La soledad no es una condición que suela atribuirse a la infancia, pero el 92% de los adolescentes andaluces sabe que se puede estar solo rodeado de personas y el 79% de los alumnos de primaria se han sentido solos alguna vez, según el último informe del Defensor de la Infancia de Andalucía, que se ha presentado este jueves. “Hablamos de una epidemia invisible porque nadie la mira y nadie la mide”, ha advertido su titular, Jesús Maeztu, que ha llamado la atención sobre la ausencia de políticas públicas que atiendan a un problema que tiene un fuerte impacto en el bienestar emocional, la salud, el desarrollo o la educación de los menores.
El informe anual del Defensor de la Infancia andaluz advierte sobre esta “epidemia invisible”, que han experimentado el 79% de los alumnos de primaria
La soledad no es una condición que suela atribuirse a la infancia, pero el 92% de los adolescentes andaluces sabe que se puede estar solo rodeado de personas y el 79% de los alumnos de primaria se han sentido solos alguna vez, según el último informe del Defensor de la Infancia de Andalucía, que se ha presentado este jueves. “Hablamos de una epidemia invisible porque nadie la mira y nadie la mide”, ha advertido su titular, Jesús Maeztu, que ha llamado la atención sobre la ausencia de políticas públicas que atiendan a un problema que tiene un fuerte impacto en el bienestar emocional, la salud, el desarrollo o la educación de los menores.
Las conclusiones del informe se apoyan en un cuestionario que se ha distribuido en centros educativos de todas las provincias andaluzas y en el que han participado 143 alumnos y alumnas, 74 de primaria y 69 de secundaria. Aunque en el caso de los más pequeños, la soledad se equipara con emociones como la tristeza, el miedo, la rabia o el aburrimiento, mientras que los mayores evidencian una comprensión más profunda y subjetiva de este estado, ambos grupos de edad la perciben como una experiencia dolorosa y valoran la importancia de la inclusión, de sentirse aceptado y de mantener vínculos afectivos como elementos fundamentales para paliar esa sensación de aislamiento. Una necesidad que se resume en una de las respuestas que ofrecieron los participantes para luchar contra la soledad: “Que haya un banco para la soledad, es decir, cuando alguien se sienta solo o sola que se siente en ese banco y los demás ya saben que esa persona se siente solo o sola y aunque sean de otro curso/clase vayan a preguntarle si le pueden ayudar, ir a jugar con ellos o ellas…”
El “banco para la soledad” evidencia, de acuerdo con el informe del Defensor, “la sensibilidad emocional y social por parte del alumnado” y la relevancia que los menores otorgan a hacer visible ese malestar y a mostrar empatía por cualquier persona, sin necesidad de que pertenezca al mismo grupo o la misma clase. Los espacios compartidos, las actividades grupales, menos juicios de valores y una mayor creación de lugares seguros donde poder expresarse, son las principales demandas que recogen los alumnos encuestados para solucionar esa sensación de aislamiento social y personal.
Es el colegio, y en concreto el recreo, donde la mayoría de los chicos y chicas reconocen que se sienten más solos (47%). “La escuela puede ser un lugar de crecimiento y confianza; para otros, puede convertirse en un escenario de aislamiento y soledad emocional”, advierte el informe, que también llama la atención sobre cómo los centros educativos deben ser un “lugar privilegiado para detectar y prevenir la soledad no deseada”, que se incrementa en los casos de acoso escolar. Muchas de las respuestas de los alumnos se centran en pedir más medidas para prevenir el bullying. “Resulta especialmente significativo que algunos adolescentes asocien sentirse solos con haber sufrido ‘bullying’ o con ser objeto de humillaciones públicas. Esto evidencia la estrecha relación entre violencia entre iguales y aislamiento emocional”, concluye el informe.
En un mundo hiperconectado, podría parecer que las redes sociales son una herramienta para llenar la soledad no deseada, pero los estudiantes de primaria identifican los dispositivos y el exceso de tecnología como elementos que pueden favorecer el aislamiento, mientras que los adolescentes sí muestran una percepción ambivalente. La mayoría considera que pueden ayudar a sentirse acompañado, pero también aumentan la sensación de soledad. Reconocen que permiten hablar, encontrar apoyo o distraerse, pero advierten de riesgos importantes: comparaciones constantes, necesidad de validación, exclusión digital, ciberacoso o sensación de falsedad.
La familia es adonde los menores acuden más a menudo para tratar de refugiarse de la soledad (90%), seguida de los amigos (81%) y del profesorado (37%). Pero, eso sí, a los adulto, los niños les piden, además de más disponibilidad y atención, que se les escuche antes de juzgar: “Cambiar el chip de reñir a comprender” o “menos charlas y más acción”, son algunas de sus respuestas. Ese aislamiento social se agrava en la infancia en situación de pobreza, entre los menores migrantes solos, en los LGTBIQ+, los que tienen necesidades especiales o problemas de salud mental. “No es fragilidad individual, son barreras que les ponemos”, ha advertido Maeztu.
El Defensor de la Infancia a ha recomendado a la Junta, tal y como se recoge en su informe, crear un sistema público de información, medición y seguimiento de la soledad no deseada en la infancia y una Estrategia andaluza para su prevención y abordaje, como la que ya existe para las personas mayores, en cuyo diseño participen los niños y que cuente con protocolos compartidos entre las consejerías de educación, sanidad y servicios sociales, además de programas de educación emocional, prevención del acoso y formación de profesionales en los centros educativos.
Maeztu ha querido hacer un llamamiento sobre la situación de los niños y niñas en riesgo de pobreza o exclusión social, poniendo el énfasis en los menores migrantes, y no se ha olvidado de las dificultades para el acceso a la vivienda. “La vivienda y el empleo no son solo políticas sociales, son políticas de infancia”, ha recalcado.
A lo largo de 2025 la Defensoría ha realizado 5.197 actuaciones y la mayor parte de las quejas nuevas que ha recibido están relacionadas con la educación (1.026), seguidas de asuntos relacionados con la protección de la infancia (472), vivienda (140), dependencia (90) y salud (88). Sobre la principal de las demandas, el informe recoge casos vinculados con el acoso escolar, la falta de monitores y especialistas en educación especial y los problemas en el transporten escolar en Jaén y Granada. En el ámbito de la salud, el Defensor ha llamado la atención sobre cómo la escasez de pediatras, sobre todo en el mundo rural, sigue sin solucionarse.
