Donald Trump ha doblegado a los republicanos que le querían dar por muerto tras el asalto al Capitolio, a los mandatarios de países aliados a los que ha atizado con aranceles y amenazas , a los magnates que le condenaban y ahora peregrinan a su mansión en Florida … Pero ha aparecido alguien inesperado dispuesto a dar batalla: Jerome Powell. El presidente de la Fed ha respondido con fuerza ante la investigación criminal abierta contra él por la fiscalía de Trump, después de negarse a plegarse ante sus exigencias en política monetaria.Desde el primer mandato del multimillonario neoyorquino, Powell ha toreado las presiones , insultos y amenazas de Trump, que busca imponer a la Fed la política monetaria que le interesa. Ese asalto se ha vuelto insoportable en el último año, en el que Trump ha amagado con despedir a Powell -además de dedicarle exabruptos de todos los colores- para obligarle a impulsar bajadas de tipos de interés más aceleradas. El presidente de EE.UU. quiere gasolina en la economía de la primera potencia mundial, donde la ‘edad dorada’ que prometió no acaba de producirse. La Fed, aunque ha bajado los tipos en las tres últimas reuniones, obra con mayor cautela por el impacto que puede tener en la inflación .Esa campaña de Trump atenta a un pilar de la Fed: su independencia. La institución está diseñada para actuar al margen de los intereses políticos, con el único objetivo de preservar la estabilidad y el progreso económico del país a largo plazo. Trump, en un regreso al poder marcado por una tensión autoritaria , ha tratado de doblegar a la Fed por varios frentes: las presiones a Powell, el despido de una gobernadora -Lisa Cook-, la colocación de un asesor económico en la Casa Blanca -Stephen Miran- como asesor… Y, por fin, la apertura de una investigación criminal contra Powell, el paso previo a una imputación. Algo sin precedentes para un presidente de la Fed.El ataque lo ha impulsado la fiscalía federal del Distrito de Columbia , dirigido por Jeanine Pirro, una exjueza y presentadora de televisión muy afín a Trump, a la que el presidente sacó de los platós para este cargo. El motivo de la investigación son los sobrecostes por una renovación multimillonaria de la sede de la Fed en Washington y el posible falso testimonio que Powell realizó al respecto en una comparecencia ante el Congreso.Powell se plantó frente a la apertura de la investigación y combatió la idea de que tenga que ver con esa renovación de la sede. «Eso son pretextos», defendió. «La amenaza de imputación penal es consecuencia de las decisiones de la Reserva Federal sobre tipos de interés basadas en nuestro mejor análisis de qué es lo mejor para el interés público, y no de seguir las preferencias del presidente».Powell hizo esta defensa en un formato extraordinario, con un discurso por vídeo compartido el domingo por la noche. La Fed había recibido los primeros requerimientos para la investigación de la fiscalía y Powell meditó todo el fin de semana qué hacer al respecto. Por fin, decidió dejar de esquivar los ataques de Trump y enfrentarse a él.«Esto tiene que ver con si la Fed seguirá teniendo la capacidad de situar los tipos basándose en las evidencias y en las condiciones económicas, o si, al contrario, la política monetaria será impuesta por presiones políticas o intimidación», dijo Powell, que se mostró decidido a no dejar su cargo, como busca Trump, que expira el próximo 15 de mayo.Es importante saber qué hará después. Porque su mandato como uno de los gobernadores de la Fed se extiende hasta 2028 . Muchos presidentes han abandonado también el cargo de gobernador al dejar la presidencia. Pero Powell sabe bien que Trump ocupará su vacante con un acólito que siga sus órdenes. De momento, ha advertido que el «servicio público a veces requiere mantenerte firme ante amenazas».La investigación criminal de Powell también proyecta una sombra sobre su sucesor. Trump anunciará su nominado este mes y, por si quedaba alguna duda, cualquiera que tome su puesto ya sabe qué futuro le espera si no obedece.Los ex presidentes de la Reserva Federal creen que se trata de un «intento sin precedentes de atacar la independencia del regulador»El episodio ha sido recibido con consternación en EE.UU. Los tres expresidentes de la Fed en vida -Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen- criticaron la investigación a Powell como «un intento sin precedentes de usar la fiscalía para atacar la independencia» del regulador . Fue en una carta pública , firmada también por exsecretarios del Tesoro tanto demócratas como republicanos, en la que aseguraron que las presiones de Trump «es como la política monetaria se hace en mercados emergentes con instituciones débiles, con consecuencias muy negativas para la inflación y para el funcionamiento de su economía».Los mercados reaccionaron con preocupación a la noticia: oscilaciones en Bolsa, caída del dólar y récord para el oro, un valor refugio. Donald