El lujo también necesita pasar por el taller. Mientras millones de personas esperan el verano para poner rumbo a la costa, uno de los yates privados más impresionantes del planeta acaba de regresar al mar después de permanecer más de medio año completamente fuera de servicio. El protagonista es el Al Lusail, la gigantesca embarcación del emir de Qatar , que ha estrenado una nueva imagen tras una reforma valorada en unos 35 millones de dólares.Con sus 123 metros de eslora y un valor que ronda los 500 millones de dólares, el megayate vuelve a navegar por el Mediterráneo convertido, una vez más, en uno de los mayores símbolos del lujo extremo. No se trataba únicamente de mejorar su aspecto: detrás de esta puesta a punto se esconde un complejo trabajo técnico que ha mantenido ocupado durante siete meses a uno de los astilleros más prestigiosos del mundo.La renovación supone la primera gran intervención desde que la embarcación fue entregada en 2017 al emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, cuya fortuna está estrechamente ligada a la riqueza gasística de Qatar y al gigantesco fondo soberano del país.Noticia relacionada No No Los tres yates mejor valorados de los famosos españoles Noelia ZazoMucho más que un cambio de imagenAunque el nuevo aspecto exterior es lo primero que llama la atención, la mayor parte del trabajo realizado permanece lejos de la vista. Durante meses se revisó prácticamente cada elemento del barco para garantizar que continúe funcionando al máximo nivel.Motores, generadores, sistemas de climatización, automatización, hélices, timones y todos los equipos situados bajo la línea de flotación fueron inspeccionados y actualizados. También se renovaron distintas zonas de cubierta, elementos acristalados y parte de la sofisticada tecnología que convierte al Al Lusail en una auténtica residencia flotante.Uno de los procesos más costosos fue el repintado integral del casco. En una embarcación de estas dimensiones, los especialistas explican que el verdadero desafío no consiste únicamente en aplicar la pintura, sino en preparar durante semanas una superficie de más de cien metros, un trabajo que por sí solo puede superar los 15 millones de dólares.GtresEl palacio flotante del emir de QatarPese al hermetismo que rodea al interior del barco, algunos de sus secretos sí han trascendido con el paso de los años. El Al Lusail puede recibir hasta 36 invitados distribuidos en 18 suites, mientras una tripulación de 56 personas se ocupa de que todo funcione con absoluta normalidad.Su distribución gira alrededor de un gran atrio central que conecta las seis cubiertas del yate, donde no faltan espacios pensados para el descanso y el ocio. Piscinas, jacuzzis, spa, gimnasio, salón de belleza, cine privado, terrazas panorámicas, club de playa e incluso un helipuerto forman parte del equipamiento de una embarcación diseñada para no renunciar a ninguna comodidad.Todo ello convierte al Al Lusail en una de las referencias mundiales del sector de los superyates, reservado a un reducido grupo de fortunas capaces de asumir tanto su compra como su mantenimiento.Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Catar. GtresPreparado para volver a surcar el MediterráneoMás allá del lujo, el megayate también destaca por sus prestaciones técnicas. Equipado con dos motores diésel MTU, puede alcanzar una velocidad cercana a los 19 nudos y recorrer alrededor de 4.500 millas náuticas —unos 8.300 kilómetros— sin necesidad de repostar, una autonomía suficiente para cruzar el Atlántico.Tras abandonar el astillero alemán Lürssen, donde ha permanecido desde finales del pasado año, el Al Lusail ya ha iniciado una nueva temporada de navegación por aguas mediterráneas. Su regreso confirma que, incluso en el exclusivo universo de los megayates, mantenerse en la élite exige inversiones capaces de alcanzar cifras que, para la mayoría, resultan difíciles de imaginar. El lujo también necesita pasar por el taller. Mientras millones de personas esperan el verano para poner rumbo a la costa, uno de los yates privados más impresionantes del planeta acaba de regresar al mar después de permanecer más de medio año completamente fuera de servicio. El protagonista es el Al Lusail, la gigantesca embarcación del emir de Qatar , que ha estrenado una nueva imagen tras una reforma valorada en unos 35 millones de dólares.Con sus 123 metros de eslora y un valor que ronda los 500 millones de dólares, el megayate vuelve a navegar por el Mediterráneo convertido, una vez más, en uno de los mayores símbolos del lujo extremo. No se trataba únicamente de mejorar su aspecto: detrás de esta puesta a punto se esconde un complejo trabajo técnico que ha mantenido ocupado durante siete meses a uno de los astilleros más prestigiosos del mundo.La renovación supone la primera gran intervención desde que la embarcación fue entregada en 2017 al emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, cuya fortuna está estrechamente ligada a la riqueza gasística de Qatar y al gigantesco fondo soberano del país.Noticia relacionada No No Los tres yates mejor valorados de los famosos españoles Noelia ZazoMucho más que un cambio de imagenAunque el nuevo aspecto exterior es lo primero que llama la atención, la mayor parte del trabajo realizado permanece lejos de la vista. Durante meses se revisó prácticamente cada elemento del barco para garantizar que continúe funcionando al máximo nivel.Motores, generadores, sistemas de climatización, automatización, hélices, timones y todos los equipos situados bajo la línea de flotación fueron inspeccionados y actualizados. También se renovaron distintas zonas de cubierta, elementos acristalados y parte de la sofisticada tecnología que convierte al Al Lusail en una auténtica residencia flotante.Uno de los procesos más costosos fue el repintado integral