Los tiempos cambian y “tu madre no lo dice pero me mira mal” ya no haría referencia a un rockero, como cantaba Loquilllo, sino a esa especie de piruletas luminosas, a las capuchitas granates, a los sombreros de peluche, a los atavíos rosas y albaricoques y a una vestimenta, por lo demás tirando a infantil, con la que las fans de Twice se presentaron en el Sant Jordi para casi llenarlo en el único concierto en España del grupo de k-pop. No era una uniformidad propia de Corea del Norte, ya que cada seguidora tomaba elementos de un vídeo diferente de la banda, por lo que los atuendos solo coincidían masivamente en la piruleta luminosa, anticipando el colorismo de lo que luego se vendría encima ya dentro del recinto. Sí, hoy llaman la atención y descolocan más los atavíos del pop coreano que una chupa o un tupé, y la adolescencia idolatra en su habitación a estas nueve jóvenes, edad media 28 años, que forman el veterano grupo de pop, activo desde hace 11 años. Son estrellas de otros tiempos, de los nuestros.
El grupo sud-coreano endulzó el Sant Jordi barcelonés en su única cita en España
Los tiempos cambian y “tu madre no lo dice pero me mira mal” ya no haría referencia a un rockero, como cantaba Loquilllo, sino a esa especie de piruletas luminosas, a las capuchitas granates, a los sombreros de peluche, a los atavíos rosas y albaricoques y a una vestimenta, por lo demás tirando a infantil, con la que las fans de Twice se presentaron en el Sant Jordi para casi llenarlo en el único concierto en España del grupo de k-pop. No era una uniformidad propia de Corea del Norte, ya que cada seguidora tomaba elementos de un vídeo diferente de la banda, por lo que los atuendos solo coincidían masivamente en la piruleta luminosa, anticipando el colorismo de lo que luego se vendría encima ya dentro del recinto. Sí, hoy llaman la atención y descolocan más los atavíos del pop coreano que una chupa o un tupé, y la adolescencia idolatra en su habitación a estas nueve jóvenes, edad media 28 años, que forman el veterano grupo de pop, activo desde hace 11 años. Son estrellas de otros tiempos, de los nuestros.
El concierto fue un desvarío colorista y alegre, espumoso, burbujeante y ligero que oculta, si eso fuera posible, que para Corea del Sur el k-pop se ha convertido en una enseña nacional, motivo de orgullo que enarbola su idioma como notable ariete de difusión cultural, que para más señas triunfa en Japón, un país que había tenido tendencia a mirar a Corea como en su época se miró desde aquí a Portugal. Es Twice, banda con tres japonesas y una taiwanesa, funciona de manera eficiente con una desacomplejada mezcla de géneros empaquetada con celofán de pop ligero y jovial que mantuvo a las fans atrapadas en una espiral de canciones.
Las presentaron mediante puntuales coreografías —veinte danzantes, diez de cada sexo—, evoluciones en tres escenarios 360º con nueve plataformas elevadoras unidos por dos pasarelas y un complejo sistema de cubos enmarcados en un rectángulo perimetral que subía y bajaba con ellos llegando a suponer en su momento de máxima operatividad el empleo de 52 pantallas de vídeo de una definición… coreana. Todo ello medido hasta el detalle, pues las pantallas y los motivos proyectados jamás relegaban la figura de las cantantes, central, iluminada en tonos claros para que sus rostros fueran nítidos y los vestuarios, cuatro cambios, no se contaminasen cromáticamente. Un festín rematado por el público con sus piruletas de colores—80 euros de segunda mano, más cara por los aranceles si se importa desde Corea— que funcionaban al unísono tiñendo gradas y pistas con colores homogéneos. Un espectáculo desplegado con tiento y guiños a Barcelona, un montaje, si se permite, con una idea, como el propio Barça, al que felicitaron en sus alocuciones, traducidas en un detalle insólito. Tu madre te puede mirar todo lo mal que quiera. Si lo hace, pues más de una estaba allí con su hija.
El show, dos horas y media rematadas por un tema escogido por el público —estaba previsto TT, pero se optó por Alcohol-Free, un pop bossa la mar de resultón—, superó la treintena de composiciones en las que hubo de todo: desde el pop de autoafirmación del primer tema, This Is For, al pop más ochentero de I Can’t Stop Me, baladas con cuerda como Options, pulsiones funk en The Feels, dance pop con toques funk y soul en Dance The Night Away y una cascada de variaciones cuando cada cantante, -una de ellas, Dahyun, sentada por una lesión de tobillo-, defendió un tema propio en el tercer acto del concierto que contuvo funk en Fix A Dream, rhythm and blues en ATM, hip-hop en Takedown y así hasta el infinito. O casi. La lástima es que al optar por una banda de apoyo, un quinteto casi invisible, el sonido resultó empastado, demasiado crudo para los matices de un cancionero flexible que en disco suena más detallista y brillante, por mucho que los teclados disparasen todo tipo de sonidos.
Y pese a todo esto y aunque resulte increíble, gran parte del espectáculo estuvo en las gradas, donde el griterío constante hoy sembrará afonía en las aulas. Allí estaban las ONCE, sí, en mayúsculas, que es como se llaman las seguidoras de la banda —los idiomas en ocasiones resultan equívocos—, pues el grupo dice que si se las ama una vez –once- ellas lo retornarán dos veces –twice-. Y las fans participaron con esa avasalladora energía juvenil de quien se entrega como si solo existiese el instante en curso, con esa tensión que conduce al paroxismo, con esa fe aún no desportillada por el uso y con la fidelidad debida a quien te ayuda a tener esperanzas y vivir con alegría mediante una gestualidad compartida que ayuda a sentirte parte de un grupo.
El pop se mostró en el Sant Jordi como una poderosa herramienta ilusionante. Luego vendrán los mayores para hablar de empresas que fabrican escapismo travestido, ilusiones vacías, marciales factorías de consumo, olvidando de paso que la Motown también lo hizo, pero ya se sabe: los mayores lo son porque se han desilusionado y el desengaño los abruma. Twice les contó a sus fans todo eso en el Sant Jordi, que los mayores no se enteran. Y lo hicieron sin acritud.
