Con el cielo azul sobre la Monumental y las banderas totalmente plegadas, sin una gota de aire y con ese silencio a la hora del Ángelus donde Madrid impone ya, pero todavía sin ese murmullo de por la tarde, se asomaba Raúl Ruiz al ruedo de Madrid. El 1 de mayo un novillo le atravesó el muslo, y veintiséis días después volvería a ponerse delante de un toro en la Monumental. Aunque reapareció el pasado sábado en Santisteban. Con dos pares sólo, el presidente cambió el tercio, «pero para mí fue el mejor par de mi vida», decía orgulloso. No por el resultado, sino por haber sido capaz de estar ahí. Su hijo de ocho años, sin embargo, le dijo: «No es tu mejor par, pero te quiero igual», contaba su padre entre risas.Justamente aquel Día del Trabajador iba a ir Raulito a la plaza . Pero a Raúl no le terminó de convencer la novillada y decidió en el último momento que mejor no. Podría considerarse una premonición, aunque aquello no cambió lo que expuso en ese tercer par al de El Retamar. Entonces fue la madre de Ruiz, que este miércoles preparaba orgullosa un filete a su hijo antes de volver a torear en Las Ventas. «Para que te dé fuerzas», le decía. Claves en su recuperación han sido sus padres, su mujer, sus hijos y su hermana. Se le humedecen los ojos a Raúl hablando de ellos: «Me emocionaré en el paseíllo y me acordaré de ellos, porque el cariño de casa ha sido clave».taurina_0639Los cirujanos le dijeron que para una persona normal esta lesión era de seis o siete meses. Pero está claro que los toreros no lo son: «Al día siguiente de la cornada yo estaba andando sin muletas y toreando con una toalla». Daba especialmente las gracias por poder torear en Las Ventas a Sergio, su fisio: «Ha sido fundamental, porque yo a veces no lo veía, ya que al principio la pierna no me respondía, pero aquí estamos». Y bromeaba sobre su amistad: «Nos reímos mucho mientras él me hace daño en la recuperación».Noticia relacionada general No No San Isidro Fonseca y Pedraza se vuelven a encontrar en Madrid, con Brigadier en el recuerdo Alicia P. VelardeEstá ilusionado con la corrida de una ganadería que tan bien conoce: lleva dos años alzándose como mejor brega con la divisa de Pedraza de Yeltes, en ambas ocasiones a las órdenes de Isaac Fonseca, al igual que hoy. «Hoy mi premio es estar aquí. Torear esta tarde es el mayor premio que he cosechado en mi carrera. Otra cosa sería ya pedir mucho a Dios y a San Isidro, que bastante les he pedido», comentaba a Iván García, otro que sabe bien lo que es poner Madrid en pie.La herida ha cicatrizado bien, aunque también se rompió una costilla y eso aún duele, y no tiene tratamiento más que esperar a que suelde. Pero ya no quiere pensar en eso: «Yo quiero torear y hacer mi temporada normal». Asegura que de no haber estado recuperado no estaría toreando: «Llevo ya muchos años en esto, y siento que puedo ayudar y estar al nivel que merece Madrid». Y no olvida a todas las personas que se preocuparon por él este tiempo, desde figuras hasta banderilleros retirados. «Me han animado, me han dado consejos, me he apoyado en ellos… Soy un privilegiado porque tengo muchos amigos que me han ayudado mucho».Quería estrenar Ruiz un vestido nuevo, pero la pierna aún está un poco hinchada, así que sacó del baúl un vestido que tenía ya «retirado», el verde y azabache. El otro quedará para la encerrona de Borja, en la que, si Dios quiere, volverá a trenzar el paseíllo en Madrid, la plaza donde más ha toreado, donde más se ha sentido reconocido y donde ha sufrido su primera cornada. «En el hospital le dije a mi mujer que ya era torero, y me quería matar», contaba entre risas sin perder ojo al ruedo de Madrid. Ese que ha visto toda la carrera de Raúl Ruiz y que, a buen seguro, verá otras tantas tardes de brega y triunfo. Con