Péter Magyar admiraba a Viktor Orbán. En su habitación en Budapest, cuando era joven, tenía un póster del primer ministro ultraconservador húngaro. Más tarde se forjó social y políticamente en Fidesz, el partido de Orbán. Pero hace dos años dio un portazo, ventiló secretos de la cúpula y comenzó su meteorítica carrera política. Este domingo, una mayoría social, en buena parte opuesta a él ideológicamente, ha elegido a este abogado de 45 años para derrumbar el búnker construido durante 16 años por el dirigente nacionalpopulista, su antiguo líder.
El abogado húngaro ha movilizado a una mayoría social de ideología diversa que apostó por él como única herramienta disponible para derrumbar el sistema desde dentro
Péter Magyar admiraba a Viktor Orbán. En su habitación en Budapest, cuando era joven, tenía un póster del primer ministro ultraconservador húngaro. Más tarde se forjó social y políticamente en Fidesz, el partido de Orbán. Pero hace dos años dio un portazo, ventiló secretos de la cúpula y comenzó su meteorítica carrera política. Este domingo, una mayoría social, en buena parte opuesta a él ideológicamente, ha elegido a este abogado de 45 años para derrumbar el búnker construido durante 16 años por el dirigente nacionalpopulista, su antiguo líder.
Magyar es élite. Su padre era abogado, su madre tuvo cargos destacados en el Tribunal Supremo y su hermana es jueza. Ferenc Mádl, presidente de Hungría entre 2000 y 2005, era hermano de su abuela. Y su abuelo fue Pál Eross, un conocido presentador que daba asesoramiento jurídico en la televisión.
En una estancia en Alemania en sus años de estudiante de derecho trabó una estrecha amistad con Gergely Gulyás. Hoy Gulyás es el jefe de gabinete de Orbán. Cuando estaba en la universidad empezó a salir con Judit Varga. Se casaron en 2006 y vivieron en Bruselas: ella como eurodiputada de Fidesz, él en la representación permanente de Hungría ante la UE. Magyar tuvo varios cargos intermedios en organismos controlados por Fidesz, pero nunca alcanzó la cúpula.
Orbán nombró a Varga ministra de la UE en 2018, y entre 2019 y 2023 ella ocupó la cartera de Justicia. En su mandato, la madre de Magyar fue nombrada vicepresidenta del poder judicial.
“Un poco de nepotismo”, comenta con ironía una persona que compartió tres años de formación en los juzgados con Magyar y que prefiere mantener el anonimato. “Le gustaba discutir con los jueces veteranos, pero no tenía nada especial; nunca habría pensado que pudiese llegar tan lejos”, añade.
Que sea un producto de Fidesz ha dado a Magyar credibilidad entre los votantes para enfrentarse a Orbán. Conoce las estrategias, las trampas y los trapos sucios de la cúpula que ha gobernado el país con mano de hierro durante 16 años. Magyar funciona de modo parecido. Es estratégico, es controlador y mide cada paso que dan él y los suyos.
En un vídeo de campaña compartió un plan con ecos maquiavélicos para acorralar en el hemiciclo del Parlamento Europeo, en 2024 a Viktor Orbán y su equipo más cercano, sus antiguos colegas. Quería obligar al primer ministro a hacer algo que nunca ha hecho con miembros de la oposición: darle la mano. Lo logró. La cara de sorpresa Orbán era evidente.
Magyar ha expresado desdén hacia los partidos de la oposición tradicional. Prefirió montar una nueva formación que sumarse a alguno de ellos. Prácticamente la totalidad de la constelación de pequeñas formaciones que en las elecciones de 2022 se unieron para enfrentarse al sistema electoral de Orbán, consciente de su debilidad por separado, se ha retirado para allanarle el camino al candidato.
Tisza (acrónimo de Partido del Respeto y la Libertad, y a la vez, el nombre del segundo río más importante de Hungría) está formado por militantes de todo el espectro político. Magyar ha reunido un equipo de especialistas a su alrededor, con figuras reconocidas como la experta en política exterior Anita Orbán (sin relación con el primer ministro) y el exdirectivo de Shell István Kapitány.
Ideológicamente, el ganador de este domingo se parece más a Fidesz que a sus propios votantes. A diferencia de la oposición tradicional, se ha reapropiado de símbolos patriotas y ultraconservadores que Orbán había monopolizado, como la bandera nacional, el himno y el lema Dios, patria y familia. Su apellido, que significa Húngaro, encaja con su perfil nacionalista.
Ha evitado activamente pronunciarse sobre temas como los derechos de las personas LGTBI, pero es poco probable que dé un giro de 180º respecto a Fidesz. Tampoco en asuntos como la inmigración. Es proeuropeo pero soberanista. No es anti-Ucrania, aunque tampoco la apoyará activamente. No es proputin y, sin embargo, no cortará relaciones con Rusia.
Solo el 11% de sus seguidores se identifican como conservadores. El 43% se declara liberal y un tercio, de izquierda y verdes. Orbán es más popular que su partido entre su base. Con Magyar pasa al revés. Muchos de quienes le han votado este domingo rechazan su personalidad, su pasado, el machismo violento del que le acusó su exesposa y su forma de relacionarse. No les convence su agresividad, su ideología, el control que ejerce sobre el partido y sus reacciones ante las críticas. Pero a la vez, consideran que esas cualidades son precisamente las que hacían falta para vencer a Orbán.
Ese objetivo ya lo ha conseguido. Pueblo a pueblo, en una campaña infatigable con hasta seis mítines diarios, ha logrado que los húngaros le confíen su apoyo para desmontar el sistema de Orbán. No era sencillo. El sistema electoral está diseñado al milímetro para favorecer a Fidesz.
Ahora tendrá que emplear sus dotes de jurista para deshacer un sistema corrupto que blinda el poder capilar del partido de Orbán en las instituciones, los medios y la economía. Cómo gobernará el país y su partido, Tisza, alguien que se ha forjado en Fidesz genera dudas razonables en algunos analistas.
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