El centenario de la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano no fue solo una efeméride. Fue el final de una dura campaña para que ese rincón de Madrid llegara a los cien con la dignidad que merece. Detrás de esa obstinación estuvo la asociación ciudadana Soy de la Cuesta, nacida en 2019 con algo de romanticismo y bastante de cabezonería: unos pocos euros, mucha voluntad y la idea sencilla (pero cada vez más rara) de que las ciudades también tienen alma y conviene cuidarla.Ahora, terminado el año del centenario, la asociación anuncia una pausa. Un alto en el camino para mirar atrás, hacer balance y sobre todo, descansar. Porque en apenas seis años han pasado cosas que no parecían fáciles. Moyano ha recuperado visibilidad. Se han multiplicado las actividades culturales, las presentaciones, las visitas de escritores, periodistas, artistas y curiosos. Se consiguieron algunas ayudas, la reapertura de casetas cerradas y ciertas mejoras estructurales largamente reclamadas. El gesto más simbólico llegó este mismo año: la declaración de la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano como Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Comunidad de Madrid . No se protege solo una calle. Se protege un oficio, una tradición y una manera de entender la cultura. Hubo también escenas que quedarán en el álbum del centenario, como la visita de la Reina Letizia. Una fotografía poco habitual en una cuesta que siempre fue más de lectores solitarios que de ceremonias oficiales. Pero los aniversarios, como los buenos libros, siempre dejan una última pregunta flotando en el aire. ¿Y ahora qué?Consolidar lo conseguido y (ojalá) terminar lo pendiente. El viejo sueño del Café Moyano, pensado como lugar de tertulia y refugio de lectores. La mejora del paseo. Y soluciones para que la Cuesta siga viva incluso cuando el verano madrileño cae sobre el asfalto como un martillo.Mientras tanto, una exposición itinerante de fotografías históricas del fondo Santos Yubero recorrerá varias bibliotecas públicas de la ciudad recordando que Moyano no es solo un mercado de libros viejos. Es una pieza de la biografía sentimental de Madrid. El centenario de la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano no fue solo una efeméride. Fue el final de una dura campaña para que ese rincón de Madrid llegara a los cien con la dignidad que merece. Detrás de esa obstinación estuvo la asociación ciudadana Soy de la Cuesta, nacida en 2019 con algo de romanticismo y bastante de cabezonería: unos pocos euros, mucha voluntad y la idea sencilla (pero cada vez más rara) de que las ciudades también tienen alma y conviene cuidarla.Ahora, terminado el año del centenario, la asociación anuncia una pausa. Un alto en el camino para mirar atrás, hacer balance y sobre todo, descansar. Porque en apenas seis años han pasado cosas que no parecían fáciles. Moyano ha recuperado visibilidad. Se han multiplicado las actividades culturales, las presentaciones, las visitas de escritores, periodistas, artistas y curiosos. Se consiguieron algunas ayudas, la reapertura de casetas cerradas y ciertas mejoras estructurales largamente reclamadas. El gesto más simbólico llegó este mismo año: la declaración de la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano como Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Comunidad de Madrid . No se protege solo una calle. Se protege un oficio, una tradición y una manera de entender la cultura. Hubo también escenas que quedarán en el álbum del centenario, como la visita de la Reina Letizia. Una fotografía poco habitual en una cuesta que siempre fue más de lectores solitarios que de ceremonias oficiales. Pero los aniversarios, como los buenos libros, siempre dejan una última pregunta flotando en el aire. ¿Y ahora qué?Consolidar lo conseguido y (ojalá) terminar lo pendiente. El viejo sueño del Café Moyano, pensado como lugar de tertulia y refugio de lectores. La mejora del paseo. Y soluciones para que la Cuesta siga viva incluso cuando el verano madrileño cae sobre el asfalto como un martillo.Mientras tanto, una exposición itinerante de fotografías históricas del fondo Santos Yubero recorrerá varias bibliotecas públicas de la ciudad recordando que Moyano no es solo un mercado de libros viejos. Es una pieza de la biografía sentimental de Madrid.
El centenario de la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano no fue solo una efeméride. Fue el final de una dura campaña para que ese rincón de Madrid llegara a los cien con la dignidad que merece. Detrás de esa obstinación estuvo … la asociación ciudadana Soy de la Cuesta, nacida en 2019 con algo de romanticismo y bastante de cabezonería: unos pocos euros, mucha voluntad y la idea sencilla (pero cada vez más rara) de que las ciudades también tienen alma y conviene cuidarla.
Ahora, terminado el año del centenario, la asociación anuncia una pausa. Un alto en el camino para mirar atrás, hacer balance y sobre todo, descansar. Porque en apenas seis años han pasado cosas que no parecían fáciles. Moyano ha recuperado visibilidad. Se han multiplicado las actividades culturales, las presentaciones, las visitas de escritores, periodistas, artistas y curiosos. Se consiguieron algunas ayudas, la reapertura de casetas cerradas y ciertas mejoras estructurales largamente reclamadas.
El gesto más simbólico llegó este mismo año: la declaración de la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano como Bien de Interés Cultural Inmaterial de la Comunidad de Madrid. No se protege solo una calle. Se protege un oficio, una tradición y una manera de entender la cultura. Hubo también escenas que quedarán en el álbum del centenario, como la visita de la Reina Letizia. Una fotografía poco habitual en una cuesta que siempre fue más de lectores solitarios que de ceremonias oficiales. Pero los aniversarios, como los buenos libros, siempre dejan una última pregunta flotando en el aire. ¿Y ahora qué?
Consolidar lo conseguido y (ojalá) terminar lo pendiente. El viejo sueño del Café Moyano, pensado como lugar de tertulia y refugio de lectores. La mejora del paseo. Y soluciones para que la Cuesta siga viva incluso cuando el verano madrileño cae sobre el asfalto como un martillo.
Mientras tanto, una exposición itinerante de fotografías históricas del fondo Santos Yubero recorrerá varias bibliotecas públicas de la ciudad recordando que Moyano no es solo un mercado de libros viejos. Es una pieza de la biografía sentimental de Madrid.
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