el cielo azul sobre la Monumental y las banderas totalmente plegadas, sin una gota de aire y con ese silencio a la hora del Ángelus donde Madrid impone ya, pero todavía sin ese murmullo de por la tarde, se asomaba Raúl Ruiz al ruedo de Madrid. El 1 de mayo un novillo le atravesó el muslo, y veintiséis días después volvería a ponerse delante de un toro en la Monumental. Aunque reapareció el pasado sábado en Santisteban. Con dos pares sólo, el presidente cambió el tercio, «pero para mí fue el mejor par de mi vida», decía orgulloso. No por el resultado, sino por haber sido capaz de estar ahí. Su hijo de ocho años, sin embargo, le dijo: «No es tu mejor par, pero te quiero igual», contaba su padre entre risas.Justamente aquel Día del Trabajador iba a ir Raulito a la plaza . Pero a Raúl no le terminó de convencer la novillada y decidió en el último momento que mejor no. Podría considerarse una premonición, aunque aquello no cambió lo que expuso en ese tercer par al de El Retamar. Entonces fue la madre de Ruiz, que este miércoles preparaba orgullosa un filete a su hijo antes de volver a torear en Las Ventas. «Para que te dé fuerzas», le decía. Claves en su recuperación han sido sus padres, su mujer, sus hijos y su hermana. Se le humedecen los ojos a Raúl hablando de ellos: «Me emocionaré en el paseíllo y me acordaré de ellos, porque el cariño de casa ha sido clave».taurina_0639Los cirujanos le dijeron que para una persona normal esta lesión era de seis o siete meses. Pero está claro que los toreros no lo son: «Al día siguiente de la cornada yo estaba andando sin muletas y toreando con una toalla». Daba especialmente las gracias por poder torear en Las Ventas a Sergio, su fisio: «Ha sido fundamental, porque yo a veces no lo veía, ya que al principio la pierna no me respondía, pero aquí estamos». Y bromeaba sobre su amistad: «Nos reímos mucho mientras él me hace daño en la recuperación».Noticia relacionada general No No San Isidro Fonseca y Pedraza se vuelven a encontrar en Madrid, con Brigadier en el recuerdo Alicia P. VelardeEstá ilusionado con la corrida de una ganadería que tan bien conoce: lleva dos años alzándose como mejor brega con la divisa de Pedraza de Yeltes, en ambas ocasiones a las órdenes de Isaac Fonseca, al igual que hoy. «Hoy mi premio es estar aquí. Torear esta tarde es el mayor premio que he cosechado en mi carrera. Otra cosa sería ya pedir mucho a Dios y a San Isidro, que bastante les he pedido», comentaba a Iván García, otro que sabe bien lo que es poner Madrid en pie.La herida ha cicatrizado bien, aunque también se rompió una costilla y eso aún duele, y no tiene tratamiento más que esperar a que suelde. Pero ya no quiere pensar en eso: «Yo quiero torear y hacer mi temporada normal». Asegura que de no haber estado recuperado no estaría toreando: «Llevo ya muchos años en esto, y siento que puedo ayudar y estar al nivel que merece Madrid». Y no olvida a todas las personas que se preocuparon por él este tiempo, desde figuras hasta banderilleros retirados. «Me han animado, me han dado consejos, me he apoyado en ellos… Soy un privilegiado porque tengo muchos amigos que me han ayudado mucho».Quería estrenar Ruiz un vestido nuevo, pero la pierna aún está un poco hinchada, así que sacó del baúl un vestido que tenía ya «retirado», el verde y azabache. El otro quedará para la encerrona de Borja, en la que, si Dios quiere, volverá a trenzar el paseíllo en Madrid, la plaza donde más ha toreado, donde más se ha sentido reconocido y donde ha sufrido su primera cornada. «En el hospital le dije a mi mujer que ya era torero, y me quería matar», contaba entre risas sin perder ojo al ruedo de Madrid. Ese que ha visto toda la carrera de Raúl Ruiz y que, a buen seguro, verá otras tantas tardes de brega y triunfo.
