Cuando el columnista de ‘The Washington Post’ David Von Drehle se mudó a Kansas buscando una vida más tranquila, se topó con su vecino centenario , lavando el coche en la puerta de su casa vestido exclusivamente con un bañador viejo . Su olfato de escritor -es autor de varios superventas en Estados Unidos- le dijo que ahí había una buena historia y decidió seguir el rastro. Charlie White no le defraudó. ‘Lo que aprendí sobre la felicidad’ (Maeva) es el resultado. Von Drehle conoció a White en 2007, cuando tenía 102 años. Murió en 2014. Durante ese tiempo, se dio cuenta de que Charlie no era un superviviente. No solo vivía. Vivía con alegría . Quiso saber el porqué y el cómo; intuyó que su actitud encerraba algo esencial y eso era algo que quería transmitir a sus hijos. En mitad de la incertidumbre y los malos presagios que ensombrecen el futuro de las nuevas generaciones, qué mejor que mostrarles la travesía de un hombre a través de un siglo de cambios a los que logró adaptarse. Noticia Relacionada estandar No Los más jóvenes apuestan por la Bolsa ante la falta de futuro: 1 de cada 5 inversores pertenece ya a la generación Z Jordi Martínez Los inversores de entre 18 y 24 años se han duplicado en solo dos años y el 74% cree que vivirán peor que sus padresCharlie fue uno de los últimos estadounidenses que podían describir cómo era conducir un automóvil antes de que existieran las carreteras, uno de los últimos que se maravillaron cuando las imágenes se movieron por primera vez en una pantalla. Nació antes de la creación de la radio , pero aprendió a usar el móvil; se formó en medicina cuando no existían los antibióticos pero improvisó técnicas para las primeras cirugías a corazón abierto. Vio cómo las mujeres pasaron de no poder votar a dirigir empresas y gobiernos; vivió de Theodore Roosevelt a Barack Obama . Pese a que fue testigo de la política de los años veinte y treinta, marcada por divisiones extremas y una sensación general de desmoralización, no llegó ver cómo Donald Trump ocupaba el Despacho Oval ni cómo los cimientos de la geoestrategia mundial comenzaron a tambalearse desde entonces. «Era un hombre amable y gentil, así que creo que se habría sentido decepcionado por el tono de la política actual. Al mismo tiempo, su vasta experiencia le daba una ecuanimidad ante los acontecimientos que muchos de nosotros no tenemos. Creo que se habría entristecido, pero no le habría sorprendido», indica a ABC el periodista.Aceptar lo que no se puede controlar y centrarse en las propias acciones es el Padre Nuestro del estoicismo . Por ello, aunque Charlie siempre negó tener una filosofía de vida, Von Drehle lo describe como un gran ejemplo, pese a la mala fama que persigue a esta corriente. «La gente piensa que implica distancia emocional, indiferencia, frialdad. Nada más lejos de la realidad. El estoicismo es la filosofía de la libertad, y la libertad puede ser una fuente de gran felicidad , calidez y expresión personal. Nos libera de la ansiedad (que es el deseo de controlar el futuro) y de la depresión (que es el deseo de deshacer el pasado). Nos concentra en el momento presente , que es el único momento en el que podemos influir», afirma el escritor.En un momento marcado por la sensación de falta de control, la actitud paciente frente a los cambios de White es una buena guíaVon Drehle cuenta en ‘Lo que aprendí de la felicidad’ que White adquirió esa visión desde los ocho años, cuando su padre murió en trágicas circunstancias. De familia numerosa con escasos recursos, no es de extrañar que le dijera al columnista: «No teníamos tiempo para estar tristes» . Su madre le hizo implicarse en las labores de la casa y, poco después, empezó a ganar sus primeros dólares para terminar formándose como médico. La adversidad no fue para él una excepción. No es casual que Viktor Frankl y ‘El hombre en busca de sentido’, su testimonio como prisionero en varios campos de concentración nazis, aparezcan varias veces a lo largo del libro. «Frankl descubrió que hay una cosa que el destino cruel y las personas malvadas no pueden quitarnos: nuestros pensamientos, nuestra voluntad de amar, de ser amables , de elevar nuestro propio comportamiento, de elegir el tipo de persona que seremos. Charlie, en circunstancias mucho más fáciles, tuvo una comprensión similar», asevera.’Lo que aprendí sobre la felicidad’ David Von Drehle 232 páginas. 