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  Economía  Tiro por la culata
Economía

Tiro por la culata

abril 6, 2026
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Al Gobierno las injerencias corporativas le están saliendo caras. El caso de Indra es un buen ejemplo. En los últimos años han metido mano sin pudor, con el estilo marca de la casa, y la foto que se han hecho es para el recuerdo. El último pulso lo han terminado ganando, pero se han dejado muchos jirones en la gatera.Ha quedado claro que esto supera al aprendiz de brujo al que tienen al frente de este tinglado en La Moncloa, que da la sensación de haber perdido pie después de tanto tiempo al lado de Sánchez. No entiende nada. No sabe si sube o baja ni cuál debe ser el papel del Gobierno en las compañías en las que participa el Estado a través de la SEPI. Y, probablemente lo peor de todo, está pez en gobierno corporativo, como demuestra que en este último lío se haya metido él solo.El nombramiento de Escribano como recambio de Murtra —cuyo ascenso a la presidencia de Telefónica es también, entre otras cosas, una clara muestra de que no tienen mucho de donde tirar— no es entendible. ¿En qué momento pensaron que podían tener alineación de intereses? Y mucho menos si lo que planteaban era un campeón nacional que pasaba por integrar en Indra la compañía de Escribano. Clamaba al cielo desde el primer día y acabó cayendo por su propio peso.Noticia relacionada opinion No No CON PERMISO Sánchez y el campeón nacional de la defensa… propia María Jesús PérezAl final han tenido que ser los accionistas de parte —Escribano y Oughourlian— los que han sacado las castañas del fuego al Gobierno . Los independientes están escarmentados y saben lo que se juegan. Tampoco se han guardado las formas con el nuevo presidente, aunque han optado por un profesional que no va a morder la mano de quien le da de comer.La compañía entra ahora en una nueva etapa en la que puede centrarse en lo que quiere ser de mayor, en un momento particularmente interesante por todo lo que está sucediendo en el sector. Puede que se replantee la integración de Escribano —el trabajo ya está hecho y tiene sentido industrial—, pero lo que no tiene es mucho tiempo. Nuestras miserias locales nos han hecho perder perspectiva y olvidamos que lo que ahora se está fraguando es el campeón europeo. El papel que pueda o no desempeñar Indra en este proyecto dependerá de lo que sea capaz de hacer —o deshacer— a corto plazo. No hay mucho margen. La oportunidad es única. Y no sería la primera vez que perdemos un tren en Europa enredados en nuestras cuitas, aunque en este caso las injerencias de un Gobierno que no sabe bien cuál es su papel desde luego no ayudan.A otro perro con ese huesoEl flamante vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía ha tratado de colgarse la primera medalla nada más llegar. Ha celebrado los datos de déficit público por todo lo alto. Y aunque los datos, en términos absolutos, son buenos, un análisis un poco más detallado evidencia la enorme oportunidad que este Gobierno está desperdiciando para poner la casa en orden.Tal y como han ido las cosas, los números tendrían que ser sustancialmente mejores. Les ha salvado, básicamente, el fortísimo incremento de la recaudación, que ha alcanzado niveles nunca vistos. Por el lado del gasto, en cambio, no han hecho el menor esfuerzo. Con todo, los números han salido bien, pero mucho peor de lo que podrían haber sido si hubiera habido alguien al frente.Las comparaciones son odiosas, pero mirarnos en el espejo de Portugal resulta muy esclarecedor. Con sucesivos gobiernos de corte parecido al nuestro, ellos sí pueden decir que han aprovechado la coyuntura para dar la vuelta a las cuentas públicas. No ha sido nuestro caso, por responsabilidad exclusiva de este Gobierno, que no ha gestionado nada en todo el tiempo que lleva al frente.Probablemente nos salve el ciclo. El ciclo económico y el político. Empezando por este último, el más que probable cambio de gobierno el año que viene sería también una muy buena noticia para las cuentas públicas. Parece que los que están a las puertas tienen las ideas claras y, además, margen para impulsar políticas fiscales sensatas. Lo que no se ha hecho estos últimos años puede reconducirse en los siguientes, porque el ciclo económico, si nada se rompe, tiene cuerda para rato.Estamos en los primeros compases de un ciclo que nos puede llevar muy lejos, siempre que sepamos aprovecharlo. Hasta ahora no ha sido el caso. Pero a estos no les queda mucho. Además, conviene destacar que el próximo ciclo político será, con mucha probabilidad, largo —lo que dará tiempo para acometer reformas de calado— y que los nuevos aglutinarán mucho poder a todos los niveles de la administración, algo esencial en un país tan descentralizado como el nuestro.Por todo ello, el señor Cuerpo no debería sacar tanto pecho —y con toda seguridad lo sabe— y haría bien en tratar de dejar algo encarrilado para los que vengan detrás, aunque