del casco. En una embarcación de estas dimensiones, los especialistas explican que el verdadero desafío no consiste únicamente en aplicar la pintura, sino en preparar durante semanas una superficie de más de cien metros, un trabajo que por sí solo puede superar los 15 millones de dólares.GtresEl palacio flotante del emir de QatarPese al hermetismo que rodea al interior del barco, algunos de sus secretos sí han trascendido con el paso de los años. El Al Lusail puede recibir hasta 36 invitados distribuidos en 18 suites, mientras una tripulación de 56 personas se ocupa de que todo funcione con absoluta normalidad.Su distribución gira alrededor de un gran atrio central que conecta las seis cubiertas del yate, donde no faltan espacios pensados para el descanso y el ocio. Piscinas, jacuzzis, spa, gimnasio, salón de belleza, cine privado, terrazas panorámicas, club de playa e incluso un helipuerto forman parte del equipamiento de una embarcación diseñada para no renunciar a ninguna comodidad.Todo ello convierte al Al Lusail en una de las referencias mundiales del sector de los superyates, reservado a un reducido grupo de fortunas capaces de asumir tanto su compra como su mantenimiento.Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Catar. GtresPreparado para volver a surcar el MediterráneoMás allá del lujo, el megayate también destaca por sus prestaciones técnicas. Equipado con dos motores diésel MTU, puede alcanzar una velocidad cercana a los 19 nudos y recorrer alrededor de 4.500 millas náuticas —unos 8.300 kilómetros— sin necesidad de repostar, una autonomía suficiente para cruzar el Atlántico.Tras abandonar el astillero alemán Lürssen, donde ha permanecido desde finales del pasado año, el Al Lusail ya ha iniciado una nueva temporada de navegación por aguas mediterráneas. Su regreso confirma que, incluso en el exclusivo universo de los megayates, mantenerse en la élite exige inversiones capaces de alcanzar cifras que, para la mayoría, resultan difíciles de imaginar.
El lujo también necesita pasar por el taller. Mientras millones de personas esperan el verano para poner rumbo a la costa, uno de los yates privados más impresionantes del planeta acaba de regresar al mar después de permanecer más de medio año completamente fuera de … servicio. El protagonista es el Al Lusail, la gigantesca embarcación del emir de Qatar, que ha estrenado una nueva imagen tras una reforma valorada en unos 35 millones de dólares.
Con sus 123 metros de eslora y un valor que ronda los 500 millones de dólares, el megayate vuelve a navegar por el Mediterráneo convertido, una vez más, en uno de los mayores símbolos del lujo extremo. No se trataba únicamente de mejorar su aspecto: detrás de esta puesta a punto se esconde un complejo trabajo técnico que ha mantenido ocupado durante siete meses a uno de los astilleros más prestigiosos del mundo.
La renovación supone la primera gran intervención desde que la embarcación fue entregada en 2017 al emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, cuya fortuna está estrechamente ligada a la riqueza gasística de Qatar y al gigantesco fondo soberano del país.
Mucho más que un cambio de imagen
Aunque el nuevo aspecto exterior es lo primero que llama la atención, la mayor parte del trabajo realizado permanece lejos de la vista. Durante meses se revisó prácticamente cada elemento del barco para garantizar que continúe funcionando al máximo nivel.
Motores, generadores, sistemas de climatización, automatización, hélices, timones y todos los equipos situados bajo la línea de flotación fueron inspeccionados y actualizados. También se renovaron distintas zonas de cubierta, elementos acristalados y parte de la sofisticada tecnología que convierte al Al Lusail en una auténtica residencia flotante.
Uno de los procesos más costosos fue el repintado integral del casco. En una embarcación de estas dimensiones, los especialistas explican que el verdadero desafío no consiste únicamente en aplicar la pintura, sino en preparar durante semanas una superficie de más de cien metros, un trabajo que por sí solo puede superar los 15 millones de dólares.

El palacio flotante del emir de Qatar
Pese al hermetismo que rodea al interior del barco, algunos de sus secretos sí han trascendido con el paso de los años. El Al Lusail puede recibir hasta 36 invitados distribuidos en 18 suites, mientras una tripulación de 56 personas se ocupa de que todo funcione con absoluta normalidad.
Su distribución gira alrededor de un gran atrio central que conecta las seis cubiertas del yate, donde no faltan espacios pensados para el descanso y el ocio. Piscinas, jacuzzis, spa, gimnasio, salón de belleza, cine privado, terrazas panorámicas, club de playa e incluso un helipuerto forman parte del equipamiento de una embarcación diseñada para no renunciar a ninguna comodidad.
Todo ello convierte al Al Lusail en una de las referencias mundiales del sector de los superyates, reservado a un reducido grupo de fortunas capaces de asumir tanto su compra como su mantenimiento.

(Gtres)
Preparado para volver a surcar el Mediterráneo
Más allá del lujo, el megayate también destaca por sus prestaciones técnicas. Equipado con dos motores diésel MTU, puede alcanzar una velocidad cercana a los 19 nudos y recorrer alrededor de 4.500 millas náuticas —unos 8.300 kilómetros— sin necesidad de repostar, una autonomía suficiente para cruzar el Atlántico.
Tras abandonar el astillero alemán Lürssen, donde ha permanecido desde finales del pasado año, el Al Lusail ya ha iniciado una nueva temporada de navegación por aguas mediterráneas. Su regreso confirma que, incluso en el exclusivo universo de los megayates, mantenerse en la élite exige inversiones capaces de alcanzar cifras que, para la mayoría, resultan difíciles de imaginar.
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