19,90 eurosQuizá por eso lo que más le ha sorprendido a Von Drehle de la respuesta que está recibiendo de su libro, que ya lleva dos años publicado en Estados Unidos, es que ha conectado de forma inesperada con lectores jóvenes . En un momento histórico marcado por la sensación de falta de control , con su actitud paciente frente a los cambios, White resulta una buena guía. TrascendenciaPero tenía algo más: «Aprovechaba las oportunidades y se aferraba a lo importante . También le tenía pillado el truco como poca gente a algo aún más difícil: prescindir de todo lo demás», apunta en el libro. Pero esa actitud y esa determinación parecían innatas en él, ¿pueden cultivarse en la edad adulta? «Estoy de acuerdo en que son más naturales en algunas personas que en otras. Lo puedo decir como persona que ha luchado de vez en cuando contra la depresión . Pero, sin duda, se pueden cultivar. De hecho, aquellos de nosotros que no somos naturalmente optimistas somos precisamente los que necesitamos esforzarnos por encontrar la esperanza », responde Von Drehle.Si algo le quedó claro al autor de sus encuentros con Charlie es que no aspiraba a dejar huella ni a convertirse en ejemplo, pero contaba historias y le gustaba compartirlas. Y ese era el reflejo de su propio sentido de trascendencia, según el autor. «No esperaba que yo, ni nadie más, escribiera la historia de su vida. Sinceramente, yo no tenía intención de hacerlo hasta después de su muerte. Nuestras conversaciones siempre fueron de amigo a amigo, no de entrevistador a entrevistado. Sin embargo, en un nivel más profundo, creo que Charlie entendía que, para la mayoría de nosotros, la mejor manera de trascender nuestra propia vida es establecer conexiones significativas con otras personas y lo hacemos, en parte, compartiendo nuestras historias. Por suerte para mí, Charlie era muy generoso en eso». Cuando el columnista de ‘The Washington Post’ David Von Drehle se mudó a Kansas buscando una vida más tranquila, se topó con su vecino centenario , lavando el coche en la puerta de su casa vestido exclusivamente con un bañador viejo . Su olfato de escritor -es autor de varios superventas en Estados Unidos- le dijo que ahí había una buena historia y decidió seguir el rastro. Charlie White no le defraudó. ‘Lo que aprendí sobre la felicidad’ (Maeva) es el resultado. Von Drehle conoció a White en 2007, cuando tenía 102 años. Murió en 2014. Durante ese tiempo, se dio cuenta de que Charlie no era un superviviente. No solo vivía. Vivía con alegría . Quiso saber el porqué y el cómo; intuyó que su actitud encerraba algo esencial y eso era algo que quería transmitir a sus hijos. En mitad de la incertidumbre y los malos presagios que ensombrecen el futuro de las nuevas generaciones, qué mejor que mostrarles la travesía de un hombre a través de un siglo de cambios a los que logró adaptarse. Noticia Relacionada estandar No Los más jóvenes apuestan por la Bolsa ante la falta de futuro: 1 de cada 5 inversores pertenece ya a la generación Z Jordi Martínez Los inversores de entre 18 y 24 años se han duplicado en solo dos años y el 74% cree que vivirán peor que sus padresCharlie fue uno de los últimos estadounidenses que podían describir cómo era conducir un automóvil antes de que existieran las carreteras, uno de los últimos que se maravillaron cuando las imágenes se movieron por primera vez en una pantalla. Nació antes de la creación de la radio , pero aprendió a usar el móvil; se formó en medicina cuando no existían los antibióticos pero improvisó técnicas para las primeras cirugías a corazón abierto. Vio cómo las mujeres pasaron de no poder votar a dirigir empresas y gobiernos; vivió de Theodore Roosevelt a Barack Obama . Pese a que fue testigo de la política de los años veinte y treinta, marcada por divisiones extremas y una sensación general de desmoralización, no llegó ver cómo Donald Trump ocupaba el Despacho Oval ni cómo los cimientos de la geoestrategia mundial comenzaron a tambalearse desde entonces. «Era un hombre amable y gentil, así que creo que se habría sentido decepcionado por el tono de la política actual. Al mismo tiempo, su vasta experiencia le daba una ecuanimidad ante los acontecimientos que muchos de nosotros no tenemos. Creo que se habría entristecido, pero no le habría sorprendido», indica a ABC el periodista.Aceptar lo que no se puede controlar y centrarse en las propias acciones es el Padre Nuestro del estoicismo . Por ello, aunque Charlie siempre negó tener una filosofía de vida, Von Drehle lo describe como un gran ejemplo, pese a la mala fama que persigue a esta corriente. «La gente piensa que implica distancia emocional, indiferencia, frialdad. Nada más lejos de la realidad. El estoicismo es la filosofía de la libertad, y la libertad puede ser una fuente de gran felicidad , calidez y expresión personal. Nos libera de la ansiedad (que es el deseo de controlar el futuro) y de la depresión (que es el deseo de deshacer el pasado). Nos concentra en el momento