Se llamaba Bravío y escondía las llaves del paraíso. Eran sus hechuras la perfección, las soñadas por cualquier torero , un dije acapachado, bajito; una belleza colorada de 566 kilos, marcada a fuego con el número 53. A su expresión le acompañó su clase y su profundidad, precisamente de lo que careció la obra de Marco Pérez. Dispuesto, sí; ambicioso, sí… Pero tan acelerado, tan falto de reposo, que cuando sonaron las campanillas de la muerte sin una oreja lo que allí se arrastraba era un toro de dos, un toro para reventar con el toreo verdadero. Había descubierto Santiago Domecq horas antes una placa que recordaba a Escondido, el cuarto ejemplar indultado en la historia de Valencia, y ya puede sumar a su vitrina otro toro muy completo: más idílico para el toreo este Bravío que el Artista de Jandilla. Marco Pérez sale a hombros Mikel PonceRepitió con emoción Bravío desde el decidido saludo del torero charro, aunque fue el quite por tafalleras de Perera lo de mayor compás. Dramático el momento en que apretó en banderillas y Prestel chocó contra las tablas, con un golpetazo en la cara, antes de entrar al burladero, donde sintió los pitones del colorado. Arrollador Pérez desde el pase cambiado y una intensa serie de rodillas, con el de Garcisobaco arrastrando el hocico. Estallaba la pirotecnia en la calle y, también, en el ruedo. Fallera la faena con aquella máquina de embestir, que merecía otros sones. Claro que el público, que es el que paga, acabó en pie con las luquecinas finales y el desplante a cuerpo limpio. Un manicomio eran los tendidos, que pidieron las dos orejas después de que el toro se tragara su brava muerte. Puso cordura el palco de esta plaza de primera y enseñó un solo pañuelo. Esto es para listos. Y Marco lo es. Pero no en todos los escenarios valen los fuegos artificiales. Marco sabe (y debe) torear mejor.Pero Marco, con una ambición innegable -condición primera para ser figura-, tenía claro que la puerta grande sería suya en su debut. Y por ella se marchó después de conectar una barbaridad con la gente: listeza de mente y de pies frente al toro más serio, con pegajoso temperamento y no poca guasa. De premio la estocada, que lo aupaba a hombros. Esto es para listos. Y Marco lo es. Pero no en todos los escenarios valen los fuegos artificiales. Marco sabe (y debe) torear mejor.Noticia relacionada general No No Feria de Fallas El hambre de ser torero de Norte a Sur Rosario PérezTenía el aficionado interés por ver al otro debutante, Víctor Hernández. De azul José Tomás – el color con el que cautivó a Madrid- se vistió para la ocasión. Alejado de artificios, fue fiel a su toreo solemne, aunque faltaron cosas dentro de todo lo extraordinario que proyecta. Era noble Remendito, pero algo soso. El de Santos de la Humosa planteó la faena con vertical sinceridad, con actitud, y le aplaudieron su búsqueda de la colocación. Cayó tendida la estocada y el palco no atendió la petición de oreja: dio una vuelta al ruedo con la calma con la que torea. Ningún harén de vacas esperará al asperote Sultán, con el que expuso con honestidad, pero con el descabello no lo vio. Feria de Fallas Plaza de toros de Valencia Martes, 17 de marzo de 2026. Media entrada. Toros de Santiago Domecq, variados; destacó el bravo 3º. Miguel Ángel Perera, de marino y oro: pinchazo hondo bajo, media baja y descabello (silencio tras aviso); pinchazo hondo bajo y estocada baja (silencio tras aviso). Víctor Hernández, de azul y oro: estocada tendida (petición de oreja y vuelta al ruedo); media tendida y seis descabellos (silencio). Marco Pérez, de azul y oro: estocada desprendida (oreja tras aviso con petición de otra); estocada (oreja). Abrió la variada corrida Marquesón -no le sobraban kilos, quizá porque le había sobrado agua del temporal-, en el que reinó el temple de Perera. Salió su raza de figura cuando Víctor se echó el capote a la espalda en su turno de quites, replicado con una gaonera ajustadísima y al ralentí del extremeño. Noble y obediente, aunque falto de continuidad, era el de Santi Domecq. Quiso darle celo, midió los tiempos y tiró de su veterana técnica con sobresaliente pulso antes de marrar con el acero. Otra vez se iría a los bajos con el sobrero cinqueño que sustituía al titular (se partió una mano). Miguel Ángel aprovechó su fondo y su movilidad dejándole la muleta puesta, sin una sola ventana. De par en par se la abrirían a Marco mientras el aficionado recordaba al gran Bravío. Se