“Aquí ya tiene 40 votos”, dijo el Gran Wyoming mirando de reojo al público de El Intermedio entregado a Pedro Sánchez. Sánchez se refirió todo el rato al presentador como Wyoming. Creo que ya mucha gente le llama así, sin el Gran, aunque los íntimos le conocen como Chechu. Pero la gracia, y lo serio, es llamarle Gran Wyoming. “Mire, Gran Wyoming…”, tendría que haber dicho Sánchez para que su discurso sobre Ceuta (blindado, circular, fatigado) adquiriese un tono tragicómico. “¿Puede volver a pasar que 80.000 personas se reúnan en la frontera y traten de cruzarla?”. “Mire, Gran Wyoming, yo no sé en Wyoming, pero en España…”.
“Ganaremos las elecciones”, dijo el presidente. El futuro es un lugar más cómodo que Ceuta: como no ha pasado nada, tienes todas las certezas
“Aquí ya tiene 40 votos”, dijo el Gran Wyoming mirando de reojo al público de El Intermedio entregado a Pedro Sánchez. Sánchez se refirió todo el rato al presentador como Wyoming. Creo que ya mucha gente le llama así, sin el Gran, aunque los íntimos le conocen como Chechu. Pero la gracia, y lo serio, es llamarle Gran Wyoming. “Mire, Gran Wyoming…”, tendría que haber dicho Sánchez para que su discurso sobre Ceuta (blindado, circular, fatigado) adquiriese un tono tragicómico. “¿Puede volver a pasar que 80.000 personas se reúnan en la frontera y traten de cruzarla?”. “Mire, Gran Wyoming, yo no sé en Wyoming, pero en España…”.
La pregunta se la formuló hasta dos veces el Gran Wyoming (“¿cómo me dirijo a él?”, se preguntó en el monólogo inicial, “¿le ladro?”) y por dos veces Sánchez no dijo ni que sí ni que no. Sánchez es contrario en general a afirmaciones contundentes porque, bien es verdad que cuando las hacía, años atrás, tuvo que matizarlas tanto después que el esfuerzo ya no compensa. Mejor no contestar a nada y palante. “¿Qué se ha hecho mal?”, le preguntó Sandra Sabatés. “No diría que algo se ha hecho mal o no”, empezó el presidente. Usó una expresión fascinante para hablar de la necesidad de normalidad en Ceuta: hay que lograrla en el “mayor breve espacio de tiempo” (no sé si está bien usada o no, es fascinante precisamente por eso).
Cuando el Gran Wyoming le comentó los avisos de los servicios de espionaje, Sánchez dijo que no se tomaron a cachondeo. “Hubo una atención y un estar pendientes”, como cuando uno tiene verdadera curiosidad por algo, en plan, ya que empezamos la película, la acabamos. También, y esto es importante, advirtió Sánchez del efecto de bulos que corrían por redes sociales acerca de las bondades que España ofrecía si alguien llegaba a nado (como si fuese un concurso esto). Puso el presidente el dedo en el fondo del problema, la desigualdad en un país y otro, y pasó de largo por el otro: la responsabilidad de Marruecos en la crisis y la incomunicación en España para prevenirla.
Sabatés y el Gran Wyoming dieron paso por vídeo a las preguntas más agresivas. Un señor ceutí le dijo a Sánchez que qué le debía él a Marruecos, que estaba “acojonado”. Sánchez ejerció con él una finísima pero detectable condescendencia que consistió en sonreír, apacible, mientras el otro hablaba. Como si, al terminar el caballero la pregunta, el presidente fuese a pedir un aplauso por el esfuerzo.
Le piden adelanto electoral, le recordaron. Y lo pedirán el año que viene, dijo Sánchez porque no tiene ninguna duda, avisó, de que los progresistas ganarán las elecciones. Esa sí fue una respuesta. Quizá porque hablaba del futuro, que es siempre un lugar más cómodo que Ceuta: en el futuro todavía no ha pasado nada, así que puede explicarse perfectamente. El Gran Wyoming lo escuchó sin estirar los tirantes.
A la misma hora, una pantalla gigante en Ceuta pagada por empresarios emitía la entrevista de Vivas en El Hormiguero. Estaban anunciados castillos hinchables para niños, cuentacuentos, descuentos en consumiciones y un DJ. En rigor, montaron una pantalla gigante para no escuchar a Vivas.