presente , que es el único momento en el que podemos influir», afirma el escritor.En un momento marcado por la sensación de falta de control, la actitud paciente frente a los cambios de White es una buena guíaVon Drehle cuenta en ‘Lo que aprendí de la felicidad’ que White adquirió esa visión desde los ocho años, cuando su padre murió en trágicas circunstancias. De familia numerosa con escasos recursos, no es de extrañar que le dijera al columnista: «No teníamos tiempo para estar tristes» . Su madre le hizo implicarse en las labores de la casa y, poco después, empezó a ganar sus primeros dólares para terminar formándose como médico. La adversidad no fue para él una excepción. No es casual que Viktor Frankl y ‘El hombre en busca de sentido’, su testimonio como prisionero en varios campos de concentración nazis, aparezcan varias veces a lo largo del libro. «Frankl descubrió que hay una cosa que el destino cruel y las personas malvadas no pueden quitarnos: nuestros pensamientos, nuestra voluntad de amar, de ser amables , de elevar nuestro propio comportamiento, de elegir el tipo de persona que seremos. Charlie, en circunstancias mucho más fáciles, tuvo una comprensión similar», asevera.’Lo que aprendí sobre la felicidad’ David Von Drehle 232 páginas. 19,90 eurosQuizá por eso lo que más le ha sorprendido a Von Drehle de la respuesta que está recibiendo de su libro, que ya lleva dos años publicado en Estados Unidos, es que ha conectado de forma inesperada con lectores jóvenes . En un momento histórico marcado por la sensación de falta de control , con su actitud paciente frente a los cambios, White resulta una buena guía. TrascendenciaPero tenía algo más: «Aprovechaba las oportunidades y se aferraba a lo importante . También le tenía pillado el truco como poca gente a algo aún más difícil: prescindir de todo lo demás», apunta en el libro. Pero esa actitud y esa determinación parecían innatas en él, ¿pueden cultivarse en la edad adulta? «Estoy de acuerdo en que son más naturales en algunas personas que en otras. Lo puedo decir como persona que ha luchado de vez en cuando contra la depresión . Pero, sin duda, se pueden cultivar. De hecho, aquellos de nosotros que no somos naturalmente optimistas somos precisamente los que necesitamos esforzarnos por encontrar la esperanza », responde Von Drehle.Si algo le quedó claro al autor de sus encuentros con Charlie es que no aspiraba a dejar huella ni a convertirse en ejemplo, pero contaba historias y le gustaba compartirlas. Y ese era el reflejo de su propio sentido de trascendencia, según el autor. «No esperaba que yo, ni nadie más, escribiera la historia de su vida. Sinceramente, yo no tenía intención de hacerlo hasta después de su muerte. Nuestras conversaciones siempre fueron de amigo a amigo, no de entrevistador a entrevistado. Sin embargo, en un nivel más profundo, creo que Charlie entendía que, para la mayoría de nosotros, la mejor manera de trascender nuestra propia vida es establecer conexiones significativas con otras personas y lo hacemos, en parte, compartiendo nuestras historias. Por suerte para mí, Charlie era muy generoso en eso».
Cuando el columnista de ‘The Washington Post’ David Von Drehle se mudó a Kansas buscando una vida más tranquila, se topó con su vecino centenario, lavando el coche en la puerta de su casa vestido exclusivamente con un bañador viejo. Su olfato … de escritor -es autor de varios superventas en Estados Unidos- le dijo que ahí había una buena historia y decidió seguir el rastro. Charlie White no le defraudó. ‘Lo que aprendí sobre la felicidad’ (Maeva) es el resultado.
Von Drehle conoció a White en 2007, cuando tenía 102 años. Murió en 2014. Durante ese tiempo, se dio cuenta de que Charlie no era un superviviente. No solo vivía. Vivía con alegría. Quiso saber el porqué y el cómo; intuyó que su actitud encerraba algo esencial y eso era algo que quería transmitir a sus hijos. En mitad de la incertidumbre y los malos presagios que ensombrecen el futuro de las nuevas generaciones, qué mejor que mostrarles la travesía de un hombre a través de un siglo de cambios a los que logró adaptarse.
Charlie fue uno de los últimos estadounidenses que podían describir cómo era conducir un automóvil antes de que existieran las carreteras, uno de los últimos que se maravillaron cuando las imágenes se movieron por primera vez en una pantalla. Nació antes de la creación de la radio, pero aprendió a usar el móvil; se formó en medicina cuando no existían los antibióticos pero improvisó técnicas para las primeras cirugías a corazón abierto. Vio cómo las mujeres pasaron de no poder votar a dirigir empresas y gobiernos; vivió de Theodore Roosevelt a Barack Obama.