Trump ha doblegado a los republicanos que le querían dar por muerto tras el asalto al Capitolio, a los mandatarios de países aliados a los que ha atizado con aranceles y amenazas , a los magnates que le condenaban y ahora peregrinan a su mansión en Florida … Pero ha aparecido alguien inesperado dispuesto a dar batalla: Jerome Powell. El presidente de la Fed ha respondido con fuerza ante la investigación criminal abierta contra él por la fiscalía de Trump, después de negarse a plegarse ante sus exigencias en política monetaria.Desde el primer mandato del multimillonario neoyorquino, Powell ha toreado las presiones , insultos y amenazas de Trump, que busca imponer a la Fed la política monetaria que le interesa. Ese asalto se ha vuelto insoportable en el último año, en el que Trump ha amagado con despedir a Powell -además de dedicarle exabruptos de todos los colores- para obligarle a impulsar bajadas de tipos de interés más aceleradas. El presidente de EE.UU. quiere gasolina en la economía de la primera potencia mundial, donde la ‘edad dorada’ que prometió no acaba de producirse. La Fed, aunque ha bajado los tipos en las tres últimas reuniones, obra con mayor cautela por el impacto que puede tener en la inflación .Esa campaña de Trump atenta a un pilar de la Fed: su independencia. La institución está diseñada para actuar al margen de los intereses políticos, con el único objetivo de preservar la estabilidad y el progreso económico del país a largo plazo. Trump, en un regreso al poder marcado por una tensión autoritaria , ha tratado de doblegar a la Fed por varios frentes: las presiones a Powell, el despido de una gobernadora -Lisa Cook-, la colocación de un asesor económico en la Casa Blanca -Stephen Miran- como asesor… Y, por fin, la apertura de una investigación criminal contra Powell, el paso previo a una imputación. Algo sin precedentes para un presidente de la Fed.El ataque lo ha impulsado la fiscalía federal del Distrito de Columbia , dirigido por Jeanine Pirro, una exjueza y presentadora de televisión muy afín a Trump, a la que el presidente sacó de los platós para este cargo. El motivo de la investigación son los sobrecostes por una renovación multimillonaria de la sede de la Fed en Washington y el posible falso testimonio que Powell realizó al respecto en una comparecencia ante el Congreso.Powell se plantó frente a la apertura de la investigación y combatió la idea de que tenga que ver con esa renovación de la sede. «Eso son pretextos», defendió. «La amenaza de imputación penal es consecuencia de las decisiones de la Reserva Federal sobre tipos de interés basadas en nuestro mejor análisis de qué es lo mejor para el interés público, y no de seguir las preferencias del presidente».Powell hizo esta defensa en un formato extraordinario, con un discurso por vídeo compartido el domingo por la noche. La Fed había recibido los primeros requerimientos para la investigación de la fiscalía y Powell meditó todo el fin de semana qué hacer al respecto. Por fin, decidió dejar de esquivar los ataques de Trump y enfrentarse a él.«Esto tiene que ver con si la Fed seguirá teniendo la capacidad de situar los tipos basándose en las evidencias y en las condiciones económicas, o si, al contrario, la política monetaria será impuesta por presiones políticas o intimidación», dijo Powell, que se mostró decidido a no dejar su cargo, como busca Trump, que expira el próximo 15 de mayo.Es importante saber qué hará después. Porque su mandato como uno de los gobernadores de la Fed se extiende hasta 2028 . Muchos presidentes han abandonado también el cargo de gobernador al dejar la presidencia. Pero Powell sabe bien que Trump ocupará su vacante con un acólito que siga sus órdenes. De momento, ha advertido que el «servicio público a veces requiere mantenerte firme ante amenazas».La investigación criminal de Powell también proyecta una sombra sobre su sucesor. Trump anunciará su nominado este mes y, por si quedaba alguna duda, cualquiera que tome su puesto ya sabe qué futuro le espera si no obedece.Los ex presidentes de la Reserva Federal creen que se trata de un «intento sin precedentes de atacar la independencia del regulador»El episodio ha sido recibido con consternación en EE.UU. Los tres expresidentes de la Fed en vida -Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen- criticaron la investigación a Powell como «un intento sin precedentes de usar la fiscalía para atacar la independencia» del regulador . Fue en una carta pública , firmada también por exsecretarios del Tesoro tanto demócratas como republicanos, en la que aseguraron que las presiones de Trump «es como la política monetaria se hace en mercados emergentes con instituciones débiles, con consecuencias muy negativas para la inflación y para el funcionamiento de su economía».Los mercados reaccionaron con preocupación a la noticia: oscilaciones en Bolsa, caída del dólar y récord para el oro, un valor refugio.