ya sabemos que eso es mucho pedir. No debería olvidar que cuando este Gobierno pase, que pasará, él seguirá siendo un alto funcionario del Estado.Estados Unidos está soloLas bombas siguen cayendo sobre Irán, pero en términos políticos y estratégicos Washington ya ha sufrido una derrota. Un exasesor militar estadounidense ha puesto palabras a lo que muchos analistas sostienen en privado: la guerra impulsada por Donald Trump ha terminado por aislar a Estados Unidos de todos los aliados que aún conservaba. No de algunos. De todos.Las victorias militares se contabilizan en objetivos destruidos. Las derrotas estratégicas, en cambio, no se miden con ese baremo. Se manifiestan en despachos, en flujos comerciales que se reordenan y en conversaciones discretas entre dirigentes que han dejado de confiar en Washington como un actor previsible y responsable.El distanciamiento no es reciente. Primero llegaron los aranceles. Después, las amenazas sobre Groenlandia. Más tarde, el progresivo abandono de Ucrania. Ahora, una guerra unilateral para la que nadie dio su respaldo, seguida de exigencias para que los aliados se sumen a posteriori.Tras años de dinamitar puentes, el resultado era previsible: cuando llega el momento del conflicto, nadie acude. El desenlace militar en Irán sigue siendo incierto. El estratégico, no. Estados Unidos ha quedado solo, y lo ha hecho con una rapidez llamativa.Ahora bien, esto es compatible con que no pueda irse sin terminar el trabajo. Como señaló Jamie Dimon hace poco en una entrevista controvertida, esto importa más que lo que puedan hacer los mercados a corto plazo. El consejero delegado de JP Morgan restó importancia al impacto inmediato en los mercados financieros y defendió que el éxito de la operación estadounidense en Irán debe primar sobre la evolución bursátil de corto plazo. Reconoció la elevada incertidumbre, pero subrayó que el objetivo estratégico —eliminar la amenaza iraní y garantizar la seguridad en zonas clave como los estrechos marítimos— es, a su juicio, mucho más relevante que la reacción de las Bolsas mientras el conflicto siga abierto.La encrucijada, por tanto, es doble. En el corto plazo mandará cuál sea el desenlace del ataque a Irán —y hoy, con las espadas en todo lo alto, resulta difícil anticipar nada, aunque el mercado siga poniendo en precio que a nadie le interesa tirarse por el barranco—. A largo plazo, en cambio, Estados Unidos parece haberse disparado en el pie en una proporción bíblica, difícil de reconducir con el actual presidente. La oportunidad es para el resto. Esperemos estar a la altura. Al Gobierno las injerencias corporativas le están saliendo caras. El caso de Indra es un buen ejemplo. En los últimos años han metido mano sin pudor, con el estilo marca de la casa, y la foto que se han hecho es para el recuerdo. El último pulso lo han terminado ganando, pero se han dejado muchos jirones en la gatera.Ha quedado claro que esto supera al aprendiz de brujo al que tienen al frente de este tinglado en La Moncloa, que da la sensación de haber perdido pie después de tanto tiempo al lado de Sánchez. No entiende nada. No sabe si sube o baja ni cuál debe ser el papel del Gobierno en las compañías en las que participa el Estado a través de la SEPI. Y, probablemente lo peor de todo, está pez en gobierno corporativo, como demuestra que en este último lío se haya metido él solo.El nombramiento de Escribano como recambio de Murtra —cuyo ascenso a la presidencia de Telefónica es también, entre otras cosas, una clara muestra de que no tienen mucho de donde tirar— no es entendible. ¿En qué momento pensaron que podían tener alineación de intereses? Y mucho menos si lo que planteaban era un campeón nacional que pasaba por integrar en Indra la compañía de Escribano. Clamaba al cielo desde el primer día y acabó cayendo por su propio peso.Noticia relacionada opinion No No CON PERMISO Sánchez y el campeón nacional de la defensa… propia María Jesús PérezAl final han tenido que ser los accionistas de parte —Escribano y Oughourlian— los que han sacado las castañas del fuego al Gobierno . Los independientes están escarmentados y saben lo que se juegan. Tampoco se han guardado las formas con el nuevo presidente, aunque han optado por un profesional que no va a morder la mano de quien le da de comer.La compañía entra ahora en una nueva etapa en la que puede centrarse en lo que quiere ser de mayor, en un momento particularmente interesante por todo lo que está sucediendo en el sector. Puede que se replantee la integración de Escribano —el trabajo ya está hecho y tiene sentido industrial—, pero lo que no tiene es mucho tiempo. Nuestras miserias locales nos han hecho perder perspectiva y olvidamos que lo que ahora se está fraguando es el campeón europeo. El papel que pueda o no desempeñar Indra en este proyecto dependerá de lo que sea capaz de hacer —o deshacer— a corto plazo. No hay mucho margen. La oportunidad es única. Y no sería la primera vez que perdemos un tren en Europa enredados en