Pese a que fue testigo de la política de los años veinte y treinta, marcada por divisiones extremas y una sensación general de desmoralización, no llegó ver cómo Donald Trump ocupaba el Despacho Oval ni cómo los cimientos de la geoestrategia mundial comenzaron a tambalearse desde entonces. «Era un hombre amable y gentil, así que creo que se habría sentido decepcionado por el tono de la política actual. Al mismo tiempo, su vasta experiencia le daba una ecuanimidad ante los acontecimientos que muchos de nosotros no tenemos. Creo que se habría entristecido, pero no le habría sorprendido», indica a ABC el periodista.
Aceptar lo que no se puede controlar y centrarse en las propias acciones es el Padre Nuestro del estoicismo. Por ello, aunque Charlie siempre negó tener una filosofía de vida, Von Drehle lo describe como un gran ejemplo, pese a la mala fama que persigue a esta corriente. «La gente piensa que implica distancia emocional, indiferencia, frialdad. Nada más lejos de la realidad. El estoicismo es la filosofía de la libertad, y la libertad puede ser una fuente de gran felicidad, calidez y expresión personal. Nos libera de la ansiedad (que es el deseo de controlar el futuro) y de la depresión (que es el deseo de deshacer el pasado). Nos concentra en el momento presente, que es el único momento en el que podemos influir», afirma el escritor.
En un momento marcado por la sensación de falta de control, la actitud paciente frente a los cambios de White es una buena guía
Von Drehle cuenta en ‘Lo que aprendí de la felicidad’ que White adquirió esa visión desde los ocho años, cuando su padre murió en trágicas circunstancias. De familia numerosa con escasos recursos, no es de extrañar que le dijera al columnista: «No teníamos tiempo para estar tristes». Su madre le hizo implicarse en las labores de la casa y, poco después, empezó a ganar sus primeros dólares para terminar formándose como médico.
La adversidad no fue para él una excepción. No es casual que Viktor Frankl y ‘El hombre en busca de sentido’, su testimonio como prisionero en varios campos de concentración nazis, aparezcan varias veces a lo largo del libro. «Frankl descubrió que hay una cosa que el destino cruel y las personas malvadas no pueden quitarnos: nuestros pensamientos, nuestra voluntad de amar, de ser amables, de elevar nuestro propio comportamiento, de elegir el tipo de persona que seremos. Charlie, en circunstancias mucho más fáciles, tuvo una comprensión similar», asevera.
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‘Lo que aprendí sobre la felicidad’
David Von Drehle
232 páginas. 19,90 euros
Quizá por eso lo que más le ha sorprendido a Von Drehle de la respuesta que está recibiendo de su libro, que ya lleva dos años publicado en Estados Unidos, es que ha conectado de forma inesperada con lectores jóvenes. En un momento histórico marcado por la sensación de falta de control, con su actitud paciente frente a los cambios, White resulta una buena guía.
Trascendencia
Pero tenía algo más: «Aprovechaba las oportunidades y se aferraba a lo importante. También le tenía pillado el truco como poca gente a algo aún más difícil: prescindir de todo lo demás», apunta en el libro. Pero esa actitud y esa determinación parecían innatas en él, ¿pueden cultivarse en la edad adulta? «Estoy de acuerdo en que son más naturales en algunas personas que en otras. Lo puedo decir como persona que ha luchado de vez en cuando contra la depresión. Pero, sin duda, se pueden cultivar. De hecho, aquellos de nosotros que no somos naturalmente optimistas somos precisamente los que necesitamos esforzarnos por encontrar la esperanza», responde Von Drehle.
Si algo le quedó claro al autor de sus encuentros con Charlie es que no aspiraba a dejar huella ni a convertirse en ejemplo, pero contaba historias y le gustaba compartirlas. Y ese era el reflejo de su propio sentido de trascendencia, según el autor. «No esperaba que yo, ni nadie más, escribiera la historia de su vida. Sinceramente, yo no tenía intención de hacerlo hasta después de su muerte. Nuestras conversaciones siempre fueron de amigo a amigo, no de entrevistador a entrevistado. Sin embargo, en un nivel más profundo, creo que Charlie entendía que, para la mayoría de nosotros, la mejor manera de trascender nuestra propia vida es establecer conexiones significativas con otras personas y lo hacemos, en parte, compartiendo nuestras historias. Por suerte para mí, Charlie era muy generoso en eso».
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