Con el cielo azul sobre la Monumental y las banderas totalmente plegadas, sin una gota de aire y con ese silencio a la hora del Ángelus donde Madrid impone ya, pero todavía sin ese murmullo de por la tarde, se asomaba Raúl Ruiz al … ruedo de Madrid. El 1 de mayo un novillo le atravesó el muslo, y veintiséis días después volvería a ponerse delante de un toro en la Monumental. Aunque reapareció el pasado sábado en Santisteban. Con dos pares sólo, el presidente cambió el tercio, «pero para mí fue el mejor par de mi vida», decía orgulloso. No por el resultado, sino por haber sido capaz de estar ahí. Su hijo de ocho años, sin embargo, le dijo: «No es tu mejor par, pero te quiero igual», contaba su padre entre risas.
Justamente aquel Día del Trabajador iba a ir Raulito a la plaza. Pero a Raúl no le terminó de convencer la novillada y decidió en el último momento que mejor no. Podría considerarse una premonición, aunque aquello no cambió lo que expuso en ese tercer par al de El Retamar. Entonces fue la madre de Ruiz, que este miércoles preparaba orgullosa un filete a su hijo antes de volver a torear en Las Ventas. «Para que te dé fuerzas», le decía. Claves en su recuperación han sido sus padres, su mujer, sus hijos y su hermana. Se le humedecen los ojos a Raúl hablando de ellos: «Me emocionaré en el paseíllo y me acordaré de ellos, porque el cariño de casa ha sido clave».
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Los cirujanos le dijeron que para una persona normal esta lesión era de seis o siete meses. Pero está claro que los toreros no lo son: «Al día siguiente de la cornada yo estaba andando sin muletas y toreando con una toalla». Daba especialmente las gracias por poder torear en Las Ventas a Sergio, su fisio: «Ha sido fundamental, porque yo a veces no lo veía, ya que al principio la pierna no me respondía, pero aquí estamos». Y bromeaba sobre su amistad: «Nos reímos mucho mientras él me hace daño en la recuperación».
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Alicia P. Velarde
Está ilusionado con la corrida de una ganadería que tan bien conoce: lleva dos años alzándose como mejor brega con la divisa de Pedraza de Yeltes, en ambas ocasiones a las órdenes de Isaac Fonseca, al igual que hoy. «Hoy mi premio es estar aquí. Torear esta tarde es el mayor premio que he cosechado en mi carrera. Otra cosa sería ya pedir mucho a Dios y a San Isidro, que bastante les he pedido», comentaba a Iván García, otro que sabe bien lo que es poner Madrid en pie.
La herida ha cicatrizado bien, aunque también se rompió una costilla y eso aún duele, y no tiene tratamiento más que esperar a que suelde. Pero ya no quiere pensar en eso: «Yo quiero torear y hacer mi temporada normal». Asegura que de no haber estado recuperado no estaría toreando: «Llevo ya muchos años en esto, y siento que puedo ayudar y estar al nivel que merece Madrid». Y no olvida a todas las personas que se preocuparon por él este tiempo, desde figuras hasta banderilleros retirados. «Me han animado, me han dado consejos, me he apoyado en ellos… Soy un privilegiado porque tengo muchos amigos que me han ayudado mucho».
Quería estrenar Ruiz un vestido nuevo, pero la pierna aún está un poco hinchada, así que sacó del baúl un vestido que tenía ya «retirado», el verde y azabache. El otro quedará para la encerrona de Borja, en la que, si Dios quiere, volverá a trenzar el paseíllo en Madrid, la plaza donde más ha toreado, donde más se ha sentido reconocido y donde ha sufrido su primera cornada. «En el hospital le dije a mi mujer que ya era torero, y me quería matar», contaba entre risas sin perder ojo al ruedo de Madrid. Ese que ha visto toda la carrera de Raúl Ruiz y que, a buen seguro, verá otras tantas tardes de brega y triunfo.
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