nuestras cuitas, aunque en este caso las injerencias de un Gobierno que no sabe bien cuál es su papel desde luego no ayudan.A otro perro con ese huesoEl flamante vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía ha tratado de colgarse la primera medalla nada más llegar. Ha celebrado los datos de déficit público por todo lo alto. Y aunque los datos, en términos absolutos, son buenos, un análisis un poco más detallado evidencia la enorme oportunidad que este Gobierno está desperdiciando para poner la casa en orden.Tal y como han ido las cosas, los números tendrían que ser sustancialmente mejores. Les ha salvado, básicamente, el fortísimo incremento de la recaudación, que ha alcanzado niveles nunca vistos. Por el lado del gasto, en cambio, no han hecho el menor esfuerzo. Con todo, los números han salido bien, pero mucho peor de lo que podrían haber sido si hubiera habido alguien al frente.Las comparaciones son odiosas, pero mirarnos en el espejo de Portugal resulta muy esclarecedor. Con sucesivos gobiernos de corte parecido al nuestro, ellos sí pueden decir que han aprovechado la coyuntura para dar la vuelta a las cuentas públicas. No ha sido nuestro caso, por responsabilidad exclusiva de este Gobierno, que no ha gestionado nada en todo el tiempo que lleva al frente.Probablemente nos salve el ciclo. El ciclo económico y el político. Empezando por este último, el más que probable cambio de gobierno el año que viene sería también una muy buena noticia para las cuentas públicas. Parece que los que están a las puertas tienen las ideas claras y, además, margen para impulsar políticas fiscales sensatas. Lo que no se ha hecho estos últimos años puede reconducirse en los siguientes, porque el ciclo económico, si nada se rompe, tiene cuerda para rato.Estamos en los primeros compases de un ciclo que nos puede llevar muy lejos, siempre que sepamos aprovecharlo. Hasta ahora no ha sido el caso. Pero a estos no les queda mucho. Además, conviene destacar que el próximo ciclo político será, con mucha probabilidad, largo —lo que dará tiempo para acometer reformas de calado— y que los nuevos aglutinarán mucho poder a todos los niveles de la administración, algo esencial en un país tan descentralizado como el nuestro.Por todo ello, el señor Cuerpo no debería sacar tanto pecho —y con toda seguridad lo sabe— y haría bien en tratar de dejar algo encarrilado para los que vengan detrás, aunque ya sabemos que eso es mucho pedir. No debería olvidar que cuando este Gobierno pase, que pasará, él seguirá siendo un alto funcionario del Estado.Estados Unidos está soloLas bombas siguen cayendo sobre Irán, pero en términos políticos y estratégicos Washington ya ha sufrido una derrota. Un exasesor militar estadounidense ha puesto palabras a lo que muchos analistas sostienen en privado: la guerra impulsada por Donald Trump ha terminado por aislar a Estados Unidos de todos los aliados que aún conservaba. No de algunos. De todos.Las victorias militares se contabilizan en objetivos destruidos. Las derrotas estratégicas, en cambio, no se miden con ese baremo. Se manifiestan en despachos, en flujos comerciales que se reordenan y en conversaciones discretas entre dirigentes que han dejado de confiar en Washington como un actor previsible y responsable.El distanciamiento no es reciente. Primero llegaron los aranceles. Después, las amenazas sobre Groenlandia. Más tarde, el progresivo abandono de Ucrania. Ahora, una guerra unilateral para la que nadie dio su respaldo, seguida de exigencias para que los aliados se sumen a posteriori.Tras años de dinamitar puentes, el resultado era previsible: cuando llega el momento del conflicto, nadie acude. El desenlace militar en Irán sigue siendo incierto. El estratégico, no. Estados Unidos ha quedado solo, y lo ha hecho con una rapidez llamativa.Ahora bien, esto es compatible con que no pueda irse sin terminar el trabajo. Como señaló Jamie Dimon hace poco en una entrevista controvertida, esto importa más que lo que puedan hacer los mercados a corto plazo. El consejero delegado de JP Morgan restó importancia al impacto inmediato en los mercados financieros y defendió que el éxito de la operación estadounidense en Irán debe primar sobre la evolución bursátil de corto plazo. Reconoció la elevada incertidumbre, pero subrayó que el objetivo estratégico —eliminar la amenaza iraní y garantizar la seguridad en zonas clave como los estrechos marítimos— es, a su juicio, mucho más relevante que la reacción de las Bolsas mientras el conflicto siga abierto.La encrucijada, por tanto, es doble. En el corto plazo mandará cuál sea el desenlace del ataque a Irán —y hoy, con las espadas en todo lo alto, resulta difícil anticipar nada, aunque el mercado siga poniendo en precio que a nadie le interesa tirarse por el barranco—. A largo plazo, en cambio, Estados Unidos parece haberse disparado en el pie en una proporción bíblica, difícil de reconducir con el actual presidente. La oportunidad es para el resto. Esperemos estar a la altura.  