llamaba Bravío y escondía las llaves del paraíso. Eran sus hechuras la perfección, las soñadas por cualquier torero , un dije acapachado, bajito; una belleza colorada de 566 kilos, marcada a fuego con el número 53. A su expresión le acompañó su clase y su profundidad, precisamente de lo que careció la obra de Marco Pérez. Dispuesto, sí; ambicioso, sí… Pero tan acelerado, tan falto de reposo, que cuando sonaron las campanillas de la muerte sin una oreja lo que allí se arrastraba era un toro de dos, un toro para reventar con el toreo verdadero. Había descubierto Santiago Domecq horas antes una placa que recordaba a Escondido, el cuarto ejemplar indultado en la historia de Valencia, y ya puede sumar a su vitrina otro toro muy completo: más idílico para el toreo este Bravío que el Artista de Jandilla. Marco Pérez sale a hombros Mikel PonceRepitió con emoción Bravío desde el decidido saludo del torero charro, aunque fue el quite por tafalleras de Perera lo de mayor compás. Dramático el momento en que apretó en banderillas y Prestel chocó contra las tablas, con un golpetazo en la cara, antes de entrar al burladero, donde sintió los pitones del colorado. Arrollador Pérez desde el pase cambiado y una intensa serie de rodillas, con el de Garcisobaco arrastrando el hocico. Estallaba la pirotecnia en la calle y, también, en el ruedo. Fallera la faena con aquella máquina de embestir, que merecía otros sones. Claro que el público, que es el que paga, acabó en pie con las luquecinas finales y el desplante a cuerpo limpio. Un manicomio eran los tendidos, que pidieron las dos orejas después de que el toro se tragara su brava muerte. Puso cordura el palco de esta plaza de primera y enseñó un solo pañuelo. Esto es para listos. Y Marco lo es. Pero no en todos los escenarios valen los fuegos artificiales. Marco sabe (y debe) torear mejor.Pero Marco, con una ambición innegable -condición primera para ser figura-, tenía claro que la puerta grande sería suya en su debut. Y por ella se marchó después de conectar una barbaridad con la gente: listeza de mente y de pies frente al toro más serio, con pegajoso temperamento y no poca guasa. De premio la estocada, que lo aupaba a hombros. Esto es para listos. Y Marco lo es. Pero no en todos los escenarios valen los fuegos artificiales. Marco sabe (y debe) torear mejor.Noticia relacionada general No No Feria de Fallas El hambre de ser torero de Norte a Sur Rosario PérezTenía el aficionado interés por ver al otro debutante, Víctor Hernández. De azul José Tomás – el color con el que cautivó a Madrid- se vistió para la ocasión. Alejado de artificios, fue fiel a su toreo solemne, aunque faltaron cosas dentro de todo lo extraordinario que proyecta. Era noble Remendito, pero algo soso. El de Santos de la Humosa planteó la faena con vertical sinceridad, con actitud, y le aplaudieron su búsqueda de la colocación. Cayó tendida la estocada y el palco no atendió la petición de oreja: dio una vuelta al ruedo con la calma con la que torea. Ningún harén de vacas esperará al asperote Sultán, con el que expuso con honestidad, pero con el descabello no lo vio. Feria de Fallas Plaza de toros de Valencia Martes, 17 de marzo de 2026. Media entrada. Toros de Santiago Domecq, variados; destacó el bravo 3º. Miguel Ángel Perera, de marino y oro: pinchazo hondo bajo, media baja y descabello (silencio tras aviso); pinchazo hondo bajo y estocada baja (silencio tras aviso). Víctor Hernández, de azul y oro: estocada tendida (petición de oreja y vuelta al ruedo); media tendida y seis descabellos (silencio). Marco Pérez, de azul y oro: estocada desprendida (oreja tras aviso con petición de otra); estocada (oreja). Abrió la variada corrida Marquesón -no le sobraban kilos, quizá porque le había sobrado agua del temporal-, en el que reinó el temple de Perera. Salió su raza de figura cuando Víctor se echó el capote a la espalda en su turno de quites, replicado con una gaonera ajustadísima y al ralentí del extremeño. Noble y obediente, aunque falto de continuidad, era el de Santi Domecq. Quiso darle celo, midió los tiempos y tiró de su veterana técnica con sobresaliente pulso antes de marrar con el acero. Otra vez se iría a los bajos con el sobrero cinqueño que sustituía al titular (se partió una mano). Miguel Ángel aprovechó su fondo y su movilidad dejándole la muleta puesta, sin una sola ventana. De par en par se la abrirían a Marco mientras el aficionado recordaba al gran Bravío.
