recordar la esperanza que encarnaba, alivia el dolor que sentimos por su pérdida. Recordarle nos lleva a esperar que su forma de ser, su sentido del deber y su lealtad a los ideales que nos caracterizan como personas y como sociedad no fueran solo suyos, sino que muchos y muchas los posean también y que nosotros y nuestros hijos los veremos un día en plena vigencia.
Pablo, descansa en paz.
José Antonio Herce
es Dr. en economía y Socio fundador de LoRIS
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