Donald Trump ha doblegado a los republicanos que le querían dar por muerto tras el asalto al Capitolio, a los mandatarios de países aliados a los que ha atizado con aranceles y amenazas, a los magnates que le condenaban y ahora peregrinan a su mansión en Florida … … Pero ha aparecido alguien inesperado dispuesto a dar batalla: Jerome Powell. El presidente de la Fed ha respondido con fuerza ante la investigación criminal abierta contra él por la fiscalía de Trump, después de negarse a plegarse ante sus exigencias en política monetaria.
Desde el primer mandato del multimillonario neoyorquino, Powell ha toreado las presiones, insultos y amenazas de Trump, que busca imponer a la Fed la política monetaria que le interesa. Ese asalto se ha vuelto insoportable en el último año, en el que Trump ha amagado con despedir a Powell -además de dedicarle exabruptos de todos los colores- para obligarle a impulsar bajadas de tipos de interés más aceleradas. El presidente de EE.UU. quiere gasolina en la economía de la primera potencia mundial, donde la ‘edad dorada’ que prometió no acaba de producirse. La Fed, aunque ha bajado los tipos en las tres últimas reuniones, obra con mayor cautela por el impacto que puede tener en la inflación.
Esa campaña de Trump atenta a un pilar de la Fed: su independencia. La institución está diseñada para actuar al margen de los intereses políticos, con el único objetivo de preservar la estabilidad y el progreso económico del país a largo plazo.
Trump, en un regreso al poder marcado por una tensión autoritaria, ha tratado de doblegar a la Fed por varios frentes: las presiones a Powell, el despido de una gobernadora -Lisa Cook-, la colocación de un asesor económico en la Casa Blanca -Stephen Miran- como asesor… Y, por fin, la apertura de una investigación criminal contra Powell, el paso previo a una imputación. Algo sin precedentes para un presidente de la Fed.
El ataque lo ha impulsado la fiscalía federal del Distrito de Columbia, dirigido por Jeanine Pirro, una exjueza y presentadora de televisión muy afín a Trump, a la que el presidente sacó de los platós para este cargo. El motivo de la investigación son los sobrecostes por una renovación multimillonaria de la sede de la Fed en Washington y el posible falso testimonio que Powell realizó al respecto en una comparecencia ante el Congreso.
Powell se plantó frente a la apertura de la investigación y combatió la idea de que tenga que ver con esa renovación de la sede. «Eso son pretextos», defendió. «La amenaza de imputación penal es consecuencia de las decisiones de la Reserva Federal sobre tipos de interés basadas en nuestro mejor análisis de qué es lo mejor para el interés público, y no de seguir las preferencias del presidente».
Powell hizo esta defensa en un formato extraordinario, con un discurso por vídeo compartido el domingo por la noche. La Fed había recibido los primeros requerimientos para la investigación de la fiscalía y Powell meditó todo el fin de semana qué hacer al respecto. Por fin, decidió dejar de esquivar los ataques de Trump y enfrentarse a él.
«Esto tiene que ver con si la Fed seguirá teniendo la capacidad de situar los tipos basándose en las evidencias y en las condiciones económicas, o si, al contrario, la política monetaria será impuesta por presiones políticas o intimidación», dijo Powell, que se mostró decidido a no dejar su cargo, como busca Trump, que expira el próximo 15 de mayo.
Es importante saber qué hará después. Porque su mandato como uno de los gobernadores de la Fed se extiende hasta 2028. Muchos presidentes han abandonado también el cargo de gobernador al dejar la presidencia. Pero Powell sabe bien que Trump ocupará su vacante con un acólito que siga sus órdenes. De momento, ha advertido que el «servicio público a veces requiere mantenerte firme ante amenazas».
La investigación criminal de Powell también proyecta una sombra sobre su sucesor. Trump anunciará su nominado este mes y, por si quedaba alguna duda, cualquiera que tome su puesto ya sabe qué futuro le espera si no obedece.
Los ex presidentes de la Reserva Federal creen que se trata de un «intento sin precedentes de atacar la independencia del regulador»
El episodio ha sido recibido con consternación en EE.UU. Los tres expresidentes de la Fed en vida -Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen- criticaron la investigación a Powell como «un intento sin precedentes de usar la fiscalía para atacar la independencia» del regulador. Fue en una carta pública, firmada también por exsecretarios del Tesoro tanto demócratas como republicanos, en la que aseguraron que las presiones de Trump «es como la política monetaria se hace en mercados emergentes con instituciones débiles, con consecuencias muy negativas para la inflación y para el funcionamiento de su economía».
Los mercados reaccionaron con preocupación a la noticia: oscilaciones en Bolsa, caída del dólar y récord para el oro, un valor refugio.
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