Al Gobierno las injerencias corporativas le están saliendo caras. El caso de Indra es un buen ejemplo. En los últimos años han metido mano sin pudor, con el estilo marca de la casa, y la foto que se han hecho es para el recuerdo. El … último pulso lo han terminado ganando, pero se han dejado muchos jirones en la gatera.

Ha quedado claro que esto supera al aprendiz de brujo al que tienen al frente de este tinglado en La Moncloa, que da la sensación de haber perdido pie después de tanto tiempo al lado de Sánchez. No entiende nada. No sabe si sube o baja ni cuál debe ser el papel del Gobierno en las compañías en las que participa el Estado a través de la SEPI. Y, probablemente lo peor de todo, está pez en gobierno corporativo, como demuestra que en este último lío se haya metido él solo.

El nombramiento de Escribano como recambio de Murtra —cuyo ascenso a la presidencia de Telefónica es también, entre otras cosas, una clara muestra de que no tienen mucho de donde tirar— no es entendible. ¿En qué momento pensaron que podían tener alineación de intereses? Y mucho menos si lo que planteaban era un campeón nacional que pasaba por integrar en Indra la compañía de Escribano. Clamaba al cielo desde el primer día y acabó cayendo por su propio peso.

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    María Jesús Pérez

Al final han tenido que ser los accionistas de parte —Escribano y Oughourlian— los que han sacado las castañas del fuego al Gobierno. Los independientes están escarmentados y saben lo que se juegan. Tampoco se han guardado las formas con el nuevo presidente, aunque han optado por un profesional que no va a morder la mano de quien le da de comer.

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A otro perro con ese hueso

El flamante vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía ha tratado de colgarse la primera medalla nada más llegar. Ha celebrado los datos de déficit público por todo lo alto. Y aunque los datos, en términos absolutos, son buenos, un análisis un poco más detallado evidencia la enorme oportunidad que este Gobierno está desperdiciando para poner la casa en orden.

Tal y como han ido las cosas, los números tendrían que ser sustancialmente mejores. Les ha salvado, básicamente, el fortísimo incremento de la recaudación, que ha alcanzado niveles nunca vistos. Por el lado del gasto, en cambio, no han hecho el menor esfuerzo. Con todo, los números han salido bien, pero mucho peor de lo que podrían haber sido si hubiera habido alguien al frente.

