Rusia vuelve a la retórica nuclear frente al rearme europeo provocado por la invasión de Ucrania. Las fuerzas armadas de Rusia y Bielorrusia ensayarán durante tres días el despliegue y lanzamiento de misiles balísticos y de crucero capaces de portar armas de destrucción masiva. El Ministerio de Defensa ruso ha anunciado que para estos ejercicios de entrenamiento movilizará, en plena guerra, “la aviación de largo alcance y una parte de las fuerzas de los distritos militares del Centro y de Leningrado”. Será entre este martes y el jueves. Su objetivo: que estén listos para “preparar y ejecutar” ataques con armas nucleares “que disuadan a un adversario potencial”.
Los dos aliados inician maniobras militares con el final del tratado con Estados Unidos de fondo y tras las pruebas recientes del misil Sarmat
Las fuerzas armadas de Rusia y Bielorrusia ensayarán durante tres días el despliegue y lanzamiento de misiles balísticos y de crucero capaces de portar armas de destrucción masiva. El Ministerio de Defensa ruso ha anunciado que para estos ejercicios de entrenamiento movilizará en plena guerra contra Ucrania a “la aviación de largo alcance y una parte de las fuerzas de los distritos militares del Centro y Leningrado”. Será entre este martes y el jueves. Su objetivo: que estén listos para “preparar y ejecutar” ataques con armas nucleares “que disuadan a un adversario potencial”.
Estas maniobras militares abarcarán miles de kilómetros, desde Bielorrusia hasta el océano Pacífico, y en ellas participan principalmente fuerzas que están al margen de la guerra de Ucrania, como sus unidades de disuasión nuclear y las flotas rusas desplegadas en el otro extremo del mundo.
“El ejercicio contará con la participación de más de 64.000 efectivos y más de 7.800 piezas de equipo militar, incluidos más de 200 lanzadores de misiles, más de 140 aeronaves, 73 buques de superficie y 13 submarinos, entre ellos ocho submarinos de misiles estratégicos”, explican las autoridades rusas en un comunicado.
El Ministerio de Defensa de Bielorrusia también ha anunciado su coordinación en estas maniobras con el ejército ruso. Rescatado por el Kremlin durante las protestas ciudadanas masivas de 2020, el presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, aceptó en el año 2023 el despliegue de armas nucleares tácticas en su territorio.
Estos ensayos son habituales. Las fuerzas armadas rusas ponen a punto sus armas de destrucción masiva desde la caótica presidencia de Borís Yeltsin a los años de paz de Vladímir Putin. Ya iniciada la invasión de Ucrania, esta tradición ha continuado: en 2023 probó todas sus fuerzas de disuasión, y en 2025 incluyó el lanzamiento de su misil Oréshnik en unos ejercicios realizados con otras fuerzas convencionales junto a la frontera de la Unión Europea.
Los ensayos de esta semana tienen de fondo la degradación de todos los mecanismos internacionales para evitar una confrontación nuclear. En febrero decayó formalmente el último tratado de este tipo entre Estados Unidos y Rusia, el Nuevo Start. Este acuerdo permitía revisar los arsenales del adversario y limitar las cabezas nucleares y los vectores que los portan: misiles y bombarderos, entre otras armas.
Moscú activó sus fuerzas de disuasión nuclear “en modo especial de combate” nada más comenzar su invasión de Ucrania en febrero de 2022. Uno de los objetivos de estos ejercicios es, según el Kremlin, “evaluar el nivel de preparación de los órganos del mando militar y las fuerzas involucradas en la prevención de una agresión”.
El Kremlin realiza esta demostración de fuerza apenas unos días después de anunciar que su primer misil nuclear balístico postsoviético, el Sarmat [Satanás II en código OTAN] estará listo para combate a finales de este año. Según ha comunicado Putin, este cohete pesado tiene un alcance de “más de 35.000 kilómetros”.
No obstante, el presidente ruso ya anunció en 2023 que este misil, “que hará pensárselo dos veces” a sus enemigos, ya estaba “en modo de combate”. La prueba de la semana pasada sería la segunda con resultado exitoso de este cohete, anunciado en 2018 tras varios fracasos.
El ataque ucranio de este fin de semana sobre Moscú también ha vuelto a plantear el grado de disuasión de las fuerzas nucleares en un conflicto convencional. Un periodista próximo al Kremlin, Pável Zarubin, preguntó al portavoz de Putin, Dmitri Peskov, para qué sirve tener “armas tan poderosas” si otro país puede “morder a una potencia nuclear”.
Peskov se limitó a recordar que la doctrina nuclear rusa prevé su uso en el caso de “amenaza a la existencia” del Estado. Los ataques con drones, tanto los recibidos como los lanzados contra otros países vecinos, son molestos y pueden llevar a una escalada militar, pero para el Kremlin no son motivo suficiente para una guerra de destrucción masiva.
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