Crítica de teatro ‘Travy’ Texto Pau Matas Nogués y Oriol Pla Solina Dirección Oriol Pla Solina Escenografía y vestuario Silvia Delagneau Diseño sonoro Pau Matas Nogués Diseño de movimiento Laura Durán Iluminación Lluís Martí Intérpretes Núria Solina, Diana Pla Solina, Oriol Pla Solina, Quimet Pla Lugar Teatro de La Abadía (Sala José Luis Alonso de Santos) ****Vuelve ‘Travy’, la obra con que Oriol Pla ha echado fantasía, absurdo, metateatralidad a la historia familiar de los Pla Solina, y en que ha hecho a la vez un homenaje a este viejo oficio de teatreros, clowns, juglares y músicos. ‘Travy’ es un puñado de biografías disparatadas y ficcionalmente reales, una experiencia deliciosamente hiperbólica, divertida, tan aparentemente desnuda como llena de efectos. El primer efecto se produce en el monólogo gestual que hace el propio Oriol Pla nada más comenzar el espectáculo, inspirado en el cine mudo, y que es la primera constatación de una interpretación frenética y soberbia del actor catalán que, a lo largo de toda la obra, nos va a dejar momentos memorables. A partir de ahí se mezcla todo: el teatro popular y las formas posdramáticas, la caricatura de la commedia dell’arte con un Hamlet de pacotilla, la tortilla francesa , la vejez, la juventud, la dictadura y un mundo actual lleno de pérdidas y de miedos. ‘Travy’ dramatiza como pocas obras el caos familiar a través del caos teatral, es un montaje que se busca a sí mismo utilizando el recurso de la búsqueda de cada una de las biografías: la de Quimet Pla, Núria Solina, su hija Diana y su hijo Oriol. Su sentido del proceso está marcado por ese momento en que el personaje que encarna Oriol Pla comunica que le han encargado una obra y que ésta tiene que tener un final, pero todo se convierte en un bucle donde lo humorístico tiene tanto peso como lo paródico, lo fantasmal (Sibartini), como lo surreal (la sandía y Shakespeare), la enfermedad y la muerte con la resurrección, en esa escena en que Quimet Pla sale de su propio ataúd. Un montaje tan divertido, por ello, como de una grandeza insólita. Todo brilla en él de una forma tan sorprendente que hace que su mezcla de géneros, de lenguajes teatrales, de idiomas, de vestuario, de iluminación, de espacios sonoros y de interpretaciones sea una verdadera fiesta del teatro. Crítica de teatro ‘Travy’ Texto Pau Matas Nogués y Oriol Pla Solina Dirección Oriol Pla Solina Escenografía y vestuario Silvia Delagneau Diseño sonoro Pau Matas Nogués Diseño de movimiento Laura Durán Iluminación Lluís Martí Intérpretes Núria Solina, Diana Pla Solina, Oriol Pla Solina, Quimet Pla Lugar Teatro de La Abadía (Sala José Luis Alonso de Santos) ****Vuelve ‘Travy’, la obra con que Oriol Pla ha echado fantasía, absurdo, metateatralidad a la historia familiar de los Pla Solina, y en que ha hecho a la vez un homenaje a este viejo oficio de teatreros, clowns, juglares y músicos. ‘Travy’ es un puñado de biografías disparatadas y ficcionalmente reales, una experiencia deliciosamente hiperbólica, divertida, tan aparentemente desnuda como llena de efectos. El primer efecto se produce en el monólogo gestual que hace el propio Oriol Pla nada más comenzar el espectáculo, inspirado en el cine mudo, y que es la primera constatación de una interpretación frenética y soberbia del actor catalán que, a lo largo de toda la obra, nos va a dejar momentos memorables. A partir de ahí se mezcla todo: el teatro popular y las formas posdramáticas, la caricatura de la commedia dell’arte con un Hamlet de pacotilla, la tortilla francesa , la vejez, la juventud, la dictadura y un mundo actual lleno de pérdidas y de miedos. ‘Travy’ dramatiza como pocas obras el caos familiar a través del caos teatral, es un montaje que se busca a sí mismo utilizando el recurso de la búsqueda de cada una de las biografías: la de Quimet Pla, Núria Solina, su hija Diana y su hijo Oriol. Su sentido del proceso está marcado por ese momento en que el personaje que encarna Oriol Pla comunica que le han encargado una obra y que ésta tiene que tener un final, pero todo se convierte en un bucle donde lo humorístico tiene tanto peso como lo paródico, lo fantasmal (Sibartini), como lo surreal (la sandía y Shakespeare), la enfermedad y la muerte con la resurrección, en esa escena en que Quimet Pla sale de su propio ataúd. Un montaje tan divertido, por ello, como de una grandeza insólita. Todo brilla en él de una forma tan sorprendente que hace que su mezcla de géneros, de lenguajes teatrales, de idiomas, de vestuario, de iluminación, de espacios sonoros y de interpretaciones sea una verdadera fiesta del teatro.
Vuelve ‘Travy’, la obra con que Oriol Pla ha echado fantasía, absurdo, metateatralidad a la historia familiar de los Pla Solina, y en que ha hecho a la vez un homenaje a este viejo oficio de teatreros, clowns, juglares y músicos. ‘Travy’ es un puñado … de biografías disparatadas y ficcionalmente reales, una experiencia deliciosamente hiperbólica, divertida, tan aparentemente desnuda como llena de efectos.
El primer efecto se produce en el monólogo gestual que hace el propio Oriol Pla nada más comenzar el espectáculo, inspirado en el cine mudo, y que es la primera constatación de una interpretación frenética y soberbia del actor catalán que, a lo largo de toda la obra, nos va a dejar momentos memorables. A partir de ahí se mezcla todo: el teatro popular y las formas posdramáticas, la caricatura de la commedia dell’arte con un Hamlet de pacotilla, la tortilla francesa , la vejez, la juventud, la dictadura y un mundo actual lleno de pérdidas y de miedos.
‘Travy’ dramatiza como pocas obras el caos familiar a través del caos teatral, es un montaje que se busca a sí mismo utilizando el recurso de la búsqueda de cada una de las biografías: la de Quimet Pla, Núria Solina, su hija Diana y su hijo Oriol. Su sentido del proceso está marcado por ese momento en que el personaje que encarna Oriol Pla comunica que le han encargado una obra y que ésta tiene que tener un final, pero todo se convierte en un bucle donde lo humorístico tiene tanto peso como lo paródico, lo fantasmal (Sibartini), como lo surreal (la sandía y Shakespeare), la enfermedad y la muerte con la resurrección, en esa escena en que Quimet Pla sale de su propio ataúd.
Un montaje tan divertido, por ello, como de una grandeza insólita. Todo brilla en él de una forma tan sorprendente que hace que su mezcla de géneros, de lenguajes teatrales, de idiomas, de vestuario, de iluminación, de espacios sonoros y de interpretaciones sea una verdadera fiesta del teatro.
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