Como era habitual, el momento de las chispas llegó pasada la medianoche. Terminada la cena, los camareros servían las copas, sonaba una versión moderna de la legendaria canción Sweet Dreams y tres gogós bailaban sobre la barra. En la penumbra, los clientes ondeaban las bengalas. Era la noche del sábado pasado y parecía una noche más en Fanático, un restaurante de moda en Madrid donde se ha roto la frontera entre la cena y la fiesta.
Los empleados de Fanático, un local de moda en la Castellana, repartieron la pirotecnia entre los comensales. Un trabajador apagó con un extintor el fuego en unas plantas que ardieron
Como era habitual, el momento de las chispas llegó pasada la medianoche. Terminada la cena, los camareros servían las copas, sonaba una versión moderna de la legendaria canción Sweet Dreams y tres gogós bailaban sobre la barra. En la penumbra, los clientes ondeaban las bengalas. Era la noche del sábado pasado y parecía una noche más en Fanático, un restaurante de moda en Madrid donde se ha roto la frontera entre la cena y la fiesta.
Solo habían pasado diez días desde la tragedia en Suiza que dejó 40 muertes en un bar de la estación de esquí de Crans-Montana a causa del incendió del techo por unas bengalas, pero como si esa desgracia hubiera sido una película, los responsables del restaurante madrileño distribuyeron la pirotecnia entre los comensales, quienes la sostuvieron al ritmo de la música. Hasta que las llamas prendieron unas plantas cerca de la entrada.
Por fortuna, un empleado agarró un extintor y liquidó el fuego en cuestión de segundos. Uno de los clientes sostenía una cortina para que no se quemara, según se ve en grabaciones a las que ha tenido acceso EL PAÍS y otras subidas en redes sociales. Algunos ríen. La música continúa. Los vídeos recuerdan a los primeros instantes del incendio en Suiza.
Fanático, que abrió sus puertas en el Paseo de la Castellana 43 hace cuatro años, ha sido un éxito entre “la jet” madrileña. Su local de dos pisos llama la atención por la estatua de un elefante con chistera en mitad de la planta baja. Pero este restaurante lleva tiempo jugando con fuego. Además de usar bengalas, los domingos suele celebrar un espectáculo llamado Masaka en el que se usan antorchas.
Ahora, sin embargo, sus responsables anuncian que dejarán de usar bengalas y pirotecnia. En un comunicado enviado a EL PAÍS, GLH Singular Restaurants, grupo propietario de este y otros 18 establecimientos de cocina, dice que sus restaurantes cuentan con “certificados de protección ignífuga exigidos por la normativa vigente, lo que ayudó a evitar la propagación”, y añade que a raíz de este incidente, “como medida adicional”, el grupo ha “prohibido de forma definitiva el uso de bengalas y cualquier tipo de pirotecnia en todos sus restaurantes”. El texto destaca que “el fuego se controló en apenas ocho segundos” gracias a la formación previa de sus empleados.

El conato de incendio desató la confusión entre los comensales. El humo del extintor se esparció por la sala y los empleados ordenaron la evacuación. En la puerta del restaurante, que se ubica en el bajo de un edificio de oficinas, un trabajador cobró con datáfono a quienes no habían pagado. Se comunicó que el local cerraba, a pesar de que lo normal es que la fiesta se prolongue más allá de las dos de la mañana.
El trato, dice Carolina F., fue muy rudo. Ella celebraba su 24 cumpleaños con siete amigas. “Estábamos todas desorientadas, nerviosas. No nos informaban, no pidieron disculpas”, relata. “Sí, fueron ocho segundos de fuego, pero nos podía haber costado la vida. Imagínate morir en el día que hago 24 años. Es de locos después de lo que ha pasado en Suiza. No debería estar permitido”. Ni siquiera pudieron terminar su cena, pero el restaurante les cobró una cuenta de 336 euros. La joven cuenta que les negaron la hoja de reclamaciones.
Otro cliente, Thony Campos, ha publicado en redes un vídeo del momento en que el fuego parece salirse de control. En la descripción advierte: “Por poco y nos quemamos. Ver hasta el final”.
Normalizadas
El uso del fuego y los decorados inflamables pensados para Instagram se ha normalizado en los últimos años en el mundo de los restaurantes y las discotecas, a pesar de su peligro. Tres personas fallecieron en 2022 en Bruno Canaglia, un restaurante del distrito de Salamanca, cerca de Ventas, cuando un camarero flambeó una pizza. Las llamas llegaron al techo y las paredes del local, que estaban cubiertas con plantas artificiales. La tragedia que acabó al año siguiente con la vida de 13 personas en una discoteca de Murcia se originó por una máquina de chispas de fuego frío.
La normativa municipal de Madrid restringe el uso de material inflamable en techos y paredes. También pone límites a las bengalas, salvo que conste autorización. En otros lugares como Cataluña se han prohibido los elementos pirotécnicos en interiores.
La desgracia en Suiza provocó llamados para desterrar las bengalas de la noche madrileña. Uno de ellos lo dio el promotor de las fiestas de música electrónica Urban Klubb, Nacho Casteleiro Fernández-Vega. “Desde hace casi una década, he visto cómo ciertas prácticas se han ido normalizando sin que siempre se evalúen de forma rigurosa sus consecuencias”, afirma, para referirse al uso de bengalas y pirotecnia en interiores: “No debería formar parte del espectáculo. No es una cuestión estética ni de narrativa visual, sino de seguridad básica”. Casteleiro defiende que existen “muchas formas de generar impacto sin poner en riesgo a nadie”, desde iluminación creativa hasta elementos escénicos reutilizables. “La industria del ocio tiene la responsabilidad de ofrecer experiencias memorables, pero también seguras”, dice.
Minerva Tapial, CEO del grupo Rosi La Loca World, asegura que, desde el incendio ocurrido en un restaurante de Bruno Canaglia, decidieron dejar de utilizar bengalas, e incluso velas, para que el cliente se sienta más seguro. “Nuestros espacios son ignífugos, a pesar de la decoración, y como medida preventiva no usamos este tipo de bengalas para los shows”.
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