Las comparaciones son odiosas, pero mirarnos en el espejo de Portugal resulta muy esclarecedor. Con sucesivos gobiernos de corte parecido al nuestro, ellos sí pueden decir que han aprovechado la coyuntura para dar la vuelta a las cuentas públicas. No ha sido nuestro caso, por responsabilidad exclusiva de este Gobierno, que no ha gestionado nada en todo el tiempo que lleva al frente.

Probablemente nos salve el ciclo. El ciclo económico y el político. Empezando por este último, el más que probable cambio de gobierno el año que viene sería también una muy buena noticia para las cuentas públicas. Parece que los que están a las puertas tienen las ideas claras y, además, margen para impulsar políticas fiscales sensatas. Lo que no se ha hecho estos últimos años puede reconducirse en los siguientes, porque el ciclo económico, si nada se rompe, tiene cuerda para rato.

Estamos en los primeros compases de un ciclo que nos puede llevar muy lejos, siempre que sepamos aprovecharlo. Hasta ahora no ha sido el caso. Pero a estos no les queda mucho. Además, conviene destacar que el próximo ciclo político será, con mucha probabilidad, largo —lo que dará tiempo para acometer reformas de calado— y que los nuevos aglutinarán mucho poder a todos los niveles de la administración, algo esencial en un país tan descentralizado como el nuestro.

Por todo ello, el señor Cuerpo no debería sacar tanto pecho —y con toda seguridad lo sabe— y haría bien en tratar de dejar algo encarrilado para los que vengan detrás, aunque ya sabemos que eso es mucho pedir. No debería olvidar que cuando este Gobierno pase, que pasará, él seguirá siendo un alto funcionario del Estado.

Estados Unidos está solo

Las bombas siguen cayendo sobre Irán, pero en términos políticos y estratégicos Washington ya ha sufrido una derrota. Un exasesor militar estadounidense ha puesto palabras a lo que muchos analistas sostienen en privado: la guerra impulsada por Donald Trump ha terminado por aislar a Estados Unidos de todos los aliados que aún conservaba. No de algunos. De todos.

Las victorias militares se contabilizan en objetivos destruidos. Las derrotas estratégicas, en cambio, no se miden con ese baremo. Se manifiestan en despachos, en flujos comerciales que se reordenan y en conversaciones discretas entre dirigentes que han dejado de confiar en Washington como un actor previsible y responsable.

El distanciamiento no es reciente. Primero llegaron los aranceles. Después, las amenazas sobre Groenlandia. Más tarde, el progresivo abandono de Ucrania. Ahora, una guerra unilateral para la que nadie dio su respaldo, seguida de exigencias para que los aliados se sumen a posteriori.

Tras años de dinamitar puentes, el resultado era previsible: cuando llega el momento del conflicto, nadie acude. El desenlace militar en Irán sigue siendo incierto. El estratégico, no. Estados Unidos ha quedado solo, y lo ha hecho con una rapidez llamativa.

Ahora bien, esto es compatible con que no pueda irse sin terminar el trabajo. Como señaló Jamie Dimon hace poco en una entrevista controvertida, esto importa más que lo que puedan hacer los mercados a corto plazo. El consejero delegado de JP Morgan restó importancia al impacto inmediato en los mercados financieros y defendió que el éxito de la operación estadounidense en Irán debe primar sobre la evolución bursátil de corto plazo. Reconoció la elevada incertidumbre, pero subrayó que el objetivo estratégico —eliminar la amenaza iraní y garantizar la seguridad en zonas clave como los estrechos marítimos— es, a su juicio, mucho más relevante que la reacción de las Bolsas mientras el conflicto siga abierto.

La encrucijada, por tanto, es doble. En el corto plazo mandará cuál sea el desenlace del ataque a Irán —y hoy, con las espadas en todo lo alto, resulta difícil anticipar nada, aunque el mercado siga poniendo en precio que a nadie le interesa tirarse por el barranco—. A largo plazo, en cambio, Estados Unidos parece haberse disparado en el pie en una proporción bíblica, difícil de reconducir con el actual presidente. La oportunidad es para el resto. Esperemos estar a la altura.

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