Se llamaba Bravío y escondía las llaves del paraíso. Eran sus hechuras la perfección, las soñadas por cualquier torero, un dije acapachado, bajito; una belleza colorada de 566 kilos, marcada a fuego con el número 53. A su expresión le acompañó su clase y … su profundidad, precisamente de lo que careció la obra de Marco Pérez. Dispuesto, sí; ambicioso, sí… Pero tan acelerado, tan falto de reposo, que cuando sonaron las campanillas de la muerte sin una oreja lo que allí se arrastraba era un toro de dos, un toro para reventar con el toreo verdadero. Había descubierto Santiago Domecq horas antes una placa que recordaba a Escondido, el cuarto ejemplar indultado en la historia de Valencia, y ya puede sumar a su vitrina otro toro muy completo: más idílico para el toreo este Bravío que el Artista de Jandilla.

(Mikel Ponce)
Repitió con emoción Bravío desde el decidido saludo del torero charro, aunque fue el quite por tafalleras de Perera lo de mayor compás. Dramático el momento en que apretó en banderillas y Prestel chocó contra las tablas, con un golpetazo en la cara, antes de entrar al burladero, donde sintió los pitones del colorado. Arrollador Pérez desde el pase cambiado y una intensa serie de rodillas, con el de Garcisobaco arrastrando el hocico. Estallaba la pirotecnia en la calle y, también, en el ruedo. Fallera la faena con aquella máquina de embestir, que merecía otros sones. Claro que el público, que es el que paga, acabó en pie con las luquecinas finales y el desplante a cuerpo limpio. Un manicomio eran los tendidos, que pidieron las dos orejas después de que el toro se tragara su brava muerte. Puso cordura el palco de esta plaza de primera y enseñó un solo pañuelo.
Esto es para listos. Y Marco lo es. Pero no en todos los escenarios valen los fuegos artificiales. Marco sabe (y debe) torear mejor.
Pero Marco, con una ambición innegable -condición primera para ser figura-, tenía claro que la puerta grande sería suya en su debut. Y por ella se marchó después de conectar una barbaridad con la gente: listeza de mente y de pies frente al toro más serio, con pegajoso temperamento y no poca guasa. De premio la estocada, que lo aupaba a hombros. Esto es para listos. Y Marco lo es. Pero no en todos los escenarios valen los fuegos artificiales. Marco sabe (y debe) torear mejor.
Noticia relacionada
Tenía el aficionado interés por ver al otro debutante, Víctor Hernández. De azul José Tomás – el color con el que cautivó a Madrid- se vistió para la ocasión. Alejado de artificios, fue fiel a su toreo solemne, aunque faltaron cosas dentro de todo lo extraordinario que proyecta. Era noble Remendito, pero algo soso. El de Santos de la Humosa planteó la faena con vertical sinceridad, con actitud, y le aplaudieron su búsqueda de la colocación. Cayó tendida la estocada y el palco no atendió la petición de oreja: dio una vuelta al ruedo con la calma con la que torea. Ningún harén de vacas esperará al asperote Sultán, con el que expuso con honestidad, pero con el descabello no lo vio.
Feria de Fallas
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Plaza de toros de Valencia
Martes, 17 de marzo de 2026. Media entrada. Toros de Santiago Domecq, variados; destacó el bravo 3º.
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Miguel Ángel Perera,
de marino y oro: pinchazo hondo bajo, media baja y descabello (silencio tras aviso); pinchazo hondo bajo y estocada baja (silencio tras aviso). -
Víctor Hernández,
de azul y oro: estocada tendida (petición de oreja y vuelta al ruedo); media tendida y seis descabellos (silencio). -
Marco Pérez,
de azul y oro: estocada desprendida (oreja tras aviso con petición de otra); estocada (oreja).
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Abrió la variada corrida Marquesón -no le sobraban kilos, quizá porque le había sobrado agua del temporal-, en el que reinó el temple de Perera. Salió su raza de figura cuando Víctor se echó el capote a la espalda en su turno de quites, replicado con una gaonera ajustadísima y al ralentí del extremeño. Noble y obediente, aunque falto de continuidad, era el de Santi Domecq. Quiso darle celo, midió los tiempos y tiró de su veterana técnica con sobresaliente pulso antes de marrar con el acero. Otra vez se iría a los bajos con el sobrero cinqueño que sustituía al titular (se partió una mano). Miguel Ángel aprovechó su fondo y su movilidad dejándole la muleta puesta, sin una sola ventana. De par en par se la abrirían a Marco mientras el aficionado recordaba al gran Bravío.
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